viernes, 29 de junio de 2018

DE LA FELONÍA (y otras alegrías y tristezas)




Taurina y antitaurina. Y tomo el término felón en su acepción de lo feo. Me ha parecido muy feo eso del alcalde de Pamplona de mantener los encierros de las 6 de la mañana de Dios y las ocho del Gobierno y suprimir las corridas de la tarde, una chiquillada o jaimitada, un follón, quinta acepción de la R.A.E., pero con mucho ruido. Eso es lo que quiere el edil con chaqué y chistera. Algo parecido a lo que ocurre con los de “la manada” cuando acuden a la comisaría sevillana. El público quiere ver a los sentenciados. Antes se amontonaban en la plaza de su ciudad para presenciar el buen afilado de la guillotina. Y “las manadas” se multiplican. Y las tontadas se hacen “virales”, algo que tiene algo que ver con los virus. El virus sostenible o los chicos y las chicas para no emplear el simple genérico. Dejo al margen lo del alcalde de Pamplona y me encuentro con las declaraciones de la marquesa de Seoane, viuda y madre de Prieto de la Cal, ganadería de San Juan del Puerto, Huelva, procedencia del Duque de Veragua y casta vazqueña, toros canos como la amplia cabellera de la señora marquesa doña Mercedes, que en unas declaraciones en “El Mundo” dijo lo siguiente: “Los toreros de hoy son figuras, pero de mazapán y de pitimini”. Y suspiró como musitando “ahí queda eso”. ¿Cambiaría su opinión si los toreros pidieran lidiar los bellos toros de su hijo?
Y cambiamos de personaje aunque no de argumento. Se trata de Ignacio Ruiz-Quintano, columnista de la contraportada de ABC. Le admiro por su prodigiosa memoria o, en su caso, por su magnífica documentación. Se sabe y cuenta todo lo que han  dicho los sabios que en el mundo han sido y son. ABC es mi periódico de cabecera porque, a nivel nacional, es el que más información taurina me aporta. Quiero entrañablemente a Amorós por él mismo y por su padre, el notario con el que firmé la escritura de mi vivienda de la Ciudad de los Periodistas de Madrid. Además, en ABC suelen reproducir a menudo viejas portadas dedicadas a la fiesta de los toros, actuaciones de Mazzantini, “Machaquito” o Pastor, éxitos, cogidas o cualquier otro acontecimiento relacionando con los toros. Un día de finales del mes de junio de este año de 2018, Ruiz-Quintano firmó una columna que en el penúltimo párrafo decía esto: “Con esto quiero decir que Messi, “futbolista de mazapán, capullito de alhelí y rosa de pitiminí”, COMO LAS ACTUALES FIGURAS DEL TOREO, no es digno (de momento) ni de desatarle a Maradona la correo de su sandalia”. Al día siguiente casi se muere Maradona. Y Ruiz-Quintano creo que dice que es madridista y aficionado a los toros. Dios nos libre de los “fans” y aficionados acérrimos.
Desde Zaragoza, si me olvido del arriendo de su impar plaza de toros, siglo XVIII, portada neo-mudéjar, primera plaza cubierta de España y con Goya en sus tendidos, tengo una buena noticia. Hace unos días, por esta manía mía de leer la prensa diaria, en el suplemento de “Artes y Letras” de “Heraldo de Aragón”, José Luis Melero firmaba un artículo que titulaba “Fiestas en las Cinco Villas”, unas en Tauste y otras en Ejea de los Caballeros. Las de esta villa, las de Ejea se referían a las que se celebraron a finales de agosto y principios de septiembre de 1789 con motivo de la coronación de Carlos IV. Reparto de refrescos y frutos secos, tras arcos con escudos de armas reales, fuegos, mojigangas, contradanza y corridas de novillos y toro de ronda embolado. Todo esto lo conté desde el ruedo de la plaza de toros de Ejea el domingo 24 de junio de este año para aclararles a los ejeanos que su afición taurina no es nueva y que, además, en ese siglo XVIII era tierra de toros tan importante como la andaluza. Un detalle: para la corrida de la citada coronación de Carlos IV, en Madrid, en su plaza Mayor, Pedro Romero, “Costillares” y “Pepe-Hillo” lidiaron toros de la ganadería cincovillesa de Francisco Bentura. Albarda sobre albarda. La empresa que lleva la explotación de la plaza ejeana, Jesús Mena y Julio Fontecha, me concedieron el privilegio de presentar los carteles de la Feria que se celebrará a principios del próximo mes de septiembre en honor de la Virgen de la Oliva, dos corridas de toros, una de rejones, concurso de recortadores con anillas, roscaderos o cuévanos y vaquillas, del 2 al 8 de ese mes de septiembre. En la primera corrida, toros de Alcurrucén para Alberto Álvarez,  López Simón y Álvaro Montes; en la segunda, toros de Antonio Bañuelos para “El Fandi”, Sebastián Castella y Cayetano y en la de rejones, toros de la ganadería francesa de Gallón, procedencia de Juan Pedro Domecq para Andy Cartagena, Diego Ventura y Sergio Domíngez. Cartel de indudable interés, con cuatro toreros de a pie recientes triunfadores en Las Ventas del Espíritu Santo, López Simón, Álvaro Montes, Castella y Cayetano, un torero de la tierra y el siempre a tope y poderoso David Fandila “El Fandi”. Y a caballo, el primer caballero que ha cortado un rabo en Madrid, Diego Ventura, y dos prestigiosos artistas del rejoneo. Para los zaragozanos, los de la capital y la provincia, un rayo de esperanza y alegría mientras llega la solución del arrendamiento de la plaza de Ramón Pignatelli, en la que, al parecer, políticos y taurinos se han confabulado para tener cerrado el coso con más solera, comodidad y belleza de España. Allá por 1946 hubo un gran problema y se llegó a la Feria del Pilar sin empresario que la organizara. Se acudió a la persona de Marcial Lalanda y montó un serial de media docena de festejos, en cuatro de ellos con la participación de Pepe Luis (¿hace falta apellidos?), otros tantos para Luis Miguel, dos tarde don Antonio, otras tantas el argentino, chileno, mexicano o español Rovira y una Rafael Llorente, de Barajas y doctorado por “Manolete” en Barcelona. Ese año el de Córdoba no hizo el paseíllo en España nada más que en la corrida de Beneficencia de Madrid.
También fue complicada la gestión del coso de don Ramón Pignatelli en 1981, tras el paso de José Antonio Martínez Uranga, “Chopera junior” por aquellas calendas, tercera acepción de la R. A. E. , nuevo pliego de arriendo y ningún aspirante. En este caso la solución para desfacer el entuerto fueron los hermanos Lozano, Pablo, Eduardo y José Luis, que eran los apoderados de Sebastián Palomo Linares, que figuró en tres de las cuatro corridas programadas para la Feria del Pilar, una novillada y una de rejones con colleras. ¿Qué pasará este año? Lo tremendo es pensar que la Feria del año pasado, la de 2017, fue una gran Feria en todos los sentidos y que si se echa todo por la borda es muy complicado recuperarse. Los antis puede que estén en pleno regocijo.                

