sábado, 29 de septiembre de 2018

HABLA MORANTE DE LA PUEBLA



Lorena Muñoz, a quién no tengo el placer de conocer, le ha hecho una entrevista a Morante en Sevilla para el diario ABC y, tras explicarle las circunstancias de su actuación remate de temporada en Sevilla, le hace unas puntualizaciones que creo interesantes y, aunque me expongo al corto y pego de los políticos de hoy en día, mi conciencia franciscana me empuja al fiel reflejo de la dicho por José Antonio el de la Puebla, hombre con acusada personalidad e inspirado en estampas antiguas (Francisco Montes “Paquiro”), evocaciones gloriosas (admiración por “Joselito”) y afanes renovadores (no tiene sentido que los veterinarios digan si un toro es apto morfológicamente para la lidia). Pero plantea temas que a mí se me han presentado en muchas ocasiones cuando presencio una corrida televisada. Una que se apoya en una afirmación de Rafael de Paula, que hablaba poco pero que acierta: “El Espíritu Santo no sale en la televisión”. Recuerdo, entre otras, una actuación de Antonio Ordóñez con los de Pablo Romero en Las Ventas. Me lo pusieron un día por la tele y me dije “No, esto no es lo que yo vi aquel día”. El ambiente de la plaza no se puede recrear en un bar y, menos, en el salón de tu casa. Y lo que añade Morante de su cosecha: “No me gusta la forma de transmitir las corridas. Los comentaristas deberían mantener más silencio. Hoy en día se quiere explicar todo y el toreo no tiene explicación, es un sentimiento”. ¡Olé! Manes de Matías Prats y sus relatos radiofónicos. Entonces la palabra nos forjaba la imagen, el clima, el ambiente. Don Matías tenía una memoria prodigiosa y ponía en escena a centenares de personajes del mundo del toro, sus parientes y protagonistas. Pero en la televisión tú estás viendo que sale el toro, que lo torea el matador o el banderillero, que se queda corto o que derrota … Sobran explicaciones. Parece que los explicadores cobrasen como los anuncios por palabras. Una orientación, un leve comentario, nunca una explicación exhaustiva o reflejo de los sentimientos del que habla. El sentimiento se transmite directamente entre el que lo tiene y lo manifiesta y el que lo percibe.
Piensa José Antonio el de la Puebla hacer cosas nuevas en su actuación en Sevilla, cosas que tiene ensayadas en el campo y toreando de salón. asegura que le inquietan los silencios de la Maestranza. “Hay compañeros que dicen que el silencio de Sevilla es lo que más les preocupa. Y llevan razón”. Ay de aquel torero que tenga una mala tarde en  Sevilla y no escuche nada. Ya se puede ir a los “arbañiles” o apuntarse a un master. “Curro, ya llegará el verano”. Y el verano llegaba.
Para remate de la entrevista comenta lo de su apoderado de este año, Manolo Lozano, hermano de los Lozano de Madrid y la ganadería de Alcurrucén, matador de toros un día 4 de octubre de 1970, de manos de Manuel Benítez “El Cordobés”, en la plaza de Tánger. “He aprendido mucho con él, es un aficionado y un taurino como no quedan, muy romántico, pero a final de año el apoderamiento se acaba”. A Morante no le han durado mucho sus apoderados. Recuerdo que de novillero estuvo en manos de Miguel Flores, apodado “El Camborio” en una etapa de su paso por la novillería andante, poeta y rapsoda, que apenas estuvo una temporada a su lado. Menos mal que un día, en Las Ventas, Morante le brindó un toro y a Miguel se le olvidaron todos los males. Otro año le acompañó Rafael de Paula y hasta se fumó algún habano con el mexicano Rodolfo Rodríguez “El Pana”. Pocos compromisos. Mucho sentimiento. Y luego dice cosas que te hacen pensar en los misterios de este arte. Por eso lo atacan algunos, porque no lo entienden. 

domingo, 23 de septiembre de 2018

TOROS EN ZARAGOZA (II)




