Hace más de treinta años que me fui de Madrid porque aquello se complicaba mucho. El trabajo, sobre todo. El periódico en donde trabajaba cambió de director y el conocido por “el Chino” sustituyó a Antonio Gibello, falanguista y buena persona. Yo era redactor jefe de la sección de Nacional y me mandaron al archivo. Al ostracismo o galeras, vamos. Hice el petate y regresé a mis orígenes, Aragón. Pero no he podido olvidar Madrid. Hace unos días fui a dar la tetadica revitalizadora y lo primero que hice fue acercarme a la calle Sevilla, a la playa por la que paseaban los toreros y recordé el bar donde estaba de camarero Francisco Sánchez “Frasquito”, la zapatería en donde se exponía el traje de luces de la alternativa de “El Príncipe Gitano”, el quiosco de la Once que le pusieron al picador Antonio Codes “Melones” porque se quedó ciego por culpa de una caída del caballo, la administración de loterías “El Trece”, la tienda de corbatas (no es lo que parece, de lejos, una calavera; de cerca, dos señoras de amplios sombreros en animada charla), el teatro y sala de fiestas Alcalá y el café “Marfil”, ya esquina a Cedaceros, en donde yo le hice una entrevista a Juanito Posada a principios de los 50. La calle Arlabán, paralela con la Carrera de San Jerónimo, el café “Las Cancelas” con acceso por las dos calles. Recuerdo al banderillero de las medias verdes que le quiso poner un par de banderillas de fuego al policía que le obligó a salir al ruedo en Carabanchel, o a Bojilla que, cuando veía a uno de sus acreedores, se iba decido hacia él y le decía airado “que te pienso pagar ¿eh? “. La mejor defensa es un buen ataque. En la esquina de Alcalá con La Virgen de los Peligros, un poco hacia Sol, “La Tropical”, bar, café y buen marisco, en donde el hervidero de gentes del toro era constante y alguno le daba propina a la telefonista para que le llamara por los altavoces y dijera que don Pedro Balañá le esperaba al aparato. Se vivían a tope los dramas y las comedias de cada día. Ahora la playa está desierta y el mar no baña mis pies. Solo se mantienen las cuadrigas de lo alto del Banco Bilbao y las amplias fachadas del Hispano y el Español de Crédito. Me fui despacio y triste hasta Lhardy, en la Carrera de San Jerónimo, y me tomé un caldito con un chorro de jerez para entrar en calor. Después de meditar sobre mis pensamientos, me convencí de que Francisco Sánchez Fernández, “Frasquito” en los carteles, no estaba de camarero en el “Fornos” de la calle Sevilla. Sí en el Fuyma de la Gran Vía, casi en la plaza de Callao, que se ha cerrado en estos días y que festejó en abril de 1948 el extraordinario éxito del torero nacido en Toledo y criado en Madrid, apoderado por Raimundo Blanco, sevillano publicista y padre de un famoso jugador de fútbol, y representado en Madrid por Ramón S. Sarachaga, padre de los Sánchez Aguilar, que administraron como pudieron la explosión del cohete, la gran llamarada primera y el ruido del trueno prolongado por los muchos comentarios que se dieron en la calle de las Sierpes y la revista “El Ruedo”, con un artículo de Barico que reflejaba el buen ambiente en el bar del dueño de la Fundición de Hierros Maleables. Dos cornadas seguidas, en Bilbao y Córdoba, desinflaron el gran globo del calificado como “la sombra de Manolete” o “el torero que había empezado de maestro”. Se presentó en Madrid el 7 de mayo de 1950 y el comentario más definitivo es el que apareció en “El Ruedo”: “Frasquito salvó su precioso terno a costa del menguado prestigio que tenía”. Se fue a México en 1952, le dio la alternativa Alfredo Leal en 1955 y se quedó a vivir por aquellas tierras. Allí murió el 24 de febrero de 1993 y la noticia de su muerte vino en ABC en una pequeña esquela que puso su hermana el 13 de marzo de ese mismo año y que anunciaba un funeral en la iglesia de San Juan Crisóstomo. Solo un leve apunte de Filiberto Mira en “Aplausos”.
Estaba en Madrid, en el protocolo del caldito de “Lhardy”, las cuatro calles, Carrera de San Jerónimo, a los dos lados, de la Cruz, Príncipe y Sevilla, “El Gato Negro” y el teatro de “La Comedia” de la calle del Príncipe, ” La Alemana” del Chino, el hotel Victoria o la casa de los Dominguín. Por la calle de Santa Cruz las capas españolas de Seseña, los vinos y las gambas de “El Abuelo” o las oficinas de la plaza de toros de Madrid, y un cocidito madrileño con don Marcial. Fui a ver la exposición de Delacroix, magnífica, y me decepcionó la de los rusos de San Petersburgo en el Museo del Prado. A la salida, un espectáculo de lo más edificante: dos tíarrones, en pie, impertérritos, se daban un beso de tornillo frente a la escultura de Goya con su maja desnuda y el boceto en piedra de “los sueños de la razón producen monstruos” en su pedestal. ¿Qué hubiera dibujado don Francisco de presenciar semejante escena? Los desastres de la cultura y la educación. Estuve en la presentación de los premios del Club Financiero de Génova, me encontré con Victoriano Valencia y hablamos de nuestros nietos, franceses y mexicanos fueron los más agasajados, presentó Vidal Pérez Herrero y adornó Palomo Linares, tuve el placer de darle un abrazo a Lola, la esposa de Salvador Sánchez Marruedo, Muriel Feiner siempre dulce y cariñosa, Blanca, la elegante señora de Vidal, saludé a varios amigos, a “El Puno”, a quién le ofrecían un homenaje, y me marché Goya arriba cantando bajo la lluvia. Unos días después, en La Arganzuela, Casa del Reloj, disfruté de las atenciones de Lola Navarro, su jefa municipal, en la presentación de la Agenda Taurina de Vidal Pérez Herrero, también maestro de ceremonias en esta ocasión, en la que nos obsequió con un apunte de César Palacios en homenaje de Antonio Chenel “Antoñete”. Por mi parte tuve la ocasión de hablar de los pintores ingleses del Romanticismo y de su interés por España y los españoles, Wellington, el hotel y el almirante, como último refugio de la tertulia taurina de Madrid, y de la importancia de Luis García Campos, el pintor bilbaíno que le puso luz a las sombras tétricas de Gutiérrez Solana, ambos continuadores de la fuerza narradora de don Francisco el de Fuendetodos y de la genial pincelada impresionista de don Roberto Domingo, y que murió el pasado mes de agosto al finalizar la feria de su pueblo. Este día también nos acompañó la expresividad de Sebastián Palomo Linares que, en lo que al arte se refiere, tiene su cuna en la Aragón de Viola. Los de Béjar y San Sebastián de los Reyes hablaron de las plazas de sus lugares, “la viejita” y la cincuentenaria, y José Luis Lozano, con su voz rota, que en palabras sabias nos contó la historia de su familia en los toros. Primero como toreros, luego como apoderados y empresarios y, al final, vuelta atrás a sus ancestros ganaderos. “Un ganadero que quiera formar su propia ganadería no cuenta con tiempo suficiente para lograr su empeño”. Su abuelo materno, Manuel Martín Alonso, tuvo tres años la ganadería de Veragua y se la vendió en 1930 a Juan Pedro Domecq.
Al comenzar el mes de noviembre murió Almensilla y Antonio Burgos pidió para él la Medalla de Bellas Artes y citó a Luis González, Blanco y “El Vito”. Después a Antonio Gallisteo, Andrés Luque Gago y Tito de San Bernardo, todos sevillanos y muy grandes algunos y grandísimos dos de ellos, el uno con los palos y el otro desde la montera a las zapatillas. Escribí una carta al director de ABC y ni caso. Citaba a toreros aragoneses como Mariano Carrato y Antonio Labrador “Pinturas”, los valencianos Blanquet , Honrubia o Alfredo David, el madrileño El Boni, el manchego Michelín o el también sevillano Antonio Chaves Flores que no aparecía en la lista del señor Burgos. Yo solo recordaba a toreros ya desaparecidos, pero para significarle al chispeante comentarista andaluz que los nacionalismos son malos para todo. Y más para el toreo, al que pretendemos universalizar todos los que pensamos que nos representa como españoles que somos.
jueves, 1 de diciembre de 2011
domingo, 6 de noviembre de 2011
A LA VERÓNICA
BENJAMÍN BENTURA REMACHA
Me ha sorprendido el estudio de José Luis Ramón sobre el lance a la verónica. O sea, el lance a dos manos por delante para tratar de grabar la imagen de Jesucristo, que así de pío es el arte de torear con el capote y más en su expresión fundamental. En ese artículo publicado en la revista 6TOROS6 aparecen nombres y documentos gráficos de los que, a juicio de José Luis Ramón, han sido sus más puros intérpretes y, por encima de los titulares, las verónicas de Curro Puya y Morante de la Puebla a ochenta años vistas pero profundamente iguales. Como es lógico, la foto de José Antonio Morante es más clara y luminosa que la de Francisco Vega de los Reyes, pero el sentimiento vibra en toda su magnitud en ambas, quizás más abierto el compás en el caso del gitano. Sin embargo, el mentón en el pecho, el toque del brazo encogido, los machos de las hombreras a plomo en su rectitud, la tela arrastrando por el albero, todo transmite paz y sosiego, eterna belleza. En los dos.
De pronto algo se alborota en mis meninges: ¡ay, Dios mío, la mano derecha de Morante, la de la salida o remate! La tela sostenida por el índice y el pulgar y los otros tres dedos a lo largo del percal como nervios de una gigantesca hoja otoñal, sin almidones ni aprestos. El lance de Curro Puya es por la izquierda y no se aprecia como toma el engaño. No es posible matizar a tal extremo cuando la técnica de la fotografía estaba en mantillas. “De Gitanillo de Triana a Morante de la Puebla, la historia del toreo a la verónica es la historia de un milagro”. Y luego José Luis Ramón cita a los siguientes: Antonio Montes, Juan Belmonte, Cagancho, El Soldado, Victoriano de la Serna, Fernando Domínguez, Pepe Luis Vázquez, Mario Cabré, Manolo Escudero, Antonio Ordóñez, Rafael de Paula, Curro Romero, Curro Vázquez y Fernando Cepeda. Y algunos más. Pura pedagogía, gracias, don José Luis. Es algo de lo que necesita la fiesta española para su reivindicación. Enseñar lo que es el toreo, su evolución, su técnica y significado. Belmonte se cruzó y trenzó los lances sucesivos, Francisco Vega de los Reyes, bajó los brazos y arrastró los vuelos por las arenas de los ruedos. De ahí vino todo lo demás, aunque unos se empaparan del barroquismo belmontista, Antonio Ordóñez o Rafael Ortega, y otros vibraran con el son gitano de Cagancho, Curro Puya y los modernos Curro Romero y Rafael de Paula. En la hidra del lago de Lerna muchas cabezas que la espada de Hércules ha ido segando con el paso del tiempo. Dicen que Rafael el Gallo, el aragonés Florentino Ballesteros, que Marcial Lalanda, Domingo Ortega, “El Calesero”, Pepín Martín Vázquez, Antoñete, Manolo Vázquez o … Antonio Gallardo, torero este último que no merece en el Cossío más de una docena de líneas, pero al que en los años 50 se consideraba por los mentideros sevillanos como el más destacado artífice de la verónica. No pasó de novillero y no se extendió su fama a todos los vientos del arte de torear, pero como en estos tiempos del ordenador todo puede estar al alcance de la mano, he encontrado unas fotos “mangadas” en el bar “La Esclavina” y en el restaurante ”Puerta Grande” de Sevilla tres fotos de otras tantas verónicas ejecutadas por este novillero sevillano. La primera de ellas se puede emparejar con las de Curro Puya y Morante, las otras, importantes para añadirlas a la antología de José Luis Ramón, alguna firmada por ese genio de la fotografía taurina que fue Pepe Arjona. Pero todo se quedó en Sevilla.