domingo, 27 de mayo de 2018

A LA VEJEZ …, RECUERDOS




Gracias a Juan Lamarca y su portal “Del toro al infinito” me enteré de  algo que renovó mi juvenil gozo. Hace muchos años publiqué en “El Ruedo” una serie de artículos sobre le historia taurina de Méjico (con j), el primero, el 19 de noviembre de 1953, y el último de los once totales, el 18 de febrero de 1954. Tenía por entonces 22 años y veía crecer la hierba periodística. Podía con todo, hasta con emprender tan gran empresa. Existía desde 1924 la “Historia del México Taurino” de Nicolás Rangel, pero yo no la conocía. Mi madrina, Clotilde Íñiguez, era bibliotecaria de la Nacional y fue mi máxima consejera para informarme del devenir torero de aquellas latitudes. Con esa sólida base hice todo el esfuerzo posible para que mi trabajo tuviera cierta altura y validez. Años después completé ese trabajo hasta llegar a nuestros días y se lo ofrecí a la Casa Domecq, que por entonces tenía una prestigiosa delegación en la tierra de los aztecas y algunos indígenas más. Me argumentaron que no era conveniente la publicación de un libro escrito desde España. Ahí se quedó la carpeta con sus docenas de folios a máquina y mis ilusiones mustias como las hierbas que veía crecer. Repaso el blog (¿se dice así?) de Lamarca y encuentro mi nombre añadido al seudónimo con el que me inicie en estos menesteres: “Barico II”. Hablaba de mí y de mi trabajo don José Francisco Coello Ugalde, lo hacía elogiosamente y justificaba mi condición y naturaleza, la española, claro, y lo de escribir México con j. Esto lo corregí pronto, en 1964, cuando estuve unos meses al otro lado de los mares. Me sirvió de mucho aquel viaje. Fue como el estallido de una nueva galaxia en mi propia mente. Una ventana al exterior. Aquel año estuvieron en México Paco Camino, Diego Puerta, Miguelín, Álvaro Domecq y Manuel Benítez en su paseo termonuclear por la plaza de “El Toreo”, fuera de las fronteras del Distrito Federal, aquel tremendo edificio de hierro que tenía una cubierta abatible que hacía un ruido infernal cuando se ponía en marcha. A Juan García “Mondeño” le despidió Carlos León con una carta al Papa Juan XXIII, a Camino, en su salida a hombros de la México, le sacaron del estuche la Rosa Guadalupana que había ganado en buena lid y la grey taurina mexicana no tenía otro peón que Jaime Rangel para plantarle cara a uno de los españoles que ha mandado en sus ruedos, “El Niño Sabio de Camas”, ya no tan niño y recién casado con Norma Gaona, la hija del empresario de la Monumental. Conocí a unos cuantos toreros históricos: “Armillita”, Garza, “El Soldado”, “El Calesero”, Fermín Rivera y luego, en España, a los hijos de algunos de ellos, Manolo Espinosa, Alfonso Ramírez y Curro Rivera, el que cortó cuatro orejas una tarde en Las Ventas. Tres toreros nuevos en esa campaña mexicana de 1964 que maduraron en las plazas españolas, Fernando de la Peña, al que le dio la alternativa Antonio Bienvenida en Barcelona, Guillermo Sandoval, también doctorado en la capital catalana, y Oscar Realme, en Oviedo, los tres confirmados en Madrid antes de volver a su tierra para continuar sus inciertos caminos. Don Isidoro, murciano y masón, era el conserje de la Monumental, la que me enseñó por dentro y por fuera y hasta el bar de la logia a la que pertennecía. Nada más.
Tuve contacto con excelentes escritores como Álvaro Albornoz, hijo del ministro de la II República Española y jefe del Gobierno en el exilio, autor de unos aforismos a los que llamó “revoleras” y persona de sutil humor: “Tuvo que suspender la batalla porque con tantos tiros no podía escuchar bien la música que tocaban las bandas militares”. A mi tío José María, primo hermano de mi madre, que decía que no volvería a España hasta que se muriera Franco, le recomendaba: “Pues vuelve y no le hables”. El citado Carlos León, sus cartas a famosos y los diálogos de las películas de Cantinflas. Se parecía mucho a Alfonso XIII. Otro mucho más vinculado a los toros, Carlos Fernández y López de Valdenebro, madrileño de nacimiento (1912), hijo del secretario de las Cortes de la II República y de “veraneo” en tierras mexicanas. En los carteles, “Pepe Alameda”, locutor, escritor, poeta, recitador y, en inglés, “showman”, hombre espectáculo. Vino a España a retransmitir “la corrida del siglo” desde Jaén y con “El Cordobés” de protagonista. Le entrevisté en la cafetería del hotel Wellington y me sorprendió que desayunara con coñac francés, Napoleón. Su frase: “El toreo no es graciosa huida sino apasionada entrega”. Su obra: “Los Arquitectos de la Moderna Tauromaquia”. El toreo ligado de Manuel Jiménez “Chicuelo” y su faena con el toro “Corchaíto”, de Pérez Tabernero. Madrid, 24 de mayo de 1928. En estos días se cumple el noventa aniversario. “Chicuelo” fue también uno de los favoritos de los aficionados mexicanos. De Rodolfo Gaona, el Indio Grande, tenía referencias por mi padre cuando visitó España y le preguntó por Paquita Escribano, una cupletista de gran fama y con vínculos en Ejea de los Caballeros. Gaona se casó con la Moragas y su matrimonio duró menos que el de Rafael el Gallo con Pastora.
Una hermana de “Pepe Alameda”, María Victoria Fernández y López de Valdenebro, divorciada de José María Jardón, empresario de Las Ventas con don Livinio y Escanciano, fue la segunda esposa de Domingo (López) Ortega. La primera, la hija de los marqueses de Amboage, murió joven y como consecuencia de un acceso en la cabeza que se le infectó con un tinte que le aplicaron en la peluquería en abril de 1944. Su familia pleiteó denodadamente para conseguir el cincuenta por ciento de lo que había ganado el de Borox  en las plazas de toros durante los siete años de matrimonio (No recuerdo que hiciera a mi lado ningún paseíllo y vestida de luces”). Creo que se conformaron con las joyas de la fallecida. Dos años después, el 21 de septiembre de 1946, Domingo se casó en Madrid, en San Fermín de los Navarros, con María Victoria, “Picuqui”.
