viernes, 18 de febrero de 2011

CUANDO OLÍA A CERA

Allá va la despedida
Al estilo de mi tierra,
Al que nace lo bautizan
Y al que se muere lo entierran.

(Jota aragonesa)

Y de entierros va la cosa, de entierros de papel al modo de la cárcel de Evaristo Acevedo en “La Codorniz” de la posguerra. En la democracia no se tienen noticias de una codorniz como aquella, tan vivaracha, lozana e ingeniosa. Se ve que la censura agudiza el ingenio. El otro día escuché en la radio que había perros que olían el cáncer y ello servía para minimizar análisis, pruebas y radiografías en los casos de sospechas de diagnóstico fatal. Yo ya sabía que los perros aullaban de forma especial cuando se acercaba el tránsito al más Allá de algún vecino de su casa, y que hay perros y cochinos, mis hermanos del alma, que descubren los almacenes de trufa, pero no me imaginaba que, como nuestros amigos perrunos pueden descubrir un alijo de droga, podían, además, superar en ojo clínico al más sagaz de los doctores en Medicina. Y entonces me vino a la memoria un relato que leí hace muchos años en las páginas de ABC, antes del verdadero del señor Anson, o BLANCO Y NEGRO y que creo que lo firmaba don Agustín de Foxá, ignorado en los cenáculos contemporáneos porque dicen que era facha. ¿Qué queréis? Soy conde, gordo y fumo puros ¿cómo no voy a ser de derechas? (Umbral ampliaba esa autobíografía: Soy aristócrata, soy conde, soy rico, soy gordo, y todavía me preguntan por qué soy de derechas. ¿Pues qué coños puedo ser?) . Foxá se lo decía a César González-Ruano, que también tenía su música. Hablaba el conde del triángulo ideológico de la Revolución francesa con su libertad, igualdad y fraternidad, de los vértices de la Falange, patria, pan y justicia y de su madura trilogía: café, copa y puro. Una tarde, en Las Ventas del Espíritu Santo, ante una gran faena de “Manolete”, se levantó de su asiento, alzó los brazos al cielo y gritó: ¡Dios mío, no te merecemos! Uno de sus primeros libros de poesía fue el que publicó en 1936, en la imprenta de Galo Sánchez, con prólogo de Manuel Machado, otro de los difuminados por el fervor siniestro. Se titulaba EL TORO, LA MUERTE Y EL AGUA. El sabía que esto no dura mucho y en su poema MELANCOLÍA DEL DESAPARECER cantaba:”La actualidad es nuestra frágil rosa/en una hora fresa y marchita./Lo que el lunes fue luz, martes ya es sombra/que el suceso es el pez de nuestras mallas”. Foxá fue diplomático y escritor, ganó el premio Mariano de Cavia con su artículo LOS CRÁNEOS DEFORMADOS y fue elegido académico de la Real de la Lengua en 1959, aunque no llegó a tomar posesión de su sillón Z. Nació el 28n de febrero de 1906 y murió el 30 de junio de 1959.

Pero yo no trataba de hacer un panegírico del Conde de Foxá, su buen escribir y su afición taurina. Basta con leer lo que escribió. La cosa venía por lo del artículo que recuerdo de aquellos años de los finales de los cuarenta y principios de los cincuenta del siglo XX y que estoy seguro que se titulaba OLOR A CERA. La tesis era que un banderillero que iba en la cuadrilla de “Joselito”, el payo de los Gallos, olió a cera aquel día en Talavera de la Reina en que murió el torero que conocía mejor a los toros y que actuaba en una plaza menor con toros de la Viuda de Ortega por hacerle un favor al señor Corrochano y a la parienta de don José, el que no estaba en casa, que estaba pensando. El propio Corrochano mostró su perpejlidad: ”Yo creí que Joselito era el toreo y le mató un toro”. Y luego se descubrió que el oráculo mortal era Enrique Belenguer Soler, banderillero de confianza de José Gómez apodado “Blanquet” porque era valenciano (17 de enero de 1881) y alumno de Manuel Blanco “Blanquito”. Su mentor, Ventura Espí, también le apodó “Blanquito” en honor al maestro hasta 1899, en que encontró su verdadera y valenciana identificación: “Blanquet”. De Rafael “el Gallo”, el caló de los Gómez, y al cordobés “Machaquito” hasta llegar a la consagración con José Gómez Ortega. Para los toros suaves y pastueños tenía el de Gelves a Cantimplas, para la brega pura y dura a “Blanquet” que , aún siendo un buen banderillero, se limitaba a la brega con el capote, como años después le ocurría a “Bojilla” con Palomo Linares.

Después de la muerte de “Joselito”, Enrique Belenguer pasó a la cuadrilla de su paisano Granero que había irrumpido con fuerza en el escalafón de los matadores de toros. Y vino la tragedia del 7 de mayo de 1922 en Madrid por la terrible cornada de Pocapena. “Blanquet” se retira apesadumbrado y crucificado por la fatal coincidencia. Para los taurinos, es un gafe. Pero vuelve el 15 de agosto de 1926 en Sevilla, con Ignacio Sánchez Mejías como matador. Tras esta corrida, la cuadrilla va a tomar el tren porque al día siguiente torean en Ciudad Real y, al subir al vagón, el banderillero cae al suelo sin sentido y lo llevan a la Casa Socorro más cercana en donde solo pueden certificar su fallecimiento. Años después, el 11 de agosto de 1934, en la manchega Manzanares, el toro “Granadino” cogió de gravedad a Sánchez Mejías que, trasladado a Madrid, murió de una gangrena gaseosa. Fue uno de los diez matadores a los que su cuñado “Joselito” dio la alternativa, otros cuatro también murieron de cornada: Florentino Ballesteros, Ernesto Pastor, “Valerito” y Félix Merino. Juan Luis de la Rosa murió asesinado en Barcelona, el sevillano Francisco Díaz “Pacorro” en la miseria y Ángel Fernández Pedraza “Angelete”, de Barrios de Montemayor, Cáceres, se retiró en 1926 como consecuencia de la invalidez que le produjo una cornada en el pecho. Solo se salvaron de la quema José Flores “Camará” y Domingo González “Dominguín” y no por sus trayectorias toreras aunque sí por la inteligencia y al taurinismo de sus actividades en este mismo planeta. Toda esta serie de circunstancias dramáticas alrededor de la figura de Enrique Belenguer Soler, “Blanquet” en su época de esplendor, y también tras su fallecimiento hicieron crecer una leyenda transmitida oralmente que se convirtió en dogma a través de la publicación de “Olor a cera”. Dicen los romanceros que “Blanquet” olió a cera la tarde de Talavera y que le dijo a su jefe que no hiciera el paseíllo, que se repitió la sensación en la mañana madrileña del mayo de 1922, cuando la cornada de Granero y que insistió en el fuerte ambiente el día de la reaparición de Sevilla, el día de su propia muerte y ocho años antes de la cogida de Manzanares que dio lugar a lo que algunos consideran como la más grandiosa elegía que se ha escrito para engrandecer la memoria de un torero: “Elegía a la muerte de Ignacio Sánchez Mejías”, de Federico García Lorca.

