lunes, 17 de diciembre de 2018

DIEGO PUERTA, EL OLVIDADO, INOLVIDABLE




Por Benjamín Bentura Remacha 


Hace tiempo que tengo esa impresión. Es cierto que en los medios de comunicación actuales  no suele prodigarse el hablar de personajes de otros tiempos como no sea para airear trapos sucios o debilidades humanas. Pocas veces para hacer un elogio de la persona que fue. En ello estaba cuando descubrí que el último día de este noviembre pasado se cumplían los siete años de la muerte de Diego Puerta Dianez, no sé si en Camas o en su casa de Sevilla, ciudad donde nació, 1941, en la Puerta de  la Carne vecina del barrio de San Bernardo, en el camino del matadero, donde trabajaba su padre y lo que fue el primer escenario de los ensayos toreros de un hombre que no se mereció sólo el apelativo de “Diego Valor”. Me lo demuestra el argumento de un comentarista taurino tan prestigioso como es Ventura Bagües “Don Ventura”: “Y con tal brío defiende Diego Puerta su razón; tanta es su valentía y tanta su vergüenza profesional; es tan alegre su toreo, sin concesiones al mal gusto; tantas son las victorias que obtiene, que bien se le puede considerar como uno de los valores más positivos del toreo contemporáneo”.
Más de medio centenar de lesiones de diversa gravedad, una en Bilbao en el comienzo de su estreno como matador de toros que le afectó al hígado y una última en Zaragoza, tres días antes de despedirse de los ruedos en Sevilla. Una cornada en los testículos, con la que hizo el paseíllo en su tierra junto a su oponente natural y entrañable paisano, Paco Camino. 12 de octubre de 1974. Diez y seis temporadas a toda máquina y tardes gloriosas en Barcelona y Zaragoza en su etapa de novillero, éxitos arrolladores en Sevilla, toros de Miura, en Madrid, en la monumental de México en 1964, a la que tuve la suerte de asistir, en Pamplona, Valencia o San Sebastián. Siempre la entrega sin fronteras y el toque sevillano de la gracia y el salero de la chicuelina o el kikiriki.  Carrera rápida desde su primer traje de luces en Aracena en 1956, debut en Carabanchel y Barcelona, en Las Ventas madrileñas en mayo de 1958, con Emilio Redondo y “Miguelín”, y alternativa en Sevilla de manos de Luis Miguel Dominguín y el testimonio de Gregorio Sánchez el 29 de septiembre de ese mismo año (17 años tiene la criatura), con el toro “Zamborero” de Arellano. Las cogidas que sufrió en 1959 le impidieron aquel año confirmar la alternativa en Madrid y sumar solamente veintiocho festejos, pero al año siguiente y con su paso por Las Ventas el 20 de mayo, con doctorado confirmado por un paisano de nación  y línea torera, Manolo González, y la presencia del revolucionario “Chamaco”, toros de Bernabé Fernández, don Atanasio en la sombra, alcanzó la cifra de setenta festejos, cantidad de actuaciones a la que sumó en los años siguientes, con el medio centenar cada año en el lustro de su retirada y el  bagaje final, sin contar los festejos en América, de mil corridas de toros, en las que Diego, pese al brutal castigo, siempre estuvo ahí, en su sitio.
Mi recuerdo se traslada a la imagen de la pareja sevillana, Puerta y Camino, al empeño del de Camas de parecer más alto que Diego en las fotos, de puntillas, o de jugarle una trastada en el lugar segoviano de El Espinar al cambiar una corrida de Murube por otra de Santa Coloma. No era la que le iba al de la Puerta de la Carne, no. Ni a Tinín, el hermano de Faustino que tomó espada y muleta cuando a este le cortaron una pierna al herirse con un estoque. Pero Diego y Paco eran “la pareja”. Sevillanos los dos pero distintos. Se sumó a ellos el de Vitigudino y hubo  una corte celestial que podrían presidir Ordóñez, Bienvenida, Antoñete y puede que Mondeño, que le prestó elegancia y empaque al manoletismo de los años 50, a los que se añadía el estrambote de “los Peralta por delante” que no sumaba brillo al soneto bien rimado de la pareja, trío o cuarteto. Tal era la fuerza de Diego y Paco que una aficionada norteamericana que venía todos los años a seguir la temporada taurina, Alicia, profesora de español en su país, llevaba a las corridas dos banderolas dedicadas a sus toreros preferidos. Alguna diferencia tuvo con Paco y Alicia se borró del “caminismo” y dejó su enseña en  el trastero de su casa.
Fue una gran etapa del toreo. También es cierto que yo tenía cincuenta años menos. El caso es que recuerdo a Diego Puerta como una persona cabal y equilibrada, sin ningún tipo de jactancia por su categoría dentro de la  escala superior de la torería y siempre en su sitio, nunca en los medios informativos para otras noticias que las referidas a su línea profesional. Se casó con María García Carranza, de la familia de los “Algabeño”, un tío de su esposa, tito Carranza, fue su asesor económico, su mozo de espadas “Ramitos” y su chofer Tello eran dos dignos representantes del humor andaluz, “Almensilla”, su banderillero, espectacular con los palos y violento y recortado con el capote. Por entonces los más completos de los subalternos sevillanos eran Chaves Flores y “Tito de San Bernardo”. Diego se hizo ganadero de reses bravas en 1963, con la casta de los veragüeños de Juan Pedro Domecq, aunque él prefería lo de Murube de su amigo Antonio Méndez, otro “puertista” de hueso colorado. Hizo también ganaderos a sus hijos con la misma procedencia y hasta ensayos de empresario taurino en la plaza de Castellón.
Cuando se presentó como novillero en Carabanchel, algunos comentaristas capitalinos evocaron la imagen de los “seises” de la catedral sevillana, unos niños que, vestidos de sedas y encajes,  bailan ante el Santísimo en la octava del Corpus, la Inmaculada y el triduo de Carnaval. Diego mantuvo ese su aspecto juvenil, pero era un hombre de hierro, una voluntad inquebrantable que no se vio afectada por sus casi sesenta episodios sangrientos que la afectaron al hígado, los intestinos, testículos, venas, arterias, huesos y músculos. Siempre en su sitio. Siempre con la verdad y la gracia frente a la cara del toro.     