Recuerdo un libro del cronista de la ciudad de México, Artemio de Valle-Arizpe, “Calle Vieja y Calle Nueva”, en el que menciona a  Bernardo Gabiño, un torero de Puerto Real, Cádiz, y del que dice que “ocupa lugar preeminente y campea lleno de prestigio en la historia de la tauromaquia mexicana”. Asegura que vivía en el número 5 y medio del callejón de Tarasquillo y cita a la señora de Calderon de la Barca y su obra “Vida en México”, en la que hace unas encarecidas alabanzas de Gabiño, su garbo y fina gracia bailando la zarabanda, el vito, la farruca, el polo, las peteneras, soleares o la jota aragonesa, valenciana o murciana, el zapateao, la jarana, el palomo, la zanchenga o el jarabe. No había baile que se le resistiera. Dicen que el de Puerto Real asombraba a los aficionados con sus fulgurantes e incomparables metisacas. Cuenta el cronista un ataque de indios comanches (¿?) en un viaje en el que le acompañaban su picador Ignacio Cruz y su banderillero Fernando Hernández, su defensa con las balas de las carabinas y su llegada al lugar de destino heridos pero respondiendo a su función de toreros. El portorrealense  ganaba y gastaba largo, quebró la casa comercio (hoy, Banco) donde tenía sus ahorros de 80 mil pesos y, entre la pobreza y los achaques de la vejez, se contrataba por 30 pesos por corrida, hasta que el 31 de enero de 1886, en Texcoco, cuando un toro de Ayala, “Chicharrón”, le pegó una cornada junto al recto, no se dejó intervenir en el cochambroso cuarto que servía de enfermería, lo trasladaron a la capital y, en el cuchitril del callejón de Tarasquillo donde residía, murió el 11 de febrero, a las 9 y media de la tarde. Dice don Artemio de Valle - Arizpe que Gabiño tenía cuando falleció 83 años, no sale la cuenta, y que llevaba 51 de torero. Puede que esos años fueran los que llevaba en México, a los que habría que sumar los que toreó en España antes de partir hacia las Américas. Según mis noticias en realidad tenía 73 años, tampoco edad muy propicia para enfrentarse a los toros. La figura de Gabiño ha sido realzada por don José Francisco Coello Ugalde, mi panegirista mexicano que se considera a sí mismo como “maestro de Historia”. Ni profesor, catedrático o doctor, MAESTRO. Y sus apellidos me recuerda, el primero a uno de los banderilleros más artista de Portugal, Mario Coello (Conejo), matador de toros después, y el segundo, Ugalde, al más auténtico caricaturista español, de Tarazona de Aragón y cuarenta años en las páginas de ABC. El maestro Coello Ugalde dice que Gabiño nació en Puerto Real el 20 de agosto de 1812, que no tomó la alternativa en España, que se la dio Manuel Domínguez “Desperdicios” en Montevideo, Uruguay,  y que su presentación en México se dio entre 1829 y 1834. Fue Gabiño el primero que otorgó una alternativa en las plazas mexicanas, en 1879 y a Ponciano Díaz, que una vez doctorado sí vino a la península para torear y sorprendió más que nada por su poblado bigote.
En el libro de Luis González Obregón publicado en 1947 con ilustraciones de Bardano y Molina, “Las calles de México”, se cita la Plaza del Volador como el lugar de la ciudad de México en la que se celebraban las grandes fiestas populares, perros y liebres, peleas de gallos, juegos de cañas y suelta de toros bravos. Citan como especiales las fiestas de febrero de 1773 y las del mismo mes de 1803, en la que hubo un eclipse de sol. Como anécdota de los festejos de la “Plaza del Volador”, no sé si fidedigna y creíble, la de que Hernán Cortés, en unos juegos de cañas en el siglo XVI, sufrió tal cañazo en un pie y del que anduvo mucho tiempo cojo y enfermo. Fue peor lo de “la noche triste”.
El caso es que gracias a mi padre y su actividad como cronista de toros yo tengo un antiguo y buen recuerdo de los diestros mexicanos. El 24 de agosto de 1934 se publicó en “El Debate” una crónica firmada por “Barico”, Benjamín Bentura Sariñena, de un mano a mano entre Lorenzo Garza y Luis Castro “El Soldado”. Calor sofocante, Joselito Gómez como sobresaliente y novillos de Coquilla. Lleno a reventar en la plaza que se iba a clausurar a finales de aquel mismo año para ya inaugurar la de Las Ventas del Espíritu Santo. Garza y su compañero brindaron sus respectivos primeros novillos a Domingo Ortega. Lorenzo “el Magnífico” cortó sendas orejas al primero y al tercero, pasó a la enfermería y no mató al quinto. Lo mató Luis Castro que obtuvo las dos orejas y el rabo del sexto. La crónica  fue ilustrada con cuatro apuntes a pluma de Roberto Domingo, dos muletazos de Garza, uno de “El Soldado” y la estampa de un toro. Le regalaron a mi padre aquellas obras de arte que yo vi siempre en las paredes de nuestra casa madrileña de la calle Libertad y luego de Colomer, junto a la Avenida de Los Toreros. Y ahora los contemplo cada día, privilegiado que soy, en mi cuarto de estar zaragozano. Mi santo y seña por los siglos de los siglos.
A Luis Castro “El Soldado” lo conocí en mi viaje a México, también a Garza que recuerdo que alternó una tarde con José Fuentes creo recordar que en su tierra natal, Monterrey, regiomontano, maravilla expresiva, y luego, en Madrid, en el Museo de Las Ventas, el día en que Pablo Ignacio Lozano presentaba su escultura, reproducción en bronce de una extraordinaria foto de Arjona de un lance de Antonio Ordóñez con una rodilla en tierra. Otra maravilla. A Fermín Espinosa “Armillita” le saludé en Pamplona en el hotel Yoldi, antes de que el Maisonave nos recogiera a los escribidores taurinos, entre los que estaba también don César Jalón “Clarito”, ministro de la República que me contó que le había retirado de la crítica Franco al reconocerles a algunos de los ministros republicanos una jubilación. “Si tengo alguna necesidad especial escribo un artículo para El Ruedo” – me contó don César en nuestro último “sanfermín”. Ya había publicado sus interesantes y sabias memorias”.
Bueno, me he alargado demasiado. Me puede la inquietud de no tener el tiempo suficiente para contar mis recuerdos y me motiva el impulso que me ha dado el reconocimiento del MAESTRO DE HISTORIA don José Francisco Coello Ugalde, a quien dedico esta mi memoria de más que un octogenario superviviente.
Zaragoza, mayo de 2018.            


