sábado, 18 de abril de 2015

MIKAELA, CON K Y DE TRIANA



Leo a Ignacio Ruiz-Quintana con regusto e interés aunque a veces no me entere de lo que dice y de quienes son sus inspiradores. Pero tiene buen gusto y casi a diario propone citas relacionadas con el mundo del toro. El otro día, sin ir más lejos, hablaba de Pepe Brajeli y de que había sido apoderado de Curro Romero. Y puede que fuera su primer apoderado. Lo que ocurre es que el señor Brajeli se lo cambió al señor Moreno por una gabardina y una motocicleta y encima se enfadó con el de Camas y en un bar que tenía cerca de la Plaza Nueva no puso ni una sola fotografía del “Faraón”. Esto del “Faraón de Camas” se le ocurrió al siguiente apoderado, Diego Martínez, con la colaboración del crítico Gonzalo Carvajal, que también fue el autor del sobrenombre del otro fenómeno camero, Paco Camino, “El Niño Sabio de Camas”. Tuvo suerte este lugar de la provincia de Sevilla con estos dos toreros tan dispares pero tan fundamentales en la historia de nuestra Tauromaquia. Romero, Camino, el polvo del camino está secando el romero  y ¡Curro, ya llegará el verano! Lo decía Paco con sinceridad: “Hay tardes en las que no puedo con él. Pero ya le cogeré”. Y ambos, siendo tan diferentes, pueden ser ejemplos de lo que es al arte de torear. No sé si antes o después de Martínez, a Curro le apoderó Antonio Márquez, su suegro, el marido de la Piquer; luego, Manolo Cano, que había sido socio de Diego Martínez; después, Antonio Ordóñez y Domingo Dominguín, Camará en dos oportunidades y, al fin, Manolo Cisneros, torero de cristal y zaragozano.
Brajelí también fue representante de Mikaela, con K. En realidad se llamaba Micalea Rodríguez Cuesta y nació en Triana en 1935. Buena figura, alta, armoniosa, morena de inquietos ojos brillantes y un lunar cerca de la boca. Miguel Ángel Asturias la retrató en verso: “Mikaela/la del color avellana/la morisca, la gitana/la española sevillana…/Mikaela/la de Triana/ artista porque lo mana/ y porque le da la gana…/Mikaela, la de Triana…” Y parece que fue Alberti el que le cambio la c por la k. La primera que cantó a García Lorca con la Orquesta Sinfónica de Madrid dirigida por Rafael Ibarbia y a Rafael Alberti, con la Sinfónica de Barcelona, la colaboración de Alfredo Mañas, la dirección de Antón García Abril y la presentación del poeta José Hierro. En México, León Felipe y “La luna y el toro”, Bobby Deglané en “Cabalgata Fin de Semana”, “Doce Cascabeles”, “Coplas de Luis Candelas” y “¡Eh, toro!” Y el cambio de los vestidos de faralaes por los elegantes modelos de Pertegaz. Personalmente, la recuerdo en Pamplona con pantalón y camisa blancos, faja y boina rojas y cantando jotas navarras.
Empezó con Lolita Benavente, Amalia Molina y Luisita Esteso y desde Barcelona, donde las había enviado  Brajeli, llamó a su mentor solicitando ayuda económica y le contestó que “para qué querían el hermoso décimo de su cuerpo, que se lo vendieran”. Por entonces actuaba con el nombre de “Rocío del Carmen” en el espectáculo de “El Príncipe Gitano” y su hermana Dolores Vargas “La Terremoto”, aunque se vislumbraba que, con el tiempo, iba a cantar a Falla, Albéniz, Turina, Granados y Pablo Luna y que actuaría  en la coronación del Sha de Persia en Teherán. Murió de leucemia en 1991.
Y puestos a rememorar hazañas de personajes sevillanos en estos días de efervescencia sevillista o bética, según los colores de cada cual, recordar a otro personaje del lugar que se llamaba Alberto Hoyos y al que después de la publicación de una esquela con la falsa noticia de su fallecimiento se le conocía por “el muerto vivo”. Tenía un colmado cerca del convento de la Caridad, donde los cuadros tétricos de Valdés Leal, y se acordaba de la vecinita del piso de arriba que llamaba a la policía cuando no podía dormir por el ruido de los clientes de su establecimiento. Fue apoderado de Carlos Romero “Periquito” y protagonista de episodios picarescos como el de pedirle veinte duros a su poderdante “para entrenarse” o beber agua gorda en la fuente que había junto al edificio de Correos de la Cibeles y llamarle “champan de acequia”. Se paseaba por Madrid con un abrigo de cuello de terciopelo y, si había suerte, se colaba en la inauguración de una zapatería o en la exposición de un artista conocido. Tenía buen porte y sabía consumir los canapés con elegancia. Publicó un libro de poesía y fue por un corto espacio de tiempo coapoderado de Manuel Benítez “El Cordobés” con José Morales Mingorance, hijo de “Ostioncito” y apoderado de Dámaso Gómez y unos hermanos rejoneadores, los López Chaves. Se casó con la hermana, Lolita. Manuel Benítez les prohibió que organizaran novilladas por su cuenta y no le hicieron caso. La novillada hubo de suspenderse por lluvia y los gastos, a la postre, se los pidieron al de Villalobillos. Fueron despedidos al instante. La lucha por la vida.
CURIOSIDADES
La primera no  es tal curiosidad, es el recuerdo de un gran acontecimiento: la alternativa de Antonio Bienvenida el 9 de abril de 1942. Fue en Madrid con su hermano Pepe de padrino y de testigo y con el toro cárdeno “Cabileño” de la ganadería de Miura, corrida remendada con un toro de Tovar. Unos meses después, en Barcelona y el 26 de julio, el toro “Buenacara” de Ignacio Sánchez, al ejecutar Antonio (Don Antonio) un pase cambiado con la muleta plegada, le produjo una gravísima cornada en el vientre que frenó en seco su brillante trayectoria. Antonio fue un hombre de mala suerte. Siempre que le tocaba un toro le hería gravemente, hasta que una vaca de Amelia Pérez Tabernero le produjo la voltereta mortal en octubre de 1975, hará 40 años. Sin embargo, su hermano Pepe, en su dilatada vida torera, sólo visitó una enfermería, la de Pamplona, por un leve golpe. Pero, al final, fue a morir en la enfermería de la plaza de Acho de Lima al sufrir un infarto en la ejecución de un par de banderillas, suerte, con la estocada a recibir, en la que era un consumado maestro.