La primera corrida de toros de esta Feria del Pilar de 2018 es el día 6 de octubre y con toros de Montalvo. María Montalvo de Pérez Tabernero, don Antonio, ganadería que pasó a  manos de su hijo Juan Mari y luego a su nieto Juan Ignacio, actual propietario que ha luchado lo indecible para recuperar la buena fama de sus antecesores y con cruces con reses de Juan Pedro Domecq, Zalduendo y Daniel Ruiz ha conseguido entrar en el gran mercado del toro bravo. Y esta corrida servirá para el adiós del francés Juan Bautista aunque anuncie que al año que viene actuará en la corrida goyesca de Arlés. Zaragoza es plaza propicia para las despedidas y lo fue principalmente de los dos primeros Califas del toreo, de Rafael Molina “Lagartijo” en una de sus cinco corridas en solitario (Madrid, Valencia, Zaragoza, Barcelona y Bilbao) y la de Rafael Guerra “Guerrita”, al final del siglo XIX cuando sentenció “No me voy, me echan”. Eran otros tiempos. A Bautista le acompañan en el cartel el extremeño José Garrido y el toledano Álvaro Lorenzo, que en Ejea de los Caballeros ha reconfortado mi rincón del alma donde guardo mi incensario artístico. Pepe Luis, don Antonio, Curro, Rafael o el de la Puebla. Muchos más, pero no quiero alargarme. Y que conste que desde otros lugares me han llegado rumores de que Lorenzo puede ser “el mesías del pellizco”. ¡Ojalá así sea!
El día 8 de octubre, toros de El Pilar, Alicio Cobaleda a su hija Eusebia, esposa de García Fonseca, a su hijo José Luis García Cobaleda y venta a Moises y Pilar Fraile que añadieron vacas y sementales de Matías Bernardos, más conocido por “El Raboso”. Y con estos toros, tres aragoneses: Ricardo Torres, Alberto Álvarez e Imanol Sánchez. Puede que las dificultades de su encaje en los diversos carteles haya propiciado este ensayo de los empresarios a la espera del favor de sus paisanos. Así sea.
El día 10 de octubre, toros de los hermanos García Jiménez y su madre, Olga Jiménez, los Matilla de este mundillo torero, procedencia de Jandilla, para David Fandila “El Fandi”, todo terreno, López Simón y otro artista ya confirmado a nivel nacional, Ginés Marín. El día 11, toros de Adolfo Martín, del mismo origen que los de Victorino, Escudero Calvo, los saltillos de Albaserrada, para el depurado Antonio Ferrera, Miguel Ángel Perera y Jiménez Fortes, hijo de la torera malagueña del mismo apellido y con una probada valentía y acreditada mejora técnica. De casta le viene al galgo.
Antes, hasta los años 50 del siglo pasado, no había corrida el día 12, el de la Virgen del Pilar. Se dedicaba a la celebración religiosa y familiar. Hoy “hay gente pa´ to” Y desde luego el cartel de este día lo merece. La conjunción de dos excelentes ganaderos del pasado, Lisardo Sánchez, de Botoa, y Atanasio Fernández, Salamanca (favorito de don Antonio Ordóñez, con cuyos productos creó su ganadería). Son los toros de Puerto de San Lorenzo.  A estos toros enfrentarán, es un decir, el toro no es el enemigo del torero, Enrique Ponce, que tiene bien probada su maestría y su pervivencia en la cumbre, único caso en la Historia del Toreo, Diego Urdiales, bendecido por el pontífice de Camas, y la repetición de Miguel Ángel Perera, el único diestro que repite actuación en esta Feria.
El día 13, Julián López “El Juli” en su decimocuarto paseíllo en solitario, segundo en la plaza de Zaragoza. El anterior fue el 11 de octubre de 2003  y como en casi todas sus tardes como único matador lidió seis toros de distintas ganaderías y cortó cuatro orejas, dos en un toro y salió a hombros. En esta ocasión repite sólo con la divisa de Parladé, suma un toro de Nuñez del Cuvillo, otro de Puerto de San Lorenzo, uno de sus favoritos de Garcigrande y dos novedades, Alcurrucén, en una gran temporada, y, sobre todo, un toro de Los Maños, el de los santacolomas de Mayoral, prueba importante para los ganaderos de Luesia porque importante es que un torero de la alcurnia de Julián mida sus fuerzas con un producto de su casa. Y que el toro dé el trapío que a muchos de su casta les falta. En aquellos tiempos, en esos en los que sueño grandezas de las ganaderías aragonesas, a nuestros toros les ponían esas pegas de  tener poco presencia, finos de cabos, enjutos pero revoltosos y picantes. Eso se dice de los de Santa Coloma, a los que entendía a las mil maravillas un torero de época, Paco Camino. Torero con el capote, torero con la muleta y uno de los mejores con la espada. ¿El otro? Rafael Ortega, de la Isla de San Fernando. A estas alturas pretendo pasar por un buen aficionado y estoy de acuerdo que ese, el buen aficionado, es al que le caben más toreros en su cabeza.
Bueno, bueno … Para remate de la feria se preparan seis toros de Núñez del Cuvillo (Osborne Domecq, Salayero y Bandrés y Juan Pedro) para El Pirata que nació una ¿aciaga? tarde zaragozana, Juan José Padilla arropado por dos figuras de la categoría de José Mari Manzanares y Alejandro Talavante, dos toreros importantes que pondrán remate de oro a una temporada no muy propicia. Dicen que lo afirmaba Guerrita: “No es lo bien empezao, sí lo bien arrematao”. Media verónica y me escondo en el burladero para disimular que no tengo fuerzas para más. Suerte, toreros, ganaderos, empresarios y espectadores. Hay toros en las fiestas del Pilar. ¡Alabado sea el Señor! Hace poco leí que un señor no creía en Dios porque las moscas volaban y él no. Y yo creo, entre otras razones, porque Dios no me hizo mosca.