viernes, 4 de mayo de 2018

POR QUÉ LANGUIDECE LA FIESTA

BENJAMÍN BENTURA REMACHA


Es un tema que me preocupa y me ha preocupado porque siempre he vivido en esa incertidumbre. La FIESTA se muere desde que nació y ya se sabe que para morir se precisa que eso que va a morir esté vivo. ¿Está viva la FIESTA? Está viva, pero muy malita. Y no por los toros y los toreros, sí por sus circunstancias. Respecto al toro, animal totémico por excelencia como emblema de protección de la tribu y muy particularmente como progenitor hasta las sábanas del tálamo nupcial, estamos en un periodo francamente positivo porque su estudio ha llegado hasta las profundidades de los análisis científicos que promocionó don Álvaro Domecq Díez junto al catedrático don Isaías Zarazaga. Por una casualidad informática, he llegado hasta el conocimiento de los estudios de dos investigadores prestigiosos, don Fernando Gil, biólogo, y don Julio Fernández Sanz, veterinario. Por ellos he sabido por qué embiste el toro, su capacidad para responder al estrés y la fisiología de la agresividad. El cortisol y las endorfinas  que produce al animal bloquean los receptores del dolor. El toro lucha sin preocuparse por el dolor y lo hace también aunque esté en campo abierto y tenga espacio para huir del castigo. No hace falta acorralarle para que embista. Embiste porque produce dopamina. Por último, la mayor agresividad de unos ejemplares de ciertas ganaderías calificadas como “duras” se basa en que estas tienen menos seretoninas, con lo que los ilustres especialistas del toro bravo concretan que el misterio de la bravura es “un cóctel de hormonas”.
Aseguran que los puyazos caídos o traseros inutilizan al toro para la lidia y pueden producir hasta un neumotórax, lesiones motrices o medulares dada la mayor extensión de la puya y sus aceradas aristas. Y, además, la impunidad del peto con el gran faldón protector contra el que el toro no tiene posibilidad alguna  de ataque. El peto, desde luego, salvó el futuro de la fiesta porque, en las circunstancias actuales, no se podría mantener la renovación diaria de las cuadras de caballos y tampoco el siniestro espectáculo en el que el tal caballo fuera “la víctima de la fiesta”. Pero no se puede pasar de su sacrificio continuado (incluido el de sus jinetes) a la desaparición total del riesgo que puede generar por ahorro y eficacia la eliminación de los picadores de las cuadrillas. Sin riesgo no hace falta buenos jinetes de brazo fuerte. Un titular y un sustituto para toda una corrida. Hace muchos años propuse el peto anatómico para que el toro pueda romanear, verbo a conjugar cuando se trataba de ahormar el embestir del bravo animal. Y disminuir la extensión del casquillo de la puya y el arpón de las banderillas aunque, en realidad, la sangría no sea lo que más influya en la debilitación de las fuerzas del toro.
Y si el desarrollo de la lidia es fundamental para el futuro de la FIESTA, no es menos importante que su difusión vuelva a los parámetros que vivimos a mitad del siglo XX, cuando me empeñé en la lucha contra “el sobre” periodístico. Mi padre me sacó del error cuando señaló que los culpables no eran los receptores del óbolo misericordioso sino los medios de información que cobraban el espacio a los que ejercían la crítica. Sin embargo, por entonces casi  todos los medios escritos, hablados o televisados tenían sus espacios dedicados a la difusión de la fiesta y se competía para dar la más profusa información de las ferias de las plazas de primera y las noticias de agencia (EFE, Logos, Mencheta y alguna más) del resto de los cosos taurinos de España, Francia o América. Me horroriza si hoy dan una noticia taurina en una televisión: o se trata de una cornada posiblemente mortal (la de Fandiño, por ejemplo) o algún chisme sentimental de los diestros más mediáticos en los espacios del “cuore”.
Es importante la difusión de la Fiesta en los medios de comunicación. Uno de los medios actuales que más atención le presta a los toros, pero no tiene ni punto de comparación con las portadas que ese mismo ABC le dedicaba a los acontecimientos taurinos hace un siglo. Suelo curiosear ese pequeño apartado del diario de la calle madrileña de Serrano y me satisface la continuidad con la que son noticia de portada los acontecimientos del coso de la carretera de Aragón o cualquier otro acontecer en el que sean protagonistas toreros, ganaderos o aficionados. Se medían los tiempos y los espacios de otra forma. El toro estaba en la calle y en la conversación de las gentes. Todavía llegué a conocer la mítica “playa de Madrid”, entre la calle Sevilla y la acera de La Tropical, en la calle de Alcalá. Allí se juntaban centenares de toreros y aficionados, se le instalaba un kiosco de la ONCE al picador “Melones” o se exponía en el escaparate de una gran zapatería el vestido de luces que iba a lucir el Príncipe Gitano en su debut con picadores. Se arreglaba una cuadrilla o se sellaba un apoderamiento con un apretón de manos. Hoy no queda nadie. Ni allí ni en la plaza de Santa Ana o la explanada de la Casa de Campo, donde se toreaba de salón o se jugaba un partido de futbol como el que Joselito jugó en la Real Maestranza  años antes. Cristiano metió un gol “de chilena” y durante un par de semanas se cantó como el mejor gol del siglo. Supongo que de este siglo XXI porque en el anterior ya hay reseñados goles de tal guisa desde 1914. Y supongo que el autor fue un jugador chileno de “cuyo nombre no puedo acordarme”. Dos mil policías se movilizan para garantizar el orden en un partido de fútbol. Y aún hay ciudadanos que dicen que las corridas de toros pueden perjudicar a la educación de nuestros infantes.
Y luego hay noticias que perjudican al buen desarrollo del ambiente taurino. He leído estos días que la más fundamental de esas noticias es que José Tomás va a torear una corrida en Algeciras. Y ni una más. ¿Toros? ¿Toreros? ¡Qué más da! Y cuando leo este anunció a toda página y alumbrado por toda la luminaria siempre recuerdo que “Manolete”, en 1946, sólo se anunció en España en una corrida. En Madrid. La Beneficencia. Con Gitanillo de Triana y Antonio Bienvenida y Luis Miguel Dominguín, que venía con la escoba y se ofreció a torear pagándose sus toros. Amén, respondió el de Córdoba. No sé si será cierto, pero a mí me contó Jaime Marco “El Choni”, que era amigo del abuelo de José Tomás, que, de chico, el de Galapagar prefería jugar al fútbol que torear. Mis cortos conocimientos me dan para deducir que el misterio de la dieta taurina del serrano no le permite atracones de toro. Ya lo decía Curro Romero: “Torear todos los días es trabajar”. Una vez a la semana, señor Tomás, cosa sana. Para la Fiesta, don José.
El estrambote a tanta lírica taurófila es la afirmación de Ignacio Ruiz-Quintano en su columna de ABC de que Mazzantini fue concejal después de retirarse del toreo. Y fue algo más que concejal de Madrid. Gobernador Civil de Guadalajara y Avila. Italiano de origen, habrá que agradecer el que en su tiempo no hubiera micrófonos que amplificaran la voz y su decisión de montar la espada y hacerse gran estoqueador desde su primera estocada. Con más voz hubiera sido cantante de ópera. “Muertos que yo maté no os podéis quejar de mí, pues si buena vida os quité, mejor sepultura os di”. Y no pretendo competir con Ruiz-Quintano en la cita de maestros en el pensar y escribir. Yo sólo pienso en el feliz devenir de la Fiesta. Apliquemos los remedios necesarios.         