En Zaragoza, en El Pilar, el templo votivo más visitado aunque La Seo sea el mayor compendio de culturas, ya no huele a cera porque el Cabildo Metropolitano decidió que ya no se ponían más velas de mecha encendida a la Virgen y que el dinero que iba a parar a las tiendas de recuerdos pilaristas de los alrededores serían para aumentar los ingresos de Endesa, que es nuestra suministradora de energía eléctrica. Se evitan el peligro de incendio, los humos y los olores. Muerto el perro se acabó la rabia, no el maleficio. Un joven fue a un pueblo a hacer una encuesta y preguntó que allí cuantos se morían. “Todos los que nacen”- le contestaron. No hay estadística más rotunda y veraz. Pero yo, en mi afán de aceptar las habilidades telepáticas de personas ingeniosas tengo la sensación de que huelo a papel quemado por los comentarios que me ha transmitido el hermano Salvador, hijo de El Pipo y la Maña. Según tengo entendí do “Los sabios del Toreo” ya no aparecerá en el tradicional soporte de papel, será puesto en escena a través del ordenador, sede de todos los conocimientos de hoy día. Me duele el alma, se me encoge el estómago porque yo me alimento de papel, como los ratones de las viejas bibliotecas. No es lo mismo. A mí me quedaba esto, la Agenda de Vidal Pérez Herrero, que también tiene sus dudas de supervivencia, una revista de automovilistas y alguna carta a los directores de distintos medios que muchas veces acaban en el cesto de los moscateles. Me lo decía mi abuela Jesús: “Royo mal pelo, ojos de gato en bodega, caerás en el cesto de los moscateles”. Y ahí estoy a la espera de mi oráculo, entendido en su acepción de respuesta que Dios da. Así lo decía en verso el conde de Foxá:

Y pensar que, después que yo muera
aún surgirán mañanas luminosas,
y que bajo un cielo azul, la primavera,
indiferente a mi mansión postrera,
encarnará en las sedas de las rosas.

El poeta y ganadero Villalón, el que buscaba toros de ojos verdes, pidió que lo enterraran con su reloj al que, previamente, le dieran toda su cuerda. Hoy, con una buena pila el tic-tac duraría mucho más. A mí que me entierren con un paquete de hojas blancas por si se me ocurre escribir algo. Con el ordenador no sabría. ¡Ah! en Linares también alguien olió a cera.

miércoles, 2 de febrero de 2011

Un solo reglamento con un solo artículo

ARTÍCULO:“SE CUMPLIRÁ RIGUROSAMENTE TODO LO ANUNCIADO EN EL OBLIGATORIO Y APROBADO CARTEL”

LA FUNDAMENTAL RECUPERACIÓN DE LA SUERTE DE VARAS

Estoy en una edad en la que mi vida la cuento en días, los recuerdos los magnifico y al porvenir lo espero con sosiego. En realidad, me doy cuenta que vivo porque hay muchas cosas que me perturban y sobremanera que la discusión se centre el Ministerio al que se adscribe la fiesta de los toros sea el de Interior o el de Cultura, que un Parlamento la suprima en su territorio o que en una Comunidad se obligue a que todos los pares de banderillas sean de los colores de su bandera. Me remuevo en mi sillón como un león sin dientes y acabo roncando mis variadas desilusiones. La burocracia lo puede todo. Diecisiete reglamentos taurinos para una sola fiesta. Otra cosa es lo que se refiere a las fiestas populares, que antes eran pura demostración de los sentimientos y habilidades de la gente del pueblo y ahora se someten a las reglas que les marcan los organizadores. Hace veinte años, ¿alguien podía pensar que hubiera normas para agarrarse a un cesto o roscadero o para recortar a un toro o a una vaca? ¡Que obsesión! Se anuncia una corrida-concurso de ganaderías y la comisión correspondiente acuerda dividir geométricamente el ruedo, marcar los terrenos de cada cual, toro, caballo y toreros, salida y entrada de picadores, diestros y banderilleros, distancias, terrenos y palos de picar. Mientras lees las instrucciones de los expertos se te va el santo al cielo y no te enteras si el toro obedece esas normas y se comporta como marcan los cánones o es un manso “pregonao” que no merece ni la más mínima atención. No se saben el reglamento, insensatos. ¿Ustedes creen que un Ministerio puede salvar la Fiesta Española? Más burocracia. Yo, en mi delirio casi octogenario, creo que se deben de suprimir todos los reglamentos y fiar el desarrollo de la corrida de toros a una sola premisa: que se cumpla lo anunciado en los carteles, seis, ocho o veinte toros, toros, uno, dos, tres o diez matadores con sus correspondientes cuadrillas que se encargaran de la lidia de sus “adjudicados cornúpetos”, picados, banderilleados y muertos a estoque con la mayor y más brillante eficacia y loable brevedad (Gregorio Sánchez mató seis toros en Madrid en menos de seis cuartos de hora y cortó no se cuantas orejas). Y, si es posible, con arte. Lidia es lucha. Arte, ponerle estética y ética a esa lucha. Engañar al toro sin engañar al público.

No es momento de detallar el desarrollo de esta teoría mía de salvar a los toros de la burocracia. España está enferma de burocratitis aguda multiplicada por 17. Habrá que poner en los coches toreros un espacio para llevar los reglamentos, estudiarlos en el viaje y comprobar si en la plaza que toreamos mañana se sale a hombros por cortar dos orejas, una en cada toro, o las dos de uno solo. Y para salir a hombros ya están preparados los dos individuos que son las figuras de la temporada porque aparecen en el mayor número de páginas de publicidad. ¿Y si a un torero que no ha cortado ni una sola oreja le quieren sacar a hombros los aficionados? Todos recordamos el caso de Juanito Posada en Madrid, cuando le concedieron las dos orejas sin matar. Estaba en la enfermería y no pudo salir a hombros. ¿Por qué los picadores tienen que circular de izquierda a derecha y no al revés, que sería lo natural para salvaguardar la integridad del caballo al no tener que darle la vuelta al equino en caso de arrancársele el toro? En lo de la suerte de picar me parece imprescindible hacer una amplia remodelación. Es la suerte más diluida de toda la lidia y conviene recuperarla. Sé que no se puede prescindir del peto, pero también intuyo que es posible aumentar la eficacia de la defensa de la integridad del equino, fundamental por estética, economía y de población caballar, con un peto anatómico de material resistente hasta para las balas de una metralleta, sin faldones que impidan el romaneo y con la necesidad de manejar las riendas para salir del trance a base de fornido brazo derecho y sensible mano izquierda. Desaparecería la impunidad del puyazo en los riñones y “la suerte de la fregona”, denigrante para el toro y a mayor cachondeo del piquero: “No te pego, pero te hago cosquillitas en el agujero”. Y que no se me enfaden los buenos picadores porque en estos tiempos hay algunos que se suben a un caballo y se sacan el carné sin saber una papa de equitación ni lo que es el castigo eficaz y ahormador: “Camero, pica delantero”. En la actualidad, más del noventa por ciento de los puyazos son traseros. Si se lograra dignificar la suerte de varas es posible que se mejoraran el resto de las suerte de la lidia de un toro. Sería mucho más fundamental que el cambio de Ministerio o la prohibición de los toros de Barcelona. Aquí el fundamento está en la mujer que traiga al mundo hijo varón o hembra que sea capaz de ponerse delante de un toro a crear arte y vaca que alumbre el becerro que un lustro después salte a la luz de una plaza de toros y luche con bravura y nobleza por su vida y su orgullo. Me viene a la memoria Agustín Arjona, que cuando va a las fincas a hacer su maravillosas fotos se encuentra con que a todos sus retratados les han puesto las fundas que se rematan con una especie de tuercas de hierro. Es como si un fotógrafo de modelos las tuviera que fotografiar con los rulos puestos.