Y ya que hablamos de arte, confesaré mi ignorancia porque, hasta ahora, le atribuía a Bergamín el oximorón de la “música callada”. Don José se lo aplicó a Rafael de Paula, ese que decía que tenía “percha literaria”, como ahora se la aplican con profusión y entusiasmo necrológico a Antonio Chenel “Antoñete”. Bien está, pero que no decaiga. Que no pase como con otros toreros y madres de toreros desaparecidas recientemente y que tienen poco reflejo en las páginas de información general y hasta especializada. Cuatro líneas bastaron para dar la noticia de la muerte de la esposa de Julio Aparicio, madre de Julio Aparicio II. O la de Luis Gonzalez, Manolo Carmona o Almensilla con alguna que otra exageración. Almensilla no fue el más grande los banderilleros del siglo XX, si interpretamos que el más grande de los banderilleros lo tiene que ser con el capote y con las banderillas. En este sentido fueron más completos el propio Manolo Carmona o Antonio Chaves Flores y pongo solo ejemplos de toreros desaparecidos. Nada digamos de otros como Honrubia, el abuelo Boni, Michelín, Bojilla o David en cualquiera de sus diversos aspectos. La historia es muy larga y ahora no tengo tiempo de contarla. Vivo al día.
El caso es que por fin me enteré que de la “música callada” ya lo había inventado San Juan de la Cruz, casi nadie al aparato de la poesía:” El silbo de los aires amorosos/la noche sosegada/en par de los levantes de la aurora/ música callada/la soledad sonora/ la cena que recrea y enamora”. Cántico. Y en Canciones del Alma, esta que me aprendí en mis estudios de bachillerato: “En una noche escura/con ansias en amores inflamada/ ¡oh dichosa ventura!/salí sin ser notada/estando ya mi casa sosegada”.
Y, como decía Goya: “Y todavía aprendo”.
Me ha sorprendido el estudio de José Luis Ramón sobre el lance a la verónica. O sea, el lance a dos manos por delante para tratar de grabar la imagen de Jesucristo, que así de pío es el arte de torear con el capote y más en su expresión fundamental. En ese artículo publicado en la revista 6TOROS6 aparecen nombres y documentos gráficos de los que, a juicio de José Luis Ramón, han sido sus más puros intérpretes y, por encima de los titulares, las verónicas de Curro Puya y Morante de la Puebla a ochenta años vistas pero profundamente iguales. Como es lógico, la foto de José Antonio Morante es más clara y luminosa que la de Francisco Vega de los Reyes, pero el sentimiento vibra en toda su magnitud en ambas, quizás más abierto el compás en el caso del gitano. Sin embargo, el mentón en el pecho, el toque del brazo encogido, los machos de las hombreras a plomo en su rectitud, la tela arrastrando por el albero, todo transmite paz y sosiego, eterna belleza. En los dos.
De pronto algo se alborota en mis meninges: ¡ay, Dios mío, la mano derecha de Morante, la de la salida o remate! La tela sostenida por el índice y el pulgar y los otros tres dedos a lo largo del percal como nervios de una gigantesca hoja otoñal, sin almidones ni aprestos. El lance de Curro Puya es por la izquierda y no se aprecia como toma el engaño. No es posible matizar a tal extremo cuando la técnica de la fotografía estaba en mantillas. “De Gitanillo de Triana a Morante de la Puebla, la historia del toreo a la verónica es la historia de un milagro”. Y luego José Luis Ramón cita a los siguientes: Antonio Montes, Juan Belmonte, Cagancho, El Soldado, Victoriano de la Serna, Fernando Domínguez, Pepe Luis Vázquez, Mario Cabré, Manolo Escudero, Antonio Ordóñez, Rafael de Paula, Curro Romero, Curro Vázquez y Fernando Cepeda. Y algunos más. Pura pedagogía, gracias, don José Luis. Es algo de lo que necesita la fiesta española para su reivindicación. Enseñar lo que es el toreo, su evolución, su técnica y significado. Belmonte se cruzó y trenzó los lances sucesivos, Francisco Vega de los Reyes, bajó los brazos y arrastró los vuelos por las arenas de los ruedos. De ahí vino todo lo demás, aunque unos se empaparan del barroquismo belmontista, Antonio Ordóñez o Rafael Ortega, y otros vibraran con el son gitano de Cagancho, Curro Puya y los modernos Curro Romero y Rafael de Paula. En la hidra del lago de Lerna muchas cabezas que la espada de Hércules ha ido segando con el paso del tiempo. Dicen que Rafael el Gallo, el aragonés Florentino Ballesteros, que Marcial Lalanda, Domingo Ortega, “El Calesero”, Pepín Martín Vázquez, Antoñete, Manolo Vázquez o … Antonio Gallardo, torero este último que no merece en el Cossío más de una docena de líneas, pero al que en los años 50 se consideraba por los mentideros sevillanos como el más destacado artífice de la verónica. No pasó de novillero y no se extendió su fama a todos los vientos del arte de torear, pero como en estos tiempos del ordenador todo puede estar al alcance de la mano, he encontrado unas fotos “mangadas” en el bar “La Esclavina” y en el restaurante ”Puerta Grande” de Sevilla tres fotos de otras tantas verónicas ejecutadas por este novillero sevillano. La primera de ellas se puede emparejar con las de Curro Puya y Morante, las otras, importantes para añadirlas a la antología de José Luis Ramón, alguna firmada por ese genio de la fotografía taurina que fue Pepe Arjona. Pero todo se quedó en Sevilla.
Y ya que hablamos de arte, confesaré mi ignorancia porque, hasta ahora, le atribuía a Bergamín el oximorón de la “música callada”. Don José se lo aplicó a Rafael de Paula, ese que decía que tenía “percha literaria”, como ahora se la aplican con profusión y entusiasmo necrológico a Antonio Chenel “Antoñete”. Bien está, pero que no decaiga. Que no pase como con otros toreros y madres de toreros desaparecidas recientemente y que tienen poco reflejo en las páginas de información general y hasta especializada. Cuatro líneas bastaron para dar la noticia de la muerte de la esposa de Julio Aparicio, madre de Julio Aparicio II. O la de Luis Gonzalez, Manolo Carmona o Almensilla con alguna que otra exageración. Almensilla no fue el más grande los banderilleros del siglo XX, si interpretamos que el más grande de los banderilleros lo tiene que ser con el capote y con las banderillas. En este sentido fueron más completos el propio Manolo Carmona o Antonio Chaves Flores y pongo solo ejemplos de toreros desaparecidos. Nada digamos de otros como Honrubia, el abuelo Boni, Michelín, Bojilla o David en cualquiera de sus diversos aspectos. La historia es muy larga y ahora no tengo tiempo de contarla. Vivo al día.
El caso es que por fin me enteré que de la “música callada” ya lo había inventado San Juan de la Cruz, casi nadie al aparato de la poesía:” El silbo de los aires amorosos/la noche sosegada/en par de los levantes de la aurora/ música callada/la soledad sonora/ la cena que recrea y enamora”. Cántico. Y en Canciones del Alma, esta que me aprendí en mis estudios de bachillerato: “En una noche escura/con ansias en amores inflamada/ ¡oh dichosa ventura!/salí sin ser notada/estando ya mi casa sosegada”.
Y, como decía Goya: “Y todavía aprendo”.
EFEMÉRIDES, SUCESOS Y COMENTARIOS
BENJAMÍN BENTURA REMACHA
Antes de entrar en los sucesos o comentarios confesaré la ilusión que me hizo leer en “Heraldo de Aragón” una anécdota que tuvo lugar hace cien años en Sevilla, por San Miguel. En aquellos días, Rafael “El Gallo” no coincidió con la inspiración en la Maestranza y hasta un astado de Miura la pegó un puntazo en la mano derecha. La bronca fue épica, de esas que acrecentaban la fama de don Rafael, y uno de los protestantes más furibundo fue el actor señor Lamas, que por aquellos días actuaba en el teatro Luque sevillano. Se percibieron de ello los partidarios del “Divino Calvo” y acudieron en masa al teatro para que cada vez que el señor Lamas (por aquel entonces a los actores se les trataba como señores y a las actrices como eximias) salía a escena los pitos y voces de los gallistas atronaban el patio de butacas y no permitían escuchar los parlamentos de la obra teatral. Tuvo que poner orden la policía, pero los partidarios de” El Gallo” volvían una y otra vez para reventar las actuaciones del que, a lo mejor, era partidario de Vicente Pastor. Lo decía Juan Belmonte para definir los gustos toreros de Antonio Díaz Cañabate: “En los tiempos de José (el hermano pequeño de Rafael) y yo, el Caña era partidario de Vicente Pastor”. Yo, y perdón por personalizar, por lo que he visto (fotos y alguna vieja película) y leído, hubiera sido de Rafael El Gallo. Y no quiero hacer comparaciones con los toreros de estos tiempos que me han llegado al corazón, que no son los mismos que ha admitido mi intelecto. Bueno, a consecuencia de la herida en la mano, Rafael no pudo venir a esa Feria del Pilar de 1911 y fue sustituido por “Cocherito de Bilbao” para completar el ciclo de tres corridas con el mentado Vicente Pastor y Martín Vázquez, la primera con toros de Villagodio en mano a mano del vizcaíno y el madrileño, la segunda con toros de Miura y los tres diestros y la tercera, toros de Félix Urcola y otra vez el mismo mano a mano. Eso era hace cien años la Feria de Zaragoza. No vale hacer comparaciones y sacar consecuencias. La crisis de hoy es crisis de caballo aunque se den nueve corridas de toros y una de rejones con veintiséis matadores en los carteles, más uno, el lesionado “Morenito de Aranda”, sustituido por el debutante David Mora, que este año se ha saltado a la torera la barrera del ostracismo y se ha colocado en la “pole” para la competición del año que viene. Su repetición se la ganó en las corrida de Antonio Bañuelos, “los toros del frío”, en la que se mereció las dos orejas del tercero de la tarde que no concedió el señor presidente, pero que se la compensó con la oreja del sexto, al que mató mal. Esa aparente compensación le quitó al torero la posibilidad de salir a hombros por la puerta grande porque el reglamento aragonés es así de austero y exigente. Ya lo decía Romanones: “Haced las Leyes y dejadme a mí los Reglamentos”. Es tan patriótico y nacionalista nuestro Reglamento que los banderilleros de las distintas cuadrillas actuantes solo pueden colocar garapullos o avivadoras con la bandera de Aragón y así ocurrió que, en el quinto toro de la corrida de Cuadri, el albero del coso de Pignatelli se sembró de hasta ocho banderas cuatribarradas.