miércoles, 28 de noviembre de 2018

CARTAS AL DIRECTOR



La escribe BENJAMÍN BENTURA REMACHA

Hace unos meses quede en entredicho por una corta polémica en la que yo trataba de distinguir entre dos posturas, una la de negarse a matar un toro y otra no poder acabar con él y que te lo echen al corral. El protagonista era Curro Romero y el autor Ruiz- Quintano, el columnista de la contraportada de ABC, que decía que Curro se había negado a matar su toro en 1987, el 17 de julio, en tarde en la que alternó con “Antoñete” y Rafael de Paula. Yo decía que había sido muchos años antes, en San Isidro y con Rafael Ortega y Sánchez Bejarano en el cartel. No me permitieron el remate y Ruiz- Quintano quedó como mucho más sabio que el menda. Y seguro que así es. Pero el director de ABC no es rencoroso y me ha aceptado otro debate a campo abierto porque el pasado día 20 de este mes de noviembre leí en sus páginas un artículo de Santiago Arauz de Robles – ganadería brava por tierras de Andújar – y a la primera lectura me quedé a cuadros. “La vida de Manolete estuvo marcada por dos mujeres, su madre doña Angustias y Lupe Sino, vedette mexicana”. “Dos mujeres, pues: pero no fue el iniciador de mee too”. No sé qué quiere decir con esto el señor Arauz. En mi diccionario de inglés dice que “mee too” significa “yo también”. Tampoco me explico de donde se ha sacado que Lupe Sino (Antonia Bronchano o Bronchalo) (*) era mexicana y vedette. Estaba muy vinculada con el pueblo de Fuentelencina, en La Alcarria de la Guadalajara española y es famoso el reportaje fotográfico de la pareja disfrutando del lugar, “Manolete” sin camisa y Lupe en traje de baño, con trenzas y a lomos de un jumento. Fuentelencina es un pueblo muy taurino en una comarca cercana al pantano de Buendía, con otros dos pueblos como Alhondiga y Peñalver que le disputan a Fuentelencina el taurinismo, su popular suelta de toros en el campo y su recuerdo a “Manolete” y Fandiño, el vasco-gallego más torero por La Alcarria que por su Vizcaya de nacimiento. De estas tierras recuerdo a José Luis Sedano, al que conocí en la entrada al metro de la estación de Sevilla, en la playa madrileña de “La Tropical”, cuando vino a hacer su incursión en la novillería  y con unas alforjas en las que llevaba quesos y miel para vender a domicilio. Al final tomó una alternativa por la Costa del Sol e invitó a sus amigos a unas buenas vacaciones, entre ellos al banderillero aragonés, José Luis Gran “Romito”.
Más cosas del artículo del señor Araúz de Robles. Dice ,que “en la alternativa de “Manolete” fue padrino Lalanda, que luego sería gobernador (¿o Mazzantini?) “. Sí, don Santiago, lo fue Mazzantini. Pero el padrino de la alternativa de “Manolete” en Sevilla fue Manuel Jiménez “Chicuelo” y el testigo, “Gitanillo de Triana”. El testigo Belmonte hijo y el padrino Marcial, meses después de 1939, lo fueron en la confirmación madrileña, corrida en la que también participó Belmonte padre a caballo.
Cita a José Tomás como émulo del de Córdoba y novio de la muerte por filosofía  y “Manolete” lo fue por fidelidad. Bueno ¿y qué? Lo de Tomás, una vez al año, no parece que sea un noviazgo filosófico. Más bien es un suspiro. Cita la anécdota no confirmada de que Manuel Rodríguez se negó a torear en la México si no quitaban la bandera de la República española y colocaban la tricolor. Yo estuve en México hace más de 50 años y nadie me aseguró que así ocurriera. Al revés, me dijeron que tuvo el apoyo de la mayoría de los exiliados y algún contacto a alto nivel. De “Manolete” y de su conducta se han contado verdaderas barbaridades. La de la plaza de Badajoz, por ejemplo, que no me atrevo a relatar. Imposible. Últimamente he leído que fueron los fascistas los que acabaron con su vida en Linares con un plasma envenenado para que su fortuna no fuera a parar a manos de su “pareja de hecho”. Cosas veredes, mío Cid, que harán falar a las pedras.
Y apunta Arauz de Robles que nadie escribió algo semejante al “Llanto  por la muerte de Ignacio Sánchez Mejías”. Naturalmente: se considera tal obra como la mejor elegía de la poesía del siglo XX y García Lorca en 1947 ya no estaba en este mundo. Pero entre los centenares de poetas que han dedicado y dedican sus versos a Manuel Rodríguez se puede citar a Gerardo Diego, Afredo Marqueríe, José María Pemán, Entrambasaguas, Agustín de Foxá y una preciosa publicación de Mario Cabré. Quizá sea “Manolete” el personaje a quién más poetas han cantado.
Luego hay otra afirmación. Tras su muerte en Linares vinieron las “corridas-show”: Luis Miguel-Ava Gadner, Hemingway-Ordóñez y Dominique Lapierre-El Cordobés. ¿Qué quiere decir con esto el señor Arauz de Robles? Como lo de que “Manolete” estaba en manos de un empresario incipiente, “Camará”, su apoderado. Demasiadas afirmaciones soltadas así, cómo quién no dice nada. Y, sin embargo, la corrida sigue siendo algo muy serio, no sólo un espectáculo.
(*) Parece que Antonia Bronchano nació en Sayatón, Guadalajara , que se casó con un comisario en zona roja en 1937, matrimonio no valido tras el final de la guerra civil, que su ilusión era trabajar en el cine, participó en cuatro películas, la última de ellas en 1950 en México, en donde se contrajo matrimonio con un mexicano que también se llamaba Manuel Rodríguez aunque era conocido como “Chipiro Rodríguez”. Ello ha podido significar que Arauz de Robles, en su condición de abogado, considerara que tuviera la nacionalidad mexicana puesto que por entonces en España la mujer al casarse adquiría la nacionalidad del marido. No creo qué tal norma estuviera vigente al otro lado del Atlántico. Sí que la guapa y encantadora Antoñita se divorció y regresó a España, a vivir en Madrid, en la privilegiada zona de la calle del Pintor Rosales, en donde murió el 13 de septiembre de 1959 de un derrame cerebral. B.B.R.  