TOROS EN ZARAGOZA (I)




La cosa estaba muy complicada: la  burocracia y  los egoísmos estuvieron a punto de celebrar con los anti-taurinos el centenario de la “gripe española” que dejó sin festejos a la plaza que construyó don Ramón Pignatelli y que ese año de 1918 iba a verse embellecida y aumentada de capacidad por el arquitecto Miguel Ángel Navarro y por la fuerza popular del enfrentamiento novilleril entre Herrerín y Ballesteros, que no pudieron conocer el coso remozado puesto que Herrerín murió en una novillada en San Roque, Cádiz, y Ballesteros en una corrida en Madrid, al año siguiente de tomar la alternativa en la capital de España. Hoy la tragedia se convertía en farsa burlesca y los animalistas se relamían de gusto a las puertas y verjas de la plaza cerradas con cerrojos y candados. Se solucionó el tema con la lógica solución judicial de permitir a los empresarios designados llevar a cabo su función de tales empresarios. Unos empresarios que pensarían que, dada la premura del acontecimiento, la dificultad innata de feria de final de temporada y que las cornadas donde más duelen es en la cartera (Domingo Dominguín, padre) hubieran procurado organizar una alambicada feria a la antigua usanza, con tres o cuatro festejos y la crema de la torería andante. Algo de altruismo y añejo romanticismo habrá que adjudicarles a los señores Mena, Fontecha y su avalador Zúñiga puesto que han montado un abono de temporada con una docena de festejos (8 corridas de toros, 1 de rejones y 3 novilladas) en dos semanas, las que van del 29 de septiembre al 14 de octubre. Los dos festejos septembrinos y sanmigueleros, novillada y corrida-concurso de ganaderías, dos últimos días de este mes; la Feria del Pilar, del 5 de octubre a ese 14 final.
En la primera novillada se lidiaran reses de Aurelio Hernando, de Colmenar Viejo, la tierra de los toros de Martínez, predilectos de José Gómez “Gallito”, de Luis Fernández Salcedo, el mejor y más pródigo panegirista del toro bravo, “Los Cuentos del Viejo Mayoral”, de los hermanos Bollaín, Adolfo, “Litri, no; Aparicio, si”, y el más belmontista de los belmontistas que en el Mundo han sido, Luis, notario en Sevilla y Aleas, ganadero famoso y secretario de la Unión Nacional de Ganaderos de Reses Bravas. Y Agapito García “Serranito”, matador de toros en los años 60 del siglo pasado. El ganadero Hernando está por los toros veragüeños  en su finca de Colmenar y Sota del Real y se dan con asiduidad animales jaboneros, entrepelados o berrendos. A la de Veragua le añadió sangre de Juan Pedro Domecq, que todo el mundo sabe que tiene por hierro la V cornada del Sr. Duque de Veragua. A esos novillos de tan distinguida alcurnia se enfrentarán Miguel Cuartero, aragonés de Zaragoza, una década en el escalafón de novilleros con picadores, el madrileño Rafael González y el salmantino David Salvador, de La Fuente de San Esteban, paisano de Paco Pallarés. Puede, no estoy seguro, que esta novillada picada sea la primera que se celebra este año en territorio aragonés. Una pena. La corrida del día 30 de septiembre es la del concurso de ganaderías, con los siguientes hierros: el de Manuela Agustina López Flores, de la casta jijona, madre del también ganadero Samuel Flores; Prieto de la Cal, más de Veragua; Benítez Cubero, de Marchena, Sevilla, Vistahermosa del cura Hidalgo; Peñajara, de Baltasar Ibán, que acaba lidiar una brava corrida en Arlés; San Martín, de los santacolomas del mexicano José Chafick y el de Pedraja de Yeltes, Villar de Salustiano Galache y Caridad Cobaleda. Variedad de encastes, plaza pintada como una pista de baloncesto y tres toreros que suenan por sus virtudes y por su entrega de cada día: Octavio Chacón y los sevillanos Manuel Escribano y Pepe Moral.
El día 5 de octubre empieza el Pilar con otro novillada, esta de Los Maños, los nacidos de los santacolomas de Mayoral y ganada su antigüedad en Madrid hace unos días. Los lidiaran en festejo internacional el portugués Joao Silva “Juanito”, el francés Adrián Salenc, de Nimes, y el español Alejandro Mora, sobrino de Juan Mora y nieto de “Mirabeleño”, torero de los 50 del siglo pasado, ganadero y empresario. Y la tercera novillada tendrá lugar el 9 de octubre, dentro del ciclo pilarista, con novillos de El Parralejo, divisa puesta de moda en San Sebastián  y Bilbao y origen de Jandilla y Fuente Ymbro, con el madrileño Pablo Mora, triunfador de las nocturnas de Las Ventas, el madrileño Francisco Manuel, hijo del venezolano Manuel Fuentes, matador de toros y subalterno que se quedó a vivir en España hace cuarenta años, que ha ganado estos días los galardones al triunfador en Villaseca de la Sagra y Arganda del Rey, y el salmantino Manuel Francisco Sánchez, que se anuncia en los carteles como Francisco Diosleguarde, que es como se conocía en otros tiempos su pueblo natal de la diócesis de Ciudad Rodrigo, Dios le Guarde. Luego está la corrida de rejones del día 7 de octubre, en la que es de notar la ausencia de Pablo Hermoso de Mendoza y la presencia de Diego Ventura, el primer rejoneador que corta un rabo en Madrid, y al que acompañan el portugués Rui Fernandes y el alicantino Andy Cartagena. Los toros, de los Herederos de Ángel Sánchez y Sánchez, sucesores de los Coquilla y los Sepúlveda de Sánchez Fabrés, de Salamanca.