sábado, 24 de marzo de 2018

EL ETERNO FEMENINO (II)




Parece que está de actualidad el hablar de las mujeres. Pienso que siempre lo ha estado desde distintas perspectivas, desde la Mitología a la Historia, desde la Sociología a la Criminología, la Ciencia o las Finanzas, el Deporte o el Arte. Siempre hemos sido diferentes y, dentro de esa indiscutible diferencia, siempre han existido los variados matices. Vamos, pues, a matizar: la base de mis argumentaciones está en la obra de una mujer y, además, norteameticana, Muriel Feiner. La base, negro sobre blanco, la ha puesto ella con sus dos obras sobre “La mujer en  el mundo del toro”. Algo se quedó en el tintero literario con la primera dama que sobre los toros escribió en verso y quién fue en España la primera crítica de toros, María Pilar Fernández, en mi querida  revista “Fiesta Española”, la que luchó contra “el sobre” y se equivocó de objetivo porque abrió el mercado a las transacciones bancarias en los modernos medios de comunicación. Fue don Francisco, el de Fuendetodos, el que nos dejó noticia de “La Pajuelera”, picadora de brazo fuerte y vendedora de pajuelas de azufre a la puerta del mercado, y el gran ilustrador don Gustavo Doré, el que  nos dio razón de la Bolsi, que con las almidonadas enaguas bajo la falda de encaje pocas opciones tenía de arrimarse a los toros. Tras esos gráficos documentos, apenas tenemos noticia de féminas dedicadas el épico quehacer de lidiar toros, sí dramas como el del conde de Villamediana con su quebrada banderola de “Son mis amores reales”, las duquesas de Alba y Osuna y Pedro Romero y “Costillares”, el pañuelo de Reverte, la Moragas y Alfonso XIII, “La Reverte”, Soledad Miralles, la esposa de “Carnicerito de Málaga” y suegra de Rafael de Paula y “el eterno masculino” que fue Luis Miguel, que desmintió la divulgada anécdota sobre Ava Gadner y que aseguró, como lo hicieron algunos diestros más, que no se vestiría de luces si en los tendidos no viera rostros femeninos. En los tendidos y en las gradas puesto que en “aquellos tiempos” las mujeres no se mezclaban con los hombres y tenían sus localidades en la parte alta de los cosos. El cuadro de Mariano de Cerezo de la despedida de “Lagartijo” en Zaragoza bien que atestigua lo que afirmo.
Pero pasaron muchos días, muchos años hasta encontrar a la primera fémina que tomó la alternativa. Alguna lo podría haber hecho antes, pero lo de alternar con los matadores de toros no dependía de la voluntad del aspirante. Eran los ya consagrados los que decidían conceder tal privilegio a los que, por lo general iban en su cuadrilla como banderilleros y ya habían probado sus habilidades en algunas cesiones puntuales, sin llegar a consumar esa alternancia que da lugar al término. Por esta razón Muriel da la lista de dieciocho matadoras de toros  con Juanita Cruz a la cabeza. 1940, en Fresnillo, México. Tengo especial devoción por Juanita Cruz  porque guardo una crónica de mi padre, que ya firmaba con el apodo de “Barico”, y que se publicó en “El Debate” el 16 de julio de 1935. Trataba de su debut en Vista Alegre, Carabanchel: “Lo que no se consiguió contratando a ases de la torería actual se logró sin grandes reclamos al solo anuncio de que Juanita Cruz iba a actuar en una novillada con picadores. Y no sólo no defraudó su labor, antes al contrario, con capote, muleta y, lo que vale más, con el estoque, consiguió un éxito difícil de igualar por la señoritas toreras que andan por esos ruedos”. En aquella ocasión, Juanita Cruz lidió novillos de AP y le acompañaron “Niño de la Estrella”, turolense que cortó dos orejas y rabo, y Mariano García, de Borox. Ambos llegaron a tomar la alternativa pero con muy corto recorrido. Lo de la Cruz tuvo más amplia historia aunque la Guerra del 36 y la post-guerra hasta el año 75 del siglo pasado no le permitieron actuar en España. Permaneció algunas temporadas en América y a su regreso a España, su esposo y apoderado, Rafael García Antón, divulgó ampliamente las virtudes de su señora,  las peculiaridades de su falda pantalón bordada como una taleguilla masculina y su costumbre de hospedarse en el hotel Florida cuando toreaba en Madrid, un hotel que estaba al final de la calle del Carmen, frente a lo que luego fue Galerías Preciados, plaza del Callao, hotel en el que también se hospedaba Pepe Luis Vázquez y su hermano Manolo el día que se presentó en Las Ventas como novillero y cortó cuatro orejas. Pepe Luis, para celebrar el gran triunfo de Manolo, pidió media botella de Tío Pepe. “– Señor – le dijo el camarero – aquí no hay medias botellas”. “ – Pues traiga una entera y sirva la mitad”. Ahorrador y generoso con los suyos. En cierta ocasión, cuando lo del “sobre”, uno de los receptores dijo que ese no era su dinero: “ – Tiene razón, es el mío”. Y se lo guardó en el bolsillo.
Pero estaba con las mujeres que han tomado la alternativa. Volvamos a esta  cuestión. Pasaron casi treinta años hasta que vino la siguiente  alternativa. 1968 y también en México, en Comalcalco. ¿Protagonista? La colombiana Bertha Trujillo “Morenita de Quindío”, de Armenia, capital del departamento de Quindío. Se casó con Mario Gómez “El Colombiano” y este encauzó los afanes toreros de la valiente esposa que no se dejaba ganar la pelea por toreros como Jerónimo Pimentel y Mario Carrión y que recibió los trastos de matar de manos del mexicano Juan Ramón Tirado en presencia de su esposo y con toros de Presillas en el lugar del estado de Tabasco y el 12 de mayo del citado año de 1968. Tardó algunos años en venir a España y lo hizo ya en el declive de sus fuerzas y con la enemiga de algunos de los toreros que le impidieron debutar y confirmar su alternativa en Las Ventas.
