sábado, 18 de noviembre de 2017

JUNCAL Y TORERÍA


EN TIEMPOS CONVULSOS NO HACER MUDANZAS
BENJAMÍN BENTURA REMACHA

¡Qué tiempos aquellos! Había limpiabotas por las calles y Paco Rabal y El Brujo se juntaban en una tasca para hablar de toros. A Fernando Saturio García Terrel, durante muchos años presidente de la plaza de toros de Zaragoza, se le ocurrió fundar en la Casa de Andalucía de la capital de Aragón una tertulia taurina con el nombre de El Mentidero, sitio o lugar donde se junta para conversar la gente ociosa, dice la Academia. Yo suprimiría el adjetivo de ociosa. La conversación es benéfica para todos los hombres (y las mujeres aunque para mí el genérico siga vigente y me parezca inútil insistir en lo de todos y todas, puesto que de esto no depende el trato justo y respetuoso del hombre a la mujer).   Hay un lugar  en Zaragoza en donde todavía se habla de toros. Ese lugar se llama El Mentidero, se localiza en la Casa de Andalucía y su alma es un hombre que durante muchos años actuó como delegado de la autoridad y presidente de la plaza de toros de don Ramón Pignatelli. Se trata, repito, de Fernando Saturio Garcia Terrel y señalo su segundo nombre, el de Saturio, porque nos aclara que el señor es soriano y émulo del hermano del poeta Manuel Machado que llevó a Soria todas las esencias de su sentir andaluz, como García Terrel las ha traído hasta Zaragoza y pelea gallardamente por la continuidad de nuestras tradiciones y devociones. La devoción al toro puede adquirirse por nacimiento o por curiosidad. Quizá sea más fervorosa esta última  porque nace de la propia voluntad aunque tenga que reconocer que a mí me la inocularon en la propia cuna, allá por Magallón, lugar donde yo nací el año 31 del siglo XX. Unos meses después me llevaron a vivir a Madrid, donde mi padre había entrado a trabajar en El Debate, el diario matutino que dirigía don Ángel Herrera Oria, años después arzobispo de Málaga. En  El Debate mi padre entró en la sección de Sucesos y escribió sus primeras crónicas taurinas desde Carabanchel, la misma plaza en la que yo inicié mi incursión en este campo dieciocho años después. Mi herencia. Mi padre participó en la fundación de EL Ruedo como revista semanal después de haber sido sección  del diario Marca, pasó también por Pueblo y la Agencia Logos, dirigió durante nuestra guerra el diario Hoy de Badajoz y fundó varias revistas, entre ellas, Meridiano y la colección de Biblioteca Teatral, donde brillaron Pedro Muñoz Seca, Arniches, los Quintero, los Paso y Jardiel Poncela. Una vida dedicada el periodismo, los toros y el teatro. Su caricatura era una de las muchas que adornaban las paredes del café Castilla. A mí me obligó a rematar la carrera de Derecho antes de permitirme explorar el periodismo taurino. Y de esa exploración y ante la dificultad de entrar en un medio informativo sin tener que contribuir a sus beneficios vino la idea de fundar Fiesta Española en 1961, buena oportunidad para hacerle la competencia a Dígame y El Ruedo, con la aparición en las arenas de Diego Puerta, Paco Camino y El Viti en competición con los ya consagrados cómo Ordóñez, Luis Miguel, Antonio Bienvenida, Rafael Ortega, Manolo Vázquez o Antoñete y la explosiva aparición de Manuel Benítez El Cordobés, que atraía lectores críticos con sus maneras y partidarios de hueso colorado que llegaban a utilizar las páginas de Fiesta como papel higiénico y nos las enviaban a la redacción por correo. Esos años, los 60 del siglo pasado, fueron brillantes y entretenidos por estos y otros muchos personajes, Miguelín, Mondeño, Ostos, Chamaco, Curro Romero en su medido caminar hasta el nuevo siglo, Ruiz Miguel gracias a las alimañas de don Victorino, a las que también agradeció sus favores el paleto de Villalpando. Rafael de Paula estaba escondido por los rincones andaluces. Y, para mayor gloria del toreo, el sacrificio de Paquirri y Yiyo, Pozoblanco y Colmenar, y la tremenda sorpresa de la muerte de don Antonio por el atropello de una utrera de Amelia Pérez Tabernero, estos tristes acontecimientos, ya en la década de los 70, cuando había desaparecido Fiesta Española y yo desarrollaba mi vocación periodística en las páginas del diario El Alcazar, desde la diagramación al cierre, los reportajes, las entrevistas, la jefatura de la sección de Nacional, las crónicas de los secuestros de ETA, la composición en linotipias, los ajustes en las platinas o las tejas para las rotativas. Fueron los 70 mi década más periodística que prolongué como redactor-jefe de Aragón exprés y mis casi veinte años en la Diputación de Zaragoza, en los que tuve la suerte de colaborar en la restauración de la plaza de toros que construyera en 1764 don Ramón Pignatelli, labor continuada hasta conseguir que Zaragoza sea la más cómoda de las viejas plazas  de toros y la primera cubierta de las de España. También tengo la satisfacción de haber llevado a sus tendidos la figura de don Francisco Goya, el más grande y prolijo, segunda acepción, cuidadoso o esmerado, de los divulgadores de la fiesta de los toros. Resucité la revista El Chiquero en el vespertino Aragón exprés, colaboré en Hoja del Lunes de Zaragoza, El Día, Diario 16, el Anuario de la Asociación de la Prensa de Madrid que se publicaba para apoyar su corrida, la de la Prensa, y, desde 2004 hasta hoy, en la Agenda Taurina de Vidal Pérez Herrero, en la revista Caireles de Barcelona y en múltiples publicaciones de la Diputación de Zaragoza, programas de las Ferias del Pilar , catálogos de exposiciones de las que fui comisario y grandes obras sobre Goya y las vicisitudes de la Tauromaquia aragonesa y la historia de las plazas de toros de Zaragoza, Ejea de los Caballeros, Tarazona y Gallur. Y de lo que presumo con orgullo de gozno del ganadero más destacado de la cabaña ejeana del siglo XVIII, don Diego Bentura, primero de los Bentura nacidos en la actual capital de Cinco Villas. Mi libro Casta Brava Aragonesa es el mejor y el peor de los libros escritos sobre nuestra ganadería. No hay otro.   
Todo lo relatado hasta ahora lo he contado para justificar que en la Casa de Andalucía, el pasado día 11 de noviembre, me concedieron el premio a mi ejecutoria profesional, acto en el que yo intervine para agradecer la distinción y, sobre todo,  señalar mi vinculación con el resto de los premiados en este acto. Cómo decía José Luis Pecker en unos cursos de periodismo que nos dio hace años el Ejercito del Aire, los que hablamos en público somos cómo los polvorones, si nos quitan los papeles nos deshacemos. Yo llevaba unos papeles, pero no me atreví a sacarlos. En esos papeles tenía apuntado que la Casa de Andalucía está situada en la calle de Julio García Condoy, pintor y hermano del escultor Honorio García Condoy, ambos hijos de Eliseo García Martínez, profesor de la Escuela de Bellas Artes de Zaragoza y autor del Ecce Homo del Santuario de Nuestra Señora de la Misericordia que la aficionada de Borja convirtió en la caricatura de Paquirrín, el hijo de la Pantoja, que en lo físico siguió la estela materna. Igualico que su abuela. Buenos pintores el padre y el hijo, Eliseo y Julio, Honorio excelente escultor, a mi entender, el segundo del arte del modelado aragonés, tras Pablo Gargallo. El segundo apellido de los hijos de don Eliseo era Condón y lo convirtieron en Condoy para evitar bromas de mal gusto. Ahí, en esa Casa de Andalucía, manifiesta sus inquietudes toreras don Fernando Saturio, que ha sumado a su equipo dos lugartenientes exquisitos, José Manuel Valero Soriano y José Ramón Bonilla. Valero montó el gran programa tras el buen yantar. Un recuerdo a las gentes del toro desaparecidas: Fandiño, Dámaso González, Palomo Linares, Gregorio Sánchez, Manolo Cortes, el mexicano Miguel Armillita, el mítico ganadero Victorino y Pepe Cerdán (José Cerdán Lasanta), el corralero de la plaza de toros de Zaragoza, que el día de la alternativa de Luis Francisco Esplá, 23 de mayo de 1976, sufrió una grave cornada a astas de un toro de Manuel Benítez devuelto a los corrales. Paco Camino era el maestro de la ceremonia y Niño de la Capea, el testigo. Buen cartel. Valero Soriano cantó las excelencias de Serafín Marín, juncal figura y torería con  barretina, Bonilla ensalzó la tarea de la asociación  Mar de Nubes, enseñar a los niños que quieren jugar al toro y practicar con los aficionados a este arte, y Fernando García Terrel me sacó los colores de esta historia mía que nace en la cómoda supervivencia de una heredada afición. A Serafín Marín le recordé que la primera entrevista que hice en mi vida fue a un torero catalán, Mario Cabré, al novillero Jorge Isiegas, revelación de la torería aragonesa, que su abuelo Octavio fue en los años 40 y 50 del siglo pasado un  novillero muy activo aunque no recuerdo que diera al paso decisivo, me congratulé del poético Mar de Nubes y que el primero que contemplé en mi vida antes de montar en un avión lo presencie en el Moncayo, desde la Peña del Cucharón, encima de donde estaba la residencia del obispado de Tarazona. Antes de cenar había que rezar el Rosario. El novillero Miguel Cuartero es el alma de tan curioso empeño: toreo de salón para los niños y tentaderos para los aficionados prácticos. Y rematé mi parlamento con mi especial agradecimiento a García Terrel porque su hija Beatriz ha sido dos años profesora  de mi nieta Blanca. En mis  nietos fundamento todas las ilusiones de futuro.

Nota buena: He leído en Heraldo que la Diputación de Zaragoza no  ha concedido la prórroga del contrato de arrendamiento de su plaza de toros  a la empresa de Simón Casas y Cia porque los propios empresarios han confesado que han aumentado los abonos, la cifra de asistente a los festejos de la Feria del Pilar y se había superado la complicada situación en la que dejó la plaza el empresario anterior, Serolo. Uno, en su inocencia, deducía que esas eran poderosas razones para prorrogar a la empresa autora de esa buena gestión. Al parecer, la Diputación ha pensado que es el momento de aumentar sus beneficios con un nuevo contrato de arrendamiento. ¿Hay moros en la costa? ¿No hubiera sido preferible el consolidar las mejoras contempladas? Recuerdo la decisión de hace unos años de aplicar a la explotación de la plaza una gestión directa y todavía no se han divulgado los negativos resultados de aquella gestión. Creo que fue Napoleón el que recomendó no hacer mudanzas cuando las cosas están complicadas y el toro está en un tiempo convulso. Simón Casas ha acertado en muchas cosas y, ante todo, en la publicidad del espectáculo. Elemental, amigo, Watson.  