Otro aniversario celebramos el día 8 de este mes de abril, el de la  muerte de Rafael Molina y Martínez, sobrino de “Lagartijo el Grande” (es lógico que, al usar el mismo apodo que su ilustre pariente, añadamos lo de “el Chico” para salvar el equívoco). Fue un buen torero, con “solera” cordobesa y conocimientos técnicos, pero abúlico y enfermo. Un toro de Miura, en la corrida real que, con la presencia de Alfonso XIII, se celebró en Zaragoza el 14 de mayo de 1908, le produjo varios varetazos en el pecho y aseguran las crónicas de aquellos tiempos que, como consecuencia de aquel doloroso trance, se le acentuó la tuberculosis que sufría y falleció en su Córdoba natal (16 de julio de 1880) el 8 de abril de 1910. Luego hubo otro “Lagartijo”, también cordobés y sobrino de “Manolete”, un “Lagartija”, dos “Lagartijillos” y un “Lagartito”, este de Belchite y con ciertas habilidades toreras y mucha simpatía personal. Acabó su vida como ganadero y empresario de festejos menores y murió en Zaragoza el 21 de junio de 1966. Se llamaba Francisco Royo Turón y era hijo de “El Lagarto”.  Lógico. Dos hermanos de Paco Royo, José y Eduardo, “Lagartito II” y “Lagartito III”,  también se iniciaron en la carrera taurina pero no pasaron del escalafón novilleril.      

lunes, 30 de marzo de 2015

ODIO A ESPAÑA...

“Odio a España cuando pienso en los toros o en la fiesta del Rocío”. Esto lo afirma Rafael Sánchez Ferlosio en una entrevista que publicó “El Cultural”, suplemento de “El Mundo”. Y lo dice el hijo de Rafael Sánchez Mazas que, con Eugenio Montes, Mourlane Michelena, Agustín de Foxá y Ernesto Jiménez Caballero, formó la corte literaria de José Antonio, el fundador de la Falange. Sánchez Mazas, con carne numero 4 de los camisas azules, fue, además, el creador de la interjección ¡Arriba España!,  que, en un sentido afectivo y al margen de su vinculación política, es un buen deseo. Escapó de un fusilamiento masivo en Cornellá del Terri e inspiró la novela de Javier Cercas, argumento de la película de David Trueba, tituladas ambas “Soldados de Salamina”. La ley del péndulo, la acción y la reacción. ¿Hacia la aldea global? Pero ese objetivo no puede empañar sentimientos concretos e íntimos. “La ostentación de la “españoles” me provoca náuseas allí donde la reconozco, ya se trate de un baile regional, de una romería popular  o de un evento deportivo”, dice ahora Sánchez Ferlosio. ¿Sería posible expresarse de semejante forma en Inglaterra, Francia o Estados Unidos, pongo por ejemplo de naciones modernas dentro de sus respectivos significados? ¡Qué bochorno! Voy a tener que abandonar mi manía de leer. Leí, sin embargo, que el rockero argentino Andrés Calamaro alzaba su voz contra la intolerancia de los antitaurinos después de que una señora fuera agredida a la entrada de la plaza de toros de Valencia. Alega este señor que la agresión es un ataque a la cultura, al margen de que en un año se han cerrado en España 700 librerías. Suma y sigue.

La escala de valores se ha modificado sensiblemente. Al mediodía, por imperativo matrimonial y a la espera del preceptivo almuerzo, veo un programa de la televisión española en el que aparecen muchos toreros, hijos, amigos, divorciadas, novias y parientes de toreros. La cogida de Francisco Rivera en Olivenza ha sido el episodio más repetido en la pequeña pantalla. Me abruman las recetas de cocina y los desfiles de modelos que son los programas favoritos junto a la presencia habitual de dos “canzonetistas” y sus aventuras amorosas. Se ignoran las actuaciones toreras, los triunfos y los proyectos de las grandes ferias ya efectuadas y por venir. Toda la comunicación está en los pequeños aparatos que los jóvenes manipulan compulsivamente en el tranvía, la taberna, el ambulatorio o la universidad.

Pero, en el fondo, el toreo interesa más de lo que aparenta. El otro día vi una foto de un jubón en rojo brocado en oro que perteneció al rey sueco Gustavo Adolfo II, principios del siglo XVII, que pudo inspirar alguno de los tres vestidos que Caprile ha diseñado para Enrique Ponce en plan goyesco, uno para Antequera, otro para Ronda y el último para el 25 aniversario de su alternativa en Valencia. El hábito no hace al monje, pero en un suceso como el de la corrida de toros en el que también juega la estética se le tiene que dar importancia al vestir. Ponce, que es torero en todas las dimensiones, en el arte, en la técnica, en el respeto a los demás, en la alternancia con compañeros y ganaderías, en supervivencia y constancia, lo es también en el buen vestir. Lo fueron también toreros de otros tiempos, Cagancho, Félix Rodríguez, Rafael Albaicín, que se quiso vestir, calzar y cubrir de blanco pero alguien le recordó a “Don Tancredo”, los Bienvenida,  Paco Camino, Curro Romero o José Funetes. Los vistieron, Nati, Fermín, Algaba … Dibujó John Fulton y, ahora, Caprile…

 También me preocupan los carteles que anuncian los acontecimientos taurinos. Todos es arte, pero malo si lo tienes que explicar. Me ha gustado el cartel que encabeza las combinaciones de la Feria de San Isidro. Su autor es José María de la Rosa y su título “Berrendo en Cobalto”. Me recuerda mucho al colombiano Diego Ramos. No importa. Este me recordó hace unos años a Goya. Y Roberto Domingo y todos sus seguidores, Casero, Saavedra, Reus, Ruano y González Marcos, a Sorolla, Luz, sol, movimiento. ARTE. ¡Aquel toro de don Francisco con los ojos inyectados de sangre!

Hace unas fechas apunté que no todos los diestros podían anunciarse para matar seis toros en solitario. La historia desde los siete toros de Martínez de “Joselito” ya es larga y sintomática y no me pararé a analizar los últimos episodios porque no tengo elementos de juicio. Para contar chistes hay que tener gracia y si los cuenta uno que no la tiene aburre a las ovejas. Para torear seis toros hay que ser un torero muy largo o tener mucho arte. O, la perfección, las dos cosas. De Madrid al cielo. En un tiempo estaban de moda los mano a mano, en otros las corridas de ocho toros, cuando se juntaron Moura a caballo, Curro Romero matador de toros y Pepe Luis Vázquez novillero los festejos mixtos y hasta un día Balañá reunió a una docena de diestros en Barcelona y otro, tarde y noche, Antonio  Bienvenida intentó matar doce toros el mismo día en Las Ventas. La Fiesta secular, ancestral y española, está abierta a todas las modalidades, incluso a la de que tres hombres de luces hagan al paseíllo para matar seis toros de una acreditada ganadería. En otros tiempos se hablaba de Pérez Tabernero, Galache, Concha y Sierra, Cobaleda, Barcial, Conde de la Corte, Atanasio, Lisardo, Clemente Tassara, Guardiola, Urquijo o Murube, Albaserrada, Albayda, Samuel, Isaías y Tulio o Zaballos. Me parece que la mayoría siguen en la relación de la Unión de Criadores de Toros de Lidia aunque no los veamos en los carteles de San Isidro o en esos que embellecen el paisaje nacional, señor Ferlosio.  