La corrida de Cuadri fue premiada como la mejor presentada de la Feria y al cuarto toro, “Remendón”, negro, a punto de cumplir los cinco años y con 647 quilos y al que lució su lidiador Javier Castaño poniéndolo de largo en tres ocasiones aunque acudiera al caballo al paso y Tito Sandoval lo picara levemente al sesgo y marrara en el último puyazo, para “Remendón” fue el premio al mejor toro y el mejor puyazo para el varilarguero. En mi opinión, hizo mejor pelea el segundo y su picador, Rafael Sauco, derribado en el primer encuentro y contundente en el segundo más merecedor de la distinción. En realidad, no creo que Fernando Cuadri se sintiera muy satisfecho con su corrida porque no fue una corrida auténticamente brava y con la agresividad que se le supone a la ganadería de Trigueros. A mí me gustó más la de Bañuelos y su segundo toro, “Silencioso”, castaño y con solo 472 quilos, que demostró que para el trapío no son necesarios los quilos y que fue guapo, bravo y noble a lo largo de toda su lidia. Fue la corrida de la Feria y en ella se cortaron cinco orejas, una Serafín Marín, una y una Alberto Álvarez, que llevaba tres corridas toreadas en esta temporada (Ejea de los Caballeros, Tarazona y Corella) y bastante hizo con aguantar tanta bravura y las otras dos de David Mora, sobresaliente con el complicado tercero y premiado como triunfador de este ciclo puesto que también le cortó una oreja a un toro de “Las Ramblas”, corrida francamente negativa en la que nada pudieron hacer ni Ponce ni Castella. Tan negativa como las de Benjumea, Parladé y un poco menos la de Prieto de la Cal, que no encuentra el misterio de la bravura de los Veragua de otros tiempos. En la de Parladé salieron al ruedo diez toros por culpa de los titulares y la intransigencia del señor presidente. Bien presentada la de “Alcurrucén”, con la personalidad animal a lo Núñez, lo del Rincón. Y un toro de ensueño, el tercero, “Esparraguero”, jabonero claro, de Núñez del Cuvillo que alimentó la inspiración con música de mariachis de Talavante, premio a la mejor faena de la feria. Estuvo bien con el segundo de los Núñez José Mari Manzanares, que tuvo el mérito de llevarse al toro al centro del ruedo para matarlo como él sabe porque en el tercio andaba de costado, se descolocaba y echaba la cara al suelo. También mató bien Uceda Leal, aunque el premio fue para Serafín Marín. Loor y consuelo con barretina y todo.
Pero el suceso tuvo lugar en la corrida de Ana Romero, santacoloma, y la tremenda cogida de Juan José Padilla al banderillear al cuarto toro. Mala suerte y milagro porque el pitón estuvo a solo centímetros de acabar con la vida del jerezano. Fue una secuencia dramática que solo apreciamos los que estábamos frente al terreno en el que Padilla se reunió hacia las afueras con “Marqués”, clavó y cruzó sus piernas a la salida para caer de bruces en la arena y el toro, al humillar, herirle desde el lóbulo de la oreja izquierda hasta el ojo del mismo lado. Al levantarse, Padilla se llevó su mano siniestra a la cara y lanzó una exclamación al comprobar la sangre y la pérdida de visión. Val Carreres tomó la decisión acertada y envió al herido al hospital Miguel Servet, donde el magnífico equipo de cirujanas maxilofaciales y el oftalmólogo (doctoras Esther Saura y Victoria Simón y doctor Luis Pablo) llevaron a cabo una intervención que puede ser la base para que el bravo jerezano recupere la vista y la movilidad facial. Es lo que deseamos todos. Y entre todos, muchos toreros que han manifestado el cariño que le tienen a su compañero. Siempre he tenido especial predilección por los toreros de toreros. Pasa una cosa con los toros de procedencia de Santa Coloma: son toros de poco esqueleto y hay que lidiarlos en plazas de primera con la edad bien cumplida y bien criados y por esas y otras razones no se prodiga su lidia. Al no prodigarse su lidia, los toreros no están habituados a su juego y la mayoría ya no recuerda la técnica de Paco Camino que los entendía a la perfección. Hay que provocarles el viaje y meterles la muleta en el hocico para no dejarles “discurrir” y taparles con el engaño. Era el tercer par y Padilla bien pudo renunciar a ponerlo. Le pudo su orgullo profesional y, al final, menos mal que hubo milagro.
La actualidad es tan efímera que ya la noticia es otra. Ha muerto Antonio Chenel “Antoñete”. Panegiristas hay que han contado las excelencias del torero de Madrid. Mis recuerdos van más allá de las resurrecciones repetidas. Yo recuerdo cuando Antonio era un joven elegante, triunfador y con muchas ganas de vivir. Y también me acuerdo de su hermana, la esposa de Paco Parejo que veía los toros desde el tendido Preferente en los sillones de piedra de encima de los chiqueros de Las Ventas, donde aparecían también Curro Meloja y el general Millán Astray. Y recuerdo que la hermana se quejaba levemente de las aficiones del torero. Luego se casó, se olvidó del traje de luces y tuvo que venir su cuñado a despertarle del sueño de una placentera abulia.” Tú eres torero y todavía estas a tiempo de demostrarlo”. Mitad de los 60, el toro blanco de Osborne en la corrida que había visto Parejo en el campo. Esa podía ser. Y esa fue. Luego el empeño, la voluntad de no marcharse sin demostrar su valía, la necesidad … .Adiós a “Caché” y las tardes envueltas en humos, vapores y envidos a la grande y a la chica, serena y bien medida responsabilidad ya al filo de los setenta años, final de siglo. Lo consiguió. Ahí está.
No hace mucho que se publicó en ABC una esquela de Ana Cabré Esteve, viuda de Manuel Gas, madre de Mario Gas Cabré y hermana de Mario Cabré. Creo que ella era bailarina y su marido un bajo fenomenal que bordaba sus papeles en las zarzuelas de “La Tabernera del Puerto” y “Don Manolito” y que en el cine se especializó en los papeles de policía. Cito su fallecimiento porque me da la oportunidad recordar a Mario Cabré, el torero catalán de “las manos bajas” y sus variadas facetas artísticas: actor de teatro y cine, poeta e intérprete de boleros. También aprovecho la ocasión para recordar el disco de villancicos que grabaron Rafael Vega de los Reyes ( palmero y animador a lo “Picoco”), Curro Romero, agitanado, y “Antoñete” más en el estilo payo. Arte para todos.
Y como remate, el fallecimiento de Marino Tirapo “Chiquito de Aragón”, nacido en junio de 1933 en la villa de Uncastillo, Zaragoza, novillero en los años 50 y 60 que llegó a llenar la plaza de toros de Zaragoza en sus actuaciones junto a Paco Camino. Su carrera taurina se desarrolló más por tierras andaluzas y ha muerto el 17 de octubre último en Sabadell lejos del ambiente taurino. También merece nuestro recuerdo.
Antes de entrar en los sucesos o comentarios confesaré la ilusión que me hizo leer en “Heraldo de Aragón” una anécdota que tuvo lugar hace cien años en Sevilla, por San Miguel. En aquellos días, Rafael “El Gallo” no coincidió con la inspiración en la Maestranza y hasta un astado de Miura la pegó un puntazo en la mano derecha. La bronca fue épica, de esas que acrecentaban la fama de don Rafael, y uno de los protestantes más furibundo fue el actor señor Lamas, que por aquellos días actuaba en el teatro Luque sevillano. Se percibieron de ello los partidarios del “Divino Calvo” y acudieron en masa al teatro para que cada vez que el señor Lamas (por aquel entonces a los actores se les trataba como señores y a las actrices como eximias) salía a escena los pitos y voces de los gallistas atronaban el patio de butacas y no permitían escuchar los parlamentos de la obra teatral. Tuvo que poner orden la policía, pero los partidarios de” El Gallo” volvían una y otra vez para reventar las actuaciones del que, a lo mejor, era partidario de Vicente Pastor. Lo decía Juan Belmonte para definir los gustos toreros de Antonio Díaz Cañabate: “En los tiempos de José (el hermano pequeño de Rafael) y yo, el Caña era partidario de Vicente Pastor”. Yo, y perdón por personalizar, por lo que he visto (fotos y alguna vieja película) y leído, hubiera sido de Rafael El Gallo. Y no quiero hacer comparaciones con los toreros de estos tiempos que me han llegado al corazón, que no son los mismos que ha admitido mi intelecto. Bueno, a consecuencia de la herida en la mano, Rafael no pudo venir a esa Feria del Pilar de 1911 y fue sustituido por “Cocherito de Bilbao” para completar el ciclo de tres corridas con el mentado Vicente Pastor y Martín Vázquez, la primera con toros de Villagodio en mano a mano del vizcaíno y el madrileño, la segunda con toros de Miura y los tres diestros y la tercera, toros de Félix Urcola y otra vez el mismo mano a mano. Eso era hace cien años la Feria de Zaragoza. No vale hacer comparaciones y sacar consecuencias. La crisis de hoy es crisis de caballo aunque se den nueve corridas de toros y una de rejones con veintiséis matadores en los carteles, más uno, el lesionado “Morenito de Aranda”, sustituido por el debutante David Mora, que este año se ha saltado a la torera la barrera del ostracismo y se ha colocado en la “pole” para la competición del año que viene. Su repetición se la ganó en las corrida de Antonio Bañuelos, “los toros del frío”, en la que se mereció las dos orejas del tercero de la tarde que no concedió el señor presidente, pero que se la compensó con la oreja del sexto, al que mató mal. Esa aparente compensación le quitó al torero la posibilidad de salir a hombros por la puerta grande porque el reglamento aragonés es así de austero y exigente. Ya lo decía Romanones: “Haced las Leyes y dejadme a mí los Reglamentos”. Es tan patriótico y nacionalista nuestro Reglamento que los banderilleros de las distintas cuadrillas actuantes solo pueden colocar garapullos o avivadoras con la bandera de Aragón y así ocurrió que, en el quinto toro de la corrida de Cuadri, el albero del coso de Pignatelli se sembró de hasta ocho banderas cuatribarradas.