UN TORO DE BANDERA (UN TORERO CON FUTURO)




En una plaza de tercera, 2 de septiembre, aunque por sus antecedentes ganaderos podía ser de primera, en Ejea de los Caballeros, cabecera de Las Cinco Villas de Aragón, surgió el acontecimiento. No hubo sorpresa porque en estos tiempos estamos acostumbrados a los éxitos bravos de los productos de “Alcurrucén”. Fue una corrida pareja con la excepción de la cortedad de pitones del primero de la tarde y el pelo berrendo en colorado del sexto. El resto, negros. Pero es que, además, ese sexto fue un ejemplo de mansedumbre frente a las nobles embestidas de los moritos, con algunas pegas del descarado quinto toro en la faena de muleta de López Simón, el descalzo de cada tarde. También se descalzaron, y en Ronda nada menos, Morante y Cayetano. Es como si una modelo saliera a posar o a un desfile de modelos con los bigudíes puestos. El toreo tiene su estética y unos zapatos buenos y limpios pueden mejorar un vestido deficiente. “La Chunga” era otra cosa. Total, cuatro “alcurrucenes” puestos a embestir. Pero el tercero, “Pocohambre”, tuvo la suerte de que le correspondiera a Álvaro Lorenzo, el toledano que ilusionó a los madrileños de Las Ventas y que nos volvió locos a los ejeanos desde el primer lance a la estocada. Yo agité mi pañuelo pidiendo el rabo del noble animal para este torero, que está llamado a mantener el fuego sagrado del arte de lidiar a un toro. Pero el presidente, un “aficionado de prestigio” elegido por el Ayuntamiento, decidió sacar sólo el pañuelo de los espectadores, que protestaron violentamente la decisión del usía. Tampoco hubiera estado de más ordenar la vuelta al ruedo de “Pocohambre”. Una oreja del segundo toro fue también para López Simón y el lugareño Alberto Álvarez se tuvo que conformar con los aplausos de sus paisanos ante sus buenos deseos y férrea voluntad. Son ya muchos años, pocas ocasiones y ninguna oportunidad más allá de nuestras fronteras aragonesas. Y el toreo es universal. La empresa de Ejea, Mena y Fontecha, que es también mayoritaria de la de Zaragoza, incluye en la próxima Feria del Pilar una corrida con diestros aragoneses. Veremos cómo responden los “sufridores” zaragozanos, que también soportarán una corrida concurso de ganaderías y la despedida de Juan José Padilla. Espero que ese día “el Pirata” se ponga fajín y se abroche el chaleco de luces. Valle Inclán le dijo Belmonte que, para su mayor gloria, sólo le faltaba morir en la plaza. “Se hará lo que se pueda, don Ramón”, le contestó el de la sevillana calle de Feria. Con la misma intención yo le sugiero al jerezano, ante la profusión de banderas piratas en sus actuaciones, que se deje pegar una cornada en una pierna para que le tengan que poner una de palo. Más pirata, imposible, incluido el pañuelo negro en la cabeza.
La segunda corrida de la Feria ejeana de la Oliva, 4 de septiembre, fue un festejo de rejones con toros franceses de Hermanos Gallón, bien presentados y no demasiado mutilados de pitones. Espectacular y entusiasta Andy Cartagena, que cortó tres orejas y salió a hombros, Sergio Domínguez falló con el rejón de muerte y Diego Ventura, oreja y oreja, sensacional en toda su lidia y, en especial, en el quinto toro con los tordos “Lío” y “Fino”, con sus galleos en la cara del toro, en los que los caballos no pierden de vista al oponente y alternativamente ofrecen su cabeza o las ancas en eso que don Rafael el Gallo ejecutaba a pie con primor. Lo mismo, pero desde las monturas. Dificil. Quiebros sin desplazarse, piruetas en la misma cara del toro sin carreras ni galopadas y sin pausas. En ese quinto toro pudo Ventura cortar los máximos trofeos, pero el rejón de muerte le quedó contrario, al pico de la paletilla del astado,  y el trance final tuvo la pega del vómito sangriento. Sensibilidad a la francesa. A pesar de lo de la Guerra de la Independencia, caballeros franceses ayudaron a los ejeanos en la Reconquista. “Sea de los Caballeros”. La Berné, una finca ejeano - gala.
En el tercer festejo de la Feria ejeana, 7 de septiembre, se lidiaron toros de Bañuelos, cinco dijes y un inválido, el segundo. Este le correspondió a Sebastián Castella, que, aunque tiene cara de jovenzano, es ya un torero con historia. No pudo hacer nada con ese toro y en el quinto inició su faena con unos templados y largos muletazos por bajo y siguió con ambas manos en ese buen aire y contundencia, por delante y por detrás, con los que el galo recriado en Sevilla ha recorrido los ruedos de España, Francia y América. Tan modoso él, tan sin estridencias ni malos gestos. Mató de una estocada de perfecta ejecución y algo perpendicular y el de Bañuelos, castaño, tocado arriba de pitones, tardó en doblar y el premio se redujo a una sola oreja. A David Fandila “El Fandi” ya lo conocen ustedes. Ha dado más de cien vueltas a la península Ibérica y siempre lo mismo. Apañado con el capote, espectacular, poderoso y, aunque un poco estebado, con piernas de hierro, recorre todo el ruedo en dos pares al cuarteo y remata con un par de banderillas “al violín”, no sé si con un arpón o dos y un par de palos que quedan sobre el morrillo del toro en el espacio de “una perra chica”, de esas que había cuando la peseta se dividía en céntimos. Y a la muleta. ¡Ay, madre mía! Voluntad, ganas de agradar, desplantes y la euforia congelada tras los entusiasmos primeros. Sendas orejas en sus dos “Bañuelos”, que no le sirvieron para salir a hombros porque en Aragón somos “más papistas que el Santo Padre”. Aquí las dos orejas hay que cortárselas a un solo toro. Y ponerles a todos los cornúpetos banderillas con los colores de la bandera de Aragón, que algunos, muchos, llaman señera o estelada. Ahí queda eso.
El que salió a hombros por la Puerta Grande fue el toledano Álvaro Lorenzo. Vino a Ejea otra vez porque no pudo hacerlo el anunciado Cayetano por su fractura de costillas, que es mal que necesita más de un mes de convalecencia. En la primera corrida, Álvaro  no salió a hombros porque el presidente del festejo no quiso. El gentío, media plaza en los tres festejos, se quedó con la copla y en esta corrida de los de Bañuelos consiguieron que el de Toledo coronase triunfador la cima de la más alta montaña de la provincia de Zaragoza, el Moncayo. A mi es que me dicen Toledo y me acuerdo de Bahamontes, que llegaba a lo más alto y se paraba a tomarse un helado y esperar a los otros ciclistas. Este Álvaro es torero de altas miras. Tiene la figura precisa, estatura media, ni alto ni bajo, armonía, buen gusto, inspiración y duende. Su primer toro de esta tarde se acobardó al final de la faena y buscó las tablas. Naturalmente, lo mató en la suerte contraria, lo que parece un contrasentido y no lo es porque, al vaciarlo con la muleta, el toro tiende a ir hacia los adentros y el estoqueador hacia las afueras. Antes se hablaba mucho de matar “al hilo de las tablas” y hasta “Don Ventura” escribió un libro de numerosas efemérides toreras con ese título. Estocada de rápido y efecto y las dos orejas necesarias para salir a hombros de la plaza. Y aún  cortó un trofeo más en el sexto después de un pinchazo y una estocada. Veremos a Álvaro Lorenzo de la Feria del Pilar en una corrida de Montalvo, de los muchos y famosos Pérez que en Salamanca han sido, Juan Mari, por ejemplo, y con la despedida no anunciada del francés Juan Bautista, que en Arles organiza un gran espectáculo taurino-pictórico-musical en la Feria del Arroz y con la orquesta de Chicuelo II ¿y la trompeta del mexicano Flores? Pasa una charanga por mi calle de Ejea a los sones de un corrido charro. Música, toros y caballos. Y una nueva estrella en el horizonte torero, Álvaro Lorenzo, paisano también de don Domingo López Ortega. Distintos duendes, distintos laureles coronan sus testas toreras.                          Tiempo, al tiempo …
N. B.:
Y a mal tiempo, buena cara. Se enfadaron los que se llaman “informadores taurinos” porque se divulgaron carteles de la próxima macro-feria de Zaragoza y anunciaron un boicot contra la empresa que ha tomado en sus manos tan alta responsabilidad, la de organizar doce festejos taurinos entre el 29 de septiembre y el 14 de octubre, ocho corridas de toros, una de rejones y tres novilladas, un año en el que estábamos amenazados de no contar con esta más que centenaria celebración. Plaza tenemos desde 1764. Y hace cien años, 1918, no hubo feria taurina en el coso de Pignatelli por culpa de la llamada “gripe española”. Hubo otros años con otros problemas, la guerra, el suicidio de uno de los empresarios, la falta de aspirantes a la mano de nuestra belleza arquitectónica, pero por cuestiones burocráticas no había ocurrido nunca. ¿De quién era la culpa? No es el momento de buscar culpables. El caso es que la empresa formada por Jesús Mena y Julio Fontecha y avalada por la antigüedad de Carlos Zúñiga ha cogido el toro por los cuernos y nos ofrece doce festejos básicos en algo más de quince días. Una gran apuesta económica y profesional. Festejos populares con la empresa de Jesús Arruga y una compleja organización para mantener en funcionamiento la gran maquinaria.           ¿Creen que es el momento adecuado para un boicot informativo? Pienso que todo lo contrario. Es el momento de unir fuerzas y voluntades para que las gentes vayan a la plaza aunque les estén esperando en El Portillo los antis. Queden el orgullo y las malas caras para otro momento. La Zaragoza de los toros se la juega de verdad. Piensen se alguien puramente profesional se la hubiera jugado tan fuerte.       

viernes, 29 de junio de 2018

DE LA FELONÍA (y otras alegrías y tristezas)