miércoles, 8 de noviembre de 2017

LA ÚLTIMA FERIA



VUELVE MORANTE

La última Feria y la última letra del abecedario: Zaragoza. Pero tenemos una larga historia. Somos, con Pamplona,  las dos ciudades en las que se conserva la advocación festiva, San Fermín y la Virgen del Pilar, y la celebración taurina. Fiesta y toros. Fiesta española. En unos días en los que la bandera de España luce en los balcones y ventanas de muchos edificios de la Patria, bueno será, sin coger el rábano por las hojas, afirmar que los enemigos de esa España nuestra quieren acabar con su Fiesta porque nos representa física y metafóricamente. El toro de la carretera. Domingo, 8 de octubre de 2017, a los pies de la estatua de Agustina de Aragón, nacida en Cataluña  y fallecida en Ceuta, el grupo de anti-taurinos de todos los años nos insultaba a los que accedíamos al coso de Pignatelli. Nos llamaban asesinos con el puño izquierdo en alto. Los hijos de Stalín, ejemplo de demócrata dialogador. Lo dijo Salvador Dalí en el Ateneo madrileño: “Picasso es comunista. Yo tampoco”. A los pies de la estatua de Agustina Raimunda María Zaragoza Domenech, que de Aragón tenía solo el apellido, el de Zaragoza, puesto que nació en Reus, 1786, y murió en Ceuta, 1857. Reus está cerca Salou, playa aragonesa por asistencia, y en Reus nacieron Mariano Fortuny, pintor de batallas marroquíes, patios andaluces y plazas de toros, y Ceferino Olivé i Cabré, el mejor acuarelista, a mi modo de ver. Sus trenes entrando en la estación de Reus me recuerdan al tren que llevó a Madrid al padre de Manolo Caracol, mozo de espadas de Joselito, y a su cuadrilla y, ya en la estación de Delicias, al pasar junto a la locomotora, esta lanzó una nube de humo blanco con un ruido de explosión: “Esos cataplines pa Despeñaperros”. En fin, junto a la iglesia de El Portillo, junto al monumento de Agustina de Aragón, todos los años se reúnen un centenar de individuos que nos insultan y nos prometen que nos cerraran las puertas del coso de don Ramón de Pignatelli. Paciencia. Y a Zaragoza vienen todos los años unos cuantos catalanes, cómo nosotros íbamos antes a Biarritz o Hendaya a ver la película de Marlón Brando o a comprar los libros del “Ruedo Ibérico”.
Me ha sorprendido gratamente la noticia de que Manuel Lozano, el mayor de los hermanos de la saga de la Alameda toledana, verso suelto en su canto torero, anuncie que va a apoderar el año que viene a Morante de la Puebla. El mayor de los Lozano Martín, descendientes de Manuel Martín Alonso, que compró la ganadería de Veragua en 1927 y se la vendió a Juan Pedro Domecq y Núñez de Villavicencio tres años después, ha sido durante muchos temporadas un apoderado independiente y un empresario de plazas cómo Segovia o Tánger. En esta quiso contratar a Manuel Benítez para una corrida y este le puso cómo condición el darle la alternativa. Así ocurrió el 4 de octubre de 1970, con la participación de Gabriel de la Casa, hijo de Morenito de Talavera. Fue presentación y despedida puesto que no volvió a participar en ninguna otra corrida de toros. Pero el Lozano solitario es un hombre peculiar y recuerdo que en los años 60 del siglo pasado me contaba un sueño que había tenido y en el que se presentaba como apoderado de su padrino de alternativa. Se había construido en Alameda de la Sagra un palacete con una piscina climatizada con teléfono en la orilla y una rubia encantadora que cogía las llamadas. ¿Quiénes llamaban? Pedro Balañá, Pablo Chopera, don Livinio en nombre de Jardón, Canorea, Barceló y Jumillano. “Don Manuel no se puede poner porque está nadando”. Cien veces la misma respuesta. Me recordaba la anécdota de Ortega y Gasset cuando alguien fue a visitarlo en su casa y la doncella le dijo “Don José no está; está pensando”. Manuel Lozano no fue nunca apoderado de El Cordobés, pero bueno será que una persona como él acompañe este año que viene a Morante de la Puebla en su andar pausado por los ruedos de España. Estos toreros no se pueden ir nunca.
Ya habrán leído el feliz remate de la temporada de 2017 con el recuerdo a hitos destacados a lo largo de su desarrollo en las distintas plazas de España excepto Cataluña y Canarias aunque también sean españolas. Desde Francia hemos recibido cumplida noticia de todo lo acontecido y un placer de aficionado recordar Sevilla, Madrid, Bilbao, Santander, Arles, Nimes, Granada, Málaga o Zaragoza, Ponce, Bautista, Pepe Luis, Manzanares, Talavante, Perera, Castella, Ginés, Garrido o Roca Rey. Mucho y bueno que contar. Pero hay una cosa que a mí me quita el sueño: el primer tercio. Con motivo de los aniversarios del nacimiento y la muerte de Manolete se ha hablado largo y tendido de las corridas de su tiempo, de la lidia de utreros y del escaso trapío de lo que entonces se lidiaba y rara era la corrida no soportara más de veinticinco puyazos y hasta más de treinta, en un tiempo en el que la puya era de limoncillo y El Pimpi, picador en la cuadrilla del cordobés y con un brazo de acero, le metía al toro las cuerdas y dos palmos de la vara. ¿Ahora?  Una docena de puyazos por imperativo reglamentario y a los picadores se les ovaciona cuando levantan el palo o disimulan con la suerte “de la fregona”. ¿Remedio? El peto anatómico que dé opción al toro a romanear a caballo y jinete y poder pelear en igualdad de fuerzas. Sé que esta propuesta no gustará a los picadores, pero, si la situación actual se agudiza, pronto serán picadores todos los que se puedan subir a un caballo y hasta es posible que se recorten las cuadrillas para disminuir gastos. Hay quién ha apuntado que a los picadores les cuesta más vestirse que picar a un toro. Mi pensamiento está lejos de desear mayor riesgo a los de a caballo, pero lo cierto es que sin riesgo el toreo se diluye, se volatiliza, se esfuma. No quiero llegar a lo de antaño porque el público de hoy no aguantaría tanta víctima equina. Tampoco la cabaña caballar. ¿Y los animalistas? Todo necesita de un equilibrio: el toro, el caballo, el picador, los banderilleros, el matador. Dinamizar con las mayores garantías una suerte que es fundamental para medir la bravura del toro, la eficacia del castigo y el mérito de la lidia que en su primera acepción significa batallar y pelear. Batallar y pelear con arte. Eso es torear. Y en la suerte de picar también cuenta el arte. Se hizo famoso el pareado de Joselito a su picador: “Camero, pica delantero”. Hoy habría que decírselo a la mayoría de los que utilizan la vara larga. El punto idóneo es muy pequeño y adelante o atrás las lesiones son graves y afectan a la movilidad de los toros. Picar bien es un arte y una ciencia. Como la acupuntura.¿ Habrá que buscar piqueros en China o Japón? Pinchar en su sitio.   


jueves, 28 de septiembre de 2017

ARTE, MUCHO ARTE …Y REFLEXIONES


El pasado 23 de septiembre, pocos días después de mi paso del ecuador octogenario, me encontré con el regalo sorprendente e inesperado de una foto a toda página de Manolo Cortés y el texto de Gonzalo I. Bienvenida, nieto de don Antonio y compañero en ilusiones toreras de Pepe Luis Vázquez, nieto de don Pepe Luis, y creo que coincidentes también en andanzas periodísticas. Vi la foto y, al instante, dirigí la mirada hacia la firma del fotógrafo de tan maravilloso documento: Arjona. Pepe Arjona, el mejor de los de antes de la cámaras con motor o digitales. Se trataba de una página del diario “El Mundo” que relataba el homenaje que le había ofrecido en Sevilla, en el Hotel Colón, al diestro de Gines por parte de Pepe Luis hijo, Emilio Muñoz, Espartaco, Fernando Cepeda y Dávila Miura, matadores de toros, y Zabala de la Serna y Carlos Crivell, cómo moderadores del acto. Me quedé largo tiempo contemplando la foto sin pasar a la información. El pie decía: “Una escultural verónica de Manolo Cortés sobre el albero de la Maestranza”. ¡Una escultura! Y era cierto: una escultura. Ya Ignacio Pablo Lozano, el hijo y sobrino de los Lozano de la Sagra toledana, convirtió en escultura una foto de Arjona de Antonio Ordóñez en un lance con la rodilla en tierra, ¿podría convertir este documento en otra escultura? Es pura armonía, placidez, ensueño y belleza. Sin exageraciones, con ritmo y con templanza, un poco adelantado el pie derecho, apenas sujeto el capote con la mano del mismo lado, el toro humillando, asomando la mazorca de su cuerno izquierdo por el corto vuelo del capote y el público absorto en la contemplación de la prodigiosa verónica interpretada por ese gran artista que fue Manolo Cortes. Merecía el lance esas músicas al modo de las dianas mexicanas que escuché recientemente en Arles en lances sueltos o pares de banderillas en la corrida llamada goyesca pero más bien picassiana o dedicada a la pintura Naif de Alberti. Una gran tarde de Juan Bautista, que repitió en Logroño con el toro “Verdadero” de Victorino Martín, a quién el propio ganadero negó el indulto porque dijo que no le había parecido merecedor de tal premio, quizás porque le faltó fuerza, casta brava. ¿Noble? Nobilísimo y bien toreado.
Es el fallo que veo yo en la fiesta de nuestros días. Una corrida de los tiempos de Manolete aguantaba treinta puyazos con la puya de arandela y “El Pimpi” les metía a los toros las cuerdas, la arandela y un palmo de la vara. Hasta a los de Galapagar les falta eso, fuerzas. He visto este verano grandes cosas de arte a Ponce en Bilbao y  Málaga, a Curro Díaz con un  victorino, Ginés Marín, a Ferrera en Pamplona, al propio Bautista que es el rival de Manzanares en la ejecución de la suerte suprema, a Roca Rey en Ejea de los Caballeros, con permiso, en dos toros de Bañuelos, el valor de Colombo, matador de toros en Zaragoza con el mexicano Valadez, a Castella o Cayetano. Mucho toreo, poco toro. En los lugares en los que es obligatorio poner a los toros dos veces al caballo, la segunda puya suele ser simulada.

Es necesario para el futuro de la fiesta recobrar la emoción. Y esto no quiere decir que pretenda que los toreros sufran más cornadas. Lejos de mi pensamiento tal cosa. Cómo no pretendo que los picadores estén expuestos a más peligro, pero llegará el momento en que, para disminuir gastos, con un solo varilarguero se pique toda una corrida. Y casta hay para recuperar ese toro de los años 30 del siglo pasado. Está Ana Romero y sus santacolomas, Alvaro Domecq con lo que creó su padre y él mantiene, un toro suyo, en Ejea de los Caballeros, otra vez con permiso, puso en evidencia al de la bandera pirata, los núñez de Alcurrucen, los jandillas de Fuente Ymbro, los saltillos y santacolomas de Cuadri y algunos más, sin tener que acudir a los antiguos Palhas de horror, terror y furor de los carteles de otros tiempos. La puya, el peto. Hace años que propuse el peto anatómico de materiales ligeros pero impenetrables por balas y pitones. Algunos me declararon “enemigo público”. No era así entonces y no lo es ahora. Había toreros y hay toreros consagrados y promesas ciertas. No hace falta citar a Ponce, el torero que ha roto todas las estadísticas, Morante aunque se haya acurrucado en su rincón a filosofar, El Juli, pura dedicación , a Manzanares, el hijo de su padre, as de espadas en el dique seco para volver a navegar, a Castella, el gallo de oro, a Perera siempre de la mano de Cepeda, Talavante, el improvisador, Cayetano, la casta de todas las castas que en el toreo han sido, Paquirri, los Ordóñez y los Dominguín , la madurez de Ferrera y mi debilidad gitana, Curro Díaz, Urdiales, Pepe Moral, Pérez Mota, Paulita o los Adámez. En efervescencia, Roca Rey y Ginés Marín. Y me han dicho que Pablo Aguado, que acaba de recibir la alternativa en Sevilla, es de los que me va a gustar. He visto alguna foto y he notado su pellizco. Desde chico me he fijado mucho en las fotos de los toreros, mejor de frente que de espaldas, la chaquetilla sin desbocarse, bien puesta la faja, sin quitarse las zapatillas, la taleguilla sin arrugas, el instante, la naturalidad, ese pellizco fotográfico que te daba la instantánea de Arjona, don José. Hubo muchos buenos fotógrafos desde los tiempos de las placas en los cajones oscuros. Ese premio internacional a Cervera por la foto de Toledo, una caída de picador, luego las películas de paso universal de Cuevas, de Jesús, “el chato Rodríguez”, Santos Yubero en Madrid, Sebastián de Barcelona, Cerdá de Valencia, Marín Chivite en Zaragoza, Mateo por los pueblos de Madrid y la factoría de los Botán. Uno de Calatayud desde los años 80 del siglo pasado, Carlos Moncín, tiene su sitio privilegiado. Las docenas de “estampitas” que encargaban los toreros para regalarlas a sus admiradores y el centenario Canito que se colocó su gorra  blanca y recorrió todos los callejones de España. Hay estudios doctos y justos sobre la importancia de la fotografía en los toros. La importancia de la imagen frente a la palabra. La técnica moderna facilita el logro de una buena imagen. Pero ¿quién es el que mejora lo que Arjona plasmó hace años con Manolo Cortés de protagonista? Y con unos cuantos más que comulgaban con el arte. ¿Recuerdan ustedes la foto de Pepe Luis del “el cartucho de pescao” en la mano izquierda, el toro en primer término y el anuncio del “Tío Pepe” como telón de fondo? Estábamos en Jerez de la Frontera, que tampoco es mal lugar para saborear el arte. Desde allí vinieron los toros de don Álvaro. 