domingo, 25 de noviembre de 2018

VIEJAS MEMORIAS


de BENJAMÍN BENTURA REMACHA



Nací cerca del Ebro y al cobijo del Moncayo, que no es como se dice, padre del cierzo. Nací en Magallón, tierra blanca de Aragón, vino con muchos grados, olivos y botijos de buen barro. Naturalmente, mi padre y yo tenemos el mismo antecedente que justifica nuestra dedicación a la crónica taurina: el padre de mi tatarabuelo, que era ganadero de reses bravas en el siglo XVIII en el lugar de Ejea de los Caballeros, una de las 5 villas de Aragón, don Diego Bentura, ganadero que se prodigó en las plazas de Madrid, Zaragoza en su inauguración y Pamplona cuando se daban las corridas en la Plaza del Castillo. Su hermano Francisco tuvo el honor de ser el ganadero elegido para la corrida extraordinaria que se celebró en la Plaza Mayor de Madrid en septiembre de 1789 con motivo de la Coronación de Carlos IV y en la que actuaron Pedro Romero, “Costillares” y “Pepe-Hillo”, festejo para el que se designó como asesor artístico a don Francisco Goya, por lo que resulta menos casual que  se  designara para tal acontecimiento a un ganadero aragonés.
Otra coincidencia con mi padre, esta menos frecuente, es que ambos nos iniciamos en este quehacer de escritores de toros, dentro de la profesión de periodista, en la plaza de Carabanchel. Mi padre el 21 de marzo de 1933 en el diario “El Debate” y yo el 7 de junio de 1951 en la revista “El Ruedo”. Ese día de hace ya casi 70 años se reabrió la plaza llamada “La Chata” ya en manos de la familia Dominguín y se lidiaron novillos del duque de Tovar por parte del peruano Rafael Santa Cruz, al que apoderaban los Dominguín, José Suarez “Gitanillo de México” y Ramón Solano “Solanito” en sus primeros pasos como novillero con picadores. El limeño Santa Cruz resultó cogido de gravedad y “Solanito” cortó una oreja. Ambos tomaron la alternativa, el de Lima al año siguiente en la plaza barcelonesa de Las Arenas y de manos de Luis Miguel Dominguín, y el de Madrid en Marsella, de manos de Manolo Vázquez en 1956 y, aunque la volvió a tomar en Madrid en 1958, decidió pronto  vestirse de plata, menester en el que destacó por su eficacia y sobriedad. Luis Miguel también le dio la alternativa a un torero mexicano, Eduardo Vargas, que hizo el paseíllo en las dos novilladas siguientes de las que me correspondió hacer la crónica. Repitió “Solanito” y debutó “Limeño”, José Martínez Ahumado, de Sanlúcar de Barrameda, muy en los comienzos de su carrera puesto que no se hizo matador de toros hasta junio de 1960, en Sevilla y con Jaime Ostos y Curro Romero en el cartel del día del Corpus.
Hubo en aquella temporada de mis inicios en la crítica taurina una veintena de oportunidades y algún diestro más que alcanzó el doctorado, el venezolano “Joselito Torres”, alternativa en Zaragoza en 1952  de manos de Rafael Ortega y con la compañía de Antonio Ordóñez y Juan Posada, y Facundo Rojas, natural de Pedro Abad, en la provincia de Córdoba, en cuya capital recibió los trastos de matar de manos de Gitanillo de Tríana y en presencia de Enrique Vera.
Recuerdo que debuté en Las Ventas en septiembre de aquel mismo año y con una novillada de Isaías y Tulio Vázquez que mataron como pudieron Guillermo Guerrero “Guerrerito”, Manuel García “Espartero”, aragonés , y Antonio Duarte, estos dos últimos pasaron pronto a engrosar las filas subalternas. Y cerré mi primera temporada carabanchelera como cronista con una corrida mixta en la que actuaron el rejoneador Pareja Obregón con un novillo de Sánchez Arjona, el portugués Antonio Augustos con un novillo de Félix Gómez, al que, tras una serie de saltos, recortes y coleos, descabelló  con una especie de llave que le hizo al novillo con las piernas, y la alternativa que Bonifacio García “Yoni” otorgó a Moreno Reina, madrileño y pronto banderillero y distribuidor de un invento llamado “cortipelo”, un peine con una hoja de afeitar, eficaz y casero remedo del corte de pelo a navaja.
 Por aquellas novilladas pasaron también otros personajes del mundo de los toros como Braulio Lausín, el hijo de Gitanillo de Ricla, Juan de la Palma, hijo de Cayetano y hermano de Antonio, Manolo Cano, luego buen banderillero que puso una tienda de calzado infantil en el Parque de las Avenidas, el sevillano Fernando Jiménez, con pellizco pero sin fuelle, José Escudero, hermano de Manolo, el de Embajadores, Ramón Barrera, Pedrín Moreno y lo que “Don Indalecio” llamaba fritadas, un seis para seis, en las que alternaron aspirantes de España, Francia, Portugal, Venezuela y Japón.