Taurina y antitaurina. Y tomo el término felón en su acepción de lo feo. Me ha parecido muy feo eso del alcalde de Pamplona de mantener los encierros de las 6 de la mañana de Dios y las ocho del Gobierno y suprimir las corridas de la tarde, una chiquillada o jaimitada, un follón, quinta acepción de la R.A.E., pero con mucho ruido. Eso es lo que quiere el edil con chaqué y chistera. Algo parecido a lo que ocurre con los de “la manada” cuando acuden a la comisaría sevillana. El público quiere ver a los sentenciados. Antes se amontonaban en la plaza de su ciudad para presenciar el buen afilado de la guillotina. Y “las manadas” se multiplican. Y las tontadas se hacen “virales”, algo que tiene algo que ver con los virus. El virus sostenible o los chicos y las chicas para no emplear el simple genérico. Dejo al margen lo del alcalde de Pamplona y me encuentro con las declaraciones de la marquesa de Seoane, viuda y madre de Prieto de la Cal, ganadería de San Juan del Puerto, Huelva, procedencia del Duque de Veragua y casta vazqueña, toros canos como la amplia cabellera de la señora marquesa doña Mercedes, que en unas declaraciones en “El Mundo” dijo lo siguiente: “Los toreros de hoy son figuras, pero de mazapán y de pitimini”. Y suspiró como musitando “ahí queda eso”. ¿Cambiaría su opinión si los toreros pidieran lidiar los bellos toros de su hijo?
Y cambiamos de personaje aunque no de argumento. Se trata de Ignacio Ruiz-Quintano, columnista de la contraportada de ABC. Le admiro por su prodigiosa memoria o, en su caso, por su magnífica documentación. Se sabe y cuenta todo lo que han  dicho los sabios que en el mundo han sido y son. ABC es mi periódico de cabecera porque, a nivel nacional, es el que más información taurina me aporta. Quiero entrañablemente a Amorós por él mismo y por su padre, el notario con el que firmé la escritura de mi vivienda de la Ciudad de los Periodistas de Madrid. Además, en ABC suelen reproducir a menudo viejas portadas dedicadas a la fiesta de los toros, actuaciones de Mazzantini, “Machaquito” o Pastor, éxitos, cogidas o cualquier otro acontecimiento relacionando con los toros. Un día de finales del mes de junio de este año de 2018, Ruiz-Quintano firmó una columna que en el penúltimo párrafo decía esto: “Con esto quiero decir que Messi, “futbolista de mazapán, capullito de alhelí y rosa de pitiminí”, COMO LAS ACTUALES FIGURAS DEL TOREO, no es digno (de momento) ni de desatarle a Maradona la correo de su sandalia”. Al día siguiente casi se muere Maradona. Y Ruiz-Quintano creo que dice que es madridista y aficionado a los toros. Dios nos libre de los “fans” y aficionados acérrimos.
Desde Zaragoza, si me olvido del arriendo de su impar plaza de toros, siglo XVIII, portada neo-mudéjar, primera plaza cubierta de España y con Goya en sus tendidos, tengo una buena noticia. Hace unos días, por esta manía mía de leer la prensa diaria, en el suplemento de “Artes y Letras” de “Heraldo de Aragón”, José Luis Melero firmaba un artículo que titulaba “Fiestas en las Cinco Villas”, unas en Tauste y otras en Ejea de los Caballeros. Las de esta villa, las de Ejea se referían a las que se celebraron a finales de agosto y principios de septiembre de 1789 con motivo de la coronación de Carlos IV. Reparto de refrescos y frutos secos, tras arcos con escudos de armas reales, fuegos, mojigangas, contradanza y corridas de novillos y toro de ronda embolado. Todo esto lo conté desde el ruedo de la plaza de toros de Ejea el domingo 24 de junio de este año para aclararles a los ejeanos que su afición taurina no es nueva y que, además, en ese siglo XVIII era tierra de toros tan importante como la andaluza. Un detalle: para la corrida de la citada coronación de Carlos IV, en Madrid, en su plaza Mayor, Pedro Romero, “Costillares” y “Pepe-Hillo” lidiaron toros de la ganadería cincovillesa de Francisco Bentura. Albarda sobre albarda. La empresa que lleva la explotación de la plaza ejeana, Jesús Mena y Julio Fontecha, me concedieron el privilegio de presentar los carteles de la Feria que se celebrará a principios del próximo mes de septiembre en honor de la Virgen de la Oliva, dos corridas de toros, una de rejones, concurso de recortadores con anillas, roscaderos o cuévanos y vaquillas, del 2 al 8 de ese mes de septiembre. En la primera corrida, toros de Alcurrucén para Alberto Álvarez,  López Simón y Álvaro Montes; en la segunda, toros de Antonio Bañuelos para “El Fandi”, Sebastián Castella y Cayetano y en la de rejones, toros de la ganadería francesa de Gallón, procedencia de Juan Pedro Domecq para Andy Cartagena, Diego Ventura y Sergio Domíngez. Cartel de indudable interés, con cuatro toreros de a pie recientes triunfadores en Las Ventas del Espíritu Santo, López Simón, Álvaro Montes, Castella y Cayetano, un torero de la tierra y el siempre a tope y poderoso David Fandila “El Fandi”. Y a caballo, el primer caballero que ha cortado un rabo en Madrid, Diego Ventura, y dos prestigiosos artistas del rejoneo. Para los zaragozanos, los de la capital y la provincia, un rayo de esperanza y alegría mientras llega la solución del arrendamiento de la plaza de Ramón Pignatelli, en la que, al parecer, políticos y taurinos se han confabulado para tener cerrado el coso con más solera, comodidad y belleza de España. Allá por 1946 hubo un gran problema y se llegó a la Feria del Pilar sin empresario que la organizara. Se acudió a la persona de Marcial Lalanda y montó un serial de media docena de festejos, en cuatro de ellos con la participación de Pepe Luis (¿hace falta apellidos?), otros tantos para Luis Miguel, dos tarde don Antonio, otras tantas el argentino, chileno, mexicano o español Rovira y una Rafael Llorente, de Barajas y doctorado por “Manolete” en Barcelona. Ese año el de Córdoba no hizo el paseíllo en España nada más que en la corrida de Beneficencia de Madrid.
También fue complicada la gestión del coso de don Ramón Pignatelli en 1981, tras el paso de José Antonio Martínez Uranga, “Chopera junior” por aquellas calendas, tercera acepción de la R. A. E. , nuevo pliego de arriendo y ningún aspirante. En este caso la solución para desfacer el entuerto fueron los hermanos Lozano, Pablo, Eduardo y José Luis, que eran los apoderados de Sebastián Palomo Linares, que figuró en tres de las cuatro corridas programadas para la Feria del Pilar, una novillada y una de rejones con colleras. ¿Qué pasará este año? Lo tremendo es pensar que la Feria del año pasado, la de 2017, fue una gran Feria en todos los sentidos y que si se echa todo por la borda es muy complicado recuperarse. Los antis puede que estén en pleno regocijo.                