LA TEMPORADA DE 2010

Quiero estar al día y recuerdo lo que ha ocurrido en la temporada ya rematada. Pienso que ha sido un año muy sangriento entre diestros y subalternos. Lo más impactante fue la cogida de Julio Aparicio en Madrid, en la boca, pero fue más peligrosa la de Sergio Aguilar en Bilbao porque el pitón, que no afloró por la boca del torero, estuvo más cerca de alcanzar la zona del cerebro. Dos cornadas insólitas y con parecidas características. Recuerdo que cuando murió “Manolete”, en agosto de 1947, en el mes de septiembre otros dos toreros sufrieron sendas cornadas en el triángulo Scarpa y de consecuencias fatales: “Carnicerito de México” en Portugal y el novillero leonés, del Valle del Curueño, “Joselillo”, en la México. Trágicas casualidades. Pero estamos en la primera década del siglo XXI y las ciencias han avanzado una barbaridad. Yo mismo estoy aquí porque un sabio y su equipo me colocaron una válvula de cerdo y mi corazón retomó su ritmo a impulsos del marcapasos que me colocaron el mismo día que nació mi nieto Diego, aliciente añadido para que me interese más en la historia de cada día. Este año de 2010 se inició con malos augurios por la cogida mexicana de José Tomás que le apartó casi totalmente de los ruedos españoles – cuatro corridas – hasta perderse los acontecimientos de Barcelona, en donde cedió la palma del triunfo al lugareño Serafín Marín y al siempre encantador Morante de la Puebla, estampa repetida del famoso Francisco Montes “Paquiro”. El tercio de quites de Madrid con el osado Daniel Luque se queda en mi recuerdo. Y la larga cordobesa de Cayetano ajustado en las lances con el capote a la espalda y por delante. Por detrás habría que llamarlos “a la aragonesa” en recuerdo del “Paquiro” de los pinceles: Goya.
El caso de José Tomás se repitió con José Mari Manzanares después de Sevilla y la operación de vértebras que le impidió estar en San Isidro y, al final, en septiembre, una rotura de los tendones del dedo pulgar no le permitieron rematar la temporada. Y el castigado Miguel Ángel Perera, Uceda Leal, torero de amplias virtudes y máxima garantía estoqueadora, también operado de la columna, y los rejoneadores Álvaro Montes, dañado física y moralmente con la muerte de uno de sus caballos en la plaza de toros de Zaragoza y el tremendo episodio de la guapísima Noelia Mota el 26 de septiembre en Marbella, cuando figuraba al frente del escalafón caballeresco. Año sangriento que, al final, se ha colmado trágicamente con la muerte del banderillero Adriano Gómez Gil que llevaba casi tres años inmóvil por la cogida sufrida en Torrejón de Ardoz el 23 de junio de 2008..

Pero habrá que fijarse en las cosas positivas. El campeón, Julián López “El Juli”. Es un profesional completo dedicado en cuerpo y alma a la lidia de los toros en la plaza, en el campo, a pie y a caballo y siempre con la cabeza a pleno rendimiento. El primero aunque en las listas figure por delante David Fandila “El Fandi”, torero de gran mérito dadas sus limitaciones artísticas. Entretiene a las masas. No quiero ser elitista, pero a mí en el toreo no me gusta el galope y ni siquiera el trote. A lo más que se puede llegar es a andar y hacerlo como lo hacía Domingo Ortega. O el caballo “Cagancho. Morante estudia al de Borox y quiere llegar a esa quintaesencia. Ya digo que Morante es encantador y no duden de mí porque, como a Berlusconi, me gustan las chavalas quinceañeras de Sánchez Dragó. Pero el torero tiene que crear belleza dentro de la vital emoción. Ponce cumplió sus veinte años de alternativa y dos mil corridas y me gustó en una que se celebró en San Fernando el 26 de septiembre con toros de Ana Romero y la compañía de Ruiz Miguel y Padilla. Fue una tarde de arte y ensayo con el de Chiva enfundado en el precioso vestido de Caprile. Tiene buen gusto este chaval. ¡Qué pamela llevaba Paloma en una reciente y famosa boda! Me gustaron varios toreros de segunda línea: Curro Díaz, Julio Aparicio, el hijo de Malene y el Aparicio de los 50 del siglo pasado, hijo a su vez de Pilar Martínez ya fallecida y titular de la ganadería a la que pertenecían los novillos del último festejo de Zaragoza, Juan Mora y su zambombazo en Madrid con los toros de Torrealta, Morenito de Aranda y Leandro, ahora acunado en los fuertes brazos de Pablo y Oscar Chopera. A “El Cid” lo quieren aupar y hasta se cuenta su faena de Zaragoza a un toro de Salvador Domecq como trabajo perfecto para el premio de las dos orejas y el título de triunfador de la Feria zaragozana. Si la hace en Las Ventas le ponen el estribillo de “pico, pico, pico” y no le dejan ni dar la vuelta al ruedo. Pero la televisión puede mucho y el año pasado se empeñó en sacar a flote a Talavante y este se lo han propuesto con el de Salteras. Por lo demás, sin novedad.

En cuestión de toros si hay varias novedades. Victorino se ha tapado pese a sus petardos en Sevilla y Madrid, muy flojos Zalduendo, Puerto de San Lorenzo y hasta Valdefresno. En la élite se mantienen Victoriano del Río, Núñez del Cuvillo y El Pilar y la fiesta necesita de los Cuadri, Torrestrella, la confirmación de los “pablorromeros” , los herederos de Santa Coloma y los veraguas de Prieto de la Cal. Y como lo que mejor recuerdo es lo último, se me permitirá que hable de lo ocurrido en Zaragoza, en la Feria del Pilar. Hubo gran desastre en tres corridas, las de Criado, Montalvo y Valdefresno, esta algo imprevisible. Me interesó la corrida de Bañuelos sin un toro tan excepcional como el del año anterior que mató como pudo Ferrera, los de Salvador Domecq y los de Núñez del Cuvillo. Me llenaron las corridas de los Herederos de Celestino Cuadri y la del Partido de Resina, dos corridas de excelente presentación y casi en la raya prohibida de los seis años. Los aficionados aragoneses tienen que recordar que, en tiempos no muy lejanos, en el coso de Pignatelli y al amparo del año ganadero se lidiaban casi utreros, naturalmente sin la presencia de los de esta feria. El contenido ya es otra cosa. Pero casi todas las tardes hubo toros interesantes, toros para esa lidia que los matadores de hoy no conocen y que los públicos ni admiten ni valoran. Alegría por Fernando Cuadri e ilusión porque los herederos de Pablo Romero parece que recuperan las fuerzas. ¡Son tan bonitos esos cárdenos bien musculados y de brava nobleza! Mi amigo “Barquerito”, sabio, ecuánime y bondadoso, insinúa que la cubierta de la plaza puede afectar al juego de los toros, tesis de complicada explicación pero creíble. Claustrofobia. ¿Y las tormentas? Las gentes del campo ventean los truenos y los relámpagos y saben lo que les afectan a los toros, pero cada día hay menos pastores en nuestras cabañas..