lunes, 23 de marzo de 2015

CALEIDOSCOPIO TORERO (sexta parte)

Me llamó Carlos Barragán Bermejo para que fuera a hablar de toros a Valderrobres, en la comarca del Matarraña. Me aseguró que no me pagarían en dinero, que lo harían en especie: un jamón y unas botellas de vino. Faltaba una apetecible botella de aceite con trufa o ajo, pero decidí que me la compraría yo mismo para saborear otra de las delicias del Bajo Aragón. Quizá lo que menos me gusta de esta zona turolense es el ruido de los tambores que se inventó el genial Buñuel. Prefiero el suave sonido del agua de las pequeñas cascadas de Beceite. Maravillosos lugares. Barragán no es turolense, es de Villacastín, tierras segovianas donde pastan las ganaderías del Conde de Mayalde, aquel del que la gracia chispera madrileña aseguraba cuando le nombraron alcalde de Madrid que ya era hora de que un “mayalde” tomara una vara, y de Rodríguez Arce, uno de cuyos novillos le causó la muerte al banderillero “El Coli” en la plaza de toros de Madrid. Años después, Angelita Rodríguez Arce, heredera de don Ángel, casó con Emilio Ortuño “Jumillano”, ya en funciones empresariales después de su breve carrera de matador de toros. Cerca, en Los Ángeles de San Rafael, tenía Rafael Albaicín una tienda de ultramarinos y, por ello, su hija María se casó con Joaquín Bernadó en la ermita del Cristo del Caloco, en las cercanía de El Espinar, a la salida del túnel de Guadarrama, en la bajada del Alto de los Leones, según ibas de Madrid a Salamanca camino de León, Galicia o Asturias. Barragán, veintiañero, llegó a trabajar a Teruel  y desde su arribada, a principios de los 60 del siglo pasado, se dedicó a la información taurina desde el suplemento “Tierra Baja” del diario ”Amanecer” y luego en el “Diario de Teruel”, “Radio 5” y en un programa de Televisión con Aniceto Blasco y Fernando Lorenzo Molpeceres. Es, pues, Carlos Barragán una autoridad en la noticia y comentario taurino turolense y principalmente inclinado al estudio del toro del lugar y su peculiar trashumancia.

Yo, en mi tardía presentación en la Matarraña torera, me atreví a hacer una relación de los toreros de a pie y a caballo que nacieron en las tierras de la capital del torico con reminiscencias prehistóricas de las pinturas rupestres de Minateda o del Prado del Navazo de Albarracín. Eso y la fama de Nicanor Villalta, de Cretas, y de los más recientas diestros turolenses alternativados como Jesús Gómez “El Alba”, de Albalate del Arzobispo, Justo Benítez, de Utrillas, aunque algunos aseguren su nacencia manchega, Luis Millán “El Teruel” (1973) y Carlos Sánchez “Zapaterito” (1994), ambos de la capital turolense, los di por más que conocidos y hablé de dos matadores de toros del lugar que ni siquiera figuran en las relaciones oficiales. Se trata de Emilio Gabarda “Gabardito”, de Mora de Rubielos, que tomó la alternativa en 1907en Lima, Perú, y de Silvino Zafón “Niño de la Estrella”, de Mosqueruela, que la tomó en Barcelona en plena guerra, 1937, 16 de mayo, que se la dio “Pedrucho de Eibar” en presencia de Jaime Noaín, tomó parte en dos corridas más y volvió al escalafón novilleril, lo que no invalida el hecho cierto de que, ambos, “Gabardito” y Zafón, alternaron con diestros doctorados y mataron a estoque toros con los cuatro años cumplidos.

Más indiscutibles son los méritos de los tres miembros de una familia de picadores apodados “Melones” y vinculados al pueblo de Gea de Albarracín, Francisco, José y Antonio Codes y Musulén, el más joven, este último, que, aunque nació en Madrid, siempre se considero turolense. Para calibrar su categoría como tal  varilarguero basta citar los nombres de los diestros en cuyas cuadrillas figuró: “Nacional II”, “Valencia II”, Villalta, Marcial, “Niño de la Palma”, Alfredo Corrochano, Fuentes Bejarano y Fernando Domínguez. Por una caída en Sevilla perdió parte de la visión y, al final, se le concedió un kiosco para la venta de lo que entonces era el cupón o la tira de los iguales. Se lo colocaron en la calle Alcalá, junto a la de Sevilla, en lo que hace unos años era “la playa de los toreros”, frente a la calle de Nuestra Señora de los Peligros, “La Tropical” y “Riesgo”, en donde la torería andante charlaba, paseaba, se comprometía, discutía, soñaba o solicitaba colocación. La mayoría le compraba el cupón a Antonio Codés “Melones”.

Entre los subalternos turolenses de a pie, Fidel Rosalén “Rosalito”, de Arcos de las Salinas, que en sus años juveniles, por esa inclinación de Teruel hacia las tierras de Valencia, cuesta abajo, se enroló en la cuadrilla de “Niños Valencianos” y después en la de los “Niños Sevillanos” porque el arte no tiene fronteras y Fidel era torero de pellizco. Sólo falta citar las cuadrillas de los diestros en las que figuró: Belmonte, Granero, Ignacio Sánchez Mejías, Marcial y Cagancho. Arte, oficio y eficacia. Recordé a otro picador, Pedro Navarrete “Cantaritos”, de Villastar, a Miguel Cirujeda, castigado por los novillos y por la tuberculosis, y me olvidé de Alfonso Zapater, de Albalate que colgó el traje de luces y empuñó la estilográfica para ser el más prolífico de los reporteros aragoneses, novelista y poeta.

También hablé de la cantidad de plazas de toros que hay en la provincia de Teruel, tantas como en la de Zaragoza, cerca de la veintena, solo dos en la de Huesca, y de la profusión de festejos menores, en lo que está por encima de los cosos zaragozanos, de la tradición del toro en las calles, los toros ensogados, el toro de fuego , los toros del frío a principios del siglo XX, en Valdelinares, donde se criaban los toros de Manuel Lozano, procedencia de Ripamilán, mucho antes y a más altura que los de Bañuelos de hoy en Burgos. Pero Teruel es una tierra tan variada y sorprendente que aquí se puede encontrar de todo. Hasta buenos y sensatos aficionados al toro. Allí tienen al torico, como capitel de una grácil columna.