Dos toreras españolas siguen en esta relación y ambas, como las anteriores, dan el salto en plazas mexicanas. Se trata de Raquel Martínez, alternativa en Tijuana en 1981, y Maribel Atienzar, en ese mismo año, en Pachuca. El 12 de agosto de 1974 se publicó en el Boletín Oficial del Estado Español la Orden del Ministerio de la Gobernación por la que se autorizaba la actuación de las mujeres a pie en los cosos de España. La lucha tremenda de Ángela Hernández había dado sus frutos y fueron numerosas las féminas que se apuntaron en la Agrupación de Matadores, Novilleros y Rejoneadores aunque, al final, fueron pocas las elegidas. Raquel Martínez, nacida en el mismo lugar donde tomó la alternativa, Tijuana, tenía ascendencia española y uno de sus abuelos era natural de Morón de la Frontera y el otro primo de Lorenzo Garza, casi nadie al aparato. Una de las crónicas de mi padre en “El Debate” fue del mano a mano entre “El Soldado” y Garza, en agosto de 1934, cuando todavía no se había inaugurado oficialmente la Monumental de las Ventas del Espíritu Santo.
La propia  Raquel fue testigo en la alternativa de la Atienzar en Pachuca el 28 de noviembre de ese año de 1981. La albaceteña, en mi opinión, ha sido una de las toreras con más posibilidades de las que yo he visto en nuestros ruedos. Fue  en Zaragoza el 13 de mayo de 1979. Los novillos, de Barcial, Enrique González “El Bayas”, por delante y el debut con caballos de Roberto Bermejo. Cortó tres orejas. José Antonio Chopera, el empresario de Zaragoza, la repitió el día 20 del mismo mes con el propio Bermejo que había cortado una oreja el día de la apoteosis de la Atienzar y Rafael de Córdoba. Nada destacable. Sí el enfado de José Antonio porque había más gente en los tendidos y menos dinero en las taquillas. Se presagiaba la tormenta empresarial que se iba a desatar al final de aquella temporada. El caso es que los del “chispeante” le vieron las orejas al lobo aunque tuviera la figura menuda y graciosa de una joven de Albacete. Se tuvo que marchar a las Américas. Había triunfado también en Madrid, en Carabanchel y Las Ventas, en Sevilla, Valencia y Barcelona, tomó esa alternativa en México y, a pesar de que a su vuelta a España, le apoderó Emilio Mera, el que había sido mozo de espadas de “Miguelín” y contaba con el apoyo de José Flores, hijo de “Camará”, no le dieron oportunidades de demostrar su valía. Volvió a Colombia, toreó en casi todas las plazas de aquel país y regresó a España. En esta ocasión fue José Luis Martín Berrocal su mentor, toreó en Barcelona, Figueras y San Feliú gracias al empresario Zulueta y se despidió en esta última plaza el 11 de julio de 1987. No pudo más. El hipotético enemigo no era el toro.
La lista que facilita Muriel Feiner de las mujeres que han tomado la alternativa se completa con las siguientes: Lola de España (Lima, 1986), Cristina Sánchez (Nimes, 1996), Mari Paz Vega (Cáceres,1997), Raquel Sánchez (Toledo, 2005), Marbella Romero (Morelia, México, 2008), Hilda Tenorio (Monumental de México, 2010 ), Sandra Moscoso (Ubrique, Cadiz,2010), Lupita López (Monumental de México, 2011), “Milagros del Perú (Moralzarzal, Madrid, 2013), Karla de los Ángeles  (Monumental de México, 2014), Paola San Román (Morelia, México, 2015), Conchi Ríos (Cehegin, Murcia, 2016), Melina Parra (Guano, Ecuador, 2016) y Rocío Morelli (Duitama, departamento de Boyaca, Colombia 2017).
De esas dieciocho alternativas, nueve se otorgaron en México, tres en la Monumental capitalina, cinco en España (Cáceres, Toledo, Ubrique,  Moralzarzal y Cehegín, y sendas en Francia (Nimes), Perú (Lima), Ecuador (Guano) y Colombia (Duitama). A destacar Cristina Sánchez, a la que le dio los trastos de matar Curro Romero en Nimes, confirmó en Las Ventas y nunca perdió su feminidad y encanto en lucha tan dramática y desigual. También Mari Paz Vega, la malagueña que se hizo torera en tierras de Aragón apoyada por su mentor, Julio Navarro, que le dio aposento y trabajo en el establecimiento hotelero que regentaba y oportunidades de ejercitarse en su afán taurino. De familia de toreros, tuvo que marchar a tierras americanas para mantenerse en activo. No ha logrado confirmar su doctorado en Las Ventas.
Luego hay otras féminas que no alcanzaron la alternativa pero que sí mostraron sus virtudes en la lida del toro; sobre todas, Conchita Cintrón, en privado y con el beneplácito de personajes como Juan Belmonte, Cossío y Antonio Ordóñez y Manolo Vázquez en Jaén, el día que se bajó del caballo para despedirse de los ruedos españoles. Su padre era portorriqueño de ascendencia española, su madre norteamericana de origen irlandés y ella nacida en Chile y criada en Perú. Y torera por la gracia de Díos. En España, le apoderó Marcial Lalanda, que también apoderó a Pepe Luis. Festival en Las Ventas con Juan Belmonte, Álvaro Domecq, Duque de Pinohermoso y Juan Pedro Domecq. A puerta cerrada. De clausura. Quiero recordar también a Amina Assis, morena como una diosa inca, a Bette Ford y Patricia McCormick, de Texas a la Monumental de México, a Mari Fortes, torera, empresaria, profesora de la Escuela Taurina de Málaga y madre del matador de toros Saúl Jiménez Fortes, el torero que ha superado pruebas de fuego en forma de cornadas espeluznantes. Mi paisana Carmen Zaldívar, de Gallur, ahora de asesora de la presidencia  en el coso de Pignatelli. Y, para el final, Ángela Hernández, la que consiguió derribar el muro de la incongruencia antes de las batallas por la igualdad. Fue, ya lo he dicho, el 12 de agosto de 1974, cuando el Boletín Oficial del Estado publicó una Orden del Ministerio de la Gobernación por la que se suprimían las limitaciones impuestas a la mujer para participar en espectáculos taurinos. Ángela, hija de guardia civil y nacida en Alicante, pasó por la plaza-escuela del padre de los Esplá. Después de conseguir que las mujeres pudieran pisar los ruedos españoles, su carrera fue dura y complicada y no alcanzó la cumbre con la que sueñan todos los que se visten de luces. Citaré como remate a la que fue escultural “vedette” con un éxito sin par, “La blanca doble”, y un promotor concienzudo, Manuel Lozano, verso suelto de los Lozano taurinos. Luego vinieron unas cuantas más, pero en versión cabaretera. Duraron poco.               