domingo, 27 de mayo de 2018

A LA VEJEZ …, RECUERDOS




Gracias a Juan Lamarca y su portal “Del toro al infinito” me enteré de  algo que renovó mi juvenil gozo. Hace muchos años publiqué en “El Ruedo” una serie de artículos sobre le historia taurina de Méjico (con j), el primero, el 19 de noviembre de 1953, y el último de los once totales, el 18 de febrero de 1954. Tenía por entonces 22 años y veía crecer la hierba periodística. Podía con todo, hasta con emprender tan gran empresa. Existía desde 1924 la “Historia del México Taurino” de Nicolás Rangel, pero yo no la conocía. Mi madrina, Clotilde Íñiguez, era bibliotecaria de la Nacional y fue mi máxima consejera para informarme del devenir torero de aquellas latitudes. Con esa sólida base hice todo el esfuerzo posible para que mi trabajo tuviera cierta altura y validez. Años después completé ese trabajo hasta llegar a nuestros días y se lo ofrecí a la Casa Domecq, que por entonces tenía una prestigiosa delegación en la tierra de los aztecas y algunos indígenas más. Me argumentaron que no era conveniente la publicación de un libro escrito desde España. Ahí se quedó la carpeta con sus docenas de folios a máquina y mis ilusiones mustias como las hierbas que veía crecer. Repaso el blog (¿se dice así?) de Lamarca y encuentro mi nombre añadido al seudónimo con el que me inicie en estos menesteres: “Barico II”. Hablaba de mí y de mi trabajo don José Francisco Coello Ugalde, lo hacía elogiosamente y justificaba mi condición y naturaleza, la española, claro, y lo de escribir México con j. Esto lo corregí pronto, en 1964, cuando estuve unos meses al otro lado de los mares. Me sirvió de mucho aquel viaje. Fue como el estallido de una nueva galaxia en mi propia mente. Una ventana al exterior. Aquel año estuvieron en México Paco Camino, Diego Puerta, Miguelín, Álvaro Domecq y Manuel Benítez en su paseo termonuclear por la plaza de “El Toreo”, fuera de las fronteras del Distrito Federal, aquel tremendo edificio de hierro que tenía una cubierta abatible que hacía un ruido infernal cuando se ponía en marcha. A Juan García “Mondeño” le despidió Carlos León con una carta al Papa Juan XXIII, a Camino, en su salida a hombros de la México, le sacaron del estuche la Rosa Guadalupana que había ganado en buena lid y la grey taurina mexicana no tenía otro peón que Jaime Rangel para plantarle cara a uno de los españoles que ha mandado en sus ruedos, “El Niño Sabio de Camas”, ya no tan niño y recién casado con Norma Gaona, la hija del empresario de la Monumental. Conocí a unos cuantos toreros históricos: “Armillita”, Garza, “El Soldado”, “El Calesero”, Fermín Rivera y luego, en España, a los hijos de algunos de ellos, Manolo Espinosa, Alfonso Ramírez y Curro Rivera, el que cortó cuatro orejas una tarde en Las Ventas. Tres toreros nuevos en esa campaña mexicana de 1964 que maduraron en las plazas españolas, Fernando de la Peña, al que le dio la alternativa Antonio Bienvenida en Barcelona, Guillermo Sandoval, también doctorado en la capital catalana, y Oscar Realme, en Oviedo, los tres confirmados en Madrid antes de volver a su tierra para continuar sus inciertos caminos. Don Isidoro, murciano y masón, era el conserje de la Monumental, la que me enseñó por dentro y por fuera y hasta el bar de la logia a la que pertennecía. Nada más.
Tuve contacto con excelentes escritores como Álvaro Albornoz, hijo del ministro de la II República Española y jefe del Gobierno en el exilio, autor de unos aforismos a los que llamó “revoleras” y persona de sutil humor: “Tuvo que suspender la batalla porque con tantos tiros no podía escuchar bien la música que tocaban las bandas militares”. A mi tío José María, primo hermano de mi madre, que decía que no volvería a España hasta que se muriera Franco, le recomendaba: “Pues vuelve y no le hables”. El citado Carlos León, sus cartas a famosos y los diálogos de las películas de Cantinflas. Se parecía mucho a Alfonso XIII. Otro mucho más vinculado a los toros, Carlos Fernández y López de Valdenebro, madrileño de nacimiento (1912), hijo del secretario de las Cortes de la II República y de “veraneo” en tierras mexicanas. En los carteles, “Pepe Alameda”, locutor, escritor, poeta, recitador y, en inglés, “showman”, hombre espectáculo. Vino a España a retransmitir “la corrida del siglo” desde Jaén y con “El Cordobés” de protagonista. Le entrevisté en la cafetería del hotel Wellington y me sorprendió que desayunara con coñac francés, Napoleón. Su frase: “El toreo no es graciosa huida sino apasionada entrega”. Su obra: “Los Arquitectos de la Moderna Tauromaquia”. El toreo ligado de Manuel Jiménez “Chicuelo” y su faena con el toro “Corchaíto”, de Pérez Tabernero. Madrid, 24 de mayo de 1928. En estos días se cumple el noventa aniversario. “Chicuelo” fue también uno de los favoritos de los aficionados mexicanos. De Rodolfo Gaona, el Indio Grande, tenía referencias por mi padre cuando visitó España y le preguntó por Paquita Escribano, una cupletista de gran fama y con vínculos en Ejea de los Caballeros. Gaona se casó con la Moragas y su matrimonio duró menos que el de Rafael el Gallo con Pastora.
Una hermana de “Pepe Alameda”, María Victoria Fernández y López de Valdenebro, divorciada de José María Jardón, empresario de Las Ventas con don Livinio y Escanciano, fue la segunda esposa de Domingo (López) Ortega. La primera, la hija de los marqueses de Amboage, murió joven y como consecuencia de un acceso en la cabeza que se le infectó con un tinte que le aplicaron en la peluquería en abril de 1944. Su familia pleiteó denodadamente para conseguir el cincuenta por ciento de lo que había ganado el de Borox  en las plazas de toros durante los siete años de matrimonio (No recuerdo que hiciera a mi lado ningún paseíllo y vestida de luces”). Creo que se conformaron con las joyas de la fallecida. Dos años después, el 21 de septiembre de 1946, Domingo se casó en Madrid, en San Fermín de los Navarros, con María Victoria, “Picuqui”.