sábado, 23 de septiembre de 2017

MANOLETE EN ARAGÓN


VEINTICUATRO FESTEJOS (VEINTE EN ZARAGOZA), DIECISIETE OREJAS Y DOS RABOS Y NINGUNA LESIÓN
De las 46 novilladas que toreó, 21 fueron en Córdoba
LARGO CAMINO HASTA EL TRIUNFO FINAL


En realidad, más que en Aragón, en Zaragoza, porque Manuel Rodríguez Sánchez hizo veinte paseíllos en el coso de Pignatelli, dos en Huesca y sendos en Teruel y Calatayud. Lo curioso es que en Zaragoza también actuó en una novillada con caballos y que, junto a la plaza zaragozana, Manolete novillero con picadores solo toreó fuera de Andalucía en Tetuán de las Victorias, barrio madrileño, y en Salamanca, dos tardes en cada una de estas plazas . Veintiuna en su ciudad natal. Sin caballos es extraño pero explicable que vistiera su primer traje de luces en Arlés y que también lo hiciera en Nimes, sus dos únicas actuaciones en plazas francesas, en las que no volvió a hacer el paseíllo como matador de toros. También lo hizo en Barcelona sin caballos, siempre integrado en el espectáculo cómico-taurino de Los Califas, todo ello condicionado por las dos guerras, la de España y la Mundial. La de España porque su carrera novilleril se desarrolló desde su presentación en Tetuán de las Vitorias el 1 de mayo de 1935 y su repetición en la misma plaza el día 5 del mismo mes, en ambas con la compañía de Silverio Pérez, el mexicano que iba a ser años después su compañero de cartel en la inauguración de la Monumental de México. Fueron Barcelona (setenta) y Valencia (treinta y cuatro) las plazas de su preferencia. En Madrid, veintiséis, casi todas benéficas y muy pocas con la empresa de Jardón y Escanciano. Apenas se había inventado la Feria de San Isidro de don Livinio. Veinte corridas en Sevilla y diecinueve en Zaragoza más la novillada de 1938. Luego Bilbao y México, El Toreo y la Monumental.
La novillada de Zaragoza tuvo lugar el 3 de julio de 1938 con novillos de Concha y Sierra y el aragonés Paco Bernad y el hijo de Juan Belmonte, que sería, al año siguiente, en Madrid, compañero del cartel de la confirmación de alternativa. El médico Antonio Martín Ruiz, que hacia la sección taurina de “El Noticiero” con el seudónimo de Cantares, dijo del novillero cordobés: “Muy bueno dicen que es este torero de Córdoba. Pero lo que vimos el domingo fue un muchacho poco desenvuelto, inseguro, frío, que al final se pasó al toro muy cerca, pero con muy poca alegría. Realmente no vimos más y no concuerda con lo otro. En su primer novillo, sobre todo la sosería, la inseguridad y la poca soltura fueron manifiestas. Tanto es así que se oyeron siseos. En su segundo, último de la tarde, fue en el que demostró el de Córdoba algo de valentía, pero siempre con soseria y frialdad”. En total, cuarenta y seis novilladas, cuarente y una en Andalucía, cinco más allá de sus fronteras y siete festivales, todos en plazas andaluzas, la mayoría de novilladas en Córdoba, en donde sólo sumó trece corridas de toros desde su alternativa en Sevilla el 2 de julio de 1939, con toros de Tassara, Chicuelo, padrino, y Rafael Vega de los Reyes, testigo. Éxitos en El Puerto, Barcelona y confirmación en Madrid el día 12 de octubre de ese mismo año y, al día siguiente, primera corrida en El Pilar porque por aquel entonces no había festejo taurino en el día de la Virgen. Dos corridas, la primera de Carmen de Federico y la segunda de Miura, que sustituían a ocho “cucarachas” de don Graciliano, “los miuras salmantinos”,  y seis de Sánchez Cobaleda y que “obligaron a Eduardo Pagés y Nicanor Villa, empresarios, a buscar reses más aparentes en los campos andaluces para que los diestros no tuvieran que sustituir la espada de templado acero por el uso de un simple insecticida”. Tampoco se arregló la cosa al año siguiente en la corrida del 12 de mayo, con toros de Clairac y Luis Gómez “El Estudiante” y Jaime Pericas y significativa ausencia en la feria de octubre. Al año siguiente, 1941, se invirtió su costumbre de cada año y no estuvo en Zaragoza por Pascua y sí vino a dos corridas en la Feria, una el 14 de octubre con Rafael Ponce “Rafaelillo” y Rafael Ortega “Gallito”, con toros de Juan Cobaleda y Galache, y la segunda el día 16, con toros de Atanasio, Nicanor Villalta y la repetición del hijo de “El Cuco” y la hermana de los Gallo. Y en esta ocasión cortó la primera oreja en el coso de Pignatelli y en los ruedos aragoneses porque hasta entonces no había actuado en ninguna otra plaza de la región. Un paso atrás al año siguiente en la consideración de la crítica y el público zaragozano en la corrida del 5 de abril, Pascua Florida, en la que toreó con Pepe Luis Vázquez y Manuel Álvarez “El Andaluz” y toros de Concha y Sierra. Esto decía don Ramón de la Cadena “Don Indalecio”: “Una mala tarde que, naturalmente, hallará su desquite cualquier día. A lo mejor cuando haga calor se le calentará la sangre”. Y añadía: “De la corrida de ayer quede para la posteridad el nombre de un torerito fino y menudo, pletórico de gracia andaluza. Anótense ustedes el nombre porque a lo mejor se hace un hueco en el toreo. ¡Se llama Pepe Luis Vázquez!”. Fue el de San Bernardo el diestro que más paseíllos hizo con Manolete, 135, ocho en novilladas y siete en festivales. El siguiente fue Juanito Belmonte, 128, y los terceros, Domingo Ortega y Pepe Bienvenida, empate a 79 festejos. Ninguno de ellos pudo ser su rival. Ni Marcial, Silverio Pérez, Carlos Arruza, “El Andaluz”, “El Estudiante”, Pepín o Luis Miguel. Estos dos últimos llegaron un poco tarde. A Pepín Martín Vázquez lo destrozó un toro en Valdepeñas. A Pepe Luis, no le hace falta apellido, dicen que la cornada de espejo de Santander. ¿A Manolete? Más de treinta cogidas, ninguna en arenas de Aragón.
Sin embargo, una cornada en Madrid el 27 de septiembre de 1942 le impidió hacer los tres paseíllos que tenía contratados en la Feria del Pilar de aquel año. Volvió a Zaragoza en primavera, a su corrida de Pascua, y muy poca historia de lo sucedido el 5 de abril de 1943. “Don Indalecio” resumió la actuación del  de Córdoba: “Salven ustedes la voltereta, abonen sus señorías la buena voluntad en determinados e infrecuentes momentos y de Manolete el bueno no vimos ayer en el ruedo ni el canto de una uña. En fin, esperemos al Pilar a ver si entonces salen los cabezudos”.
El marqués de La Cadena se fue a Pamplona a ver el enfrentamiento de Pepe Luis y Manolete y concluyó que “el duelo quedó en tablas”. Días después vino lo cornada en la cara del diestro sevillano, el bache consiguiente y la marcha arrolladora del cordobés. “Don Indalecio” le escribió una postal por cada corrida a un tal Pérez que consideraba buen aficionado y manoletista. Fueron tres corridas los días 14, 15 y 17 de octubre, en las dos primeras en buena lid con Pepe Luis y en la última en la despedida de Nicanor Villalta y esto fue lo que le dijo al tal Pérez “Don Indalecio”:Manolete tuvo una tarde acertada. De buen torero. No fue tarde del “Monstruo”, que para eso no salieron sus toros… pero bien ganada estuvo la oreja del final de la feria”. Era la cuarta que cortaba en ese ciclo. Se acercaba a la apoteosis. 1944. Dos corridas a principio de temporada, la de Pascua, 9 de abril, y la de Beneficencia, 21 de mayo. Nada destacable. Pero llegó el 14 y 15 de octubre y cada tarde recibió el premio de tres orejas y un rabo de los toros de Atanasio y Galache, mientras que el día 17 de ese mes se conformó con una oreja de un toro de AP.
“Don Indalecio”: “Tan bueno, tan grande este Manolete, que, en la segunda corrida del Pilar de 1944, tuvo una actuación que alcanza la categoría de gloriosa entre las efemérides de la plaza de Zaragoza, desde aquí – 14 de octubre – hasta la consumación de los siglos. Dicho y rubricado”.  
El comienzo de la temporada de 1945 no fue lo brillante que había sido la Feria del año anterior y eso que el 1 de abril se anunció una corrida en la que volvía Manolo Rodríguez junto a Carlos Arruza, el “Ciclón Mexicano”, su penúltimo rival, quienes con Luis Gómez “El Estudiante” iban a lidiar una corrida del Marqués de Villamarta. Decepción. Antonio Valencia, que después se pasó al balompié, decía en “El Ruedo” que “El Estudiante” se esfumó, Manolete se salvó a duras penas y Arruza se hundió. En la Feria del Pilar de ese año, Manolete cortó una oreja en la corrida de Atanasio, fue negativa la de Antonio Pérez de San Fernando y obtuvo otro trofeo en la de los toros de Galache, su última actuación en Zaragoza. Se decía que después del festejo del día 15 había manifestado que no volvería a torear en el coso de Pignatelli. Y así fue. En 1946 solo toreó en España la corrida de la Beneficencia de Madrid, en la que entró a la fuerza Luis Miguel porque quería competir con Manolete. Lo consiguió en 1947 hasta llegar a Linares el 28 de agosto. ¿Iba a actuar en la Feria del Pilar de ese año? Se decía también que a final de temporada decidiría su retirada definitiva. ¿En Zaragoza como sus paisanos Lagartijo y Guerrita, antecesores con Machaquito en el Califato torero? Es posible.
Manolete toreó también en Teruel el 31 de mayo de 1943, dos orejas, en Huesca, el 10 de agosto de ese mismo año, en Calatayud el 9 de septiembre de 1944 con el hecho insólito de que se devolvió el sexto toro de Muriel por cojo, le sustituyó un toro de Bernardo Escudero tan manso que fue rechazado y volvió a salir el titular que ya cojeo mucho menos. La última corrida en Aragón, en Huesca, el 11 de agosto del fatídico 1947, oreja. Diecisiete orejas y dos rabos, los trofeos conseguidos por Manuel Rodríguez Sánchez en las plazas aragonesas. ¿El final? Cómo dijo Lagartijo ante el cadáver de Frascuelo: “Tanta lucha para esto”.

 Curiosidad: Manolete toreó un festival en Lima el 2 de noviembre de 1945, en el que también actuó el aficionado limeño Tuco Roca Rey. De casta le viene al galgo.