CURIOSIDADES

Merced a la meticulosidad de un hombre tan ilustrado y buen aficionado como es Fernando García Bravo y un taco de almanaque que hizo hace unos años con una anécdota o noticia taurina por día  puedo apuntar lo que sucedió hace unos años. Por ejemplo, en 1966, el 22 de marzo, tomó la alternativa Gregorio Tebar “El Inclusero” en Castellón, con Antonio Ordóñez y Paco Pallarés y el toro “Jovenzuelo” del Marqués de Domecq. El día 24 de marzo se cumplen los 75 años de la que García Bravo dice que fue la tercera alternativa de Luis Díaz “Madrileño”. Yo creo que fue confirmación puesto que este diestro había tomado la segunda alternativa el 17 de julio de 1938 en Burgos con Domingo Ortega y “El Estudiante” después de haber renunciado a su primera que tuvo lugar en Valencia el 18 de marzo de 1935 aunque en realidad estuvo programada para el día anterior en Barcelona. Dos alternativas y una confirmación. Hubo un torero aragonés, de Aranda de Moncayo, “Morenito de Zaragoza”, que tomó una alternativa en Calatayud que se le dio Marcial en 1923 y otra en Tarazona de Aragón que se le dio Villalta en 1925, buenos padrinos, pero  no confirmó ninguna de las dos. El caso de Luis Miguel fue distinto. La tomó en 1941 en Bogotá con 16 años, y en 1944 en La Coruña, las dos veces de manos de Domingo Ortega. Y el mexicano Lorenzo Garza, una en Santander en 1933 y otra en Aranjuez al año siguiente.


El 25 de marzo es el aniversario de la alternativa de otro gran torero mexicano, Fermín Espinosa “Armillita, al que su hermano Juan se le concedió en 1928 en Barcelona, en presencia de Vicente Barrera. Pero la efeméride más destacada de estos días es el 28 de marzo. Ese día de 1853, en la pensión madrileña de la calle León, 24, moría de tisis galopante José Redondo “El Chiclanero” al tiempo que intentaba vestirse de luces para hacer el paseíllo en el coso madrileño. Genio y figura hasta la sepultura.    

sábado, 21 de marzo de 2015

CALEIDOSCOPIO TORERO (Quinta parte)


Me llamó mi apoderado, el que me cobra el 15 por ciento de mis honorarios y siempre percibe lo mismo, y me dijo que le daban la “Escalera del Éxito” a Joaquín Jesús Gordillo y que el acto se celebraba en el restaurante “La Pesquera”, en la Casa de Campo madrileña. Gordillo publicó su primera colaboración taurina en el número 1 (27 de junio de 1961)  de la revista “Fiesta Española”, revista que yo fundé y dirigí. Esa primera colaboración la firmó como Chimo Fernández (su segundo apellido) y  trató de las entrevistas que les hizo a Antonio Bienvenida, Gregorio Sánchez y Antonio de Jesús, los componentes del cartel del domingo anterior de Las Ventas. Luego ocurrieron algunas cosas dignas del olvido aunque, posteriormente, Gordillo me demostró que era persona de generosa nobleza. Sólo por eso quería yo estar en Madrid y, en otro ambiente, hasta me hubiera atrevido a hacer alguna manifestación. Se bastaron Salvador Sánchez Marruedo y la  viuda del que fuera buen periodista, exquisito aficionado y mejor persona para dibujar al brillante perfil de aquel que llegó a la bulliciosa Gran Vía madrileña desde del revolucionario barrio de Vallecas del padre Llanos, jesuita que creó los campos de trabajo de universitarios. Yo estuve en el de Rodalquilar, en una mina de oro sin rastros del “vil” metal. Almería, ¿quién te ha visto y quién te ve? Eran muy lógicos los premios de “La Pesquera” a Diego Ventura, genial, el ganadero Bañuelos, enrrazado,  Borja Jiménez, ilusionado, mejor novillero, y Molés, comunicación al aparato. Luego otros muy particulares: a David Mora por su constancia, a Miguel Abellán por su casta, a “Jesulín de Ubrique” por su técnica, a “Finito de Córdoba” por su clase y a “Espartaco” por su trayectoria. Numerosos invitados en lo que fue el pabellón de Toledo, con la Puerta de Bisagra incluida, de la Feria del Campo que se celebró por primera vez en 1950, cuando, a imitación de la feria de 1929 de Barcelona, se montó otro Pueblo Español que todavía perdura pese a que la Feria del Campo se celebró por última vez en 1975. El de Barcelona, junto a la plaza de toros de Las Arenas convertida en monumental edificio, no sé si todavía se llama Pueblo y Español.
Pero de la Casa de Campo de Madrid tengo yo excelentes recuerdos taurinos. El primero, la explanada rodeada de árboles que servía de amplio escenario para los ensayos de toreo de salón que solían rematarse con algún improvisado partido de fútbol, cosa que enfadaba a los puristas pese a la foto de Joselito con un  balón entre sus manos en el ruedo de la Real Maestranza de Sevilla. Antes se celebraban muchos partidos benéficos en los que los toreros se enfrentaban a los artistas, los periodistas o los veteranos del balompié sin que nadie se sintiera ofendido y Montalvo, del Madrid, se convirtió en el  virtuoso de la manoletina y Raúl, también madridista, dio lances de capote en algunos campos de España y el extranjero. Dicen que le enseñó a torear Enrique Ponce, al que ponderan en el manejo de la pelota y en la interpretación de boleros. Polifacético le llamaban a Mario Cabré porque escribía poesías, hablaba francés e inglés, en el teatro interpretaba el “Don Juan” o “Terra Baixa” y en el cine “Pandora o el Holandés Errante” con Ava Gadner, pasaba modelos de ropa masculina de una marca de telas catalana y también cantaba boleros.
Pero en el improvisado ruedo de la Casa de Campo, el gran ídolo del toreo de salón era Alejandro García Montes “El Ali” y su ayudante, Curro de la Riva. Bordaban el toreo soñado. Luego, con el toro, era otro cantar. Mandaban los Girón que vinieron de Venezuela y plantaron sus reales en una cafetería que había cerca de la antigua plaza de toros de Madrid, avenida de Felipe II, “Trébol”. Luego surgió imponente el gran espectáculo de la “Venta del Batán”, la llegada del suburbano en  1960 y aquel día en que tuve la suerte de entrevistar al príncipe Juan Carlos de Borbón y a su esposa la princesa Sofía de Gracia en una visita que hicieron a la Venta acompañados por toreros como El Viti, Palomo Linares, Julio Robles y algunos más. “Riesgo” sirvió la comida y a Jesús Rodríguez “El Chato” sólo le advirtieron que no le hiciera fotos al Príncipe con un vaso en la mano. Todas aquellas glorias se quedaron en memorias y en la sede de la Escuela de Tauromaquia de Madrid que yo ya no conocí.
Sí recuerdo que un día, con los  buenos oficios de Gonzalito, le hice fotos a Curro Romero entrenándose con el capote bajo las sombras de los grandes árboles del magnífico y benefactor parque de Madrid, a donde se trasladó el Zoológico del Retiro. Un poco más allá, en Somosaguas, vivía como un marajá Luis Miguel Dominguín con la diva italiana y su variada parentela. El estanque, el Parque de Atracciones y las “peripatéticas” apoyadas en los pinos o alcornoques a la espera de ardorosos clientes. Esto, lo de los pinos y alcornoques, se lo preguntaré a “Barquerito” porque es el que más sabe de arbolados y el más templado y brillante cronista del momento. Por cierto que el domingo leí en ABC un artículo de Antonio Burgos en defensa del honor y la dignidad de Curro Romero, al parecer, ofendido por acción u omisión, creo, del señor secretario general del PP nacional. Burgos cita al poeta extremeño Luis Chamizo, el tinajero de Guareña, que en cada libro que publicaba adjuntaba un diccionario de extremeño. Puede hacer lo mismo Burgos con su vocabulario andalusí y de esta forma me enteraré del cuál fue el agravio recibido por el señor Romero.
Televisión Española, a la hora del aperitivo antes del almuerzo del mediodía, ha puesto media docena de veces la cogida sufrida por Francisco Rivera en su reaparición en Olivenza, también han dicho que “Jesulín” torea festivales porque piensa vestirse de luces en el mes de agosto en no sé qué plaza. Nada han dicho de Ginés Marín, Jonathan Varea y Álvaro Lorenzo, tres novilleros triunfadores en el comienzo de la temporada. Vuelven “Espartaco”, Cayetano, el de Foyos, Dávila Miura y alguno más que no recuerdo. “Eramos pocos y parió la abuela”. Siempre me acuerdo de lo que le dijo Belmonte a un matador que le comentó que volvía a los ruedos: ¿Te han llamado? A él si le llamaron. Por eso volvió en 1934, en la inauguración oficial de la plaza de toros de Las Ventas del Espíritu Santo. Hicieron la plaza pero se olvidaron de las calles de acceso. Escaleras del Nuevo Madrid.  Y alguien se ha quejado del cartel anunciador de las Fallas de Valencia. El cartel torero está más que definido y existe hoy algún artista que sabe ponerlo al día. No me pregunten quién. Por sus obras lo conoceréis. Y remato con unos versos del tinajero de Guareña:
Porque semos asina, semos pardos
del coló de la tierra,
los  nietos de los machos que otro día
triunfaron en América.   