martes, 13 de febrero de 2018

EL ETERNO FEMENINO (I)


Dice el diccionario de la Real Academia que la expresión que me sirve de titular para estos comentarios viene del alemán y es “el conjunto de los caracteres supuestamente permanentes e inmutables de la psicología femenina”, lo que no quiere significar que esos caracteres sean achacables  a todas las mujeres; las hay que levantan 150 kilos en la práctica de la “alterofilia”, dirigen un Banco o te arreglan el motor de tu coche. Quiero decir que hay mujeres capaces de realizar lo que se considera predominantemente varonil y hombres que pueden conducirse como las féminas sin que haya que descalificarlos como tales varones. En resumen: todos los seres humanos nos podemos conducir cómo tales, el eterno hombre genérico, aunque haya que admitir sus rasgos característicos. A mí, por ejemplo, me sorprende que a lo largo de los siglos no se hayan dado figuras femeninas de la pintura como Miguel Ángel, Velázquez o Goya. En Burdeos, la hija de Leocadia Zorrilla de Weiss, ama de llaves de don Francisco, Rosario Weis Zorrilla, tenía buenas cualidades en el arte del dibujo, el retrato, dos de su padrino y los de los escritores Espronceda, Zorrilla, Duque de Rivas, Larra y Mesoneros Romanos, y la litografía, nuevo método de grabado descubierto por Goya en Burdeos, maravillosos “Toros de Burdeos”, lo que, dada la aureola caballeresca de don Francisco, puede originar algunas interpretaciones genealógicas no probadas. Leocadia estaba casada con el joyero bávaro Isidoro Weiss, que tenía su establecimiento en la calle Mayor de Madrid y del que se separó en los días en los que el de Fuendetodos se marchó a Francia huyendo del absolutismo de Fernando VII. Decidió Leocadia acompañarle con su hija y uno de sus dos hijos varones,  Guillermo, los tres nacidos en Madrid. Cuando falleció Goya en Burdeos, 1828, Leocadia y sus hijos se encontraron sin ninguna posibilidad de subsistencia y regresaron a Madrid, en donde Rosarito tuvo destacada presencia en la Academia de  San Fernando y en Palacio, cuando Fernando VII la contrató para que les enseñara dibujo a sus hijas, Isabel II y Luisa Fernanda. Pero murió muy joven de cólera, en 1843 y sin cumplir los 29 años. A su nombre pionero, opinión muy personal, yo añadiría los  de Menchu Gal, guipuzcoana que perteneció a la Escuela de Madrid, sucesora de la de Vallecas, que capitanearon Benjamín Palencia y Daniel Vázquez Díaz y en la que figuraron junto a la irunesa Agustín Redondela, Cirilo Martínez Novillo, el canario Juan Guillermo, Luis García-Ochoa, Álvaro Delgado y unos cuantos artistas más que le dieron lustre al arte pictórico de la segunda mitad del siglo XX. Sumaría  los nombres de la monja Isabel Guerra, hiperrealista a lo membrillo cuadriculado de Antonio López, Marián Ribas, la hija del gran dibujante Federico Ribas y esposa de Rafael Amézaga, algunas pintoras naif y los de las taurinas Matilde García Mozón, Peñuca de la Serna, hija del matador de toros Victoriano de la Serna, y Jacaranda Albaicín, hija de Joaquín Bernadó y María Albaicín, nieta de Rafael, primer traje de luces verde y plata gracias a los pinceles majestuosos de don Ignacio Zuluaga.
Estaba con el señor de Fuendetodos que, además de preparar a Rosario Weiss para el arte del retrato y el grabado, inmortalizó a la que en casi todos los tratados sobre el tema del toreó femenino se considera como la primera torera: Nicolasa Escamilla “La Pajuelera”, el valor varonil de la vendedora de pajuelas de azufre poniendo un puyazo en todo lo alto a un toro fiero en la plaza de Zaragoza. Añadir los nombres de “La Fregosa”, “La Martina” y Teresa Bolsi, esta dibujada por Gustavo Doré con una falda de encaje abullonada, talle de avispa, la espada y la muleta en la mano derecha, el sombrero en la izquierda y el toro a sus pies. Davillier, el relator del texto a ilustrar por Doré, dice que Teresa Bolsi era una mujer joven, de veintiocho a treinta años, bien proporcionada, de rasgos llenos de energía y que mató al cornúpeto “de una estocada “a la verónica”, es decir, de frente”. “Viaje por España”, escrito por el barón Ch. Davillier y dibujos de Gustavo Doré, está fechado en los comienzos del último tercio del siglo XIX y son Goya y Doré quienes nos dan noticia de las primeras mujeres que pisaron los ruedos como toreras. Otra cosa ocurre con las féminas que escribieron de toros.