Recuerdo un libro del cronista de la ciudad de México, Artemio de Valle-Arizpe, “Calle Vieja y Calle Nueva”, en el que menciona a  Bernardo Gabiño, un torero de Puerto Real, Cádiz, y del que dice que “ocupa lugar preeminente y campea lleno de prestigio en la historia de la tauromaquia mexicana”. Asegura que vivía en el número 5 y medio del callejón de Tarasquillo y cita a la señora de Calderon de la Barca y su obra “Vida en México”, en la que hace unas encarecidas alabanzas de Gabiño, su garbo y fina gracia bailando la zarabanda, el vito, la farruca, el polo, las peteneras, soleares o la jota aragonesa, valenciana o murciana, el zapateao, la jarana, el palomo, la zanchenga o el jarabe. No había baile que se le resistiera. Dicen que el de Puerto Real asombraba a los aficionados con sus fulgurantes e incomparables metisacas. Cuenta el cronista un ataque de indios comanches (¿?) en un viaje en el que le acompañaban su picador Ignacio Cruz y su banderillero Fernando Hernández, su defensa con las balas de las carabinas y su llegada al lugar de destino heridos pero respondiendo a su función de toreros. El portorrealense  ganaba y gastaba largo, quebró la casa comercio (hoy, Banco) donde tenía sus ahorros de 80 mil pesos y, entre la pobreza y los achaques de la vejez, se contrataba por 30 pesos por corrida, hasta que el 31 de enero de 1886, en Texcoco, cuando un toro de Ayala, “Chicharrón”, le pegó una cornada junto al recto, no se dejó intervenir en el cochambroso cuarto que servía de enfermería, lo trasladaron a la capital y, en el cuchitril del callejón de Tarasquillo donde residía, murió el 11 de febrero, a las 9 y media de la tarde. Dice don Artemio de Valle - Arizpe que Gabiño tenía cuando falleció 83 años, no sale la cuenta, y que llevaba 51 de torero. Puede que esos años fueran los que llevaba en México, a los que habría que sumar los que toreó en España antes de partir hacia las Américas. Según mis noticias en realidad tenía 73 años, tampoco edad muy propicia para enfrentarse a los toros. La figura de Gabiño ha sido realzada por don José Francisco Coello Ugalde, mi panegirista mexicano que se considera a sí mismo como “maestro de Historia”. Ni profesor, catedrático o doctor, MAESTRO. Y sus apellidos me recuerda, el primero a uno de los banderilleros más artista de Portugal, Mario Coello (Conejo), matador de toros después, y el segundo, Ugalde, al más auténtico caricaturista español, de Tarazona de Aragón y cuarenta años en las páginas de ABC. El maestro Coello Ugalde dice que Gabiño nació en Puerto Real el 20 de agosto de 1812, que no tomó la alternativa en España, que se la dio Manuel Domínguez “Desperdicios” en Montevideo, Uruguay,  y que su presentación en México se dio entre 1829 y 1834. Fue Gabiño el primero que otorgó una alternativa en las plazas mexicanas, en 1879 y a Ponciano Díaz, que una vez doctorado sí vino a la península para torear y sorprendió más que nada por su poblado bigote.
En el libro de Luis González Obregón publicado en 1947 con ilustraciones de Bardano y Molina, “Las calles de México”, se cita la Plaza del Volador como el lugar de la ciudad de México en la que se celebraban las grandes fiestas populares, perros y liebres, peleas de gallos, juegos de cañas y suelta de toros bravos. Citan como especiales las fiestas de febrero de 1773 y las del mismo mes de 1803, en la que hubo un eclipse de sol. Como anécdota de los festejos de la “Plaza del Volador”, no sé si fidedigna y creíble, la de que Hernán Cortés, en unos juegos de cañas en el siglo XVI, sufrió tal cañazo en un pie y del que anduvo mucho tiempo cojo y enfermo. Fue peor lo de “la noche triste”.
El caso es que gracias a mi padre y su actividad como cronista de toros yo tengo un antiguo y buen recuerdo de los diestros mexicanos. El 24 de agosto de 1934 se publicó en “El Debate” una crónica firmada por “Barico”, Benjamín Bentura Sariñena, de un mano a mano entre Lorenzo Garza y Luis Castro “El Soldado”. Calor sofocante, Joselito Gómez como sobresaliente y novillos de Coquilla. Lleno a reventar en la plaza que se iba a clausurar a finales de aquel mismo año para ya inaugurar la de Las Ventas del Espíritu Santo. Garza y su compañero brindaron sus respectivos primeros novillos a Domingo Ortega. Lorenzo “el Magnífico” cortó sendas orejas al primero y al tercero, pasó a la enfermería y no mató al quinto. Lo mató Luis Castro que obtuvo las dos orejas y el rabo del sexto. La crónica  fue ilustrada con cuatro apuntes a pluma de Roberto Domingo, dos muletazos de Garza, uno de “El Soldado” y la estampa de un toro. Le regalaron a mi padre aquellas obras de arte que yo vi siempre en las paredes de nuestra casa madrileña de la calle Libertad y luego de Colomer, junto a la Avenida de Los Toreros. Y ahora los contemplo cada día, privilegiado que soy, en mi cuarto de estar zaragozano. Mi santo y seña por los siglos de los siglos.
A Luis Castro “El Soldado” lo conocí en mi viaje a México, también a Garza que recuerdo que alternó una tarde con José Fuentes creo recordar que en su tierra natal, Monterrey, regiomontano, maravilla expresiva, y luego, en Madrid, en el Museo de Las Ventas, el día en que Pablo Ignacio Lozano presentaba su escultura, reproducción en bronce de una extraordinaria foto de Arjona de un lance de Antonio Ordóñez con una rodilla en tierra. Otra maravilla. A Fermín Espinosa “Armillita” le saludé en Pamplona en el hotel Yoldi, antes de que el Maisonave nos recogiera a los escribidores taurinos, entre los que estaba también don César Jalón “Clarito”, ministro de la República que me contó que le había retirado de la crítica Franco al reconocerles a algunos de los ministros republicanos una jubilación. “Si tengo alguna necesidad especial escribo un artículo para El Ruedo” – me contó don César en nuestro último “sanfermín”. Ya había publicado sus interesantes y sabias memorias”.
Bueno, me he alargado demasiado. Me puede la inquietud de no tener el tiempo suficiente para contar mis recuerdos y me motiva el impulso que me ha dado el reconocimiento del MAESTRO DE HISTORIA don José Francisco Coello Ugalde, a quien dedico esta mi memoria de más que un octogenario superviviente.
Zaragoza, mayo de 2018.            