“El maijón de los castuos” (Rapsodias extremeñas). La esencia (miga de pan) de los castizos (los mantenedores de la casta de labradores que cultivaron por sí sus propias tierras).

jueves, 26 de febrero de 2015

CALEIDOSCOPIO TORERO (cuarta parte)

CURRO ROMERO, MIURA Y PAGÉS
  
En la calle Libertad del Tubo zaragozano hay una casa de comidas y bebidas con salón de exposiciones que, a su entrada, a la izquierda, hay una foto de Curro Romero con el recuerdo de los años que han pasado desde que decidió retirarse de los ruedos. Fue el 22 de octubre de 2000, al remate del siglo XX, en la curiosa plaza de La Algaba enmarcada en un redondel de grandes ruedas de carro y ambientada por la alegría, el arte y el taurinismo de los algabeños. El motivo era un festival a beneficio de la Asociación ANDEX (Asociación de Padres de Niños con Cáncer de Andalucía y Extremadura) que se había propuesto celebrar en la Real Maestranza de Sevilla, pero que le empresa rechazó por considerar la fecha como inoportuna. Ocurría además que los dos protagonistas, Curro y Morante, no habían participado en la Feria de San Miguel sevillana y, al parecer, ello no había sido del agrado del heredero de don Eduardo Pagés, Eduardo Canorea, y de su cuñado Ramón Valencia, esposo de María del Carmen Canorea, ambos y Mercedes, hijos de Carmen Pagés Prieto y Diodoro Canorea, machego toledano del pueblo de Cabezamesada.

El barcelonés Eduardo Pagés (1890) firmó contrato empresarial con la Real Maestranza de Sevilla el 16 de diciembre de 1932 (hace 82 años) y fue don Francisco Armero, marqués del Nervión, el que suscribió por parte maestrante las condiciones de ese contrato que se mantiene vigente pese a que Pagés murió en 1945 y le sucedió una gestora en la que figuraban los hermanos Belmonte, que llevó la plaza hasta 1959. La hija de Pagés, Carmen, se casó con Diodoro Canorea, que era empleado de banca y que reivindicó favorablemente el derecho de su esposa a la explotación de la plaza sevillana. Su gestión se mantuvo hasta la fecha de su fallecimiento, el 29 de enero del año 2000, momento en el que su hijo Eduardo y su yerno Ramón tomaran las riendas de la empresa. En la Feria de Abril de ese año, Curro Romero hizo el paseíllo en su prólogo, la corrida del Domingo de Resurrección, 23 de abril, con Ponce y Morante, el día 27 de ese mismo mes lo hizo con José Mari Manzanares y el hijo de Pepe Luis, el día 30 con Ponce y Finito y el 2 de mayo con Curro Vázquez y Finito. Buenos carteles y la sensación de que el Faraón de Camas seguía en su trono de El Baratillo a pesar de que ya iba camino de los 67 años.

Días antes que Diodoro, el 2 de enero, falleció Doña María de las Mercedes, madre del Rey Don Juan Carlos, cliente habitual del Palco de Honor maestrante y valedora de las  virtudes artísticas de Romero y, tras las dificultades para la organización de la Feria de San Miguel y las declaraciones del heredero Canorea Pagés, a Curro se le vinieron a las mentes los fantasmas de la duda, vio su trono sevillano en almoneda y le dijo a Fernando Fernández Román que se cortaba la coleta, que había sentido un duro escalofrío cuando su compañero de cartel en La Algaba había sufrido una voltereta impresionante. “Si me la dan a mí me tienen que llevar en parigüelas”. El trío Sevilla-Canorea-Romero había mantenido un hermoso idilio artístico durante cuarenta años plenos de acontecimientos, anécdotas, triunfos y dolores. “Curro, ya llegará el verano”. Y lo que les dijo “Picoco” a los hermanos de “Espartaco” cuando le argumentaron que era muy currista: “¿Qué si soy de Curro? Vamos, que se muere mi padre y Curro torea en Sevilla y les digo a mis hermanos que vayan rezando que aluego vuelvo”.