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Cataluña sin toros en el ruedo

LA INTOLERANCIA NACIONALISTA CIERRA EL ÚLTIMO BALUARTE

He leído mucho sobre la desaparición de las corridas de toros en Cataluña y casi todos los argumentos se centran en la supuesta estulticia de los políticos nacionalistas en su afán de borrar de su territorio todas las huellas españolistas y, aunque sean los verdugos de la sentencia dictada ya el 6 de abril de 2004 por la que el Ayuntamiento de Barcelona y su Consejo Plenario declaraban que “era contrario a la práctica de las corridas de toros”, lo cierto es que la crisis viene de mucho antes, de cuando desaparecieron personas como don Pedro Balañá, Moya o Zulueta. Don Pedro, que llevó a Barcelona a ser el municipio español que más festejos taurinos celebraba de la Península y todas sus islas, no acertó a transmitir a su hijo Pedrito el secreto de hacer Monumental el coso taurino donde se consagraron Domingo Ortega o, en otra dimensión, Antonio Borrero “Chamaco”. En los 30 años del tercio medio del siglo XX, Barcelona, Las Arenas y la Monumental, era la capital taurina de las Españas. De este y el otro lado del Atlántico, los turistas italianos, los franceses de Nimes y Ceret hasta Pau y Marsella empujados por la afición y la visión comercial de don Pedro. Del jueves para el domingo siguiente: “Chamaco y dos más”. Del domingo para el jueves siguiente: “Chamaco y Bernadó”. Don Pedrito, su hijo, pese a los años, no ha alcanzado la significación taurina de su padre. No le gustaba el juguete y se lo ha prestado a personas más entusiastas como Manolo Martín y, últimamente, al joven Antonio Matilla, que ha aprovechado el tirón de José Tomás para que el canto de cisne del precioso coso enquistado en la Barcelona cosmopolita y multicultural resultara más solemne y dramático envuelto en esa muralla medieval que se cubre de banderas, cascos y armaduras y gritos contra los bárbaros que se refugian en las cuevas rupestres de su libertad de cazadores de bisontes y toros. A Europa la raptó un toro y todo el Mediterráneo cantó las epopeyas de Teseo y sus doncellas bailarinas y saltadoras. ¿Quién puede negar que Cataluña está en la Península Ibérica y en el Mediterráneo?

Pero Barcelona es el último baluarte del taurinismo catalán, al margen de los “correbous” del Delta del Ebro, río, junto al Guadalquivir, taurino por excelencia. Antes cayeron Gerona, Tarragona, Lloret de Mar, San Feliú de Guixols, Olot, La Ermita y otros lugares en los que se celebraban todo tipo de espectáculos taurinos y a los que se asomaban desde el otro lado de los Pirineos los franceses que todavía no habían consolidado su “fiesta a la española”. Ahora los españoles de Cataluña, como los que iban a Bayona para contemplar como Marlon Brando se dejaba embadurnar de mantequilla, tendrán que atravesar las montañas para ver una corrida de toros en Francia presidida por la bandera española, que tiene los mismos colores que la señera y las de Baleares, Valencia y Aragón, su origen. Fui testigo de la lucha de Moya y Zulueta para que el negocio en algunas de las plazas citadas fuera algo rentable. Recuerdo a Moya recorriendo las playas de Cambrils, Salou o La Pineda, en donde colocaba unas taquillas para vender localidades a los veraneantes y a Zulueta que, por conducto de Mario Cabré, me hizo el favor de incluir en un cartel de Lloret al matador de toros malagueño Antonio Medina, que acudió a mí en última instancia porque no conseguía contrato alguno para las plazas de su Costa del Sol. Fue al único torero que recomendé en mi larga vida de periodista. Yo tenía una gran amistad heredada de mi padre con Mario Cabré y él fue mi principal contacto con la fiesta catalana aunque, posteriormente, acudí en algunas ocasiones a ciertos acontecimientos taurinos como, por ejemplo, a la presentación en Barcelona de Dámaso González, cuando en su época de novillero le apoderó Camará. Don José me dijo en aquella ocasión sobre el albaceteño: “Me fijo mucho en la mirada de los toreros y este Dámaso tiene la misma tiste y profunda que Manolete”. Y siempre recuerdo lo que el propio don José Flores, que hablaba muy poco y por eso parecía más sabio, comentó tajante cuando un señor, ante el cambio de un toro titular por el de otra ganadería, afirmó con desparpajo que la del sobrero daba toros muy bravos: “¿Y quién le ha dicho a usted que a los toreros le gustan los toros bravos?” Demoledor. Don José Flores “Camará” fue el primer apoderado auténtico. Algo le ayudó “Manolete”.

Hablaba de Mario Cabré, que en la tertulia de “El Gato Negro” calificaba a mi padre de “el boss”. Era este café la antesala del teatro de La Comedia que regentaba don Tirso Escudero y que estaba en la calle Príncipe. Y sigue estando aunque el café desapareció como casi todos aquellos tertulianos: los Dominguín que vivían en la misma calle, Alfredo Marqueríe, crítico de teatro del ABC, aficionado al circo y comentarista de toros en “El Ruedo”, Redondela, decorador teatral y padre del famoso pintor del mismo nombre de la Escuela de Madrid con Menchu Gal, el canario Guillermo o Martínez Novillo, Joaquín Roa, actor de reparto en las más famosas películas españolas (“Marcelino, pan y vino”, “Bienvenido Mister Marshall” y “Viridiana”) y personalísimo sobre las tablas de los escenarios, Sendín Galiana, autor, y Paco Ugalde, el más original de los caricaturistas españoles, paisano de Raquel Meller, Paco Martínez Soria, y, sin más nombres porque mi memoria ya es tan frágil como mis fuerzas, un variado grupo de apoderados, periodistas, picadores ( “Hiena II”), banderilleros y demás gente de mal vivir. Llegaba Mario desde Barcelona o después de alguna de sus excursiones curiosas y aventureras y se alborotaba la reunión. Recuerdo que también tuvieron tertulia, tras “El Gato Negro”, en “Cancela” y “Marfil” y que, antes que todos ellos, se cobijaron en el “Castilla”, adornadas sus paredes con caricaturas de Sirio y Ugalde y prestigiado el cónclave por Jardiel Pomcela, Serrano Enguita o el poeta maldito Emilio Carrere. Mario Cabré se hospedaba en el hotel Carlos V, entre Preciados y El Carmen y alternaba sus actividades taurinas, teatrales, cinéfilas y poéticas en una permanente expresión de sus virtudes humanas y artísticas. Una tarde de un afable otoño madrileño toreó en Las Ventas del Espíritu Santo, le cortó una oreja a un toro y por la noche, en un teatro de la Gran Vía, interpretó el eterno Don Juan. En los años 50 del pasado siglo, en el balbuceante ejercicio de mis primeras armas periodísticas, le hice una entrevista al gran personaje políglota y polifacético. Era, en mi fuero interno, mi consagración. Mario me regaló una pluma estilográfica que todavía conservo. Años después fui a Barcelona para que Mario me orientara en los entresijos de la noche de las Ramblas y sus alrededores en compañía de sus amigos de la policía y de las salas de fiesta. Desde su doloroso retiro de Benicassim recibí durante muchos años sus publicaciones poéticas con las que felicitaba las Navidades a sus amigos. La dedicatoria la escribía con la mano izquierda puesto que su parte derecha la tenía paralizada por una hemiplejia como consecuencia de su grave enfermedad cardiaca. Su férrea voluntad superó todas las dificultades. Un gran hombre.