viernes, 4 de mayo de 2018

POR QUÉ LANGUIDECE LA FIESTA

BENJAMÍN BENTURA REMACHA


Es un tema que me preocupa y me ha preocupado porque siempre he vivido en esa incertidumbre. La FIESTA se muere desde que nació y ya se sabe que para morir se precisa que eso que va a morir esté vivo. ¿Está viva la FIESTA? Está viva, pero muy malita. Y no por los toros y los toreros, sí por sus circunstancias. Respecto al toro, animal totémico por excelencia como emblema de protección de la tribu y muy particularmente como progenitor hasta las sábanas del tálamo nupcial, estamos en un periodo francamente positivo porque su estudio ha llegado hasta las profundidades de los análisis científicos que promocionó don Álvaro Domecq Díez junto al catedrático don Isaías Zarazaga. Por una casualidad informática, he llegado hasta el conocimiento de los estudios de dos investigadores prestigiosos, don Fernando Gil, biólogo, y don Julio Fernández Sanz, veterinario. Por ellos he sabido por qué embiste el toro, su capacidad para responder al estrés y la fisiología de la agresividad. El cortisol y las endorfinas  que produce al animal bloquean los receptores del dolor. El toro lucha sin preocuparse por el dolor y lo hace también aunque esté en campo abierto y tenga espacio para huir del castigo. No hace falta acorralarle para que embista. Embiste porque produce dopamina. Por último, la mayor agresividad de unos ejemplares de ciertas ganaderías calificadas como “duras” se basa en que estas tienen menos seretoninas, con lo que los ilustres especialistas del toro bravo concretan que el misterio de la bravura es “un cóctel de hormonas”.
Aseguran que los puyazos caídos o traseros inutilizan al toro para la lidia y pueden producir hasta un neumotórax, lesiones motrices o medulares dada la mayor extensión de la puya y sus aceradas aristas. Y, además, la impunidad del peto con el gran faldón protector contra el que el toro no tiene posibilidad alguna  de ataque. El peto, desde luego, salvó el futuro de la fiesta porque, en las circunstancias actuales, no se podría mantener la renovación diaria de las cuadras de caballos y tampoco el siniestro espectáculo en el que el tal caballo fuera “la víctima de la fiesta”. Pero no se puede pasar de su sacrificio continuado (incluido el de sus jinetes) a la desaparición total del riesgo que puede generar por ahorro y eficacia la eliminación de los picadores de las cuadrillas. Sin riesgo no hace falta buenos jinetes de brazo fuerte. Un titular y un sustituto para toda una corrida. Hace muchos años propuse el peto anatómico para que el toro pueda romanear, verbo a conjugar cuando se trataba de ahormar el embestir del bravo animal. Y disminuir la extensión del casquillo de la puya y el arpón de las banderillas aunque, en realidad, la sangría no sea lo que más influya en la debilitación de las fuerzas del toro.
Y si el desarrollo de la lidia es fundamental para el futuro de la FIESTA, no es menos importante que su difusión vuelva a los parámetros que vivimos a mitad del siglo XX, cuando me empeñé en la lucha contra “el sobre” periodístico. Mi padre me sacó del error cuando señaló que los culpables no eran los receptores del óbolo misericordioso sino los medios de información que cobraban el espacio a los que ejercían la crítica. Sin embargo, por entonces casi  todos los medios escritos, hablados o televisados tenían sus espacios dedicados a la difusión de la fiesta y se competía para dar la más profusa información de las ferias de las plazas de primera y las noticias de agencia (EFE, Logos, Mencheta y alguna más) del resto de los cosos taurinos de España, Francia o América. Me horroriza si hoy dan una noticia taurina en una televisión: o se trata de una cornada posiblemente mortal (la de Fandiño, por ejemplo) o algún chisme sentimental de los diestros más mediáticos en los espacios del “cuore”.
Es importante la difusión de la Fiesta en los medios de comunicación. Uno de los medios actuales que más atención le presta a los toros, pero no tiene ni punto de comparación con las portadas que ese mismo ABC le dedicaba a los acontecimientos taurinos hace un siglo. Suelo curiosear ese pequeño apartado del diario de la calle madrileña de Serrano y me satisface la continuidad con la que son noticia de portada los acontecimientos del coso de la carretera de Aragón o cualquier otro acontecer en el que sean protagonistas toreros, ganaderos o aficionados. Se medían los tiempos y los espacios de otra forma. El toro estaba en la calle y en la conversación de las gentes. Todavía llegué a conocer la mítica “playa de Madrid”, entre la calle Sevilla y la acera de La Tropical, en la calle de Alcalá. Allí se juntaban centenares de toreros y aficionados, se le instalaba un kiosco de la ONCE al picador “Melones” o se exponía en el escaparate de una gran zapatería el vestido de luces que iba a lucir el Príncipe Gitano en su debut con picadores. Se arreglaba una cuadrilla o se sellaba un apoderamiento con un apretón de manos. Hoy no queda nadie. Ni allí ni en la plaza de Santa Ana o la explanada de la Casa de Campo, donde se toreaba de salón o se jugaba un partido de futbol como el que Joselito jugó en la Real Maestranza  años antes. Cristiano metió un gol “de chilena” y durante un par de semanas se cantó como el mejor gol del siglo. Supongo que de este siglo XXI porque en el anterior ya hay reseñados goles de tal guisa desde 1914. Y supongo que el autor fue un jugador chileno de “cuyo nombre no puedo acordarme”. Dos mil policías se movilizan para garantizar el orden en un partido de fútbol. Y aún hay ciudadanos que dicen que las corridas de toros pueden perjudicar a la educación de nuestros infantes.
Y luego hay noticias que perjudican al buen desarrollo del ambiente taurino. He leído estos días que la más fundamental de esas noticias es que José Tomás va a torear una corrida en Algeciras. Y ni una más. ¿Toros? ¿Toreros? ¡Qué más da! Y cuando leo este anunció a toda página y alumbrado por toda la luminaria siempre recuerdo que “Manolete”, en 1946, sólo se anunció en España en una corrida. En Madrid. La Beneficencia. Con Gitanillo de Triana y Antonio Bienvenida y Luis Miguel Dominguín, que venía con la escoba y se ofreció a torear pagándose sus toros. Amén, respondió el de Córdoba. No sé si será cierto, pero a mí me contó Jaime Marco “El Choni”, que era amigo del abuelo de José Tomás, que, de chico, el de Galapagar prefería jugar al fútbol que torear. Mis cortos conocimientos me dan para deducir que el misterio de la dieta taurina del serrano no le permite atracones de toro. Ya lo decía Curro Romero: “Torear todos los días es trabajar”. Una vez a la semana, señor Tomás, cosa sana. Para la Fiesta, don José.
El estrambote a tanta lírica taurófila es la afirmación de Ignacio Ruiz-Quintano en su columna de ABC de que Mazzantini fue concejal después de retirarse del toreo. Y fue algo más que concejal de Madrid. Gobernador Civil de Guadalajara y Avila. Italiano de origen, habrá que agradecer el que en su tiempo no hubiera micrófonos que amplificaran la voz y su decisión de montar la espada y hacerse gran estoqueador desde su primera estocada. Con más voz hubiera sido cantante de ópera. “Muertos que yo maté no os podéis quejar de mí, pues si buena vida os quité, mejor sepultura os di”. Y no pretendo competir con Ruiz-Quintano en la cita de maestros en el pensar y escribir. Yo sólo pienso en el feliz devenir de la Fiesta. Apliquemos los remedios necesarios.