Curro es uno de esos toreros que Bergamín motejaba como “toreros con percha literaria”. Por eso me he llevado un disgusto en mi Zaragoza del alma cuando he acudido a la presentación de una exposición anunciada como “La mirada de EFE” y subtitulada como “75 años de Toros en Zaragoza”. Mas de cuarenta  reproducciones en gran formato y una a todo color de Curro Romero de una corrida del 21 de mayo del ya famoso año 2000 en un pinchazo “juyendo”. Con amigos así ¿para qué queremos enemigos? Ni siquiera anti-taurinos.

Francisco Romero López también ha sido noticia estos días por su presencia en la entrega a don Eduardo III Miura y  Antonio III Miura del hierro de honor del diario ABC. La entrega corrió a cargo del Rey padre Don Juan Carlos y al acto asistieron un buen número de toreros eméritos. En la foto, alrededor del hijo de la ilustre aficionada Doña María de las Mercedes, Curro Romero, Andrés Vázquez, Jaime Ostos, que agarra del bracete a Don Juan Carlos, Palomo Linares, Enrique Ponce, Sancho Dávila, Alberto Aguilar y Andrés Caballero. Me ha extrañado la presencia del camero en este acto y baso esa sensación en dos anécdotas y una afirmación. La primera anécdota tuvo lugar cuando le apoderaba Domingo Dominguín y le contaba al matador que estaba en tratos para ir a Santander con una corrida muy a modo, así ( y Domingo juntaba los dedos índices de sus manos como imaginando un toro de lo más brocho), recién cumplidos los cuatro años, bla, bla, bla… ¿Pero de quién es la corrida, Domingo? De Miura. ¿De Miura? Ni resién nasidos. La segunda anécdota tuvo lugar en Sevilla, en el restaurante “Río Grande”, en el Guadalquivir y desde cuyas ventanas se contempla la Torre del Oro. Allí le daban un homenaje a Curro y a Miura. No quiso asistir para no sentarse a la mesa con los criadores de toros que  hirieron de muerte en Madrid a “Pepete”, tío abuelo de “Manolete”, “Islero” e n Linares, Manuel García “El Espartero” también en Madrid, Domingo del Campo “Dominguín” en Barcelona, Fausto Posada en Sanlúcar de Barrameda y Pedro Carreño en Écija. Afirmación: Curro Romero no ha toreado en su larga carrera profesional ni una sola res, vaca o toro, del hierro de la A con asas.

Es curioso que otro de los personajes de la historia taurina sevillana no tenga su origen en la tierra bética. El padre de Juan Mihura cuando llegó a Andalucía procedente de la navarra Zugarramurdi, famosa por su Cueva de los Aquelarres, Arroyo del Infierno, Prado del Cabrón, la Catedral del Diablo y el juicio de la Inquisición contra cuarenta vecinas acusadas de brujería, perdió la h intercalada que conservó el famoso autor de comedias y fundador de “La Codorniz” don Miguel Mihura. Don Juan perdió la h y abrió una tienda de sombreros en la calle de Las Sierpes, compró una ganadería que desde un principio gobernó su hijo Antonio, al que sucedió Eduardo, el de las patillas, sus hijos Eduardo, Antonio y José Miura Hontoria hasta llegar a los actuales Miura Martínez, Eduardo III y Antonio III. Hubo una vuelta a los orígenes cuando, en 1879, en Córdoba, se le perdonó la vida al toro “Murciélago” de la ganadería navarra de Pérez Laborda, de Tudela, y “Lagartijo” le regaló el ejemplar colorado y ojo de perdiz a don Antonio, que unos dicen que le puso a su placer treinta vacas y otros aseguran que fueron sesenta. Sí es cierto y comprobable que a partir de aquel cruce muchos toros de Miura tenían el pelo colorado y el ojo de perdiz, finos de cabos y agilidad en la embestida, características de los toros del pre Pirineo, tierras de Navarra.


Al origen catalán de don Eduardo Pagés, al manchego de don Diodoro Canorea y al navarro de los Miuras hay que añadir el catalanovasco de los que iniciaron en el Prado de San Sebastián, cerca de la Fábrica de Tabacos y de los Jardines de Murillo y el Alcázar, la Feria de Abril de Sevilla. España, plural y maravillosa. Sin fronteras. Fueron sus promotores Narciso Bonaplata, catalán, y José María Ybarra, vasco, dio el permiso Isabel II y el primer día de Feria, el 18 de abril de 1847. Isabel II estuvo en tres Ferias. En 1973, esta se trasladó al barrio de Los Remedios, al otro lado del río. Miles de bombillas volverán a iluminar calles y casetas, música y silencios, copas y pescaditos, bailes y canciones, paseos y romances. Gloria bendita, don Salvador.    

domingo, 22 de febrero de 2015

CALEIDOSCOPIO TORERO (Tercera parte)