La corrida de Cuadri fue premiada como la mejor presentada de la Feria y al cuarto toro, “Remendón”, negro, a punto de cumplir los cinco años y con 647 quilos y al que lució su lidiador Javier Castaño poniéndolo de largo en tres ocasiones aunque acudiera al caballo al paso y Tito Sandoval lo picara levemente al sesgo y marrara en el último puyazo, para “Remendón” fue el premio al mejor toro y el mejor puyazo para el varilarguero. En mi opinión, hizo mejor pelea el segundo y su picador, Rafael Sauco, derribado en el primer encuentro y contundente en el segundo más merecedor de la distinción. En realidad, no creo que Fernando Cuadri se sintiera muy satisfecho con su corrida porque no fue una corrida auténticamente brava y con la agresividad que se le supone a la ganadería de Trigueros. A mí me gustó más la de Bañuelos y su segundo toro, “Silencioso”, castaño y con solo 472 quilos, que demostró que para el trapío no son necesarios los quilos y que fue guapo, bravo y noble a lo largo de toda su lidia. Fue la corrida de la Feria y en ella se cortaron cinco orejas, una Serafín Marín, una y una Alberto Álvarez, que llevaba tres corridas toreadas en esta temporada (Ejea de los Caballeros, Tarazona y Corella) y bastante hizo con aguantar tanta bravura y las otras dos de David Mora, sobresaliente con el complicado tercero y premiado como triunfador de este ciclo puesto que también le cortó una oreja a un toro de “Las Ramblas”, corrida francamente negativa en la que nada pudieron hacer ni Ponce ni Castella. Tan negativa como las de Benjumea, Parladé y un poco menos la de Prieto de la Cal, que no encuentra el misterio de la bravura de los Veragua de otros tiempos. En la de Parladé salieron al ruedo diez toros por culpa de los titulares y la intransigencia del señor presidente. Bien presentada la de “Alcurrucén”, con la personalidad animal a lo Núñez, lo del Rincón. Y un toro de ensueño, el tercero, “Esparraguero”, jabonero claro, de Núñez del Cuvillo que alimentó la inspiración con música de mariachis de Talavante, premio a la mejor faena de la feria. Estuvo bien con el segundo de los Núñez José Mari Manzanares, que tuvo el mérito de llevarse al toro al centro del ruedo para matarlo como él sabe porque en el tercio andaba de costado, se descolocaba y echaba la cara al suelo. También mató bien Uceda Leal, aunque el premio fue para Serafín Marín. Loor y consuelo con barretina y todo.
Pero el suceso tuvo lugar en la corrida de Ana Romero, santacoloma, y la tremenda cogida de Juan José Padilla al banderillear al cuarto toro. Mala suerte y milagro porque el pitón estuvo a solo centímetros de acabar con la vida del jerezano. Fue una secuencia dramática que solo apreciamos los que estábamos frente al terreno en el que Padilla se reunió hacia las afueras con “Marqués”, clavó y cruzó sus piernas a la salida para caer de bruces en la arena y el toro, al humillar, herirle desde el lóbulo de la oreja izquierda hasta el ojo del mismo lado. Al levantarse, Padilla se llevó su mano siniestra a la cara y lanzó una exclamación al comprobar la sangre y la pérdida de visión. Val Carreres tomó la decisión acertada y envió al herido al hospital Miguel Servet, donde el magnífico equipo de cirujanas maxilofaciales y el oftalmólogo (doctoras Esther Saura y Victoria Simón y doctor Luis Pablo) llevaron a cabo una intervención que puede ser la base para que el bravo jerezano recupere la vista y la movilidad facial. Es lo que deseamos todos. Y entre todos, muchos toreros que han manifestado el cariño que le tienen a su compañero. Siempre he tenido especial predilección por los toreros de toreros. Pasa una cosa con los toros de procedencia de Santa Coloma: son toros de poco esqueleto y hay que lidiarlos en plazas de primera con la edad bien cumplida y bien criados y por esas y otras razones no se prodiga su lidia. Al no prodigarse su lidia, los toreros no están habituados a su juego y la mayoría ya no recuerda la técnica de Paco Camino que los entendía a la perfección. Hay que provocarles el viaje y meterles la muleta en el hocico para no dejarles “discurrir” y taparles con el engaño. Era el tercer par y Padilla bien pudo renunciar a ponerlo. Le pudo su orgullo profesional y, al final, menos mal que hubo milagro.
La actualidad es tan efímera que ya la noticia es otra. Ha muerto Antonio Chenel “Antoñete”. Panegiristas hay que han contado las excelencias del torero de Madrid. Mis recuerdos van más allá de las resurrecciones repetidas. Yo recuerdo cuando Antonio era un joven elegante, triunfador y con muchas ganas de vivir. Y también me acuerdo de su hermana, la esposa de Paco Parejo que veía los toros desde el tendido Preferente en los sillones de piedra de encima de los chiqueros de Las Ventas, donde aparecían también Curro Meloja y el general Millán Astray. Y recuerdo que la hermana se quejaba levemente de las aficiones del torero. Luego se casó, se olvidó del traje de luces y tuvo que venir su cuñado a despertarle del sueño de una placentera abulia.” Tú eres torero y todavía estas a tiempo de demostrarlo”. Mitad de los 60, el toro blanco de Osborne en la corrida que había visto Parejo en el campo. Esa podía ser. Y esa fue. Luego el empeño, la voluntad de no marcharse sin demostrar su valía, la necesidad … .Adiós a “Caché” y las tardes envueltas en humos, vapores y envidos a la grande y a la chica, serena y bien medida responsabilidad ya al filo de los setenta años, final de siglo. Lo consiguió. Ahí está.
No hace mucho que se publicó en ABC una esquela de Ana Cabré Esteve, viuda de Manuel Gas, madre de Mario Gas Cabré y hermana de Mario Cabré. Creo que ella era bailarina y su marido un bajo fenomenal que bordaba sus papeles en las zarzuelas de “La Tabernera del Puerto” y “Don Manolito” y que en el cine se especializó en los papeles de policía. Cito su fallecimiento porque me da la oportunidad recordar a Mario Cabré, el torero catalán de “las manos bajas” y sus variadas facetas artísticas: actor de teatro y cine, poeta e intérprete de boleros. También aprovecho la ocasión para recordar el disco de villancicos que grabaron Rafael Vega de los Reyes ( palmero y animador a lo “Picoco”), Curro Romero, agitanado, y “Antoñete” más en el estilo payo. Arte para todos.
Y como remate, el fallecimiento de Marino Tirapo “Chiquito de Aragón”, nacido en junio de 1933 en la villa de Uncastillo, Zaragoza, novillero en los años 50 y 60 que llegó a llenar la plaza de toros de Zaragoza en sus actuaciones junto a Paco Camino. Su carrera taurina se desarrolló más por tierras andaluzas y ha muerto el 17 de octubre último en Sabadell lejos del ambiente taurino. También merece nuestro recuerdo.
miércoles, 27 de julio de 2011
Tomás, el mesías mal vestido
No soy partidario de los mitos de carne y hueso y siempre he dicho que el buen aficionado no es monoteísta. Muy al contrario: es el que tiene la capacidad de comprender y admirar a más diestros, los de más variados estilos, aunque, en ocasiones, haya cometido leves pecados veniales por culpa de las genialidades de Cagancho, Pepe Luis, Curro Romero, Paula y, hoy mismo, Morante de la Puebla. El buen aficionado es al que más toreros le caben en su cabeza. Y, entonces, no me atrevo a hacer una lista que, a lo largo de mis más de setenta años de espectador y sesenta de comentarista taurino, sería interminable porque esta Fiesta Española ha supervivido tal como hoy la contemplamos más de tres siglos gracias a los muchos españolitos y algunos de más allá de nuestras fronteras que han sido capaces de vestirse de toreros y enfrentarse a los toros bravos con una tela como engaño y la espada en su mano derecha.
He dicho vestirse de torero. Torero hay que serlo y parecerlo. Y es lo que primero me ha sorprendido de la llamada resurrección del mesías (no oso ponerlo con mayúsculas): mal gusto en los bordados del vestido a juego con los del capote de paseo. ¿Tienen alguna significación esas mesiánicas medias lunas crecientes o menguantes, según se miren? La creciente significa esperanza; la menguante, decadencia. Espero que nos lo explique el señor Boix, cuyo último libro no he podido leer al completo. Un ladrillo. El pelo alborotado, la piel de cera brillante, la mirada perdida y el andar cuidado y exquisito más en la estética mondeñista que en la ampulosidad manoletista. Luego se queda quieto, que es doctrina menguada porque para eso vino al mundo del toreo el señor de Borox, que, a veces, no andaba, patinaba. Y en eso de los pies he leído y escuchado alabanzas a la postura de compás abierto de José Tomás en la interpretación de las chicuelinas y las manoletinas, que, sin los pies juntos, pierden mucha de su gracia sandungera, la de su creador, la de sus intérpretes más distinguidos, Puerta y Camino, caso del lance, o Manolete y Mondeño, caso del muletazo que en los tiempos del de Córdoba, para fastidiarle, decían que había inventado Llapisera y que el actual Zabala, Vicente, achaca a su abuelo, Victoriano de la Serna, lasernina. Y ya que hablo de Manolete recordaré que sus más recalcitrantes examinadores le echaban en cara el que se ayudara con el estoque (y, además, simulado) en la ejecución del pase natural. Es lo que también hizo el galapagueño en las dos faenas de su resurrección valenciana, en la que estuvieron presentes los cuatro ángeles regiomontanos homenajeados con un brindis emotivo y justiciero.
Pero esa tarde no era tarde de análisis. Los que acudieron a la cita, incluidas celebridades como Sánchez Dradó, Sabina, Senante, Rappael, Trapote, Paola Dominguín, Patricia Rato, El Juli, que pasaba por allí, Rita Barberá, Jorge Sanz, Boadella, Arévalo, al que le gusta un burladero más que una tiza a un tonto, Bruno Delaye, Feliciano López, José María Cano, autor del cartel, que no es precisamente Roberto Domingo, y el argentino Andrés Calamaro que compara a Tomás con Camarón de la Isla, todos estos y hasta más de diez mil estaban allí para vivir un acontecimiento en el que no entraban ni siquiera los compañeros de cartel Víctor Puerto y el mexicano Zaldívar que, al final, fue el que salió a hombros, si bien el triunfador para la mayoría y para la Diputación de Valencia fue el que salió a pie en olor de multitudes. Alguien manifestó con vehemencia que para el de Galapagar, “torear es vivir”. ¿Cómo es que torea (vive) tan poco? Este año, sólo nueve tardes. La clave la tenía el recordado Jaime Marco “El Choni” y me la contó un día junto a la ventana andaluza de “El Campo del Toro” de Zaragoza. Y el abuelo del torero que se desesperaba porque a su nieto le gustaba más el fútbol. Y, encima, rojiblanco. Como decían de los seguidores del Betis y Curro Romero: a sufrir en invierno y en verano.