UNA CARMEN QUE PODÍA SER FELISA


Estamos en tiempos en los que las transgresiones de la Ley o el Lenguaje, con mayúsculas, son manifestaciones de la libertad del pensamiento o la forma de expresarse de todas y todos. Democracia pura. Y llegamos a los toros y la incoherencia de la lidia del toro sin sangre, a lo balear copiado de lo portugués, se convierte en el balet sin cigarreras ni toreros en la  versión de “Carmen” de Próspero Merimée, a la que puso música Bizet. Entonces no es la “Carmen” de Marimée y se podía titular “Felisa” o “Eulalia”. Como si a Otelo le quitamos los celos o a Hamlet las dudas. Entonces no se apoye usted en la fama de la “Carmen” y lárguese con viento fresco a los sones de la “Marcha del Toreador”, señor Ullate.
Todas estas cosas me tienen perplejo y anonadado porque no sé si esto tiene arreglo y si la Fiesta llamada Española nos va a supervivir. A mí me va a supervivir seguro porque un día de estos paso el ecuador de los ochenta, pero ¿qué pasará después? En Ejea de los Caballeros, en donde estoy estos días, lugar importante para la ganadería brava en el siglo XVIII, se han celebrado las fiestas en honor de la Virgen de la Oliva, que es celebración que se  ha adornado siempre con toros, ya sea en su vertiente popular con toda clase de manifestaciones toreras que tuvo a bien relatarlas don Francisco en su profusa divulgación taurina y luego con corridas de toros o novilladas cómo diseñó el primer triunvirato de nuestra historia, Romero, “Costillares” y “Pepe-Hillo”, aconsejados por el de Fuendetodos, que marcó sus perfiles ceremoniales en la corrida de la Coronación de Carlos IV en 1789 (Revolución Francesa), Plaza Mayor de Madrid, y en la que se lidiaron diez toros de don Francisco Bentura, hermano de Diego Bentura, padre de mi tatarabuelo y primer ejeano de la familia, ganadero con divisa encarnada en la plaza de Madrid, junto a la Puerta de Alcalá. Estuvo asimismo en la inauguración de la plaza de Zaragoza (1764) y en los sanfermines de Pamplona, Plaza del Castillo. Y no era al único ganadero de bravo en Las Cinco Villas de Aragón. Más de cien toros hacían el trayecto entre Ejea y el paraje del Jarama, también lo pinto Goyya a lo Venta del Batán moderna, para lidiar en la Puerta de Alcalá.
Ejea, por tanto, tiene solera taurina y por ello organiza todos los años una feria que ya entra en el calendario nacional de festejos taurinos. Somos dieciséis mil habitantes y unos tres mil van a los toros. Más que en Madrid, Sevilla, Bilbao o Valencia. Hablo de porcentaje. Este año se organizó una semana de espectáculos taurinos que debía iniciarse el 27 de agosto con una corrida de toros de Bañuelos con el diestro local Alberto Álvarez, Cayetano y Roca Rey. No había llovido desde el mes de julio, cuatro gotas, y de cara al futuro hacía falta agua. Y llovió y algún mal pensado opinó que los “antis” se habían vuelto creyentes y habían dedicado una novena fervorosa a la Virgen de la Oliva y ya se sabe que las divinidades hacen más caso a los pecadores arrepentidos. Y tan fervorosa debió ser la supuesta novena  que también llovió el miércoles 29, día en el que se celebraba un festejo de toreo a caballo con Hermoso de Mendoza, Sergio Galán y Mario Pérez Langa, con toros portugueses de Rosa Rodrígues. Entonces la empresa de Mena y Fontecha anunció que el viernes 1 de septiembre actuarían Hermoso de Mendoza, que sustituía a “El Fandi” lesionado con rotura de fibras, y en lidia a pie Juan José Padilla y Ginés Marín, con toros de Álvaro Domecq. Por fin escampó aunque el público estuvo algo borrascoso con el de Estella, que se sintió sorprendido por la actitud del público en general que no respondía a sus alardes de buen toreo, sobre todo con el caballo “Disparate” en sus ajustados abaniqueos con el cambio de apoyos y el temple del gran equino y el tordo “Donitelli” en sus piruetas. Me supo cómo a despedida del caballero que lleva cuarenta años actuando en esta plaza desde que se presentó de pantalón corto y en una precoz exhibición. Lástima porque e mí me gustaría ver debutar en Ejea y en su compañia a su hijo Guillermo, que ya lo ha hecho este año en México. A Juan José Padilla se le vio fuera de ambiente, sobre todo con el quinto toro de don Álvaro, bravo y noble, de enorme calidad cómo lo fue la corrida reciente de Bilbao, y Ginés Marín se mostró fácil e inspirado en un toreo que no llegó a la profundidad de otras oportunidades de más calado. La ganadería de “Torrestrella” es de dulce recuerdo en nuestra plaza porque aquí se dio una novillada de su hierro para la presentación de “El Juli” con la compañía de Jesús Millán y “El Renco” y en la que se cortaron once orejas y no sé cuántos rabos. Julián se fue de aquí a Madrid para debutar en Las Ventas y de allí a Nimes para tomar la alternativa. Y el domingo, 3 de septiembre, López Simón sustituyó a Cayetano, y, como este, (fea manía) se quitó las zapatillas. “La corrida del frío”, los toros de Bañuelos, dio oportunidades de triunfo a los tres diestros y fue Roca Rey el que las aprovechó a pleno rendimiento. Salió a hombros por la puerta grande después de cortar tres orejas y torear con el ritmo, la variedad, la ligazón y el sello al que nos tiene acostumbrados. Levantó al público de sus asientos. Los muchos “palos” recibidos no hacen mella en este peruano de hierro y plumas. Las plumas las de su templanza y suaves maneras. Hubo concurso de recortadores con anillas en versión aragonesa, nada de cortes por la espalda, y de roscaderos y, al final, pudo completarse una Feria digna de la gloria ganadera de Ejea de los Caballeros. En la entrada principal, a su izquierda, está grabado en el suelo el hierro de don Diego Bentura, memoria de otros tiempos ya lejanos, dos siglos y medio. En aragonés: no reblaremos.

Uno de los acontecimientos, triste, muy triste, de los últimos días ha sido la muerte de Dámaso González, torero de muchas vicisitudes que llegó al podio de los triunfadores de la mano de Camará. Pero antes hizo muchas capeas, muchos viajes en el tope de los trenes de mercancías, muchos sueños en los pajares y mucho compañerismo con los maletillas. José Luis Gran “Romito” me contó que cuando, por recomendación de Pedro Martínez  “Pedrés”, le probó don José Flores con una docena de vacas limpias y otras tantas toreadas y le dijo que al domingo siguiente toreaba con picadores en Barcelona le quedaban 50 pesetas, las entregó a él y a Campillo para aliviarles sus penurias y se marchó con las manos en los vacíos bolsillos. Estaba seguro de su triunfo. A la novillada de Barcelona me invitó Camará para que comprobara su acierto de apoderarle. “Tiene la mirada de Manolete. Esos no fallan”. Y no falló, no. “El Niño de la Leche” o “Curro Alba”, por aquello de ser albaceteño, se convirtió en “El Rey del Temple”. Don Damaso, sin acento. ¿Dámaso Alonso, el filósofo? No. ¿Dámaso Gómez, el torero de Madrid? Tampoco: Damaso, el de Albacete.      