Qué bonito se ve el mundo de colores aunque a veces me acuerde de las fotos en blanco y negro que se grababan en placas de cristal en el cajón oscuro cubierto con un manguito de tela negra y al que se daba paso a la luz disparando el oportuno obturador. De entonces hay estampas fantásticas y la constancia de que ya hace muchos años existía la posibilidad de retratarse a uno mismo solo o acompañado, lo que ahora está de moda y le llaman “selfie”. Santiago Ramón y Cajal le enchufó un tubo de goma al obturador de su cámara y al otro extremo puso una pera como la de los enemas, apretó, el aire disparó el artilugio y don Santiago se autorretrató sólo o en grupo. Pasaron los años y se supervaloró la información gráfica, las tragedias, los sucesos, las bodas, las modas y los acontecimientos sociales. El diario “Pueblo”, portavoz del sindicalismo vertical, con  el impulso renovador de su director Emilio Romero puso en circulación la información rosa en la que muchas veces fueron protagonistas los toreros. Ahora “ABC” ha recordado la singular aventura que protagonizaron el matador de toros Ángel Teruel y la propietaria de los almacenes Woolworths de USA, princesa de Champañak, con casi tantos maridos como dineros, Gary Grant y el “play-boy” dominicano Porfirio Rubirosa entre los siete que coleccionó, que  paseaba por España en un Rolls en la temporada de 1972 y se hizo seguidora apasionada del torero de Embajadores. Regalos valiosos, brindis y fiestas y una circunstancia muy particular: Bárbara Hutton no podía andar y, como entonces no había rampas de acceso para las sillas de ruedas en las plazas de toros, uno de sus guardaespaldas la tomaba en brazos del automóvil y así la llevaba a la barrera de Sevilla o Navalmoral de la Mata. Esa es una de las fotos que ilustra el artículo de “ABC” de Rosa Belmonte, pero en el pie correspondiente, tampoco en el texto, no se aclara la circunstancia por la que la lleva en volandas el hombre de su séquito: su parálisis de las extremidades inferiores. La Hutton tenía 60 años y Ángel Teruel 20. Hacía tres años que el madrileño había tomado la alternativa, le apoderaba Pepe Dominguín y era otro de los toreros surgidos de la “Oportunidad” que gestionaron  los hermanos Lozano y los hermanos Dominguín con el apoyo mediático del diario “Pueblo”. Rosa Belmonte cuenta la historieta en base al testimonio del colombiano Edgar García Ochoa y habla en principio de que la rumba y las mujeres que le acosaban minaron la aspiración de Ángel Teruel de ser figura del toreo. No es esa mi sensación pese a los argumentos de los amores con dos hermanas y una prima, la mantilla que le lanzó la rica americana en Sevilla y no se le devolvió el diestro sino uno de sus subalternos, el enfado de esta, la cena en la “suite” del Alfonso XIII sevillano y el regalo de dos pasajes de ida y vuelta a Los Ángeles, un reloj de oro, un Rolls Royce y 45 millones de francos. Esto de los regalos lo desmintió años después Tico Medina. También se dice en este artículo de  Rosa Belmonte que, en Navalmoral de la Mata, Bábara le arrojó al ruedo un collar de brillantes. Tampoco me lo creo: ella llevaba a modo de collarín ortopédico o tapa-arrugas a lo masái una gargantilla de seis vueltas de perlas  y un par de ellas más gordas por debajo y, en la chaqueta de color claro bajo el abrigo de pieles, bordado un golpe, alamar o cairel, de vestido torero, sus pobladas cejas negras a lo pintora Frida Kahlo, compañera del mexicano Diego Rivera, peinado de bucles y hondas y la mirada triste y compungida. Sí tengo constancia de que en Talayuela, Cáceres, le regaló al de Embajadores unos gemelos de oro con sesenta brillantes que entonces se valoraron en 4 millones de pesetas, que a Ostos le obsequió con la reproducción de la llave egipcia de la vida y la muerte en oro  y no tengo constancia de que le hiciera regalo alguno al tercer matador, Raúl Sánchez. Fueron Manolo F. Molés en “Pueblo” y José Luis Blanco Quiñones en “El Alcázar” los que firmaron los reportajes de la mediática historieta. Blanco Quiñones reflejó de este modo la opinión de Teruel sobre su amiga americana: “Con Bárbara Hutton me une una grande y sincera amistad. Es importante y es para mí un orgullo el que una señora de la categoría de Bárbara se fije en un torero como yo, dando categoría de esta forma no sólo a mi persona sino a toda la profesión”.
Ya por aquellos días, Ángel Teruel tenía novia. Era Lidia García González, hija de Gracia (Pochola) González Lucas, hermana de Domingo, Pepe, Luis Miguel y Carmina Dominguín. Se casaron en abril de 1976 en la madrileña iglesia del Perpetuo Socorro  y tuvieron cuatro hijos, Verónica, Lidia, Ángel Luis y Gonzalo, cuarta generación de los Dominguín por la rama femenina con un nuevo matador de toros en el caso de Ángel Luis, coetáneo de los Rivera Ordoñez, Francisco y Cayetano, mientras que por la rama masculina ninguno de sus descendientes, los de Domingo, Pepe y Luis Miguel, alcanzaron el doctorado taurino. Únicamente el hijo de Pepe, José Manuel González Salgado, más conocido como “Peloncho” , tuvo alguna inquietud torera allá por aquel año de 1972, fervor que apenas duró una temporada de actuaciones en novilladas sin caballos.
Al margen del historial donjuanesco abrumador de Luis Miguel, Pepe Dominguín, el apoderado de Teruel, tuvo una amplia biografía sentimental. En 1948 se casó con Dolly Lummis Mackennie, peruana  de origen escocés que murió en 1952, en su segundo parto, de un choque anestésico. En 1953 se casó con María Rosa Salgado, una bellísima y buena actriz con la que tuvo tres hijos, Peloncho, Jimena y Alejandro. Se separaron a los diez años de matrimonio y Pepe se casó con la mexicana María José Suárez en 1965. Diez años después, otro matrimonio. En esta ocasión con la francesa Daniella. Pepe comentaba que en España, aunque no estaba permitido el divorcio, era más fácil separarse que en América. “Aquí le dices a la mujer “cariño, ahora vengo, voy a comprar tabaco” y no vuelves y ya está y en América te persigue la policía y los jueces o te pegan una paliza entre los hermanos y amigos de la interfecta”. Pepe era un gran tipo, un escritor de valía con una obra antológica, “Mi gente” (su familia) y otra de lo más literaria, “Carasucia”. Inseparable de Curro Fetén y Pepe Puente, en sus últimos saltos del Atlántico se llevó cuadros de este último para venderlos en aquel mercado potencial, al que también recurría el evolucionado López Canito. Para mí, la familia de los Dominguín, incluida la conocida por “Pati” o “Patata”, Carmen, hija de Domingo y casada con Curro Vázquez, es una familia de encantadores de serpientes con la palma de oro de la cordialidad para Carmina, la esposa de Antonio Ordóñez. La otra Carmina, la hija de estos, inenarrable. Recuerdo la cervecería “La Alemana”, cuando la regentaba Ramón “El Chino”,  la presidía una foto de “Cuevitas” de Luis Miguel y era el cuartel general de los de Quismondo desde que fueron a  vivir a la calle del Príncipe. A la que apenas conocí fue a “Pochola”, la madre de Lidia, la esposa de Ángel Teruel, matrimonio que en sus casi 40 años de convivencia apenas “han dado ramicos a oler” a los “sabuesos” de la prensa cardiaca. Quizá únicamente con ocasión del grave accidente automovilístico que sufrió Ángel. Recuerdo algo peculiar del torero de Embajadores: cuando daba la vuelta al ruedo iba moviendo los labios y algunos lectores avezados decían que eran expresiones de gratitud y otros lo contrario. El secreto lo tiene el protagonista.
Y no me olvido de José Luis Teruel, el hermano mayor de Ángel. La familia dice Rosa Belmonte que tenía un tiovivo que llevaba por la ferias de España. Me parece que el negocio, siempre vinculado a lo ferial, era más amplio  y que abarcaba también la confección y venta de objetos para los belenes, globos, estrellas, zambombas o casitas de corcho. José Luis se apodaba “El Pepe” y tuvo de mentor a Octavio Martínez “Nacional”, matador de toros de Almería, que le inventó un buen reclamo publicitario: “Sea usted moderno; sea usted de “El Pepe””. Luego fue en la cuadrilla de Ángel y se hizo empresario en plazas riojanas y navarras. Ambos, José Luis y Ángel y el tío que les acompañaba como administrador, tenían el acento de Cascorro, el hombre de la lata. Y de Vicente Pastor, que vivía en una casa de Embajadores con ascensor, vecino de El Rastro.
Por cierto, un día de estos, día 20,  Ángel Teruel ha cumplido 65 años.¡Felicidades!