Al grano: José Tomás tiene un magnetismo especial que en su silencio y dosificada presencia abona la garantía de supervivencia. Sus devotos pueden peregrinar con comodidad y luego contar maravillas puesto que para eso hacen el camino de catecúmenos fervorosos. A la vuelta, solo expresiones laudatorias: increíble, fabuloso, indescriptible, un sueño, lo nunca visto y de Valencia al cielo. O desde Huelva, Linares o Valladolid.¿ Y Sevilla, Madrid, Pamplona, Bilbao o Zaragoza? Manolete toreó en 1946 una sola corrida en España y lo hizo en Madrid con Gitanillo, Antonio Bienvenida y Luis Miguel. No hay análisis reflexivo: no estuviste allí y ya no puedes tener las sensaciones vividas por los elegidos. No puedes señalar los trallazos de ciertos remates con la muleta sea por afarolados o molinetes, la escasez de toreo fundamental y profundo y la elevación del tono medio en los circulares invertidos, en los pases del desdén o en las cuatro manoletinas de compás abierto, la novedad. ¿Crisis? ¿Qué es eso?
Y ya que me declaro devoto de Morante de la Puebla quiero destacar su faena de Vitoria. Me tenía un poco mosca porque es el rigor de las desdichas y los sorteos de la mala suerte. Me emociona su sentimiento, su elegancia e improvisación. Una falla, la de quitarse las zapatillas. Un torero de su elegancia no puede quedarse descalzo. Por lo demás, mi sueño de una noche de verano. Y para mayor felicidad, Pablo Hermoso de Mendoza. Este sí que es “el más grande”. Ahora tiene un caballo que ha desempolvado la pirueta de “Chicuelo”. Desterrado el galope, sus caballos andan y llevan la cara siempre hacia la del toro. Miran y se encogen o estiran según las embestidas del cornúpeto. En técnica pura, todos los caballos de Pablo Hermoso son parecidos. Otra cosa es la estampa, pero en todos ellos se nota la mano que los gobierna sin notarlo.
En fin, por fortuna no todo se acaba en la resurrección de José Tomás, cuya categoría defendí hace muchos años, cuando se presentó de novillero en Zaragoza de la mano de Santiago López y en el ciclo que organizó la Diputación Provincial en régimen de autogestión. El jurado de los premios prometidos daba ganador del ciclo novilleril a Luna, de nombre Tomás, natural de Huesca. Me opuse a semejante chauvinismo aragonesista y conseguí que, al menos, el premio fuera compartido con el otro Tomás, de apellido, y de nombre José. Lo digo por los conversos de hoy. A lo largo de mi vida he conocido a muchos arrepentidos y, sin embargo, es absurdo tratar de convencer a los demás. El Antón pirulero.
He dicho vestirse de torero. Torero hay que serlo y parecerlo. Y es lo que primero me ha sorprendido de la llamada resurrección del mesías (no oso ponerlo con mayúsculas): mal gusto en los bordados del vestido a juego con los del capote de paseo. ¿Tienen alguna significación esas mesiánicas medias lunas crecientes o menguantes, según se miren? La creciente significa esperanza; la menguante, decadencia. Espero que nos lo explique el señor Boix, cuyo último libro no he podido leer al completo. Un ladrillo. El pelo alborotado, la piel de cera brillante, la mirada perdida y el andar cuidado y exquisito más en la estética mondeñista que en la ampulosidad manoletista. Luego se queda quieto, que es doctrina menguada porque para eso vino al mundo del toreo el señor de Borox, que, a veces, no andaba, patinaba. Y en eso de los pies he leído y escuchado alabanzas a la postura de compás abierto de José Tomás en la interpretación de las chicuelinas y las manoletinas, que, sin los pies juntos, pierden mucha de su gracia sandungera, la de su creador, la de sus intérpretes más distinguidos, Puerta y Camino, caso del lance, o Manolete y Mondeño, caso del muletazo que en los tiempos del de Córdoba, para fastidiarle, decían que había inventado Llapisera y que el actual Zabala, Vicente, achaca a su abuelo, Victoriano de la Serna, lasernina. Y ya que hablo de Manolete recordaré que sus más recalcitrantes examinadores le echaban en cara el que se ayudara con el estoque (y, además, simulado) en la ejecución del pase natural. Es lo que también hizo el galapagueño en las dos faenas de su resurrección valenciana, en la que estuvieron presentes los cuatro ángeles regiomontanos homenajeados con un brindis emotivo y justiciero.
Pero esa tarde no era tarde de análisis. Los que acudieron a la cita, incluidas celebridades como Sánchez Dradó, Sabina, Senante, Rappael, Trapote, Paola Dominguín, Patricia Rato, El Juli, que pasaba por allí, Rita Barberá, Jorge Sanz, Boadella, Arévalo, al que le gusta un burladero más que una tiza a un tonto, Bruno Delaye, Feliciano López, José María Cano, autor del cartel, que no es precisamente Roberto Domingo, y el argentino Andrés Calamaro que compara a Tomás con Camarón de la Isla, todos estos y hasta más de diez mil estaban allí para vivir un acontecimiento en el que no entraban ni siquiera los compañeros de cartel Víctor Puerto y el mexicano Zaldívar que, al final, fue el que salió a hombros, si bien el triunfador para la mayoría y para la Diputación de Valencia fue el que salió a pie en olor de multitudes. Alguien manifestó con vehemencia que para el de Galapagar, “torear es vivir”. ¿Cómo es que torea (vive) tan poco? Este año, sólo nueve tardes. La clave la tenía el recordado Jaime Marco “El Choni” y me la contó un día junto a la ventana andaluza de “El Campo del Toro” de Zaragoza. Y el abuelo del torero que se desesperaba porque a su nieto le gustaba más el fútbol. Y, encima, rojiblanco. Como decían de los seguidores del Betis y Curro Romero: a sufrir en invierno y en verano.
Al grano: José Tomás tiene un magnetismo especial que en su silencio y dosificada presencia abona la garantía de supervivencia. Sus devotos pueden peregrinar con comodidad y luego contar maravillas puesto que para eso hacen el camino de catecúmenos fervorosos. A la vuelta, solo expresiones laudatorias: increíble, fabuloso, indescriptible, un sueño, lo nunca visto y de Valencia al cielo. O desde Huelva, Linares o Valladolid.¿ Y Sevilla, Madrid, Pamplona, Bilbao o Zaragoza? Manolete toreó en 1946 una sola corrida en España y lo hizo en Madrid con Gitanillo, Antonio Bienvenida y Luis Miguel. No hay análisis reflexivo: no estuviste allí y ya no puedes tener las sensaciones vividas por los elegidos. No puedes señalar los trallazos de ciertos remates con la muleta sea por afarolados o molinetes, la escasez de toreo fundamental y profundo y la elevación del tono medio en los circulares invertidos, en los pases del desdén o en las cuatro manoletinas de compás abierto, la novedad. ¿Crisis? ¿Qué es eso?
Y ya que me declaro devoto de Morante de la Puebla quiero destacar su faena de Vitoria. Me tenía un poco mosca porque es el rigor de las desdichas y los sorteos de la mala suerte. Me emociona su sentimiento, su elegancia e improvisación. Una falla, la de quitarse las zapatillas. Un torero de su elegancia no puede quedarse descalzo. Por lo demás, mi sueño de una noche de verano. Y para mayor felicidad, Pablo Hermoso de Mendoza. Este sí que es “el más grande”. Ahora tiene un caballo que ha desempolvado la pirueta de “Chicuelo”. Desterrado el galope, sus caballos andan y llevan la cara siempre hacia la del toro. Miran y se encogen o estiran según las embestidas del cornúpeto. En técnica pura, todos los caballos de Pablo Hermoso son parecidos. Otra cosa es la estampa, pero en todos ellos se nota la mano que los gobierna sin notarlo.
En fin, por fortuna no todo se acaba en la resurrección de José Tomás, cuya categoría defendí hace muchos años, cuando se presentó de novillero en Zaragoza de la mano de Santiago López y en el ciclo que organizó la Diputación Provincial en régimen de autogestión. El jurado de los premios prometidos daba ganador del ciclo novilleril a Luna, de nombre Tomás, natural de Huesca. Me opuse a semejante chauvinismo aragonesista y conseguí que, al menos, el premio fuera compartido con el otro Tomás, de apellido, y de nombre José. Lo digo por los conversos de hoy. A lo largo de mi vida he conocido a muchos arrepentidos y, sin embargo, es absurdo tratar de convencer a los demás. El Antón pirulero.
viernes, 8 de julio de 2011
Manolo Carmona Bazán
Ha muerto Manolo Carmona, matador de toros de la Macarena sevillana y, como marcan todas sus biografías, primo de los Manolo, Pepín y Rafael Martín y de Mario Carrión por el Bazán materno. Nació el 22 de febrero de 1928 y ha fallecido el pasado 29 de junio en el mismo Sevilla, donde siempre residió. De novillero con su debut en la Maestranza en 1948, de matador de toros y su alternativa en la misma plaza el Domingo de Resurrección de 1950 con toros de Guardiola Soto y la entrega de trastos por parte del madrileño de Paracuellos del Jarama Paco Muñoz y la presencia del de la Isla de San Fernando, don Rafael, el más perfecto estoqueador de mis tiempos ( de 1939 a hoy). Los mayores triunfos de Manolo Carmona tuvieron como escenarios la propia Maestranza y Las Ventas de Madrid. También las más graves cornadas. En Madrid, su debut como novillero tuvo lugar el 18 de septiembre de 1948 con novillos de Escudero Calvo, antes Albaserrada y después Victorino, con Paco Honrubia, valenciano a la altura de “El Vito” con los palos, y “Diamante Negro”, el “oscurito” venezolano Luis Sánchez Olivares. El 25 de marzo de 1951 confirmó su alternativa en la capital de España y sufrió una cornada grave. Los toros fueron de Enriqueta de la Cova y el doctorante, el mexicano Carlos Vera “Cañitas”, diestro valentísimo que acabó su carrera taurina con la amputación de una pierna, y la presencia de Manolo Escudero, el madrileño de Embajadores, exquisito intérprete de la verónica y clásico del pase natural, menguada su carrera por la cornada que sufrió en San Sebastián y que le afecto al pulmón. Manolo Carmona fue ovacionado en el toro de la confirmación, resultó herido en el sexto toro y, al retirarse a la enfermería, hubo petición de oreja. Los toros dieron un promedio de 25 arrobas (288 kilos a la canal) y asistieron 16.957 espectadores. Buena entrada.