viernes, 11 de agosto de 2017

JULIO, MES, TORERO


Lo primero que me sugirió el título de este nuevo intento de comunicación con mis amigos y puede que lectores, fue la persona de Julio Pérez “Vito”, TORERO por antonomasia. Andaba cómo torero, respiraba cómo torero, saludaba cómo torero, sonreía cómo torero. Esperabas que se plantara ante tu persona, levantara los brazos, te diera un abrazo y girase sobre la punta de sus pies y saliera andando con el garbo de un velero bien mecido por el viento de la amistad. Era siempre el TORERO. El mejor par de banderillas que vi, palabra de honor. Pero  quería hablar del pasado mes de julio y sus vicisitudes, pasado ya el amargo trago de la muerte de  un torero, gallego de origen y vasco de nacimiento, que se hizo matador de toros en los campos de La Alcarria y se ganó el aprecio del coso bilbaíno entrando a matar sin engaño alguno, cómo lo hacía el cordobés Antonio José Galán. Loor y memoria de Ivan Fandiño. André Viard, en el prólogo  del número 46 de su colección “Tierras Taurinas”, ha hecho un canto mitológico de las virtudes toreras y humanas de Fandiño  con el significativo título de “La muerte, sinónimo de vida”. Recomendado por su texto y por sus ilustraciones y por todo lo que viene después con la Camarga francesa cómo primer escenario.
Empezó este mes de julio con Roca Rey, herido en Badajoz al entrar a matar y partirse el estoque, circunstancia que se volvió a repetir en su reaparición en Pamplona, eje del calendario taurino “juliano” con otros sucesos importantes en diferentes plazas, cómo la actuación de Enrique Ponce en Teruel el día 8, con toros de Adolfo Martín, inusuales en los carteles en los que figura el de Chivas ( soy contrario al invento de palabras nuevas como las de “acartelar” o el “entreno”) , sumado en esta ocasión a los nombres de Curro Díaz y Morenito Aranda, compañeros de cartel el año pasado de Victor Barrio, festejo en el que murió como consecuencia de la cornada que le produjo un toro de “Los Maños”, oreja y oreja para el de Chivas y otras tantas para el  de Aranda. Morante de la Puebla y Cayetano salieron a hombros en Arévalo y Juan del Álamo triunfó en Lisboa.
Pamplona, diez días de rito continuo y repetido, inició su feria con una novillada que sirvió para confirmar las esperanzas toreras del venezolano Jesús Enrique Colombo, los rejoneadores al día siguiente, cohete en la plaza del Ayuntamiento y tarde gris para Hermoso de Mendoza, al que “mojó la oreja” su paisano y discípulo Roberto Armendáriz, que cortó cuatro orejas y salió a hombros. Día 7, San Fermín (“A San Fermín pedimos por ser nuestro patrón…¡Viva San Fermín! ¡Gora San Fermín!”), el encierro de Cebada Gago, el quinto toro se rompió el cuerno por la cepa y fue sustituido por un sobrero de Salvador García Cebada de 475 quilos, en contraste con el sexto titular que pesó 630 quilos, un buen toro que tuvo un pitón izquierdo de ensueño que no aprovechó el valenciano Román, al que le concedieron una oreja  del tercero. Se cantó la ranchera “Y sigo siendo el rey” y la canción-tuist de Conchita Velasco de “La Chica Ye-Ye”. Todos los días. Y todos los días las meriendas de bocadillos a barra entera de chorizo de Pamplona o chuletas de cordero y cazuelas de ajoarriero o cocochas de merluza, todo bien regado de clarete navarro, champán o grandes vasos de plástico repletos de ginebra y tónica, camisetas avinagradas, crestas de colores y narices, orejas y cejas perforadas por hierros y pendientes. Tatuajes a cuerpo entero. Todo un cuadro multicolor con uno de los patios de la plaza inundado por basuras de distinta índole que arrojan desde el tendido. Gran contraste entre sol y sombra y personalidad a ambos lados. Y como modelo sempiterno, el incombustible alcalde solanero - chaqué, pantalón a media pantorrilla y chistera de un par de reflejos -, que coloca al cuello de los triunfadores su correspondiente pañuelo rojo. Pero casi todos los días, 17 mil espectadores en el coso pamplonés.
El día 8, toros de José Escolar para Eugenio de Mora, Pepe Moral, torero de buen gusto, oreja en el quinto, y Gonzalo Caballero, herido en el glúteo izquierdo en el tercer toro. Acontecimiento triste el día 9 por la cogida de Pablo Saugar “Pirri” al poner el primer par de banderillas al toro de “El Puerto de San Lorenzo”, cornada en el vientre con salida del paquete intestinal, perforaciones varias y lesión de la uretra. Pudo darse el record del toro más rápido de la historia de los encierros con el castaño de “La Ventana del Puerto” que en Mercaderes se adelantó a sus parientes de “El Puerto”, les cogió una ventaja de doscientos metros y, al llegar a la entrada de la plaza, tropezó con dos corredores, se cayó y al final se unió a toda la manada. Este toro se llamaba “Huracán”, rama de Aldeanueva, personalidad de “El Raboso”, y esa fue su condición en la lidia  que le dio el extremeño José Garrido, que logró cortarle una oreja sin llegar a sacarle todo su jugo bravo. Paco Ureña obtuvo otra oreja del segundo de la tarde y Curro Díaz solo pudo apuntar su exquisita torería. Lo confieso: es  torero de mi gusto.
Nada que contar de la corrida de Fuente Ymbro, apoteosis con Puerta Grande de Cayetano en su presentación en la plaza dilecta de sus antecesores, padre, “Paquirri” y abuelo, don Antonio, oreja y oreja de los “Jandilla”, los mismos trofeos para Roca Rey, herido otra vez al entrar a matar y partirse la espada y salida a hombros hacia la enfermería con la vista puesta en el toro a ver si claudicaba con medio estoque en su cuerpo y tarde en blanco para Perera, que en primer lugar lidió un toro de “Vegahermosa”. Con la corrida de Victoriano del Río, Ginés Marín fue el único torero de a pie de toda la feria que cortó dos orejas a un toro, al sexto de “Toros de Cortés”. También el cuarto fue del mismo hierro. Castella cortó una oreja del primero y López Simón sendos trofeos de sus antagonistas cornúpetos. En Pamplona les gusta llamarles morlacos, término que a mí me suena a despectivo. En la corrida de Núñez del Cuvillo se dio otro hecho destacable en esta feria pamplonesa que ha tenido su riqueza anecdótica para bien y para mal. En esta ocasión fue para mejor pese a que su autor no resultase premiado con los trofeos merecidos aunque una vuelta al ruedo en estos tiempos se puede considerar  algo insólito. El peripatético diestro fue Antonio Ferrera. De siempre he repetido que los toreros de facultades suelen mejorar con la edad y con la disminución de sus impulsos físicos. Le ocurre también a Ferrera que ya no salta hasta tocarse la punta de las zapatillas con los dedos de la mano después de colocar un par de banderillas. Pero se acentúa ese sosiego con capote y muleta. El comienzo de su gran faena de muleta al cuarto “cuvillo” fue con un muletazo de cite muy original que yo llamarían “ferrerina” como en tiempos se llamó “pedresina” al invento de Pedrés, “del fusil” al de Chamaco, “el imposible” con final de “arrucina” al del mexicano Antonio Campos, “cambiado a muleta plegada” al de Antonio Bienvenida, “estatuario” al de Manolete, “el cartucho del pescao” al de Pepe Luis y “litrazo” al de Miguel Báez, de lado a lado de la plaza con la muleta en la mano izquierda en la espalda y girando el engaño 180 grados al llegar el toro a su jurisdicción. Ferrera se colocó en los medios con la muleta medio plegada sobre el pecho y en la mano izquierda, giró la muleta sobre su cabeza en una especie de afarolado mientras llegaba a su jurisdicción el de Núñez del Cuvillo para embarcarlo con  otro giro de su muñeca en un templado natural. Y luego… una completa faena. ¿La más completa de la feria? Pienso que sí. Recuerdo que hace muchos años a Juan Barranco Posada le concedieron las orejas en Madrid sin entrar a matar por sufrir una cogida. En esta ocasión la gente pidió esos trofeos. Concédalos usted, señor enchisterado presidente o acicalada presidenta, que no recuerdo a quién lo tocaba presidir esa corrida, en la que si fue premiado Talavante y en la que pasó sin ruido Ginés Marín, sustituto de Roca Rey. Mala y descastada corrida de Miura en la que  “Rafaelillo” obtuvo sendas orejas con su acostumbrado gesto de quitarse la chaquetilla aunque le empitonen por el muslo y también sendos trofeos para Javier Castaño y Rubén Pinar. Así se remataba la feria: 18 orejas en las corridas de toros y 4 salidas a hombros de Cayetano, López Simón, Ginés Marín y Rafaelillo.
Quedaba más de medio mes por delante. En Ceret, Alberto Aguilera consiguió que se le diera la vuelta al ruedo a un toro de José Escolar, en Lisboa triunfaban Manzanares y Hermoso de Mendoza y Curro Díaz en Las Navas del Marqués. El gitano de Linares resultaba herido en la región inguinal en el manchego lugar de Manzanares. En Valencia, el Manzanares torero salía a hombros el 21 de julio después de cortarle las orejas al quinto toro de la tarde, Ureña y López Simón a orejita de los de Algarra en la misma plaza, buena corrida de Cuadri con un trofeo para Rafaelillo y en la novillada de “Los Maños”, junto al Turia, oreja para el aragonés José Isiegas, que también recibió semejante premio en Las Ventas del Espíritu Santo. En Mont de Marsan, Juan Bautista con los toros de “La Quinta”.
Desde Santander se televisaron la novillada del día 24 para lucimiento de José Enrique Colombo y la corrida del día 25 con toros de la familia Matilla para el triunfo grande de José maría Manzanares, al que acompañó en la salida a hombros Alejandro Marcos que tomó la alternativa. Otra alternativa en Tudela, la de Javier Marín. ¿Pariente de Julián e Isidro Marín? Reapareció Roca Rey en tierras cántabras y se lucieron “El  Juli”, Perera, Fortés, Alvaro Lorenzo, Ponce y, sobre todo, Ginés Marín. Azpeitia tiene encanto y premio para Curro Díaz que actuó en las dos corridas y en ambas cortó oreja. Volvía el de Linares tras su cogida de Manzanares.

Cómo colofón de este relato, el día 27 de este mes de julio torero se celebró la que puede ser la última corrida tradicional – 6 toros 6 que serán picados, banderilleados y muertos a estoque - de las Islas Baleares con J. J. Padilla, “El Fandi”  y Castella. En el diario “El Mundo”  de este primer domingo del mes de agosto viene una entrevista con la presidenta del PSOE, en la que le preguntan si cree que se debería dictarse una ley estatal al estilo de las programadas para las Baleares: “No sé si hay una mayoría en el PSOE en contra de las corridas de toros. Lo que estoy segura es de que es sólo cuestión de tiempo que las corridas de toros desaparezcan”. Lo dice Cristina Narbona, hija de Paco Narbona, al que yo conocí hace más de sesenta años en la redacción de “El Ruedo”, en el que colaboró con asiduidad a lo largo de su existencia. Paco Narbona, que publicó varios libros taurinos, uno de ellos dedicado a mayor gloria de Juan Belmonte y que, cómo buena persona y amigo que era, me recomendó a la Asociación de la Prensa de Madrid para que durante una docena de años escribiera el resumen de la temporada taurina en España que se incluía en la publicación que editaba la Asociación madrileña con  motivo de la Corrida de la Prensa. Creo que Cristina Narbona acompañó a su padre a Roma, cuando fue destinado a nuestra Embajada en aquel lugar. Piensa doña Cristina que los cosos taurinos desaparecerán antes que los circos romanos, sobre todo el de Nimes. ¿O quedarán los franceses como muestra de las glorias hispanas que tanto lo complacían a don Francisco? Narbona, se entiende.

lunes, 3 de julio de 2017

LAS EMOCIONES DE UNA AFICIÓN SINGULAR


¿Cree usted, amigo mío (si no lo fuera no me leería), que la afición a los toros no es singular? Madrid, con sus más de treinta festejos diarios sin pausas ni descanso, nos lo demuestra. Setecientos mil asistentes. Dos semanas, las dos primeras y sin emociones elevadas, apuntalan esa singularidad y llega un día, el 25 de mayo, y los toros de Alcurrucén nos devuelven la esperanza. Esos toros y la confirmación de Ginés Marín, un torero nacido en Jerez y recriado en Extremadura y con el pellizco del duende que es lo que a mí me inspira: Pepe Luis, Curro, Paula, Morante … Me  gustan también los académicos: Domingo Ortega, Marcial, Armillita, Pepe Bienvenida, Luis Miguel, Gregorio Sánchez, Enrique Ponce … Los arrojados, la mayoría que llegaron o son figuras del toreo. Los orfebres del capote: Manolo Escudero, Mario Cabré, “El Calesero”, “El Boni”, Luis Parra, Alfonso Ordóñez, Fernando Cepeda, Chaves Flores, “Tito de San Bernardo”, “Bojilla” o Carretero. Los singulares: Antonio Bienvenida, Pepín Martín Vázquez, Lorenzo Garza, Rafael Ortega, Julio Aparicio, Manolo Vázquez,  César Girón, Manolo Dos Santos, Bernardó y Mondeño. Y los gitanos:  “Cagancho”, los “Gitanillo de Triana”, Albaicín, “El Caracol”, Juan Gálvez o Curro Díaz. El trío de Puerta, Camino y El Viti, el murciano Cascales, y los linarenses José Fuentes y Curro Vázquez, los tres de la cuadra de “El Pipo”. Dice Ventura Vagüés, en su obra “Historia de los Matadores de Toros”, “que están todos los que son; pero no son todos los que están”. Se refiere a que cita en esa obra a todos los toreros que tomaron la alternativa hasta junio de 1973 aunque algunos la recibieran sin perspectivas reales. Es cierto, ha habido muchos novilleros que tomaron la alternativa simplemente por la titulación, cómo yo me licencie en la carrera de Derecho y nunca ejercí la abogacía. Por eso he citado entre  los virtuosos del capote a toreros (diestros y subalternos) que, aunque no llegaron a destacar como matadores de toros o simplemente se quedaron en novilleros, sí dieron lecciones de toreo con el capote y se me permitirá que, como última pirueta de mis gustos artísticos, cite a “Miguelañez”, que encandilaba al público de Las Ventas con su toreo a una mano. Muchas veces me viene a la memoria el lance “a la cordobesa” que don Rafael Molina remataba con el capote sobre el hombro saliendo de la suerte. Yo creo que ahora hay unos cuantos diestros que serían capaces de emular el arte de “Lagartijo”: Uceda Leal, Miguel Ángel Perera, Julián López “El Juli”, Manzanares, Talavante, Cayetano Rivera o Roca Rey.
Allá por los años 50 del siglo pasado, cuando yo empecé a escribir en los periódicos, los sevillanos me hablaban de un torero, Antonio Gallardo, que era un fenómeno extraordinario con el capote. En su caso se le tenía que haber permitido no coger la muleta y rematar  la faena con la capa. Lo de matar ya era una cuestión muy complicada. No es el único caso. ¿Se fijaron ustedes como cogía Curro Romero las orejas que le entregaba el alguacil de Madrid o Sevilla? Con dos dedos y, en cuanto podía, se las entregaba a uno de los banderilleros que le acompañaban en la vuelta al rueda. Antonio Gallardo no llegó a tomar la alternativa y las únicas pruebas de su maravillosa verónicas, un par de fotografías, las vi en una taberna sevillana.
Estaba en Madrid, casi en la tercera semana de San Isidro. Pero llegó el tercer jueves del ciclo y se hizo de día. El pellizco de Ginés  Marín despertó a la afición y por la Puerta Grande lo zarandearon hasta su furgoneta. Una hombrera es el trofeo de los cofrades. Una reliquia. Luego vino Enrique Ponce con su lección magistral después de superar en número de toros lidiados y trofeos conseguidos a toda la larga lista de los que en el Mundo han sido toreros, mostrarse con una frescura y una técnica insuperables en dos faenas distintas porque distintos fueron sus dos toros y distintos son todos los toros. Quizá fue más profunda la del cuarto de Garci Grande porque el toro tenía más complicaciones que el que abrió plaza, pero en las dos la lección fue brillante y apropiada, factores que el de Chivas ha prodigado y prodiga en sus más de treinta años de profesional del toreo. Su dimensión se cuantificara cuando cuelgue en su armario el penúltimo traje de luces. ¿Qué es eso de que un torero pueda con todos los toros?
Y el quinto jueves (antes el jueves era día simpático, no había cole por la tarde y salían de paseo “las chicas de servir”) del pasado mes de mayo, también con toros de Alcurrucén, el triunfo de un torero que llevaba unas cuantas tardes en Madrid, que había cortado ocho orejas, pero que no había abierto todavía la Puerta Grande: Juan del Álamo. A este torero de Salamanca y, por tanto, muy puesto en la técnica lidiadora, yo lo recuerdo de su época de novillero y creo que una tarde en Santander. Pero no llegaba a explosionar con luces de todos los colores. Y su faena al tercero de Alcurrucen fue algo fantástico y la reacción del público madrileño unánime y perentoria: quería las dos orejas para el salmantino. El presidente se empecinó en su postura de no sacar el segundo pañuelo y en el sexto toro, toro con el que había de emplearse Juan a sangre y fuego,  en una lidia - lucha y con una eficacia poco brillante pero emocionante que convenció a los espectadores, que aprovecharon la ocasión para pedir la oreja negada que necesitaba el torero para franquear ese  portalón que lleva a la gloria. Fue una victoria del pueblo, democrática, porque, en los toros, los pañuelos son todos iguales y, en consecuencia, votos con el mismo valor. Juan del Álamo, estereotipo del torero ideal y clase templada en los campos charros.
No soy un fervoroso demócrata porque no creo que todos los hombres sean iguales y menos si se juntan con las mujeres. Y menos cuando nos gobiernan los partidos que todavía son de derechas e izquierdas, conservadores o liberales, anarquistas o revolucionarios. Y todavía en menor entidad cuando  someten a sus afiliados a la disciplina del voto. De la dictadura del hombre (en genérico) a la dictadura del partido (todos). “Otra vez el burro en las coles”.