La larga lista de matadores catalanes la presenté hace más de un lustro en la Agenda Taurina que dirige Vidal Pérez Herrero. No importa repetirla aunque sea en su versión más escueta. Se inicia con Pedro Aixalá Torner “Peroy”, conductor de diligencias entre Barcelona y Zaragoza, le sigue José Roviros Virgili, personaje curioso y acomodado que, retirado como torero por una lesión en la tibia, se hizo oftalmólogo, continua con Eugenio Ventoldrá y Gil Tovar hasta llegar a nuestro Mario Cabré que nacionalizó su valer torero y tomó la alternativa en Sevilla de manos de Domingo Ortega, consagrado en Barcelona como novillero y doctorado en ese mismo lugar. Luego para Mario Cabré vendría su fama internacional como torero y como artista. También grabó un disco de boleros. No me extraña la proyección de su sobrino y ahijado, Mario Gas, hijo del bajo cantante Manuel Gas, policía en muchas películas e interprete de zarzuelas como “Don Manolito” y “La Tabernera del Puerto”, y de la hermana de Cabré, bailarina.

Después Ramón Arosa “Fuentes” y el torero más largo y de más amplia trayectoria profesional, de Santa Coloma de Gramanet, Joaquín Bernadó. Se completa la lista con Enrique Patón, Luis Barceló, Manuel Amaya, Francisco Javier Batalla, Manolo Martín, Ángel Leira, Miguel Angel, Rubén Marín, Serafín Marín y Alfonso Casado.

También es larga la lista de charnegos o nacidos en Cataluña de padres emigrantes: los Corpas, Roberto Espinosa, Abelardo Vergara, “Finito de Córdoba” (de Sabadell), Manolo Porcel, Marcos Sánchez –Mejías y Paco Aguilar. Caso aparte es Pedro Basauri “Pedrucho de Eibar” que nació en este lugar de Guipúzcoa, pero fue a vivir a Barcelona a los dos años y tiempo después – novillero, matador de toros y director de su escuela taurina barcelonesa - se convirtió en emblemático modelo taurinocatalán. Y no remataré esta relación sin citar a Pepe Chalmeta y José Boixadé “Niño de la Brocha”, novilleros dedicados a la chapa del auto, y Rafael Ataide “Rafaelillo” que, aunque nacido en Vallafanes, Castellón, e hijo de un picador sevillano, se considera catalán. Prometedor novillero y excelente banderillero. Victoriano Valencia, su padre, comisario en Barcelona, Manolo Blázquez, Manuel García “Espartero de Zarsagoza”, Ángel Agudo “El Greco” y Miguel Cárdenas, el colombiano que se hizo famoso por su asedio a la Monumental pidiendo una oportunidad.. Gonzalo Sánchez “Gonzalito”, el mozo de espadas de Curro Romero, algunos años en el puesto de un mercado barcelonés y Raimundo Entrena que quería ser novillero y se hizo sastre de caballeros en la Ciudad Condal.

Para rematar dos nombres de aragoneses que también se ganaron la denominación de catalanes y taurinos, Ventura Bagüés “Don Ventura”, certero y riguroso escritor, y Alcalde Molinero, incansable dibujante del natural que apoyaba las crónicas con sus apuntes fidedignos. Y sería injusto terminar mi sermón de fe taurino-catalana sin citar a Alberto Boadella, paisano de Dalí y universal como el malagueño Picasso. Algo tienen que ver todos los que en aquí figuran con Cataluña y los toros. Amén.



miércoles, 23 de junio de 2010

DE LAS VERÓNICAS Y LAS TELAS

He leído a "Barquerito" en el último número de "Aplausos" y he disfrutado con su comentario completo y, sobre todo, con su canto al lance de la verónica. Y, para más gozo, he contemplado sendas fotos de Manolo Cortés y Fernando Cepeda, los dos de Gines, en el toreo a la verónica. Entonces he vuelto páginas atrás de la revista hasta encontrarme con la maravillosa estampa de la Infanta Elena vestida por don Francisco de Goya, una amplia falda hecha con tela de capote de Antonio Ordóñez, una corta chaquetilla torera bordada en oro, cuello alto y breves hombreras de ganchillo en rojo con colgantes a modo de machos, tocada con una discreta diadema y un moño recogido en una redecilla goyesca. En sus manos, un pequeño bolso en los tonos del vestido y un abanico. Así fue como se presentó la sobrina-biznieta de la Infanta Isabel "La Chata" en la boda real de la heredera del trono de Suecia en Estocolmo. Gran impacto por el significado de tal indumentaria y por la soberana elegancia de Doña Elena. Y a mí se me vino a las mientes el piso que don Antonio, el de Ronda, tenía en la calle de los toros, junto a la Real Maestranza de Sevilla, decorado con cortinas y manteles de las mesas en tela de capote de torear. Grandes capotes de torear, como los que usaba el señor Ordóñez en sus amplios y profundos lances de pie o rodilla en tierra. Nunca olvidaré esa foto de Arjona que el buen escultor que es Pablo Ignacio Lozano hizo en bronce basado en ese magnífico documento gráfico. Da la casualidad que las fotos de Manolo Cortés y Fernando Cepeda son también de Arjona, al que no me dolerían prendas en señalarlo como el mejor de los artistas de la cámara torera. Mejor, mejor, mejor, Pepe Arjona. Le va a la zaga su hijo Agustín, pero la técnica avanza de tal forma que yo no se podrán hacer comparaciones. Siempre, tras esa técnica, estará el sentimiento del que apreta el disparador.

Hablaba de artistas de la verónica y no puedo olvidar a Curro Romero aunque su lance no tenga mucho que ver con el de Ordóñez, con el de Manolo Escudero, Rafael de Paula, Rafael Ortega o Morante de la Puebla. Se quedan en la nebulosa de lo eterno Cagancho, al que yo vi, Curro Puya, al que adivino porque no lo pude ver, su hermano Gitanillo de Tríana, Rafael, Albaicín, también Rafael, más colorista, o el sevillano Antonio Gallardo, que hubiera sido el más grande si se hubieran cumplido los deseos del señor Romero de solo torear con el capote a lo largo de la lidia de un toro. Se han soñado muchos espectáculos ideales y pocos se han llevado a la práctica. Una tarde del de Camas con solo el capote en sus manos y "Camarón" cantando desde el tendido. Antes ya lo hizo Manolo Caracol con Curro en improvisado homenaje.