Para rematar aquella mi primera temporada le hice una entrevista de dos páginas a Mario Cabré y sus variadas actuaciones al margen de los ruedos, otra a Rafael Vega de los Reyes en su colmado “La Pañoleta” de la calle Jardines y en compañía de su suegra, Pastora Imperio, a Juan Posada tras su temporada como novillero y camino de tomar la alternativa al año siguiente en Madrid, a Manolo Escudero, en su casa frente a la estación de Atocha y a Paquito Muñoz, el de Paracuellos, de  boyante carrera hasta ese año en el que sólo sumo 25 festejos.  Una cornada en Barcelona y la pareja Litri-Aparicio le cortaron sus alas. Se casó con una hermana de Higinio Luis Severino y tuvo una muerte violenta en las orillas del Tajo.
Seguí mi colaboración en “El Ruedo” durante toda esa década de los 50. De esos años recuerdo un tema por el que luche largo tiempo: el lugar de nacimiento de Antonio Ebassun, el “Martincho”, al que le puso cara “don Francisco el de los toros”. La pelea fue ardua y prolongada porque vasquistas y navarristas querían que el torero de Goya fuera vasco o navarro. Por esto último se inclinó tozudamente Luis del Campo hasta que Cossío y Baleztena, “Premín de Iruña”, se decantaron por Ejea de los Caballeros. Por suerte, yo me encontré con el acta de matrimonio en el archivo de la iglesia de El Salvador del llamado Antonio Ebassun y conocido por “Martincho”, apelativo que usaba su padre, también dedicado a los menesteres taurinos. Y en ese acta figuraba como natural de Farasdués, a 14 kilómetros de la que es hoy cabeza de Las Cinco Villas”. Esto lo publiqué en 1953 en “El Ruedo”, aunque hasta 1991 no vio la luz el trabajo del sacerdote donostiarra Felipe García Dueñas, en el que se confirma el lugar de nacimiento del primero de los toreros de nuestra Moderna Tauromaquia ya con cara, gracias a Goya, y biografía, gracias al cura de San Sebastián. Y yo descansé.
Otro tema que me preocupó fue el del libro “Matador” del norteamericano Barnaby Conrad que hacía de la figura de “Manolete” una piltrafa humana. Y lo malo no fue sólo el libro, sino que, muchos años después, sirvió de base para la nefasta película de Penélope Cruz. Menos mal que José Vicente Puente lo hizo “Arcángel”. Y cien o mil poetas cantaron las virtudes del último “Califa” de la dinastía senequista. Hasta San Juan de la Cruz le habría cantado: “En una noche escura/en ansias de amores inflamada/ oh dichosa ventura/salí sin ser notada/ están ya mi casa sosegada”.
Muchas cosas más en esa década y una historia de la Tauromaquia mexicana que hace unas fechas me elogió un investigador de aquellas tierras. En 1964 tuve la suerte de pasar unos cuantos meses en México y cultivar mis anhelos con otros abonos, semillas y aguas. Buena cosecha. Amplié mis horizontes.
En los 60 del siglo pasado me decidí a fundar “Fiesta Española” porque había llegado a “El Ruedo” Abad Ojuel y porque en muchos de los medios de información de entonces había que pagar el espacio para poder hablar o escribir del tema. Eran los restos del “sobre” propiciado por algunas empresas y cultivado por algunos escritores que tenían que peregrinar la temporada entera para sobrevivir. Luego se inventaron los conciertos financieros que engrosaron la fortuna de unos pocos. Siete años de “Fiesta” en pelea desigual contra la Iglesia, “Dígame”, y el Movimiento, “El Ruedo”, y, cuando ya no pude más, cerré el quiosco y me coloqué en “El Alcazar” de chico para todo puesto que en esta etapa hice crítica taurina, reportajes, secuestros de la ETA, diagramación, platina y cierre. Fui jefe de la sección de Nacional y resultó esta etapa la más periodística de mi carrera como tal. Llegó “El Chino”, me mando al archivo y yo me fui a Zaragoza como redactor-jefe de “Aragón exprés”. Algo más de un año, elecciones a los ayuntamientos, 1979, yo que me presento, dirijo el Gabinete de Información de la DPZ, hago las oposiciones y en 1996, a la fuerza, mi jubilación. Buena etapa con colaboraciones en “Hoja del Lunes”, “Diario 16”, “El Día”, diversas publicaciones como “Casta Brava Aragonesa”, “Amores y desamores toreros”, “El regreso a Zaragoza de don Francisco el de los toros”, la plaza de toros de Zaragoza y la de Ejea, catálogos de diversas exposiciones de las que fui comisario, colaboración en el anuario de la Asociación de la Prensa de Madrid, en la Agenda Taurina de Vidal Pérez Herrero, folletos de las Feria Taurinas del Pilar y muchos otros trabajos sobre estudios taurinos. He escrito mucho. Últimamente me ha abierto sus brazos José Luis Ramón en 6TOROS6 y así, pese a todos mis achaques y defectos, puedo decir que soy un emérito en activo. Y un ratico más, Dios mío, que estoy muy a gusto.    