Su éxito más cantado fue el 12 de octubre de 1952, en la corrida del Montepío de Toreros que tuvo su especial historia. Había una gran campaña contra el afeitado de los toros y Antonio Bienvenida encabezó el intento de su erradicación. Nadie quería acompañarle en la corrida de los toreros y entonces acudió al ganadero Conde de la Corte, al diestro mexicano Juan Silveti, el hijo de “El Tigre de Juanajuato” y a Manolo Carmona, que no andaba sobrado de contratos. La tarde fue triunfal y se les cortaron siete orejas a los toros “cortesanos”, apelativo más adecuado que el de “condesos” porque condes hay varios entre los ganaderos españoles pero de la Corte solo el de Tamarón y Parladé vía Eduardo Ibarra y pura casta Vistahermosa. Una oreja cortó Bienvenida en el primero, dos en el cuarto y sendas Silveti y Carmona en el resto de los toros. Naturalmente, se abrió la Puerta Grande de Madrid y por ella salieron los tres toreros triunfantes pero virtualmente condenados al ostracismo. Antonio Bienvenida se mantuvo con el apoyo de la plaza de Madrid, Silvetí vino unos cuantos años sin llegar a la cifra de festejos que merecía por su categoría artística y, a la postre, se quedó en México sin volver a nuestras plazas, y Carmona , tras dos cogidas en Madrid en 1953 y una en Sevilla en 1954 y la dura competencia con Aparicio y Litri, Ordóñez y Manolo Vázquez, Pedrés y Jumillano y la llegada de Diego Puerta y Curro Romero,, en 1959 cambio el oro por la plata en la cuadrilla de Manolo Vázquez y luego en la de Antonio Ordóñez, con el que estuvo tres temporadas.
Antonio Ordóñez había tenido la idea de, al final de la temporada, llevar a toda la cuadrilla a un monasterio no sé si a Cursillos de Cristiandad o Ejercicios ignacianos. Creo que eran esos Cursillos, al final de los que los que se llamaban “hermanos” besaban sus respectivos crucifijos y se hacían sus diversas recomendaciones y promesas. Fue a finales de 1961, ya con Camino y El Viti en el escalafón de matadores, cuando Antonio Ordóñez, místico e intimista, se dirigió a Manolo Carmona y le dijo:” Hermano Manolo, te tengo que decir que esta temporada de 1962 no vendrás en mi cuadrilla porque le he dado tu puesto al hermano Juan Antonio Romero”. Y Carmona, calmado pero contundente, le contestó al maestro: “Hermano Antonio, eres un “hijo”. Esto me lo dices antes y no vengo al Cursillo”.
El caso es que el puesto lo ocupó el jerezano Juan Antonio Romero, que había dejado la muleta y la espada y quería hacer carrera como subalterno. En 1967 volvió al oro, pero dos años después otra vez echó mano de las banderillas para morir joven, el 29 de diciembre de 1974, de un cáncer. Manolo Carmona estuvo nueve años con Diego Puerta y fue con “Chamaco” y el mexicano Antonio Campos “El Imposible”, de Puebla de los Ángeles (9 de marzo de 1936), que llevaba tal seudónimo por un pase con el que iniciaba sus faenas con un molinete por la espalada y giro que “parecía imposible”. También murió joven y como consecuencia de un cáncer de páncreas. En la última cuadrilla en la que estuvo Manolo Carmona fue en la de Luis Francisco Esplá y, una vez retirado, se dedicó a la tarea de veedor de reses bravas para distintos empresarios, tarea en la que se mantuvo hasta el año pasado. Sevillano y torero hasta su muerte.
Su éxito más cantado fue el 12 de octubre de 1952, en la corrida del Montepío de Toreros que tuvo su especial historia. Había una gran campaña contra el afeitado de los toros y Antonio Bienvenida encabezó el intento de su erradicación. Nadie quería acompañarle en la corrida de los toreros y entonces acudió al ganadero Conde de la Corte, al diestro mexicano Juan Silveti, el hijo de “El Tigre de Juanajuato” y a Manolo Carmona, que no andaba sobrado de contratos. La tarde fue triunfal y se les cortaron siete orejas a los toros “cortesanos”, apelativo más adecuado que el de “condesos” porque condes hay varios entre los ganaderos españoles pero de la Corte solo el de Tamarón y Parladé vía Eduardo Ibarra y pura casta Vistahermosa. Una oreja cortó Bienvenida en el primero, dos en el cuarto y sendas Silveti y Carmona en el resto de los toros. Naturalmente, se abrió la Puerta Grande de Madrid y por ella salieron los tres toreros triunfantes pero virtualmente condenados al ostracismo. Antonio Bienvenida se mantuvo con el apoyo de la plaza de Madrid, Silvetí vino unos cuantos años sin llegar a la cifra de festejos que merecía por su categoría artística y, a la postre, se quedó en México sin volver a nuestras plazas, y Carmona , tras dos cogidas en Madrid en 1953 y una en Sevilla en 1954 y la dura competencia con Aparicio y Litri, Ordóñez y Manolo Vázquez, Pedrés y Jumillano y la llegada de Diego Puerta y Curro Romero,, en 1959 cambio el oro por la plata en la cuadrilla de Manolo Vázquez y luego en la de Antonio Ordóñez, con el que estuvo tres temporadas.
Antonio Ordóñez había tenido la idea de, al final de la temporada, llevar a toda la cuadrilla a un monasterio no sé si a Cursillos de Cristiandad o Ejercicios ignacianos. Creo que eran esos Cursillos, al final de los que los que se llamaban “hermanos” besaban sus respectivos crucifijos y se hacían sus diversas recomendaciones y promesas. Fue a finales de 1961, ya con Camino y El Viti en el escalafón de matadores, cuando Antonio Ordóñez, místico e intimista, se dirigió a Manolo Carmona y le dijo:” Hermano Manolo, te tengo que decir que esta temporada de 1962 no vendrás en mi cuadrilla porque le he dado tu puesto al hermano Juan Antonio Romero”. Y Carmona, calmado pero contundente, le contestó al maestro: “Hermano Antonio, eres un “hijo”. Esto me lo dices antes y no vengo al Cursillo”.
El caso es que el puesto lo ocupó el jerezano Juan Antonio Romero, que había dejado la muleta y la espada y quería hacer carrera como subalterno. En 1967 volvió al oro, pero dos años después otra vez echó mano de las banderillas para morir joven, el 29 de diciembre de 1974, de un cáncer. Manolo Carmona estuvo nueve años con Diego Puerta y fue con “Chamaco” y el mexicano Antonio Campos “El Imposible”, de Puebla de los Ángeles (9 de marzo de 1936), que llevaba tal seudónimo por un pase con el que iniciaba sus faenas con un molinete por la espalada y giro que “parecía imposible”. También murió joven y como consecuencia de un cáncer de páncreas. En la última cuadrilla en la que estuvo Manolo Carmona fue en la de Luis Francisco Esplá y, una vez retirado, se dedicó a la tarea de veedor de reses bravas para distintos empresarios, tarea en la que se mantuvo hasta el año pasado. Sevillano y torero hasta su muerte.
miércoles, 29 de junio de 2011
La crisis y los nacionalistas
San Juan es un santo torero y fogatero. Se liquidan los trastos viejos, se enciende la antorcha gorda y redonda y, cuando bajan las llamas, se intenta saltar entre nubes de calor. Y al quedarse todo en ascuas hay quien sube a su espalda a la novia y machaca las cenizas con los pies descalzos. Y los que pisan con fe no se queman. Los toros explosionan sobre el cielo azul alicantino. Buena oportunidad para que el de la tierra, José Mari Manzanares, relumbre más que el sol aunque lo haga por tierras burgalesas. Lo destacable es que le velocidad de crucero del torero es constante y que cuando tiene que amarrar su triunfo monta la espada y unas veces al volapie y otras a recibir o sus vaiantes de aguantar o a un tiempo el resultado suele ser contundente. Manzanares es un torero largo, puede que más largo que su padre aunque no le llegue a su paraiso de artista. Es José Marí padre fue un excelentísimo torero, lo juro. Pero es posible que el hijo tenga más cuerda. Confío en que así sea.
En mi pueblo, Ejea de los Caballeros, que figura en el catálogo de la Unión de Criadores de Toros de Lidia, también celebran las Fiestas de San Juan con espectáculos taurinos en su plaza que en el mes de septiembre próximo cumplirá el medio centenar de años de su inauguración no oficial en la que se celebró una corrida de toros con ganado de Terrones y la alternativa que recibió el aragonés Ángel Agudo "El Greco" de manos de Dámaso Gómez y con el testimonio de Rafael Girón. Fue el 10 de septiembre de 1961 y, al día siguiente, 11, se dio una novillada de Auxilio Pérez Tabernero para el segoviano Andrés Hernando, el venezolano Efraín Girón y el colombiano Oscar Cruz. Rrematadas las obras, la inauguración oficial fue el 9 de septiembre de 1962, Feria de la Virgen de la Oliva, con toros de Lisardo para Gregorio Sánchez, Curro Girón y Luis Segura. Solo se lidiaron dos toros por culpa de la lluvia y el nuevo piso de la plaza. Bueno, el caso es que ya hemos cumplido las Bodas de Oro del coso de Luchán, rebautizado con el nombre de Miguel "Cincovillas" en memoria del diestro ejeano muerto trágicamente en accidente de automóvil, y que, después de años de sesteo organizativo, la presencia de la Peña Taurina Martincho pusom en marcha la ingente tarea de meter a Ejea de los Caballeros en el calendario taurino nacional después de figurar en el siglo XVIII como una de las zonas más destacadas de la cría del ganado bravo.Esta feria de San Juan, la de este año de 2011, compuesta por un concurso de recortadores, un festejo de rejones con toros aparentes de "Sepúlveda", de Yeltes, Salamanca, con antigüedad de 1844 y prosopia ganadera no hace muchos años, emboladores y saltos con toros de fuego y un concurso de roscaderos que es la variedad casi exclusiva de esa zona de Las Cinco Villas de Aragón. Hacía calor, el sol caía plano y achicarrante y la gente se quedó en su casa. De setecientos a quinientos espectadores en cada función. ¿Qué ocurrirá al final del verano, allá por septiembre? ¿Y en el mes de agosto?