Pero yo quería hablar de Curro Romero por una circunstancia ajena a él, pero que en algunos medios la han recordado para comparar su actitud en una corrida de Madrid con las espantadas desmesuradas del novillero Cristián Hernández en la plaza de México, repetidas por las telelvisiones españolas casi tantas veces como la cornada de Julio Aparicio en Las Ventas. No es lo mismo, agudos informadores. En aquella ocasión, Curro Romero no se espantó. Más bien estuvo pasivo y gracias a esa pasiva templanza no ensartó en su espada, la que llevaba en su mano derecha al espectador que bajó al ruedo y le pegó tal empujón que lo derribó. ¿Se imaginan ustedes lo que hubiese sucedido si el agredido no hubiera tenido la templanza de Romero?. Años antes, Curro se negó a matar a un toro porque le parecía que estaba toreado. Le apoderaba entonces José Luis Lozano, maestro en lo que ahora se llama marketín taurino. "Curro, no lo mates". A la Dirección General de Seguridad, Puerta del Sol, entrevista de García Candau disfrado de camarero del Bar Correos, libertad a tiempo para torear otra vez en Las Ventas y salida a hombros por la Puerta Grande. No es lo mismo, no es lo mismo, agudos comentaristas. Puede que Curro Romero haya perdido algo de su aureola mística y misteriosa al aparecer tan a menudo como acompañante de la Duquesa de Alba, a la que yo recuerdo cuando abrió plaza en la Monumental madrileña en una corrida de toros y se me caen los palos de la sombrilla en sus apariciones de hoy. Yo no lo consentiría y pediría para la Duquesa un discreto silencio, un reverencial velo de oscuridad viva y respetuosa. Curro no es así. A Curro le empuja alguién. Cómo me acuerdo de la prudencia arcangélica de Pepe Luis.

He descubierto un pintor de Belorrusia, Leonid Afremov, que estudió en la escuela de Mark Chagall de Vitebsk, artista de la espátula y los colores más impactantes que, entre paisajes y floreros, retrata a Armstromg y su trompeta, un saxofonista, caballos en plena carrera, tangos bien bailados y un derechazo a un toro que parece inspirado en el arte de Enrique Ponce. No lograremos que Barcelona no cierre su plaza de toros, única abierta en toda Cataluña, pero es posible que nuestra fiesta sea cada día más universal. Antes los franceses venían a San Sebastián a ver toros; ahora los catalanes tendrá que ir a Nimes a lo mismo. También pueden acudir a Zaragoza o Valencia, pero es posible que les apetezca más cruzar los Pirineos.

Creía que Villa, el futbolista de España Roja y Gualda, había dado un lance después de marcar sus goles a Honduras. El asturiano aclaró que era un gesto hacia uno de sus patrocinadores. No importa. Entre los futbolistas hay buenos aficionados a los toros. Y entre los toreros, aficionados al fútbol. Mano a mano entre Raúl ( el del Real Madrid) y Ponce (20 años en la cumbre).

miércoles, 26 de mayo de 2010

Quisicosas de San Isidro

Puede que llegue a la conclusión de que el acierto ha sido de Enrique Ponce por quedarse fuera de la Feria Más Grande del Mundo, título con la que presentaba yo San Isidro en "El Alcazar" de los años 70 y había que pelear con todos los diarios de Madrid. De la mano de Jesús Rodríguez, de su cámara más bien, salía el carrete de los tres primeros toros que un mozo recibía en la plaza para llevarlo a revelar a todo color y publicar las fotos al día siguiente en la edición vespertina. Ya no hay ediciones vespertinas y las fotografías que se prodigan son las de los "vips" que se concentran en los bares de los pasillos o en el patio de arrastre. Flor en el ojal, corbata de seda, traje de tamburini, puro habano si te dejan los vecinos de localidad y whisky on the rocks o gintonic con mucho ice. Como el hielo están un par de miles de los que llenan los tendidos. No perdonan una. A Manuel Jesús Cid, que venía de pasearse por la Real Maestranza tres tardes y matar seis toros, lo querían poner a trabajar con los buenos toros de Alcurrucén y los del Puerto de San Lorenzo, los núñez y los lisardos, que junto con los de Los Bayones y principalmente los de Cuadri, han defendido hasta ahora el honor ganadero en el ruedo de Las Ventas, el de los vientos, más bien. Abúlico y centrífugo en sus faenas de muleta, resucitaba los gritos de "pico, pico" que me recordaron los días madrileños de José Fuentes, hasta el punto de que el de Linares ("Linares se lo llevó y Linares nos lo devuelve", de El Pipo) se fue a la barrera y le pidió a su mozo de espadas, el ínclito Joaquinillo, gran torero que fue en la cuadrilla de Pepe Luis y se tuvo que agarrar al oficio servidor para supervivir en su vejez, la puntilla para cortarle los vuelos a la muleta. Una vez realizada la operación, volvió al toro y... siguieron los del "pico, pico". Hay tranquillos defensivos que son muy difíciles de superar y "El Cid" parecía abocado al desastre el día que sustituyó a José Mari Manzanares en la corrida de los de Juan Pedro Domecq en Madrid. Llevaba una docena de toros entre Sevilla y Madrid sin apenas responder a alguna beatífica ovación del respetable, no del todo respetable en muchas ocasiones. Los bárbaros habían preparado no sé que tipo de huelga porque no encontraban justificaciones para que el de Salteras ocupera el puesto del alicantino sometido a una delicada intervención quirúrgica. Los fenicios impusieron su fuerza y ahí estuvo El Cid casi después de fallecido. El que estuvo al borde del precipicio fue Julio Aparicio, que venía de triunfar en Nimes. No explico como fue la cogida porque para difundir estas tragedias se las pintan solos los de la Plus y el resto de la televisiones y los directores de los periódicos y revistas. Loor al director de Aplausos que en su portada publico la foto de Morante dandolé un pase por alto a un toro en el circo romano francés. A Manuel Jesús le correspondío lidiar en sexto lugar de la corrida de Madrid el segundo toro del lote del desafortunado y afortunado Aparicio. Un toro excelente y a la decimotercera oportunidad Manuel Jesús Cid encontró su fortuna de este nublado año y la cortó una oreja. Justa y justita. Julio Aparicio padre les pedía a los medios de información que no repitieran más veces las escenas de la impresionante cogida de su hijo.

En contraste, al día siguiente, en Nimes, vino lo de Morante a otro toro de Juan Pedro. El toreo del de La Puebla sentado en una silla y luego por cante grande hasta rematar con la espada. Morante es un artista privilegiado y que, además, se preocupa de estudiar la tauromaquia desde tiempos inmemoriales, antes de nediar el siglo XIX. Su cabellera profusa y brillante, la coleta natural, la pañoleta en lugar del estilizado corbatín, el puro entre barreras es una réplica del retrato de Francisco Montes "Paquiro" envuelto en su recamado capote y con el caliqueño en sus dedos. Y ahora lo de resucitar la memoria de Rafael el Gallo y su silla de anea en el cincuentenario de su muerte. Bella estampa, revolución hacia el pasado, progreso en su sentimiento artístico, estudio de la forma de andarles a los toros de Domingo Ortega, espera constante y ojo avizor a la llegada de la inspiración. Antena 3 tuvo el detalle de enseñarnos en el telediario de Matías Prats, las mejores y mejor puestas corbatas de todas las televisiones, una muestra de lo que Morante había hecho en Nimes. Era como una compensación de la tragedia madrileña. Solo desentonó en aquella explosión de gracia y salero la silla en cuestión. Era de salón, no del hogar de la cocina labradora. Vendrá otro día y, en ese nuevo escenario, tendremos la silla de anea o enea, lo mismo da. El caso es que estemos allí, cuando a Morante se le pose sobre su cabeza la llama artística de Pentecostés. En el tiempo estamos.