miércoles, 31 de octubre de 2018

A VISTA DE PÁJARO





PANORÁMICA DE UNA FERIA DEL PILAR SORPRENDENTE

Por BENJAMÍN BENTURA REMACHA

Han pasado unos cuantos días desde que la calle zaragozana de Pignatelli, al costado del coso taurino de don  Ramón, se quedó vacía de gente y sembrada de vasos de plástico y papeles manchados de aceite de la freidora de churros. Todavía resonaban en el ambiente las voces del pueblo en honor del héroe elegido: ”Illa, illa, illa, Padilla maravilla”. El pueblo siempre tiene razón aunque se equivoque. A pie se había ido de la hirviente caldera neo-mudéjar y retumbante su cubierta de teflón por las palabras del jerezano, otro torero, extremeño él, sin decir media palabra. A los pocos minutos repiquetearon los modernos medios de comunicación para anunciarnos que Alejandro Talavante también se desprendía de la castañeta que simboliza la trenzada coleta de los tiempos en que los toreros se dejaban crecer el pelo por la nuca, cómo ahora hacen los populistas. Nada nuevo bajo el Sol.
Talavante traía en su alma el disgusto del invento otoñal y madrileño del bombo de los carteles y Zaragoza le ofrecía el desquite que saborearon los paladares exquisitos que perciben los impagables matices de esas exquisiteces. Porque Talavante no es torero de planes o destajos. Es torero por sentimientos e inspiraciones. Estuvo inspirado con sus dos toros de Núñez del Cubillo, en tarde en la que el ganadero gaditano de los Pueblos Blancos cerró la Feria del Pilar con una corrida sensacional y  el broche de platino con brillantes y rubíes del cuarto de la tarde, “Tortolito”, el del adiós hispano de Juan José Padilla. Talavante cortó una oreja en el tercero y pudo hacerlo por partida doble en el sexto, pero cuatro golpes de verduguillo evaporaron tan justo remate. Cuatro golpes de verduguillo que despertaron los resquemores de don Alejandro el Grande, si no es que sufre alguna descompensación de la presión emocional por razones de índole profesional. José Mari Manzanares, otro de los que hubiera salido a hombros por la Puerta Grande si el presidente hubiera accedido a la petición del público en el segundo toro de la tarde. Oreja  y oreja y salida a pie para dejar el disfrute enloquecido en las manos del despechugado pirata que siempre se desabrochaba el torero chaleco en el final de sus actuaciones, cómo hay toreros que habitualmente se descalzan, con lo que una cosa y otra significan: un desdoro importante de  la necesaria elegancia del arte de torear.
Julián López “El Juli” cortó dos orejas – una del toro de Núñez del Cuvillo y otra del primer sobrero del de “El Pilar” – y pudo hacerlo en la lidia del santacolomeño de “Los Maños” y por partida doble en el quinto de “Garcigrande”. En aquel pinchó cinco veces antes de lograr la estocada y en este dos veces antes de descabellar al cuarto intento. Solo por esta circunstancia del fallo estoqueador de un torero que, aunque no pasa por ortodoxo matador, sí se le considera certero, cómo lo demostró cuando menos falta le hacía, en los dos últimos toros de la tarde. Hubo otra circunstancia determinante, la de que el primer toro de la tarde, de “Garcigrande”, se partiera un pitón al derrotar en un burladero y fuera devuelto a los corrales y lo mismo ocurriera con  el de “Parladé” lesionado en la pata izquierda, sustituidos ambos por los sobreros de “El Pilar” y que no entrara en liza el anunciado de “Alcurrucén”, que dicen no pasó el reconocimiento veterinario. Corrida goyesca, quites variados con los más distinguidos de las “lopecinas” en el tercero y “chicuelinas” en el sexto y cuatro faenas dignas de premio dan el balance positivo que no pudo contabilizar el de Velilla de San Antonio por el mencionado defectuoso manejo del estoque. Nunca le echo la culpa a la espada.
Y la moviola en su repaso retrospectivo nos lleva al día de la Virgen, fiesta de la Hispanidad y la banda de música de Ejea de los Caballeros, que había hecho el despejo del ruedo a los sones del pasodoble “La Gracia de Dios”, antes de romper filas el paseíllo torero iniciaron los sones del Himno Nacional, que el público que casi llenaba la plaza acompañó con ovaciones prolongadas a una que se dedicó a dos aficionados catalanes que desplegaron carteles con alusiones a su condición torera. En el primer toro de “Puerto de San Lorenzo” se pidió la oreja para premiar la labor de Enrique Ponce. No accedió la presidencia que en el sexto toro, con idéntica intensidad rogatoria pidió el trofeo para Miguel Ángel Perera y se le concedió. Llovía sobre mojado. El cuarto era un manso sin aparente peligro, pero con unos deseos irrefrenables de huir, de marcharse de las suertes y no quererse someter al mando de la muleta de seda y acero del de Chiva. Ahí estuvo el quid de la cuestión, en buscarle las vueltas a “Garavitillo”, ligar y, al final, ampararse en las tablas y la querencia para  terminar con el personal colofón de las poncinas llenas de flexibilidad, armonía y dominio de la situación. Estocada. El presidente dijo que algo trasera. ¿Suficiente argumento para negar lo que la plaza pedía con rotundidad? Cosa parecida la ocurrió a Ferrera con los toros de Adolfo Martín. Tengo una duda: ¿fue esta la mejor corrida que ha lidiado este año el ganadero de Galapagar trasladado como su fraterno Victorino a tierras extremeñas? No lo sé. Pero ¿hubiera lucido en otras manos como lo hizo las de Antonio Ferrera? No es el primer caso de un torero que empieza su carrera revoltoso y áspero y luego se asienta y aseda su conducta. Con sus dos “adolfos” estuvo magistral e inspirado con capote y muleta y no se le concedieron las dos orejas que se pidieron en su primero y la solitaria con la que el público quería valorar su segunda lección torera. Perera no se encontró con ninguno de sus dos toros y Paul Abadía “Serranito”, de Zaragoza y  ocupando el puesto de Fortes, se desinfló con el tercero de la tarde y con el sexto se esfumaron sus ilusiones.
Con la corrida de los Matilla (García Jiménez, Olga Jiménez y “Peña de Francia”) del día 10 se completó el fundamento de esta Feria del Pilar. De ese miércoles al domingo, 14 de octubre, cinco corridas de toros con interesantes divisas y toreros de primera fila. Sendas orejas para “El Fandi” y López Simón, con petición de una más para el de Granada que así hubiera salido a hombros por la Puerta Grande, la ya referida gran actuación de Antonio Ferrera en la de Adolfo Martín, premio de una oreja y petición pública de otra más, lo que habría supuesto una nueva salida a hombros, extraordinario el “viejo” Ponce con sus dos toros de Puerto de San Lorenzo, uno correcto y otro muy manso que sólo quería huir, se le pidió una oreja del primero y una más de la concedida en el cuarto, otra salida a hombros, mala suerte la de Julián López “El Juli” por la lesión del toro  primero de “Garcigrande” que se partió un pitón al derrotar en un burladero y del sexto de “Parladé” que se lastimó la pata izquierda. El de Velilla de San Antonio cortó sendas orejas del primero y del tercero pero no acertó con el segundo de “Los Maños” y el cuarto de “Puerto de San Lorenzo. Lo repito para que quede más claro. En este hubiera caído el doblete peludo que abre el portón de los triunfos tras el paseo a hombros por el ruedo y la salida bajó la escultura de don Francisco de Goya, que está ahí aunque se le note poco. Y en la última corrida, la esperada salida a hombros del Pirata del parche en el ojo y el pañuelo a la cabeza y la posible de José María Manzanares, para el que se pidió el segundo trofeo del segundo toro de la buena corrida de Núñez del Cuvillo.
Se cortaron 25 orejas, hubo una petición de rabo para Diego Ventura, salieron a hombros cuatro toreros, el novillero Adrián Salenc, el torero de a caballo Diego Ventura y los matadores de toros Álvaro Lorenzo, que me han dicho que vuelve a la casa de los Lozano, y Juan José Padilla. Pudieron hacerlo también Alberto Álvarez, David Fandila “El Fandi”, Antonio Ferrera, Enrique Ponce y José María Manzanares. Nueve salidas a hombros en 12 festejos hubiera sido un record histórico que se merecían Jesús Mena y su asesor taurino Julio Fontecha, riojano con la mejor cuadra de caballos hace unos años, que han velado sus armas empresariales durante una década en la plaza de toros de Ejea de los Caballeros, lugar importante en la historia del toreo, con el primer torero con rostro y biografía e importantes ganaderías del siglo XVIII. No negaré que Jesús y Julio son amigos míos y a uno le gusta que los amigos triunfen. Y me alegro otro tanto por lo que este significa para la plaza de toros de Zaragoza, plaza de primera categoría, la segunda de España por solera, la primera por adaptación a las exigencias de los tiempos modernos.   