MEMORIA

Temo que la noticia de toros salga en la portada de algunos periódicos o en los boletines informativos de radios y televisiones. Algo irreparable  ha sucedido en este nuestro mundo. Ocurrió hace unos días con la muerte de Iván Fandiño, vasco de nacimiento, apellido gallego y hecho torero en los campos de La Alcarria, en donde manda mi amigo José Luis Sedano, que fue a Madrid a vender queso y miel y se hizo novillero. Al cabo de los años tomó la alternativa en una playa del sur e invitó a sus amigos para que fueran testigos de su doctorado. Título y vuelta a la alforja. Se han cantado las virtudes de Fandiño, su lucha por destacar en la lidia de los toros, sus estocadas a lo Galán, el de Fuengirola nacido en la provincia de Córdoba…
Y ha muerto a los noventa años Gregorio Sánchez, toledano de Santa Olalla. Enjuto, fibroso, acero puro, valor de legionario y voluntad indomable. Se le recuerda por muchas cosas y sobre todo por esa corrida de Madrid a beneficio de los Auxilios Mutuos toreros  que lidió en solitario, cortó siete orejas y tardó, con vueltas al ruedo incluidas, cinco cuartos de hora, setenta y cinco minutos, en liquidar a los seis toros. Yo también lo recuerdo por una tarde en Zaragoza en la que cogió al caballo de su picador por las bridas y le obligó a picar otra vez aunque el presidente había cambiado el tercio. Luego se dejó coger para que don Carmelo no se lo llevara vestido de torero a la comisaría. ¿Quién manda en el ruedo? Todo un personaje. Don Gregorio, naturalmente. 

MUY PERSONAL

El que me conozca ya sabe de mi predilección por el lugar de Ejea de los Caballeros, cabeza de Las Cinco Villas de Aragón. También sabrá de las penurias toreras que padecemos en nuestra región, el jamón  entre los dos trozos de pan que son Cataluña y Vascongadas, y lo mucho que ha disminuido la actividad mayor torera aunque se mantengan los llamados festejos populares que fueron el sostén de la moderna corrida de toros diseñada a partir del toro bravo ejeano y la afición y el buen gusto goyesco. Corrida de la coronación de Carlos IV en la plaza Mayor de Madrid con toros de don Francisco Bentura y Pedro Romero, Joaquín Rodríguez “Costillares” y José Delgado “Pepe-Hillo”. 1789: Toma de la Bastilla, Revolución Francesa.
En la provincia de Zaragoza había ferias de entidad en Calatayud y Tarazona y novilladas en plazas de fábrica o de carros en Sos del Rey Católico, Tauste, Alagón, Zuera, Ricla, Cariñena, Illueca, Ateca, Ariza, Daroca y alguna más. En Huesca la actividad fue menor, casi circunscrita la actividad taurina  a la capital, a Barbastro y una plaza portátil en Jaca y en Teruel, quince plazas de toros y la capital presidida por “el torico”. Aquí, en Aragón, forjaron su futuro Diego Puerta, Paco Camino, Miguel Márquez, casi nada al aparato, y a Victoriano Valencia, en Sos del Rey Católico, al dar la vuelta al ruedo le regalaron un lomo de cerdo. Victoriano recuerda que, a menudo, su madre le preguntaba que cuando volvía a torear en Sos. Manuel Benítez “El Cordobés” le llamaba a Ejea “el pueblo del cura” porque en un novillo suyo, 1962, se lanzó al ruedo un espontáneo con sotana. Fue a partir de 1985 cuando  Ejea entró en el calendario taurino nacional y con dos figuras perennes universales, Enrique Ponce, pontífice máximo del toreo de a pie, y Pablo Hermoso de Mendoza, que hizo una exhibición de pantalón corto y de esta plaza pasó a la pantalla de televisión para demostrar que es el mejor torero de a caballo de todos los tiempos. Desde 1993 a 2008 fue continua la presencia de Ponce y Hermoso de Mendoza suma su veintinueve actuación en la Feria de este año.
El 27 de agosto, con toros de Antonio Bañuelos harén el paseíllo Alberto Álvarez, Cayetano, el torero con más solera, sobrino, hermano, hijo, nieto y biznieto de matadores de toros, y la gran novedad de la temporada, Andrés Roca Rey. El día 29 del mismo mes, toros de los Herederos de Luis Terrón para Pablo Hermoso, Andy Cartagena y el bilbilitano Mario Pérez Langa. El día 1 de septiembre, toros de Torrestrella (protagonistas del festejo más premiado de la historia de la plaza ejeana, 11 orejas y un rabo que se repartieron “El Renco”, “El Juli” y Jesús Millán el 5 de septiembre de 1998) para los populares y populosos Juan José Padilla y David Fandila “El Fandi” y el triunfador de la reciente Feria de San Isidro madrileña, Ginés Marín. Y cinco festejos más con recortadores con anillas, roscaderos, vaquillas y espectáculos de masas. Eso es lo que necesita la fiesta: mucha gente en la plaza. Una plaza cómoda y abierta, alegre y  bondadosa. Fiestas en Honor de la Virgen de la Oliva, patrona de Ejea de los Caballeros.

SENTIMENTAL

Siempre que hablo de Mario Cabré recuerdo a mi padre y la valiosa herencia que me dejó con la amistad de Mario Cabré. Su sobrino, Mario Gas, gente importante en el teatro y hombre-orquesta en la sinfonía teatral: lo hace todo. A Mario Gas le han hecho una entrevista en “EL SEMANAL” y le han preguntado por su madre, hermana de Cabré y casada con el bajo cantante Manuel Gas,  que además interpretó muchas películas, en especial, policíacas. ¿Cómo era su tío Mario ”el enamorado de Ava Gadner”:  “Sí, mi tío era una persona diferente a su imagen pública. Era muy culto, muy cariñoso, bondadoso y tierno. Cómo torero, Cossío le dedicó una página entera porque tenía una media verónica que pasó a la antología de los grandes pases”.
Bueno, la media verónica no es un pase, es un lance, y lo que marcó a Cabré no fue sólo la media verónica sino el quite entero que dio nombre a su pasodoble: “Manos bajas”. Y algunas cosas más, que por eso le motejaban de “polifacético” aunque tuviera una sola cara para  el amor y la amistad. Un catalán escribiendo poesía en español. Grande, grande …  

ESTRAMBOTE


No lo escribo en verso pero se lo merecía. Hablo del hecho ocurrido en la doliente Venezuela y el policía o militar Oscar Pérez, que voló en un autogiro y amenazó a Maduro. Hace muchos años, en los 50 del siglo pasado, cuando hice la mili en el campamento de “Robledo”, la montaña de “Mujer Muerta” y el llano “Amarillo, junto a “Villa Bragas” (Sección Femenina) de La Granja, estaba en mi compañía que mandaba el capitán Poeo, un Garrigues Walker, Joaquín, después ministro con Adolfo Suarez, nos contaba que iba a comprar un tanque para hacerle la guerra a Franco. Era una broma. Y lo de Venezuela parece que también. Lo bueno breve, dos veces bueno. En esta ocasión me he pasado. ¿Me quedará poco tiempo?    

lunes, 29 de mayo de 2017

EL CUADERNO DE BITÁCORA


Es asombrosa la capacidad y el conocimiento de Ignacio Álvarez Vara, más conocido por “Barquerito”. Digo lo de capacidad porque no se cansa de escribir y digo conocimiento por lo que nos  enseña a los que tenemos el privilegio de recibir sus crónicas en directo, en estos tiempos en los que tan difícil es encontrar en los diarios de España crónicas taurinas aunque las corridas relatadas y criticadas se lleven a cabo en plazas de primera, por ejemplo en Madrid o Sevilla, Valencia o Zaragoza de las que ya han abierto sus puertas a estas alturas de la temporada. Ignacio, además de soslayar ese tremendo hándicap que es el corto espacio de tiempo que hay entre el final de las corridas de hoy, pasan casi todas de las dos horas, y el cierre de los medios de difusión. Yo pienso que para enjuiciar un festejo hay que dormirlo y escribir al de siguiente, a la salida del Sol, con el olor de heno mojado y el canto repetitivo de los gorriones. Plácidamente, sin prisas, las prisas malas hasta para el amor (lo decía no sé quién y con verbo más contundente). Pero hoy en día la noticia es inmediata y deja de ser noticia cuando ya la han “tuiteado” todos los impacientes. Recuerdo que en mis tiempos de periodista siempre tratábamos de pisar las noticias a los demás y yo me apuraba en preguntarles a apoderados, empresarios y ganaderos las posibles combinaciones de los carteles de San Isidro. Alguna reconvención recibí del señor Jardón, don José María, en aquellos tiempos en los que la popularidad se le llevaba don Livinio, el inventor de la Feria más grande del Mundo. Don Nazario, don Niceto o don Alipio. Había un ganadero que se llamaba Abacuc, otro, Argimiro, y el miura salmantino, Graciliano. Salamanca, dorada al sol del verano y pulida al aire del invierno, era muy propensa a este tipo de nombres heredados. Aunque el hábito no hace al monje, el nombre puede condicionar al individuo. Un respeto por don Ignacio y su cuaderno de bitácora. Bitácora es el armario junto al timón del barco, donde se coloca la brújula. Estos días, “Barquerito” navega por las calles de Madrid. Luego el toro y, en su función, el torero. Temple, conocimiento, palabra justa y certera.