Lo pregunto porque los elegidos de Bildu para los insttituciones vascas ya han propuesto que se retiren las subvenciones para los toros de Bilbao y no sé lo que hará el alcalde de San Sebastián con su plaza de Illumbe, la que sustituyó a la antigua del barrio de Gross, el Chofre, después de muchos años de abstinencia donostiarra y gracias al impulso de Manolo Chopera y el concejal Gregorio Ordóñez, asesinado por ETA de un tiro en la nuca. El Chofre era el templo taúrico de los franceses de Bayona a Nimes y San Sebastián su gran feria. Luego los de San Sebastián se tuvieron que marchar a Bayona para disfrutar de su espectáculo favorito y, poco a poco, se han ido acostumbrando al monstruo de concreto de Illumbe. ¿Qué pasará de aquí en adelante? Me pongo en lo peor y no razono. ¿Qué va a pasar en Barcelona? Sigo en el desasosiego y la incertidumbre. Hace pocos días estuve en Bilbao, en el hotel Carlton, y recordé acontecimiientos de hace cuarenta años, de aquella cogida que sufrió Antonio José Galán que el cirujano de la plaza calificó de grave y que no retuvo al cordobés de Fuengirola en la clínica. Se montó en un renault-8 y se fue hasta Málaga. Un toro de Conde de la Corte que se llevó a Raúl Aranda de lado a lado de la plaza, un miura de 700 kilos, a Antonio Ordóñez, Paco Camino o "El Viti". Hace unos días estuve en Bilbao y me fuí a La Taberna a saborear un par de vinos, las fotos taurinas, los cuadros de González Marcos, José Puente y Luis García Campos, este bilbaíno de nacimiento y con un apunte en acuarela de Manuel Benitez, leve aunque definitorio, y el artesonado con estampas de La Tauromaquia de Goya. También recordé a Gana, el arquitecto que hizo la nueva plaza casi como Lope de Vega hacía las comedias: en horas veinticuatro. O como construyó el acuaducto de Segovia el diablo. Ahí está el Norte aficionado a los toros pese a que les llamen morlacos. Era el calificativo con los que motejaba a los toros del encierro de Pamplona un locutor de R.N.E.
El famoso F.F. Román se inventó lo del "burladero de la segunda suerte" (¿cuál sería el de la primera?) y calificó de "catafalco" al color negro. Tétrico. Pero yo querría aprovechar la ocasión para presentar mis excusas al matador de toros malagueño Manolo Segura, fallecido recientemente. Espero que me las admita desde el más allá. En mi libro "Amores y Desamores Toreros" decía que Carmen Cervera, luego baronesa Tyssen, se había casado en primeras nupcias con el diestro malagueño cuando en realidad el auténtico Manuel Segura era un agente de seguros que, afortunadamente, vive todavía y parece contar con una buena mano izquierda por lo que tiene que intervenir en las relaciones de Carmen Tyssen con su hijo Borja Tyssen, en realidad Borja Segura. Y en este capítulo me ha sorprendido también la muerte del teniente Colombo, que me he enterado ahora que en realidad se llamaba Peter Falk, pero cuyos signos identificatorios son la ajada gabardina, el ojo a la virulé y la faria a medio consumir en sus manos. También he sabido que uno de sus maravillosos episodios tuvo caracter taurino con Ricardo Montalbán como intérprete de un famoso torero que se metía en líos policiacos. Pero rematamos el mes de junio y empieza la gran temporada taurina con la feria de San Fermín y con las que seguirán en estos meses de verano que confío en que, como en el Turismo, sea productiva y triunfal para todos, sobre todo para los toreros, incluido el novedoso y restringido José Tomás. ¿Qué fuerza tendrá el de Galapagar que con una docena de actuaciones puede condicionar toda una temporada? Eso es bueno para él y malo para la Fiesta Española, pendiente ahora de la gran crisis económica y las veleidades nacionalistas en zonas tan tradicionalmente taurinas como Cataluña y las Vascongadas. Barcelona, San Sebastián y Bilbao son plazas fundamentales en nuestra Historia.
En mi pueblo, Ejea de los Caballeros, que figura en el catálogo de la Unión de Criadores de Toros de Lidia, también celebran las Fiestas de San Juan con espectáculos taurinos en su plaza que en el mes de septiembre próximo cumplirá el medio centenar de años de su inauguración no oficial en la que se celebró una corrida de toros con ganado de Terrones y la alternativa que recibió el aragonés Ángel Agudo "El Greco" de manos de Dámaso Gómez y con el testimonio de Rafael Girón. Fue el 10 de septiembre de 1961 y, al día siguiente, 11, se dio una novillada de Auxilio Pérez Tabernero para el segoviano Andrés Hernando, el venezolano Efraín Girón y el colombiano Oscar Cruz. Rrematadas las obras, la inauguración oficial fue el 9 de septiembre de 1962, Feria de la Virgen de la Oliva, con toros de Lisardo para Gregorio Sánchez, Curro Girón y Luis Segura. Solo se lidiaron dos toros por culpa de la lluvia y el nuevo piso de la plaza. Bueno, el caso es que ya hemos cumplido las Bodas de Oro del coso de Luchán, rebautizado con el nombre de Miguel "Cincovillas" en memoria del diestro ejeano muerto trágicamente en accidente de automóvil, y que, después de años de sesteo organizativo, la presencia de la Peña Taurina Martincho pusom en marcha la ingente tarea de meter a Ejea de los Caballeros en el calendario taurino nacional después de figurar en el siglo XVIII como una de las zonas más destacadas de la cría del ganado bravo.Esta feria de San Juan, la de este año de 2011, compuesta por un concurso de recortadores, un festejo de rejones con toros aparentes de "Sepúlveda", de Yeltes, Salamanca, con antigüedad de 1844 y prosopia ganadera no hace muchos años, emboladores y saltos con toros de fuego y un concurso de roscaderos que es la variedad casi exclusiva de esa zona de Las Cinco Villas de Aragón. Hacía calor, el sol caía plano y achicarrante y la gente se quedó en su casa. De setecientos a quinientos espectadores en cada función. ¿Qué ocurrirá al final del verano, allá por septiembre? ¿Y en el mes de agosto?
Lo pregunto porque los elegidos de Bildu para los insttituciones vascas ya han propuesto que se retiren las subvenciones para los toros de Bilbao y no sé lo que hará el alcalde de San Sebastián con su plaza de Illumbe, la que sustituyó a la antigua del barrio de Gross, el Chofre, después de muchos años de abstinencia donostiarra y gracias al impulso de Manolo Chopera y el concejal Gregorio Ordóñez, asesinado por ETA de un tiro en la nuca. El Chofre era el templo taúrico de los franceses de Bayona a Nimes y San Sebastián su gran feria. Luego los de San Sebastián se tuvieron que marchar a Bayona para disfrutar de su espectáculo favorito y, poco a poco, se han ido acostumbrando al monstruo de concreto de Illumbe. ¿Qué pasará de aquí en adelante? Me pongo en lo peor y no razono. ¿Qué va a pasar en Barcelona? Sigo en el desasosiego y la incertidumbre. Hace pocos días estuve en Bilbao, en el hotel Carlton, y recordé acontecimiientos de hace cuarenta años, de aquella cogida que sufrió Antonio José Galán que el cirujano de la plaza calificó de grave y que no retuvo al cordobés de Fuengirola en la clínica. Se montó en un renault-8 y se fue hasta Málaga. Un toro de Conde de la Corte que se llevó a Raúl Aranda de lado a lado de la plaza, un miura de 700 kilos, a Antonio Ordóñez, Paco Camino o "El Viti". Hace unos días estuve en Bilbao y me fuí a La Taberna a saborear un par de vinos, las fotos taurinas, los cuadros de González Marcos, José Puente y Luis García Campos, este bilbaíno de nacimiento y con un apunte en acuarela de Manuel Benitez, leve aunque definitorio, y el artesonado con estampas de La Tauromaquia de Goya. También recordé a Gana, el arquitecto que hizo la nueva plaza casi como Lope de Vega hacía las comedias: en horas veinticuatro. O como construyó el acuaducto de Segovia el diablo. Ahí está el Norte aficionado a los toros pese a que les llamen morlacos. Era el calificativo con los que motejaba a los toros del encierro de Pamplona un locutor de R.N.E.
El famoso F.F. Román se inventó lo del "burladero de la segunda suerte" (¿cuál sería el de la primera?) y calificó de "catafalco" al color negro. Tétrico. Pero yo querría aprovechar la ocasión para presentar mis excusas al matador de toros malagueño Manolo Segura, fallecido recientemente. Espero que me las admita desde el más allá. En mi libro "Amores y Desamores Toreros" decía que Carmen Cervera, luego baronesa Tyssen, se había casado en primeras nupcias con el diestro malagueño cuando en realidad el auténtico Manuel Segura era un agente de seguros que, afortunadamente, vive todavía y parece contar con una buena mano izquierda por lo que tiene que intervenir en las relaciones de Carmen Tyssen con su hijo Borja Tyssen, en realidad Borja Segura. Y en este capítulo me ha sorprendido también la muerte del teniente Colombo, que me he enterado ahora que en realidad se llamaba Peter Falk, pero cuyos signos identificatorios son la ajada gabardina, el ojo a la virulé y la faria a medio consumir en sus manos. También he sabido que uno de sus maravillosos episodios tuvo caracter taurino con Ricardo Montalbán como intérprete de un famoso torero que se metía en líos policiacos. Pero rematamos el mes de junio y empieza la gran temporada taurina con la feria de San Fermín y con las que seguirán en estos meses de verano que confío en que, como en el Turismo, sea productiva y triunfal para todos, sobre todo para los toreros, incluido el novedoso y restringido José Tomás. ¿Qué fuerza tendrá el de Galapagar que con una docena de actuaciones puede condicionar toda una temporada? Eso es bueno para él y malo para la Fiesta Española, pendiente ahora de la gran crisis económica y las veleidades nacionalistas en zonas tan tradicionalmente taurinas como Cataluña y las Vascongadas. Barcelona, San Sebastián y Bilbao son plazas fundamentales en nuestra Historia.