sábado, 29 de septiembre de 2018

HABLA MORANTE DE LA PUEBLA



Lorena Muñoz, a quién no tengo el placer de conocer, le ha hecho una entrevista a Morante en Sevilla para el diario ABC y, tras explicarle las circunstancias de su actuación remate de temporada en Sevilla, le hace unas puntualizaciones que creo interesantes y, aunque me expongo al corto y pego de los políticos de hoy en día, mi conciencia franciscana me empuja al fiel reflejo de la dicho por José Antonio el de la Puebla, hombre con acusada personalidad e inspirado en estampas antiguas (Francisco Montes “Paquiro”), evocaciones gloriosas (admiración por “Joselito”) y afanes renovadores (no tiene sentido que los veterinarios digan si un toro es apto morfológicamente para la lidia). Pero plantea temas que a mí se me han presentado en muchas ocasiones cuando presencio una corrida televisada. Una que se apoya en una afirmación de Rafael de Paula, que hablaba poco pero que acierta: “El Espíritu Santo no sale en la televisión”. Recuerdo, entre otras, una actuación de Antonio Ordóñez con los de Pablo Romero en Las Ventas. Me lo pusieron un día por la tele y me dije “No, esto no es lo que yo vi aquel día”. El ambiente de la plaza no se puede recrear en un bar y, menos, en el salón de tu casa. Y lo que añade Morante de su cosecha: “No me gusta la forma de transmitir las corridas. Los comentaristas deberían mantener más silencio. Hoy en día se quiere explicar todo y el toreo no tiene explicación, es un sentimiento”. ¡Olé! Manes de Matías Prats y sus relatos radiofónicos. Entonces la palabra nos forjaba la imagen, el clima, el ambiente. Don Matías tenía una memoria prodigiosa y ponía en escena a centenares de personajes del mundo del toro, sus parientes y protagonistas. Pero en la televisión tú estás viendo que sale el toro, que lo torea el matador o el banderillero, que se queda corto o que derrota … Sobran explicaciones. Parece que los explicadores cobrasen como los anuncios por palabras. Una orientación, un leve comentario, nunca una explicación exhaustiva o reflejo de los sentimientos del que habla. El sentimiento se transmite directamente entre el que lo tiene y lo manifiesta y el que lo percibe.
Piensa José Antonio el de la Puebla hacer cosas nuevas en su actuación en Sevilla, cosas que tiene ensayadas en el campo y toreando de salón. asegura que le inquietan los silencios de la Maestranza. “Hay compañeros que dicen que el silencio de Sevilla es lo que más les preocupa. Y llevan razón”. Ay de aquel torero que tenga una mala tarde en  Sevilla y no escuche nada. Ya se puede ir a los “arbañiles” o apuntarse a un master. “Curro, ya llegará el verano”. Y el verano llegaba.
Para remate de la entrevista comenta lo de su apoderado de este año, Manolo Lozano, hermano de los Lozano de Madrid y la ganadería de Alcurrucén, matador de toros un día 4 de octubre de 1970, de manos de Manuel Benítez “El Cordobés”, en la plaza de Tánger. “He aprendido mucho con él, es un aficionado y un taurino como no quedan, muy romántico, pero a final de año el apoderamiento se acaba”. A Morante no le han durado mucho sus apoderados. Recuerdo que de novillero estuvo en manos de Miguel Flores, apodado “El Camborio” en una etapa de su paso por la novillería andante, poeta y rapsoda, que apenas estuvo una temporada a su lado. Menos mal que un día, en Las Ventas, Morante le brindó un toro y a Miguel se le olvidaron todos los males. Otro año le acompañó Rafael de Paula y hasta se fumó algún habano con el mexicano Rodolfo Rodríguez “El Pana”. Pocos compromisos. Mucho sentimiento. Y luego dice cosas que te hacen pensar en los misterios de este arte. Por eso lo atacan algunos, porque no lo entienden. 