No todo es bello en este mundo taurino de nuestros pecados. Estamos de acuerdo que se puede hablar de todo y opinar conforme a nuestros gustos y afinidades. La cantada libertad de expresión siempre con la frontera de la educación y los buenos modos. Pero también con el plus de la oportunidad y la conveniencia. Me pareció que no era el momento conveniente para hacer un comentario contrario a la idoneidad y categoría de los carteles de San Isidro. Se está luchando por recuperar el favor de las gentes hacia la fiesta española y son muchos los enemigos a derrotar, últimamente hasta el deseo de algunos diputados podemitas para que se cambie el horario del único programa taurino de Televisión Española “Tendido O”, ahora en las 14 horas del sábado. Querrían llevarlo a las 3 de la madrugada para que no lo vean los niños.     

jueves, 25 de mayo de 2017

EL SILLÓN DE FELIPE II


No nací en Madrid, pero allá me llevaron con apenas unos meses de vida. Nací en Magallón, provincia de Zaragoza, villa de importancia lingüística puesto que allí quiso venir al mundo Lázaro Carreter, “el dardo de la palabra”. A mi padre, que se había licenciado en Filosofía y Letras, sección Historia, y que había preparado su doctorado en Madrid con Camón Aznar y Entrambasaguas, entre otros, le había destinado mi  abuela a su lugar natal, el mismo Magallón, en donde poseía tierras, bodega y prensa de aceite. Dos años de vida rural, aislados, como entonces se vivía en los pueblos, sin contacto con poetas, pintores, comediógrafos y escritores. No pudo más: se fue al Foro, ingresó en la Escuela de Periodismo de El Debate y nos llamó para que fuéramos a acompañarle. 1932. Mi hermana Gloria, un año mayor que yo, se quedó con los abuelos maternos en Ejea de los Caballeros y mi madre y yo nos trasladamos a la capital de España a bordo de un “amilcar” que tenía mi tío Mariano Félez,  pintor de cierto prestigio. Fuimos a vivir a la calle Modesto Lafuente y allí nacieron mis hermanas María Luisa y Caridad antes de que empezara la guerra. Tres años de ausencia entre San Sebastián y Ejea de los Caballeros y vuelta a Madrid en septiembre de 1939, a tiempo de asistir a la primera corrida de toros de mi vida: Las Ventas, confirmación de Manolete y Juanito Belmonte de manos de Marcial Lalanda y la presencia a caballo de don Juan Belmonte. Puede que yo sea el único superviviente de aquel acontecimiento. Hasta 1978, casi cuarenta de espectador en la plaza de toros del Nuevo Madrid.
Cuando vi a Don Juan Carlos sentarse en la delantera del Tendido Preferente, en uno de los sillones de piedra berroqueña, recordé las muchas ocasiones que en aquel lugar viví muchas tardes de toros en compañía de don Carlos de Larra “Curro Meloja”, crítico de Radio Madrid. Nuestras localidades estaban por encima de los sillones que en alguna ocasión ocupaba el general Millán Astray, el jefe de la Legión, al que le faltaban un brazo y un ojo. También acudía en días de poca concurrencia la hermana de “Antoñete”, casada con Parejo, el mayoral de la plaza que fue el que encauzó la reaparición de Chenel, cuando este le vio las orejas al lobo y dejó al margen sus veleidades juveniles. Aquellas localidades del Preferente, entre el tendido 2 y el 3, tenían un inconveniente para los exquisitos: olía a corral de vacas. A mí me gustaba aquel olor. Don  Carlos, bienvenidista de hueso colorado, tampoco se quejaba y cantaba con entusiasmo los éxitos de don Antonio, el torero más de Madrid aunque naciera en Caracas y se recriara en Sevilla. “El Ronquillo” preguntaba desde el otro lado de la plaza, en el 7: ¿Qué dirá esta noche “Curro Meloja”? Y don Carlos, descendiente de Mariano José de Larra, se complacía en el relato. En cierta ocasión me vestí de paje del Rey Melchor que representaba don Carlos en un reparto de juguetes que se celebró en el Círculo de Bellas Artes. Por entonces, 1951, ya me había iniciado en el periodismo taurino con las crónicas de las novilladas de Carabanchel, a casi veinte años del debut de mi padre en la misma plaza y en el mismo menester.
Mi amigo Ignacio Álvarez Vara, en el universo taurino que  Cañabate reducía a planeta, BARQUERITO, me decía hace unos días que Antonio Lorca le había regalado un ejemplar de su obra dedicada a Pepe Luis Vázquez y  escrita al alimón con Carlos Crivell, que en ella se me citaba a mí como Barico II, autor de una crónica de una corrida que se celebró en San Lorenzo del Escorial en ese año de mi debut, 1951, y en la que hablaba de la actuación del Rubio de San Bernardo. Lo de Sócrates lo dejo para los intelectuales aunque es posible que algo de socrático tuviera el mayor de los Vázquez en la forma serena y pacífica de vivir la vida en los ruedos y en su casa. Solo sé que no sé nada. Pepe Luis lo sabía todo del toro y le admiraban el resto de los toreros, sobre todo Manolete, con el que alternó ya de novillero en 1938, año de su presentación con picadores y en ciento y pico corridas. Decía el de Córdoba: “Si supiéramos de toros lo que sabe Pepe Luis no nos arrimaríamos a ninguno”. Hubo una anécdota no muy socrática cuando Pepe Luis, a la vuelta de Manolete de tierras de América, le invitó a torear una corrida de Miura en Sevilla. La respuesta socrática fue de Manolete: “Prefiero que me invite a unas gambas con un buen vino blanco”.
Veo las corridas de San Isidro por la parlanchina televisión y me sorprende el que de vez en cuando aparezcan en la pantalla unos números que corresponden a los tendidos de Las Ventas y unos letreros con la indicación del portón de cuadrillas, el arrastre o la puerta principal. En Madrid no necesito que me orienten y en el resto de las plazas, excepto Zaragoza, me da lo mismo porque ni por esas aprecio donde podía aposentarme. De Sevilla me recuerdan que los tendidos se suceden por un lado los pares y por otro los nones, la Puerta del Príncipe, el arrastre o las cuadrillas. ¿Sirve para algo esta información? ¿Ilustran a los aficionados los amplios parlamentos de los expertos? Siendo el arte del toreo más bien un sentimiento creo que lo importante es lo que uno percibe, que por desgracia – hablo por mí – en poco coincide con las sensaciones que transmiten una parte de los espectadores madrileños.
No han cambiado mucho esos espectadores y su ubicación en Las Ventas y hasta es posible que entre los actuales nos encontremos con un doble de “El Lupas” que en el circo pedía el castigo para los artistas y en su trabajo delinquía como un bellaco. “Justicia quiero y para mí no tengo”.
Dos cambios he notado respecto a mis ya lejanos tiempos de asiduo espectador ventero: el primero que el torilero ya no viste traje de luces y cumple su misión con el manido traje corto de los campesinos andaluces y en segundo lugar el caso del “chulo de banderillas”, que antes también se enfundaba en un traje de luces y ahora creo que no usa disfraz alguno. Son detalles sin importancia como el recibir a los toreros por la Puerta del Patio de Caballos para acudir a la capilla o a la salida de las cuadrillas y prestarse a docenas de esos llamados “selfis” que perpetúan el instante glorioso del ingreso del torero en el inquietante escenario de la lidia de los toros. Todo puede suceder.
Han cambiado muchas cosas más. Seguro que ya no está María Luisa que te colocaba en la solapa de tu chaqueta una preciosa azulina, el experto vendedor de libros taurinos o el presidente de la peña “El Puyazo” que llevaba uno de los bares de la planta baja, Cesar, el arenero pintor o el estudiante que se hizo monosabio, ni se reúnen los amigos frente a la entrada del Desolladero, ni se venden bombones helados en los tendidos ni en las entradas te advierten que durante la lidia no te puedes mover de tu localidad, había un repartidos expendedores que proveía de bebidas a los de las localidades bajas del 9 y el 10 y por las alturas se movían los más limitados que llevaban unos chalecos de cuero con el anuncio de Osborne, un departamento para los vasos y otro para la  botella de coñac que ofrecían entre toro y toro. Durante la lidia permanecían cerradas las puertas de los tenidos. Lo que no sé es como los que escalaban la fachada por los ladrillos salientes entraban después al tendido. En Madrid no servía ni el truco de la barra de hielo para el bar o el de la galleta tras la solapa de la chaqueta. ¿Y qué  haces luego con la galleta? Si tengo suerte me la como dentro y si no, me la como fuera. En una pequeña habitación fumaba habanos Manolo Cano y recibía a sus amistades, Juan Lamarca, Miguel Flores, el banderillero Pacorro, el de la imprenta, el sastre Fermín, ganaderos, apoderados o toreros retirados. Y lo controlaba todo.

UN CONSEJO.- Un gran cartel en Aranjuez el día 30 de mayo. Dos toros de Juan Pedro Domecq para Pepe Luis Vázquez, dos toros de Núñez del Cuvillo para Morante de la Puebla y dos de Garci-Grande para Julián López El Juli. Para  completar la jornada pueden comer en Casa Pablo  y saludar a su dueño, Pablo Guzmán, y darle recuerdos de mi parte. Y a Pablo Lozano, el empresario que organiza tal acontecimiento artístico. ¡Si yo tuviera veinte años menos …! Allí estaría, desde luego.      

domingo, 14 de mayo de 2017

NO PIERDO LA ESPERANDA


Muchas veces me acuerdo de don Manuel, del padre de los Bienvenida. Era un tipo curioso, simpático, conversador,  fabulador y enamoradizo. Por aquellos días en que le hice una amplia entrevista en su templo madrileño de General Mola vivía solo por cierta infidelidad a la que la esposa, doña Carmen, respondió con su ausencia de una docena de días en los que se fue a vivir a casa de su hijo Ángel Luis. Una joven y guapa cajera de la cafetería “Galatea”, en la esquina de General Mola con Alcalá, era el involuntario origen de aquella separación. Nuestra conversación tuvo matices de todos los colores, de la técnica en el toreo, de sus hijos, de la desgracia de su hijo Miguel, de la mala suerte de Manolo, de la maestría de Pepote, el mejor banderillero de los hermanos, de Ángel Luis y sus afanes aventureros, de su debilidad por Juanito y de la inconfundible Tauromaquia de la naturalidad escrita en sangre por don Antonio. Pocos años después, vueltas las aguas a su cauce matrimonial, don Manuel fue a ver a Antonio a la plaza de San Sebastián de los Reyes, septiembre de 1964. “Ya he visto torear, ya me puedo morir tranquilo”. Y se murió, se murió: el día 4 del inmediato mes de octubre. Once años después, el 7 de octubre de 1975, falleció su hijo Antonio como consecuencia de la voltereta que le propinó una utrera de Amelia Pérez Tabernero en la finca de El Escorial. Antonio Bienvenida era torero de Madrid y de su provincia, Las Ventas, Carabanchel, San Sebastián de los Reyes, Colmenar Viejo y Arganda del Rey, en donde se montaba una plaza de toros que cortaba la carretera y, entre novillo y novillo, se abrían las puertas para que continuaran viaje los vehículos retenidos durante la lidia del correspondiente utrero de ese festival que organizaba todos los años  la familia Bienvenida y que fue en el que “Manolete” puso un par de banderillas, el único de su carrera taurina del que se tiene constancia pública.
Y me acuerdo de “El Papa Negro” porque  en estos días he podido decir lo que afirmaba don Manuel: me puedo morir tranquilo, he visto torear. Y esta afirmación tiene su primer argumento en lo que Curro Díaz hizo en la plaza de Zaragoza el día 23 del pasado mes de abril. Antes había visto torear en el amplio sentido de la afirmación muchas veces. De chico y de joven, cuando con 19 años me inicié en la crónica taurina con el orgullo especial de haber asistido a una corrida en El Escorial con Pepe Luis, en tarde gloriosa en la que toreo por la mano izquierda con la muleta al revés, con los vuelos hacia dentro. A Pepín en la Beneficencia y su faena inmortalizada en la película de “Currito de la Cruz”, a Cagancho el día en que la princesa Soraya estuvo en la plaza de Madrid, Luis Miguel, al propio Antonio Bienvenida, Julio Aparicio, Manolo Vázquez que puso el toreo de frente, Rafael Ortega o Antonio Ordóñez, los desconocidos Aguado de Castro, Frasquito, Codeseda o Luis Alfonso Garcés, y los más conocidos Cesar Girón, Antoñete o Juan Silveti, los artistas, el hijo de Chicuelo, Curro Romero o Rafael de Paula, el triunvirato Puerta, Camino y El Viti y el senequismo elegante y personal de Mondeño, Juan García, el cuarto Mosquetero aunque naciera en Puerto Real, Cádiz.
Y no sigo porque va a perecer esta relación un listín telefónico de los toreros que me  han dicho algo. Muchos, por fortuna. Y mientras tanto lo he pensado bien y le he pedido a la Divina Providencia lo que le pedía Andrés Segovia hace unos años: que me deje aquí un ratico más porque, pese a los disgusto que me llevo puesto que  no veo claro el porvenir de mis hijos y de mis nietos, me encuentro muy a gusto. Había sido feliz con la confirmación artística del gitano linarense en Zaragoza. Tras la muerte de Manolete en la plaza de Linares, escenario de docena de elegías dedicadas al “monstruo” de Córdoba, en ese lugar nacieron, además del fugaz Víctor Quesada, José Fuentes, Sebastián Palomo y Curro Vázquez con  canciones del eterno Raphael. Buen programa.