miércoles, 22 de junio de 2011
LA TELEVISIÓN Y LOS TOREROS
Es un enigma que a mí no me cuadra. Las televisiones, al margen de algunas regionales y la de pago del bien “pagaó” fenicio, no quieren saber nada de toros, solo en caso de cogidas o tragedias adyacentes. Pero los programas mal llamados “del corazón” se afanan por llevar a sus platós más remuneradores a toreros de toda especie y condición, de los que se visten de luces brillantes o mortecinas, de los que andan a su alrededor, servidores, parientes o amigos, apoderados, administradores, amantes, esposas, viudas, viudos y perritos que les ladren. Algunos salen casi incólumes, otros tocados y unos cuantos, destrozados, para el arrastre. Los hijos de “Paquirri” y Carmina Ordóñez no sé cómo han podido supervivir casi gloriosamente. Son los dos, Francisco y Cayetano, los que cuentan con el árbol genealógico con más raíces y ramas de toda la torería andante y las cosas han llegado a tal extremo que hasta se discutió por parte de algunos compañeros la Medalla de las Bellas Artes que se le concedió a Francisco Rivera Ordóñez, hijo de torero muerto en el ruedo de Pozoblanco, hermano, nieto y biznieto de toreros. Y yo no he visto nunca que el que ahora utiliza el sobrenombre de su padre, “Paquirri”, se comportara groseramente ante las pantallas de televisión, contara intimidades escabrosas o evidenciara que allí estaba porque le pagaban un buen dinero. No son ellos los que, en mi admiración hacia los que son capaces de vestirse de luces y enfrentarse a los toros, luego acuden a los foros sentimentales para hablar de sus vidas privadas y beneficiarse de esa fama especial. Sí hubo alguna que supo explotar su maternidad y no se recató de anunciar a los cuatro vientos que el padre de la criatura era un torero. Alguna otra lloró sus penas de viuda por los escenarios de España y el mundo y la de más allá confesó intimidades de la hija del gran maestro o de las infidelidades matrimoniales. Jaime Ostos se plantó en los escenarios más diversos y sus heridas de tantas tardes se descosieron de amargura y sin sangrar. A “Jesulín” le lanzaban prendas menores en las corridas de género y luego él se bajaba los pantalones ante Mercedes Milá en manifestación censurable de lo que puede hacerte un toro. Ortega Cano se casó con “la más grande” y se convirtió en el viudo de España. Su familia política, y en ocasiones la propia, le buscaron las vueltas a la situación y se instalaron en el más productivo de los escenarios. Se salvó Rocío, la hija de la “más grande”, pero el de Cartagena subía su particular calvario con las caídas inevitables. Hasta que ha llegado lo del accidente fatal y esos mismos escenarios que él visitaba para dar sus explicaciones con hermanos y cuñados se afanan por darle vueltas a un asunto que solo pueden resolver las autoridades y los jueces.
Pero ocurrió hace pocos días, me sentí avergonzado y se me cayó el alma a los pies, como se decía antes. Yo conocía a Rafael Corbelle Bravo, sabía que su verdadero nombre es Ciriaco, que, como su hermano Juan, nació en Recas, en la provincia de Toledo, por estos días hará 75 años, que fue, como su hermano, novillero y banderillero y que, una vez despojado del vestido de luces, se hizo apoderado de diestros de diversa fortuna, que estuvo en las cuadrillas de toreros tan significativos como Gregorio Sánchez, Palomo Linares y el propio Ortega Cano y que allí, en el plató vigilado por sagaces preguntadores, estaba para reivindicar la figura de su accidentado maestro. Y dijo dos cosas: que José era muy macho y que entre sus conquistas estaba una señora, esposa de milenario matador de toros (pasa de los cuatro mil estoqueados a lo largo de sus más de veinte años de alternativa) y que a mí me consta que nunca pasó de la atención que su buena educación le dictaba y de la relación de apoderamiento que tenía el torero con su padre. Hay que tener mucho cuidado con las cosas que se dicen o que se insinúan. No conozco la compensación económica que habrá recibido Corbelle por esta aparición en la pequeña pantalla y no tengo ni idea de cuál es su situación dineraria, pero no me parece que se compensen unas cosas con otras. Tampoco creo que sea acertado que Carlos Ruiz Villasuso, en “Aplausos”, censure la portada cerril y bochornosa de la revista “El Jueves” y, para castigar a sus autores, incida negativamente en la sensibilidad de los católicos y las gentes de buen gusto:” hostias, joder, hijoputa (a la andaluza, sin el de) y a ti te la suda”.
Llevaba muy malos días en el cultivo de lo que todavía es mi afición y todavía se acentuaban los tonos grises de mi ambiente con la cogida en Las Ventas de Abellán en la boca, con mucha menos suerte que la de Juan Mora el día de la Beneficencia, cuando me llegaron noticias de Nimes y de su feria de Pentecostés con los inventos de Simón Casas de medias corridas de distintas ganaderías y en competición, los Miuras contra los de Victorino, los juampedros de Fuente Ymbro frente a los santacolomas de La Quinta y el interesante cartel de la alternativa del caballero Manolo Manzanares de la mano del Supremo Hermoso de Mendoza y el testimonio de su hermano José Mari a pie. Poca cosa con las más famosas ganaderías, las de don Eduardo y don Victorino, de fea presentación, sobre todo los que fueron desde Zaheriche, éxito fabuloso de Castella con un toro de “Fuente Ymbro”, y espectacular Manzanares, el de a pie, que les cortó cuatro orejas y un rabo a los toros de “Garcigrande”. Juan Bautista obtuvo tres trofeos con los toros de Juan Pedro Domecq y con él, “El Juli” y Luis Bolivar se completa la lista de matadores de toros que han abierto en esta feria nimois la Puerta de los Cónsules, algo parecida a la del Príncipe con un ambiente distinto pero digno de admiración.
Legalmente tuvo que salir a hombros también “Morante de la Puebla” puesto que la autoridad le concedió las dos orejas del cuarto toro de Núñez del Cuvillo, pero el diestro no las mostró durante la vuelta al ruedo porque unos cuantos, no sé si docenas, centenas o miles, protestaron esa concesión. Me fui a internet y contemplé lo que le hizo el de la Puebla del Río a ese toro castaño y receloso, que no remató nunca por abajo, incierto, débil de manos y de nula entrega. Morante lo toreó en pases fundamentales por ambas manos, largos y enjundiosos y remató las series a media altura con esos toques sublimes que solo nacen de la inspiración de un artista. Y como los franceses chanelán de esto, la banda-orquesta interpretó el Adagio del Concierto de Aranjuez, no aseguro si con solos de trompeta o clarinete porque mi oreja y el sonido no me permiten más precisiones. Hace años escuché una versión del Aranjuez por un clarinetista francés cuyo nombre no recuerdo porque perdí el disco. Morante mató al castaño de una estocada y yo le hubiera dado también las dos orejas aunque una de ellas compartida con los músicos para que le acompañaran en su salida triunfal a los sones del Concierto del maestro Rodrigo. ¿Es esto sensibilidad? Yo creo que sí. Otra semana empezaba el lunes, 13, con mejores perspectivas toreras. Ahí, en el ruedo, es donde tienen que estar los toreros.
BENJAMÍN BENTURA REMACHA
Pero ocurrió hace pocos días, me sentí avergonzado y se me cayó el alma a los pies, como se decía antes. Yo conocía a Rafael Corbelle Bravo, sabía que su verdadero nombre es Ciriaco, que, como su hermano Juan, nació en Recas, en la provincia de Toledo, por estos días hará 75 años, que fue, como su hermano, novillero y banderillero y que, una vez despojado del vestido de luces, se hizo apoderado de diestros de diversa fortuna, que estuvo en las cuadrillas de toreros tan significativos como Gregorio Sánchez, Palomo Linares y el propio Ortega Cano y que allí, en el plató vigilado por sagaces preguntadores, estaba para reivindicar la figura de su accidentado maestro. Y dijo dos cosas: que José era muy macho y que entre sus conquistas estaba una señora, esposa de milenario matador de toros (pasa de los cuatro mil estoqueados a lo largo de sus más de veinte años de alternativa) y que a mí me consta que nunca pasó de la atención que su buena educación le dictaba y de la relación de apoderamiento que tenía el torero con su padre. Hay que tener mucho cuidado con las cosas que se dicen o que se insinúan. No conozco la compensación económica que habrá recibido Corbelle por esta aparición en la pequeña pantalla y no tengo ni idea de cuál es su situación dineraria, pero no me parece que se compensen unas cosas con otras. Tampoco creo que sea acertado que Carlos Ruiz Villasuso, en “Aplausos”, censure la portada cerril y bochornosa de la revista “El Jueves” y, para castigar a sus autores, incida negativamente en la sensibilidad de los católicos y las gentes de buen gusto:” hostias, joder, hijoputa (a la andaluza, sin el de) y a ti te la suda”.
Llevaba muy malos días en el cultivo de lo que todavía es mi afición y todavía se acentuaban los tonos grises de mi ambiente con la cogida en Las Ventas de Abellán en la boca, con mucha menos suerte que la de Juan Mora el día de la Beneficencia, cuando me llegaron noticias de Nimes y de su feria de Pentecostés con los inventos de Simón Casas de medias corridas de distintas ganaderías y en competición, los Miuras contra los de Victorino, los juampedros de Fuente Ymbro frente a los santacolomas de La Quinta y el interesante cartel de la alternativa del caballero Manolo Manzanares de la mano del Supremo Hermoso de Mendoza y el testimonio de su hermano José Mari a pie. Poca cosa con las más famosas ganaderías, las de don Eduardo y don Victorino, de fea presentación, sobre todo los que fueron desde Zaheriche, éxito fabuloso de Castella con un toro de “Fuente Ymbro”, y espectacular Manzanares, el de a pie, que les cortó cuatro orejas y un rabo a los toros de “Garcigrande”. Juan Bautista obtuvo tres trofeos con los toros de Juan Pedro Domecq y con él, “El Juli” y Luis Bolivar se completa la lista de matadores de toros que han abierto en esta feria nimois la Puerta de los Cónsules, algo parecida a la del Príncipe con un ambiente distinto pero digno de admiración.
Legalmente tuvo que salir a hombros también “Morante de la Puebla” puesto que la autoridad le concedió las dos orejas del cuarto toro de Núñez del Cuvillo, pero el diestro no las mostró durante la vuelta al ruedo porque unos cuantos, no sé si docenas, centenas o miles, protestaron esa concesión. Me fui a internet y contemplé lo que le hizo el de la Puebla del Río a ese toro castaño y receloso, que no remató nunca por abajo, incierto, débil de manos y de nula entrega. Morante lo toreó en pases fundamentales por ambas manos, largos y enjundiosos y remató las series a media altura con esos toques sublimes que solo nacen de la inspiración de un artista. Y como los franceses chanelán de esto, la banda-orquesta interpretó el Adagio del Concierto de Aranjuez, no aseguro si con solos de trompeta o clarinete porque mi oreja y el sonido no me permiten más precisiones. Hace años escuché una versión del Aranjuez por un clarinetista francés cuyo nombre no recuerdo porque perdí el disco. Morante mató al castaño de una estocada y yo le hubiera dado también las dos orejas aunque una de ellas compartida con los músicos para que le acompañaran en su salida triunfal a los sones del Concierto del maestro Rodrigo. ¿Es esto sensibilidad? Yo creo que sí. Otra semana empezaba el lunes, 13, con mejores perspectivas toreras. Ahí, en el ruedo, es donde tienen que estar los toreros.
BENJAMÍN BENTURA REMACHA
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