domingo, 23 de septiembre de 2018

TOROS EN ZARAGOZA (II)




La primera corrida de toros de esta Feria del Pilar de 2018 es el día 6 de octubre y con toros de Montalvo. María Montalvo de Pérez Tabernero, don Antonio, ganadería que pasó a  manos de su hijo Juan Mari y luego a su nieto Juan Ignacio, actual propietario que ha luchado lo indecible para recuperar la buena fama de sus antecesores y con cruces con reses de Juan Pedro Domecq, Zalduendo y Daniel Ruiz ha conseguido entrar en el gran mercado del toro bravo. Y esta corrida servirá para el adiós del francés Juan Bautista aunque anuncie que al año que viene actuará en la corrida goyesca de Arlés. Zaragoza es plaza propicia para las despedidas y lo fue principalmente de los dos primeros Califas del toreo, de Rafael Molina “Lagartijo” en una de sus cinco corridas en solitario (Madrid, Valencia, Zaragoza, Barcelona y Bilbao) y la de Rafael Guerra “Guerrita”, al final del siglo XIX cuando sentenció “No me voy, me echan”. Eran otros tiempos. A Bautista le acompañan en el cartel el extremeño José Garrido y el toledano Álvaro Lorenzo, que en Ejea de los Caballeros ha reconfortado mi rincón del alma donde guardo mi incensario artístico. Pepe Luis, don Antonio, Curro, Rafael o el de la Puebla. Muchos más, pero no quiero alargarme. Y que conste que desde otros lugares me han llegado rumores de que Lorenzo puede ser “el mesías del pellizco”. ¡Ojalá así sea!
El día 8 de octubre, toros de El Pilar, Alicio Cobaleda a su hija Eusebia, esposa de García Fonseca, a su hijo José Luis García Cobaleda y venta a Moises y Pilar Fraile que añadieron vacas y sementales de Matías Bernardos, más conocido por “El Raboso”. Y con estos toros, tres aragoneses: Ricardo Torres, Alberto Álvarez e Imanol Sánchez. Puede que las dificultades de su encaje en los diversos carteles haya propiciado este ensayo de los empresarios a la espera del favor de sus paisanos. Así sea.
El día 10 de octubre, toros de los hermanos García Jiménez y su madre, Olga Jiménez, los Matilla de este mundillo torero, procedencia de Jandilla, para David Fandila “El Fandi”, todo terreno, López Simón y otro artista ya confirmado a nivel nacional, Ginés Marín. El día 11, toros de Adolfo Martín, del mismo origen que los de Victorino, Escudero Calvo, los saltillos de Albaserrada, para el depurado Antonio Ferrera, Miguel Ángel Perera y Jiménez Fortes, hijo de la torera malagueña del mismo apellido y con una probada valentía y acreditada mejora técnica. De casta le viene al galgo.
Antes, hasta los años 50 del siglo pasado, no había corrida el día 12, el de la Virgen del Pilar. Se dedicaba a la celebración religiosa y familiar. Hoy “hay gente pa´ to” Y desde luego el cartel de este día lo merece. La conjunción de dos excelentes ganaderos del pasado, Lisardo Sánchez, de Botoa, y Atanasio Fernández, Salamanca (favorito de don Antonio Ordóñez, con cuyos productos creó su ganadería). Son los toros de Puerto de San Lorenzo.  A estos toros enfrentarán, es un decir, el toro no es el enemigo del torero, Enrique Ponce, que tiene bien probada su maestría y su pervivencia en la cumbre, único caso en la Historia del Toreo, Diego Urdiales, bendecido por el pontífice de Camas, y la repetición de Miguel Ángel Perera, el único diestro que repite actuación en esta Feria.
El día 13, Julián López “El Juli” en su decimocuarto paseíllo en solitario, segundo en la plaza de Zaragoza. El anterior fue el 11 de octubre de 2003  y como en casi todas sus tardes como único matador lidió seis toros de distintas ganaderías y cortó cuatro orejas, dos en un toro y salió a hombros. En esta ocasión repite sólo con la divisa de Parladé, suma un toro de Nuñez del Cuvillo, otro de Puerto de San Lorenzo, uno de sus favoritos de Garcigrande y dos novedades, Alcurrucén, en una gran temporada, y, sobre todo, un toro de Los Maños, el de los santacolomas de Mayoral, prueba importante para los ganaderos de Luesia porque importante es que un torero de la alcurnia de Julián mida sus fuerzas con un producto de su casa. Y que el toro dé el trapío que a muchos de su casta les falta. En aquellos tiempos, en esos en los que sueño grandezas de las ganaderías aragonesas, a nuestros toros les ponían esas pegas de  tener poco presencia, finos de cabos, enjutos pero revoltosos y picantes. Eso se dice de los de Santa Coloma, a los que entendía a las mil maravillas un torero de época, Paco Camino. Torero con el capote, torero con la muleta y uno de los mejores con la espada. ¿El otro? Rafael Ortega, de la Isla de San Fernando. A estas alturas pretendo pasar por un buen aficionado y estoy de acuerdo que ese, el buen aficionado, es al que le caben más toreros en su cabeza.
Bueno, bueno … Para remate de la feria se preparan seis toros de Núñez del Cuvillo (Osborne Domecq, Salayero y Bandrés y Juan Pedro) para El Pirata que nació una ¿aciaga? tarde zaragozana, Juan José Padilla arropado por dos figuras de la categoría de José Mari Manzanares y Alejandro Talavante, dos toreros importantes que pondrán remate de oro a una temporada no muy propicia. Dicen que lo afirmaba Guerrita: “No es lo bien empezao, sí lo bien arrematao”. Media verónica y me escondo en el burladero para disimular que no tengo fuerzas para más. Suerte, toreros, ganaderos, empresarios y espectadores. Hay toros en las fiestas del Pilar. ¡Alabado sea el Señor! Hace poco leí que un señor no creía en Dios porque las moscas volaban y él no. Y yo creo, entre otras razones, porque Dios no me hizo mosca.