POSTDATA.- Hace unos días leí  también en ABC un artículo de Gonzalo de Bethencour de abril de 1975 en el que hablaba de un complot por parte de la CIA norteamericana para eliminar a Franco y que el director de “Pueblo”, Luis Angel de la Viuda, decidió no publicar para no enturbiar las relaciones de España y Estados Unidos. Ni entro ni salgo en la veracidad de lo afirmado por el periodista desde el otro lado del Atlántico, pero una foto que ilustraba el recuperado reportaje ponía en su pie que se trataba de Alfredo Sánchez Bella, embajador de España en Colombia y en realidad  era del propio Gonzalo de Bethencourt, al que yo conocía como Gonzalo Carvajal, cronista taurino de “Pueblo” que en los inviernos se iba a la América taurina a dar noticia de la temporada de México, Venezuela, Ecuador, Colombia y Perú. Pero a Gonzalo, buen periodista, le fascinaba el revolucionado mundo hispanoamericano y en sus aventuras periodísticas incluía hasta la mismísima Cuba. De aquellos barros le quedaron los lodos de unas fiebres que acabaron con la vida del sevillano el 29 de agosto de 1982, el mismo día en que falleció Carmina Dominguín, la esposa de Antonio Ordóñez y en el 35 aniversario de la muerte de “Manolete”.          

miércoles, 11 de febrero de 2015

CALEIDOSCOPIO TORERO (SEGUNDA PARTE)

Le he encontrado alicientes a esto de darle vueltas al tubo de colores en base a lo que leo en los periódicos, oigo en las radios, veo en las televisiones o me aparece en el correo digital. Estamos informados a tope aunque ello nos lleve a una patológica incomunicación. Y la primera noticia que me mueve a la reflexión es la concesión de la Medalla de Oro de las Bellas Artes 2014 a Manuel Benítez “El Cordobés” pocos días después de que recibiera la correspondiente a 2013 Victorino Martín Andrés, lo que muestra que el Gobierno actual toma en consideración el reconocimiento cultural de la Tauromaquia. Estupendo. Sería bueno que este mismo Gobierno rebajara la presión fiscal que tiene que soportar la Fiesta, al menos en la faceta de los festejos populares y las novilladas.  Otra cosa es que yo admita que el arte de Manuel Benítez fuera bello, duda, por otra parte, que también tengo cuando contemplo los cuadros de Mark Rothko, el grito de Edvard Munch, una arpillera de Miralles, el tríptico de Francis Bacon, los cometas de Miró o las instalaciones que algunos consideran como esculturas. Lo de “El Cordobés” era arte, seducción, magnetismo, populismo, sí, pero ¿belleza? Hace muchos años, “La Codorniz” otorgaba el premio de “Las  Birrias Artes” y el primero se lo concedieron al edificio de Bellas Artes de la calle Alcalá, frente a la iglesia de San José de Madrid. Estamos siempre en la contradicción pese a que tenga que reconocer que en estos momentos priva el feísmo hasta en los desfiles de  modelos que se prodigan en los informativos televisados, que no sé para qué sirven porque luego el pueblo llano no usa tales prendas, como a nadie se le ocurriría vestirse de luces como lo hizo hace poco Mandonna en los premios Grammy y rodeada de bailarines de cuernos prehistóricos. Agradezco a la famosa cantante el detalle, lo que confirma la universalidad del toreo y recomiendo a algunos el velito que desde la menguada montera difuminaba el expresivo rostro de la reina del pop. ¿O es reina de otra cosa? No estoy puesto en esta materia musical. En inglés, me quedé en Bing Crosby, Frank Sinatra y, ahora, en Leonard Cohen. A Victorino le concedieron la Medalla porque sus toros, muchos, son bellos cárdenos y embisten con mucho arte con el morro por la arena.

Y ya que estoy con el toro, me acercaré hasta los alrededores de Las Bardenas Reales en sus estribaciones aragonesas para dar noticia de que en la ganadería de “Ripamilán” (recuerdo de la última ganadería ejeana como Antonio Briones le puso el nombre de “Carriquirri” a la suya y Fernando Domecq el de ”Zalduendo” a lo de Jandilla), se procedió al  “ferreo” de sus reses. En Castilla se dice herradero, pero el término es confuso porque herrar a un animal es más bien ponerle herraduras, oficio, el de herrador, ahora muy limitado y no extinguido como el de guarnicionero o carretero porque todavía hay carreras de caballo y rejoneadores. En latín, “ferro ignique”, hierro a fuego. Armando Sancho ha rescatado el nombre de una ganadería que fue la primera que se retrató en un paisaje nevado cuando, a principios del siglo XX, doña Mercedes Hernandez se la vendió a Manuel Lozano, turolense, y este se llevó toros y vacas a una finca en Valdelinares, hoy estación de esquí. Las fotografías se publicaron en “Sol y Sombra”. Nada nuevo sobre la nieve, estas frías jornadas con los toros burgaleses de Bañuelos como manchas oscuras del blanco manto en el que viven.

Otra buena noticia es que entre el 26 y el 28 de este mes de febrero se va a celebrar en Badajoz el Congreso de Turismo Taurino y que en él se hablara de la promoción de la fiesta de los toros incluidas las excursiones por las ganaderías de reses bravas de la zona. La idea no es nueva porque ya hace años que existen “rutas del toro bravo”, sobre todo una que nacía en Tarifa y terminaba en Jerez de la Frontera y hacia altos en Algeciras, Los Barrios, Alcalá de los Gazules, Medina Sidonia, Casas Viejas, San Roque, Jimena de la Frontera, en las fincas de “Los Derramaderos”  (Núñez), “Valcargado” (Ordóñez), “Los Alburejos” (Álvaro Domecq), Bohórquez en Arcos de la Frontera o Cuadri en “Comeuñas” en Trigueros (Huelva), otra ruta menos amplia que la sevillana de los Guardiola , los Urquijo, el conde de la Maza o el marqués de Ruchena, al que su hijo rejoneador, en la Maestranza, le brindó un par de banderillas por ser su máximo admirador. “Y el único”, apostilló un espectador cercano. La guasa trianera.


“ABC” entregará pronto sus premios taurinos y dicen que presidirá la función el Rey Felipe VI y me aseguran que vuelve a abrir sus puertas el restaurante “Campo del Toro” de Zaragoza. Todo ayuda a mantener constante el fuego de la fiesta española. Vale.