lunes, 17 de mayo de 2010

UNO QUE PUEDE SER

Llegar en el mundo de los toros dicen que es un milagro. Por eso afirmar ahora que Antonio Espaliú, de Coria del Río, puede ser se me antoja un atrevimiento que me atrevo a asumir porque el apoderado de este nuevo torero de la provincia sevillana es Miguel Flores, lanzador de Julio Aparicio y Morante de la Puebla. Miguel, torero y poeta, tiene paladar, intuición, buen "bajío", sensibilidad y...misterio. Apostar por un torero de Miguel Flores es mucho menos arriesgado, casi no es milagro si, al final, aciertas. Y pido a Dios, a mi Dios torero, acertar porque tener fe en el arte es supervivir, cosa muy necesaria a la edad que yo tengo. Suelo repetir que el buen aficionado es el que tiene la mente abierta y las caben más toreros en su cabeza. No creo que los buenos aficionados fueran los que no volvieron a los toros tras la muerte de Joselito, la de Manolete o la retirada de Ordóñez. Ni lo son hoy en día los que solo van a los toros cuando torea José Tomás. En estos momentos hay una docena de toreros que me ilusionan: Ponce, El Juli, Morante, Castella, Manzanares, Cayetano, Perera si vuelve por sus fueros, Uceda Leal, Julio Aparicio, Curro Díaz, Ivan Fandiño y, con permiso, Hermoso de Mendoza. Y, desde luego, José Tomás aunque no este de acuerdo con su política elitista. Claro que ha habido toreros de esencias y frascos pequeños y otros que todos los años querían ganar la maratón de la temporada. Claro que hubo matadores que encabezaron las estadísticas como Curro Girón y Espartaco y no fueron superiores en nada al ya citado Antonio Ordóñez o a Curro Romero, pongo por ejemplo de frugalidad estadística. Torear no es actividad stajanovista.

Luego volveré al nuevo torero de Miguel Flores. Antes, con motivo de los 90 años de la muerte de "Joselito" y los 40 de la alternativa de Paco Camino, quiero decir un par de cosas. Hay quienes afirman que la pareja más importante de la Historia de la Tauromaquia fue la formada por Joselito y Belmonte. No estoy de acuerdo. Creo que esta competencia, por culpa de "Bailador" de la Vda. de Ortega y en la plaza de toros de Talavera de la Reina, solo duró siete temporadas frente a la de Lagartijo y Frascuelo que se mantuvo dos décadas y fue fundamental en la evolución del toreo. También he dicho alguna vez que en la tragedia talaverana tuvo la culpa Joselito, al que Corrochano, el predilecto de Andrés Amorós entre la crítica de los toros, calificaba como el más sabio de todos los tiempos: "Yo creía que Joselito era el toreo y lo mató un toro". Un toro burriciego del que se alejó unos pasos para armar la muleta y se lo llevó por delante. Burriciego es el toro que no ve de cerca pero sí en la mayor distancia. Eso es de catón taurino y a José Gómez Ortega, que era rector máximo de la asignatura, se le olvidó en aquel transcendental instante. A Joselito le hacía falta Belmonte y Belmonte se quedó huérfano a la muerte de José. Sus enfrentados partidarios se unieron, olvidaron antiguas rencillas y fundaron la peña de "Los de José y Juan". Ellos y sus panegiristas hicieron más grande una época corta. A la muerte de Frascuelo, don Rafael Molina se fue de Córdoba a Madrid para asistir a su entierro y musitó ante el cadáver de su rival: "No somos nadie, Salvador".

He visto un reportaje en la televisión en recuerdo de los cuarenta años de la alternativa de Paco Camino, el más largo de los toreros. Capote, muleta y espada, mejor por la izquierda que por la derecha. Con la espada, en lo que yo he visto, le ganaba Rafael Ortega porque era más seguro y menos arriesgado. A Camino le hieron en varias ocasiones al entregarse en el volapie, si bien esos graves castigos no le hicieron abdicar de su fama de estoqueador. Un torero completísimo que alternó, sobre todo, con Puerta y El Viti, pero con una lista tan amplia y variada como la de hoy en día. En México, tras Manolete y junto al Niño de la Capea y Enrique Ponce. Y en el ensueño, junto a Cagancho, Gaona, Armillita o Lorenzo Garza. A Zaragoza llegó el jovencísimo Paco y rompió la temporada de novilladas sin caballos. Y en Barcelona y el resto de España. Tengo una foto de Enrique en el patio de cuadrillas de Las Ventas, junto al de Camas, el 4 de junio de 1970. Corrida de Beneficencia. Paco mató siete toros y cortó ocho orejas. En alguna ocasión su paisano Curro le ponía a cavilar: "Déjalo - pensaba para sus adentros -, ya le cogeré mañana". "De Camas a Sevilla hay un camino y con el polvo del camino se está secando el romero". Pero por su tierra el profeta era su paisano. En Madrid, los dos. Recuerdos vivos, gracias a Dios.

Del nuevo torero de Miguel Flores, Antonio Espaliú, dicen que es de Camas. No es cierto, es de Coria del Río, más cerca de Puebla del Río, cuna de José Antonio Morante. Lo que ocurre es que Espaliú, que difícil apellido para ser torero, ha recibido lecciones en la Escuela Taurina de Camas. Y no le busquen parecidos porque el arte no se puede imitar ni aun siendo hermanos los protagonistas: los Bombita, los Gallo, los Bienvenida o los Dominguín. Pepe Bienvenida no recibió ni una sola cornada en su larga carrera y Antonio Bienvenida sufrió muchas y de gravedad y, al final, lo mató una utrera. Pepe murió en la enfermería de la plaza de Lima, pero a causa de un infarto. Enigmas sin descifrar.

Fue el pasado domingo, en la plaza de toros de Zaragoza. Se lidiaban novillos de la ganadería con el poético nombre de "Flor de Jara", antes de "Bucaré", de la división de la de Joaquín Buendía. Puro santacoloma, estampa recortada, poco desarrolladas cabezas, finos de cabos y temperamento fuerte, pelos cárdenos. Fueron más saltillos y mexicanos que santacolomeños. Embistieron con suavidad extrema, excepto el cuarto orto y revolvedor. El quinto derribó en la primera vara y se empleó con bravura y temple. Si el aragonés Miguel Cuartero no hubiera fallado con el descabello puede que hubiera sido premiado con alguna oreja y puede que al novillo se le hubiera dado la vuelta al ruedo. A Cuartero, que ya tenía demostrada su ansia de ser torero después de matar cinco novillos en esta misma plaza a final de la pasada temporada y por cogida de sus compañeros, se le nota mucho su paso por la Fundación El Juli. En Aragón, para ser torero hay que emigrar. Le cortó una oreja al segundo de la tarde y dió la vuelta al ruedo en el quinto. Esaú Fernández, sevillano, tiene buena técnica pero es demasiado alto. Se le ven más los defectos y se acentúa su sosería. Mal con la espada, escuchó dos avisos en el primero de la tarde. Antonio Espaliú fue ovacionado en el tercero y dio la vuelta al ruedo en el sexto. No se parece ni a Camino ni a Morante y puede ser una amalgama de ambos estilos. Torea con una suavidad y un temple que parecen mimo. Mimar a un toro es cosa difícil y mimarlo con arte ya es casi el milagro del que hablaba al principio. Un novillero que viene a Zaragoza amparado por Miguel Flores y ayudado en la lidia por Vicente Yesteras y Domingo Siro ya se puede asegurar que viene para algo importante. Los milagros solo se confirman al cabo del tiempo. Pero a mí me dio la sensación de que Miguel Flores se tocaba a sí mismo las palmas y se arrancaba por poemas de cante hondo.