De  Zaragoza pasamos a la Feria de Sevilla y allí también vimos torear pese a los muchos toros descastados que salieron por lo chiqueros. Cuando apareció la casta surgió un torero que confirmó mi teoría de que la edad es el buqué de los toreros y uno que, tras colocar los palos en los rubios del toro, daba un salto tocándose la punta de las zapatillas con los dedos de sus manos se asentó en el albero maestrante y lidió a un toro de Victorino Martín en la línea del maestro de Borox, sobre las piernas y con el preciso y precioso juego de sus brazos. Una completa labor desde el primer capotazo al último pase de muleta y una sincronía y un dominio impares. Mereció las orejas y el rabo que yo, en mi fuero interno, le concedo a Antonio Ferrera sin ningún atisbo de rubor. Aunque, en realidad, para mí los despojos no tienen significación artística. Otro torero que no ha cortado orejas ni ha dado una vuelta al ruedo ha sido Morante de la Puebla y, sin embargo, yo creo que ha estado en su sitio en los ocho toros que ha matado en la Feria abrileña consumada en la primera semana de mayo. Los cuatro toros de Nuñez del Cuvillo tan descastados como los otros cuatro de los otros ganaderos. Pero el de la Puebla demostró la amplitud de sus virtudes toreras, que es el torero enclavado en la orden de los artistas más largo de los que en el mundo han sido. En el toro que se despedía de esta Feria hasta puso banderillas para recordar a los incrédulos que no hay suerte torera que tenga secretos para su bien amueblada y engominada cabeza. Fueron tres pares de fácil ejecución y el detalle de un recorte para cortar el viaje del toro. ¡Torero! Más fácil defensa tiene Manzanares que posee la llave del éxito en su sentido barroco del toreo y en la consumación de la llamada “suerte suprema”. Fácil también el reseñar el éxito de Andrés Roca Rey porque torea con la misma verdad por delante y por la espalda y porque su valor está a prueba de balas. Es de pura ley. Y como glorioso colofón, la alegría del éxito del discípulo de Manolo Cortés en la corrida que cerró el ciclo sevillano. Sendas orejas de los toros de Miura que lidio Pepe Moral en esa tarde. ¿Cómo quieren que me vaya ahora? Hace años, Jesús Rodríguez “El Chato de Ronda”, un fotógrafo que siguió la estela del gran Arjona sevillano, le decía a la gente pesimista que el toreo no se acabaría mientras hubiera mujeres hispanas que trajeran al mundo muchachos capaces de vestir al traje de luces y crear arte en la lidia de los toros bravos. Esa es la esencia del toreo.      

domingo, 16 de abril de 2017

PICASSO Y THE BEATLESS



Son temas que me atraen: Goya, Hemingway, Teseo y el rapto de Europa, Picasso y el Guernica. Y siempre recuerdo lo que le dijo Dalí a su compañero al margen del famoso comienzo de su charla en el Ateneo de Madrid: “Picasso es un genio; yo también. Picasso es comunista; yo tampoco”. El ingenio daliniano no era discursivo. Era tajante, golpeador, como rayos que despedían sus engominados e inhiestos bigotes. Era un gran dibujante. Quizás el malagueño fuera mucho más grande. Por eso desdibujaba tan violentamente y el llamado y ochentón “Guernica” es un desdibujo apabullante, el toro, el caballo, el hijo muerto, las manos deformadas a lo Oswaldo Guayasamin, la bombilla y el quinqué, las bocas abiertas y las lenguas como puntas de lanzas, las cabezas proyectadas hacia el centro y la muerte adivinada en diversos signos, sobre todo en la calavera que hace de morro del caballo. Estaba en esos pensamientos cuando  leí en la contraportada de ABC una columna de Ignacio Ruiz-Quintano, amplísimo archivo de dichos y sus autores, en el que contaba que el amigo que abastecía a Picasso de percebes coruñeses de veinticinco uñas decía que “el Guernica es sólo una corrida de toros inspirada en la muerte de Sánchez Mejías”. Entonces se tranquilizó mi conciencia porque a mí este cuadro en blanco, grises y negros, me pareció feo y me vino a la memoria esa otra memoria  de Dalí y que apuntaba al principio, en la que le agradecía a su compañero el haber pintado y dibujado todo lo feo que había en este mundo. “Gracias, Pablo”. Lo cierto es que no acabó con el feísmo y todavía se han visto cosas más feas como obras de arte y muchas instalaciones como si fueran esculturas de García Condoy o Pablo Gargallo. O hasta Rodín y Miguel Angel.
En esa misma columna, Ruiz-Quintano  citaba al pintor Malevich y sus cuadros en negro total (ausencia de color), al que yo añado a Mark Rothko, rectángulos de todos los colores y uno solo blanco (conjunto de todos ellos) y mi recuerdo al actor José María Flotats, todo vestido de blanco, al que admiré en 1998 en la interpretación de la obra “Arte”, de Yasmina Reza, con el fondo albo de una tela sin mancha. Fue en el teatro Marquina de Madrid, cerca del café “Gijón”. Curioso que Rothko fuese de origen letón y que Malevich fuera ruso y creara el estilo  de pintura del “suprematismo” en plena revolución bolchevique. Más curioso todavía que las obras de arte de ambos haya que explicarlas y se conviertan en sentimientos de los que las contemplan. Si usted, espectador, no ve nada es porque le falta sensibilidad. El caso es que ante las Meninas, los fusilamientos del 3 de mayo en la Moncloa de Madrid o el entierro del Conde Orgaz siento un temblor interno sin que nadie me lo tenga que explicar.
Me pasa también con la música. En la COPE, uno de los habituales y pródigos tertulianos hablaba de los “The Beatles” y la mejor música que el locutor había escuchado en su vida. A mí me vinieron a la memoria Johann Sebastián Bach y Wolfgang Amadeus Mozart  y, por arrimar la sardina a mi ascua, las voces de Miguel Fleta y Plácido Domingo. Me pueden gustar unos y otros, pero, en cuanto a significación artística, no creo que puedan equipararse. Hay músicas de las que entiendo muy poco, flamenco y jazz, y me llenan de placidez cuando las escucho. El caso es que el que hablaba por la COPE recordó cuando los de Liverpool vinieron a España en julio de 1965 y actuaron en Madrid y Barcelona, en sus plazas de toros, y bajaron del avión en Barajas tocados por sendas monteras  toreras. Los Paul Mc Cartney, George Harrison, John Lennon y Ringo Starr hoy no lo harían por temor a las huestes anti-taurinas. Como Madonna no se metería en una chaquetilla bordada en oro, se tocaría con prenda torera y haría  un vídeo con diestro parlante Emilio Muñoz.
Son tantos los ejemplos que nos vinculan con el toro y su lidia que el propio John Lennon, antes de venir a España, publicó un libro, “Spaniard in the Works”, con una portada en la que aparecía con capa y sombrero andaluces. Y a alguien se le ocurrió que Manuel Benítez, en plena efervescencia cordobesista, se hiciera una fotografía con los británicos por aquello de que a estos se les conocía también por su peculiar peinado con frequillo y al torero algunos le llamaban “El Pelos”. Una amiga mía, María Pilar, una de las primeras críticas de toros (creo que sólo le precedió en esa actividad madame Cantier, directora de “Toros” de Nimes), le hizo al de Córdoba una entrevista iluminada con una foto en la que ella le peinaba sus largos y enmarañados cabellos. La foto buscada, la de “El Cordobés” con los “The Beatlees”,  no se pudo hacer porque el famoso cuarteto descansaba de sus ruidosas correrías.
Muchos años antes, 1923, “Papa Ernesto”, el Hemingway, famoso novelista y combatiente en la Primera Guerra Mundial¸ vino a España por recomendación de Gertrude Steín, a quién retrató en París, en 1906, Pablo Picasso. El novelista había visto toros en la frontera de México y Estados Unidos y la Stein le convenció para que viera toros en Madrid. Su primera corrida en la capital fue en mayo de ese año de 1923 y con un cartel en el que figuraban dos aragoneses,  Braulio Lausín “Gitanillo” y Nicanor Villalta y el sevillano “Chicuelo”. Después vendría toda su enorme obra,  su especial atención a los toros en  “Fiesta” con Cayetano “Niño de la Palma”, Pamplona y su peculiar modo de vivir los toros, lo que llevó a reconocerle como su gran divulgador y colocarlo a la entrada de los encierros en la plaza en bronce sobre piedra. “Muerte en la tarde” y “El verano sangriento” son otros dos relatos sobre la fiesta, el primero como amplio resumen de la historia del toreo y sus protagonistas y el segundo como minuciosa crónica del buscado encuentro en los ruedos de Luis Miguel y su cuñado Ordóñez. Lo malo fueron las primeras traducciones de ambos textos.
Todo ello contribuye a la supervivencia de la fiesta española, más española cuanto más internacional y, aunque ese tremendo cartel de propaganda que cumple ahora 80 años busque sus argumentos en un bombardeo, algunos expertos aseguren que el rabo del toro, a la izquierda del monumental cuadro, es una columna de humo de las explosiones, y que Goya era anti-taurino, me fío más de los argumentos en contrario. Comparan los “Desastres de la guerra” goyescos con su “Tauromaquia”, que no es tal tauromaquia sino un relato histórico y un recuerdo personal. De la afición a los toros de Goya tenemos pruebas escritas, amistades, actividades y recuerdos tangibles de esa su inclinación hasta su postrer estancia en Burdeos. Todo alrededor del de Fuendetodos nos lleva a resultados completamente opuestos a los afirmados por ciertas autoridades del conocimiento pictórico. El hombre siempre es el más importante

Para rematar está barroca faena quiero fijarme en un hecho prometedor: el Domingo de Ramos hubo en Madrid, Las Ventas,  casi 18 mil espectadores. Se lidiaban, es cierto, seis toros de Victorino, pero la terna de toreros no era de relumbrón. Tres cuartos de plaza. La publicidad ha sido insistente, eficaz y original. Páginas y páginas con las caricaturas de los Martín, padre e hijo. Ha respondido la gente. Buen tanto el que se ha apuntado Simón Casas. Para San Jorge, en Zaragoza también nos prepara el de Nimes un aceptable programa. Me gusta ver al gitano Curro Díez y el “sevillano” Ginés Marín en el mismo cartel. Supongo que la publicidad moverá conciencias. No queda más remedio que agitar a las masas en estos tiempos de atonía informativa. Y eso que en TV. E. al mediodía, nos ponen casi a diario al hijo de la Pantoja y “Paquirri”,  a su hermana, a Ortega Cano y su hijo, a Manuel Benítez y su hijo Manuel Díaz, ambos conocidos con el mismo seudónimo, a Bustamante y Bisbal. Estos dos como cantantes predilectos del medio. No sé cómo no se rebelan el resto de las mozas y mozos que se dedican al “bel canto”. Yo también quiero cantar en la televisión de España.