TOROS EN ZARAGOZA (I)




La cosa estaba muy complicada: la  burocracia y  los egoísmos estuvieron a punto de celebrar con los anti-taurinos el centenario de la “gripe española” que dejó sin festejos a la plaza que construyó don Ramón Pignatelli y que ese año de 1918 iba a verse embellecida y aumentada de capacidad por el arquitecto Miguel Ángel Navarro y por la fuerza popular del enfrentamiento novilleril entre Herrerín y Ballesteros, que no pudieron conocer el coso remozado puesto que Herrerín murió en una novillada en San Roque, Cádiz, y Ballesteros en una corrida en Madrid, al año siguiente de tomar la alternativa en la capital de España. Hoy la tragedia se convertía en farsa burlesca y los animalistas se relamían de gusto a las puertas y verjas de la plaza cerradas con cerrojos y candados. Se solucionó el tema con la lógica solución judicial de permitir a los empresarios designados llevar a cabo su función de tales empresarios. Unos empresarios que pensarían que, dada la premura del acontecimiento, la dificultad innata de feria de final de temporada y que las cornadas donde más duelen es en la cartera (Domingo Dominguín, padre) hubieran procurado organizar una alambicada feria a la antigua usanza, con tres o cuatro festejos y la crema de la torería andante. Algo de altruismo y añejo romanticismo habrá que adjudicarles a los señores Mena, Fontecha y su avalador Zúñiga puesto que han montado un abono de temporada con una docena de festejos (8 corridas de toros, 1 de rejones y 3 novilladas) en dos semanas, las que van del 29 de septiembre al 14 de octubre. Los dos festejos septembrinos y sanmigueleros, novillada y corrida-concurso de ganaderías, dos últimos días de este mes; la Feria del Pilar, del 5 de octubre a ese 14 final.
En la primera novillada se lidiaran reses de Aurelio Hernando, de Colmenar Viejo, la tierra de los toros de Martínez, predilectos de José Gómez “Gallito”, de Luis Fernández Salcedo, el mejor y más pródigo panegirista del toro bravo, “Los Cuentos del Viejo Mayoral”, de los hermanos Bollaín, Adolfo, “Litri, no; Aparicio, si”, y el más belmontista de los belmontistas que en el Mundo han sido, Luis, notario en Sevilla y Aleas, ganadero famoso y secretario de la Unión Nacional de Ganaderos de Reses Bravas. Y Agapito García “Serranito”, matador de toros en los años 60 del siglo pasado. El ganadero Hernando está por los toros veragüeños  en su finca de Colmenar y Sota del Real y se dan con asiduidad animales jaboneros, entrepelados o berrendos. A la de Veragua le añadió sangre de Juan Pedro Domecq, que todo el mundo sabe que tiene por hierro la V cornada del Sr. Duque de Veragua. A esos novillos de tan distinguida alcurnia se enfrentarán Miguel Cuartero, aragonés de Zaragoza, una década en el escalafón de novilleros con picadores, el madrileño Rafael González y el salmantino David Salvador, de La Fuente de San Esteban, paisano de Paco Pallarés. Puede, no estoy seguro, que esta novillada picada sea la primera que se celebra este año en territorio aragonés. Una pena. La corrida del día 30 de septiembre es la del concurso de ganaderías, con los siguientes hierros: el de Manuela Agustina López Flores, de la casta jijona, madre del también ganadero Samuel Flores; Prieto de la Cal, más de Veragua; Benítez Cubero, de Marchena, Sevilla, Vistahermosa del cura Hidalgo; Peñajara, de Baltasar Ibán, que acaba lidiar una brava corrida en Arlés; San Martín, de los santacolomas del mexicano José Chafick y el de Pedraja de Yeltes, Villar de Salustiano Galache y Caridad Cobaleda. Variedad de encastes, plaza pintada como una pista de baloncesto y tres toreros que suenan por sus virtudes y por su entrega de cada día: Octavio Chacón y los sevillanos Manuel Escribano y Pepe Moral.
El día 5 de octubre empieza el Pilar con otro novillada, esta de Los Maños, los nacidos de los santacolomas de Mayoral y ganada su antigüedad en Madrid hace unos días. Los lidiaran en festejo internacional el portugués Joao Silva “Juanito”, el francés Adrián Salenc, de Nimes, y el español Alejandro Mora, sobrino de Juan Mora y nieto de “Mirabeleño”, torero de los 50 del siglo pasado, ganadero y empresario. Y la tercera novillada tendrá lugar el 9 de octubre, dentro del ciclo pilarista, con novillos de El Parralejo, divisa puesta de moda en San Sebastián  y Bilbao y origen de Jandilla y Fuente Ymbro, con el madrileño Pablo Mora, triunfador de las nocturnas de Las Ventas, el madrileño Francisco Manuel, hijo del venezolano Manuel Fuentes, matador de toros y subalterno que se quedó a vivir en España hace cuarenta años, que ha ganado estos días los galardones al triunfador en Villaseca de la Sagra y Arganda del Rey, y el salmantino Manuel Francisco Sánchez, que se anuncia en los carteles como Francisco Diosleguarde, que es como se conocía en otros tiempos su pueblo natal de la diócesis de Ciudad Rodrigo, Dios le Guarde. Luego está la corrida de rejones del día 7 de octubre, en la que es de notar la ausencia de Pablo Hermoso de Mendoza y la presencia de Diego Ventura, el primer rejoneador que corta un rabo en Madrid, y al que acompañan el portugués Rui Fernandes y el alicantino Andy Cartagena. Los toros, de los Herederos de Ángel Sánchez y Sánchez, sucesores de los Coquilla y los Sepúlveda de Sánchez Fabrés, de Salamanca.