viernes, 14 de mayo de 2010

ALREDEDORES DE LAS VENTAS

En la fachada pone 1929 y hubo una corrida de inauguración en 1931 con la bandera republicana en su mastil. Pero hasta 1934 no funcionó como tal plaza de toros. Se había construído un precioso coso sin accesos adecuados y había que esperar a que el urbanismo municipal los hiciera. Luego, la guerra del 36 al 39 y la confirmación de la alternativa de Manolete en octubre del llamado Año de la Victoria, el trompetazo triunfal de la era del mortal-inmortal cordobés. Hasta el Linares del año 1947. Antes, en 1944, don Livinio se inventó la Feria de San Isidro que empezó con cuatro festejo. Quién te ha visto y quién te ve: hoy más de treinta corridas seguidas con entusiasmo y deleite por los privilegiados espectadores, los de la cobarta de seda, la azulina en el hojal (un recuerdo a la florista María Luisa), el puro habano, el encuentro en el patio del desolladero y las tapas, el vino y la charla que te dan, intercambias o que das a la salida de cada festejo. La más grande feria del mundo. Por eso hoy, tras el primer cuarto de feria, hablo de temas alrededor de San Isidro.

El primero puede ser alrededor de la Venta del Batán de la Casa de Campo. Lo recuerdo como una excursión de lo más grata y con un hecho singular. Una mañana estaba yo por aquellos andurriales acompañado por el gran fotógrafo Jesús Rodríguez y nos encontramos con varios matadores que se reunieron en el local hostelero que regentaba el dueño del café "Riesgo" de la esquina de la calle Peligros con Alcalá, en el que yo conocí al matador de toros Victoriano de la Serna, el suegro de Vicente Zabala. En el Batán apareció el principe Juan Carlos y luego su esposa Sofía que le riño levemente: "Juanito, no me has esperado". A Jesús y a mí nos permitieron hacer el reportaje con leves advertencias y con participación en el banquete que siguió a la visitsa de los diferentes cercados en los que estaban los toros. Entre los matadores de toros que allí se encontraban recuerdo a Palomo Linares y Julio Robles y que en el periódico en el que yo trabajaba no le dieron demasiado relieve al acontecimiento porque no eran muy partidarios del príncipe Borbón. Ayer me lleve una gran alegría al conocer que hay gestiones entre las autoridades y los gestores taurinos para abrir de nuevo el gran escaparate de la bravura aunque esté de lo más deteriorados por su abandono y por el insufrible vandolismo. La primera venta de exposición de ganado a lidiar en Madrid, entonces en la plaza de la Puerta de Alcalá, estuvo a orillas del Jarama y la pintó Francisco Goya. Buen cronista.

De entre las ocho corridas que se llevan lidiadas quiero recordar a dos toreros por su sensibilidad artística, a Curro Díaz e Ivan Fandiño, a Rafaelillo por su valor y técnica con los hermosos ejemplares de Dolores Aguirre, que les ha puesto sangre indómita a los atanasios, y al mexicano Arturo Macías que, al margen de la moda tomista, tiene a quien imitar en lo que a arrojo se refiere. Hablo de su paisano Luis Freg, a quién se le puso el sobrenombre de "Rey del Valor" y del que se dudó en otro sentido a pesar de sus continuas visitas a las enfermerías de las distintas plazas en las que actuaba. Arturo Macías ha hecho el paseíllo en tres plazas españolas hasta el momento: Valencia y Sevilla, en las que resultó herido, y Madrid, en la que certificaron su extraordinario arrojo y en la que sufrió dos volteretas de escalofrío. Leonardo Hernández hijo que se ha convertido en el tercer caballero tras Hermoso de Mendoza y Diego Ventura, con uve, con b es mi nieto, y el nuevo matador de toros, José Manuel Mas, que se despidió de novillero en Zaragoza el domingo anterior sin apenas relieve y que se difuminó en Las Ventas con los de Parladé. Diego Urdiales y Matías Tejela no estuvieron a la altura de su bien aprendido oficio de lidiadores.

Aprovecho la ocasión para manifestar mi contento por la indiferencia con la que se ha recibido en los medios de información las insinuaciones de pederastia y golfería del mundo de los toros. Es absurdo que en una pantalla de televisión se le dé sitio y dinero a un señor por denunciar que él no llegó a figura porque su apoderado le sometió a tocamientos y otros abusos homosexuales. Y luego nos quejamos de los antituarinos. Y la defensa contra estos dislates no está en afirmar que el mundo de los toros es de machos. Es de personas normales que tienen el privilegio de tener la voluntad de ponerse delante de un toro sin obnibularse mentalmente. El valiente es el que conoce el miedo, lo tiene y lo supera. Primero hay que tener miedo para ser valiento. Lo otro es inconsciencia.

Otra sorpresa para mí ha sido el obituario que, el pasado 9 de mayo, El Mundo le dedicó a Salvador Valverde, fundador de la Asociación del Toro de Madrid y calificado como "la voz del Tendido 7". En esa necrológica ensalzatoria de Juan Luis Galiano se cita a otra "leyenda" del tendido 7, a "El Lupas". Quisiera equivocarme, pero me parece que el final de este hombre no fue de lo mas edificante. Y recuerdo una ocasión en la que estaba toreando Curro Vázquez y el llamado "El Lupas" por los gordos cristales de sus gafas no por que "debía de ver todo", se metía con el toro y el torero al tiempo que aquel le pegaba una grave cornada al diestro y de su pierna salió la sangre como de un surtidor. Vuelvo a ver al gran Bojilla, que por entonces era el apoderado de Curro Vazquez, tratando de subir al tendido desde el callejón para ajustarle las cuentas al vocero mientras que al toreros se lo llevaban a la enfermería con toda urgencia. Hubo en otros tiempos, en los años 40 y 50 del siglo pasado, el auténtico y popular pregonero de ese 7 de Tomás Martín "Thomas", el llamado "Ronquillo", aragonés y taxista en Madrid, que con su característico timbre de voz le hacía preguntas a don Livinio, felicitaba a doña Carmen el 16 de julio, la conocida por "la collares", les llamaba ganaduros a los ganaderos o, ante un éxito de Antonio Bienvenida, invitaba a los aficionados a escuchar por la noche e "Curro Meloja" en Radio Madrid. Yo es que no puedo vivir si no me doy una vuelta por los alrededores de Las Ventas del Espíritu Santo. Aunque sea de memoria.