Según mis conocimientos, la primera noticia que tenemos de una cronista taurina se fecha en 1660, cuando la aragonesa Eugenia Buesso relata lo ocurrido en los festejos reales que se celebraron en Zaragoza en honor del virrey Juan José de Austria. Muriel Feiner, que es la autora de la más completa relación de la mujer en el mundillo de los toros, toreras, pintoras, escultoras, poetas, aficionadas, escritoras o periodistas, incluye a Eugenia Buesso con el título de “Relación de la corrida de toros que le imperial ciudad de Zaragoza hizo en obsequio de su Alteza”, compuesto de cincuenta y cinco octavas reales y en ellas se relatan los pormenores del festejo en honor del virrey. Tienen que pasar muchos años para que aparezca la siguiente cronista taurina. En el siglo XX, la extremeña María de la Hiz “Mahizflor”, que escribió poemas, tenía un museo en su casa madrileña, en una calle paralela a la Avenida de los Toreros que desemboca en la de Julio Camba y que sentía una admiración especial por los diestros de la dinastía de los Bienvenida, las aragonesas María Teresa Trémul Bados y María Carmen Campo Gode y la recitadora Gabriela Ortega, hija de la hermana de Rafael y José y “El Cuco” y hermana de Rafael y José Ortega Gómez.
La francesa Michelle Cartier, “Madame Migueleta”, fundó en 1925 la revista “Bióu et Toros” en Nimes, que en 1946 redujo su denominación a “Toros” (“Toros de Nimes”) y que prolongó su existencia hasta finales del ese siglo XX tan pródigo en acontecimientos taurinos pese a serlo también en lo que se refiere a conflictos bélicos. Sonaron en alguna ocasión los nombres de Josefina Carabias, esposa de Augusto Assía, corresponsal en el extranjero, y el de Pilar Ibars, colaboradora de “El Ruedo”, pero hasta los años 60 de este siglo XX no se dio el extraño fenómeno de una mujer cronista de toros en su sentido más estricto. Fue en la revista “Fiesta Española” y se trató de la madrileña María Pilar Fernández y de sus crónicas de los festejos celebrados en la plaza de Carabanchel durante los ocho años que se publicó la citada revista. Deliciosa la entrevista que le hizo a Manuel Benítez con pluma y peine. No tengo conocimiento de que antes que María Pilar una mujer cumpliera con ese específica función periodística y si que tuvo continuación en la renombrada Mariví Romero. Se me permitirá mi prudente mutis por el foro para no recordar lo que Amilibia dijo de la sección taurina de Pueblo que dirigía el padre de Mariví y del que tengo versión diferente a la manifestada por el famoso reportero “pueblerino”: Papá Romero no puso a Navalón al frente de la crítica taurina para purificar el espacio, lo hizo para castigo de la torería andante porque Paco Camino le hizo cierta manifestación al ministro sindical García Ramal a la entrada del director en la fiesta de los Populares. Luego fue Mariví la que se sentó en el sillón de la crítica y la que accedió a la TV.E., el toque de rebato para la llegada de algunas féminas más y ya estamos en plena adaptación a la igualdad genérica con un nombre tan destacado como el de Patricia Navarro, jefa de la sección taurina de “La Razón”, el de Isabel Sauco que figura al frente de Radio Cinco Villas y Gallur y colabora en la televisión aragonesa y algunas más, sin olvidar a Esperanza Piña que fue la propietaria de “El Mundo de los Toros”, revista publicada en  Palma de Mallorca. También en México, Colombia y Ecuador se da este fenómeno y lo cuenta Muriel con toda suerte de detalles..
En la fotografía taurina hay un nombre señero, el de la francesa Christine Splenger, y una figura emergente, la de Náyade Moncín, hija de Carlos Moncín, de Calatayud , exponente máximo del arte fotográfico aragonés y con especial sensibilidad para la foto torera. Muriel Feiner es también una destacada fotógrafa con su cámara siempre enfocada  al arte y a la actualidad taurina.
En el capítulo de aficionadas de alcurnia habrá que acordarse de S.A. R. la Condesa de Barcelona, la Duquesa de Alba, afición heredada y una señora norteamericana, Alicia Hall, nacida en Georgia, profesora de español en su tierra, que vio su primera corrida en Perú en 1950  y que vino a España hasta los 90 de ese siglo XX. La conocí en Pamplona cuando llevaba dos banderitas dedicadas a Diego Puerta y Paco Camino, aunque con el de Camas se enfadó y ya no saludaba sus actuaciones  agitando su bandera, que hubo años que vino acompañada de unas cuantas compatriotas mucho más jóvenes que ella y que recordaba la corrida de Madrid de 1959, cuando salieron por la Puerta Grande de Las Ventas Pepe Luis Vázquez, Antonio Bienvenida y Julio Aparicio. Feiner dice que murió en su tierra natal el 27 de febrero de 1993, hace 25 años y ella en sus noventa. Muriel Feiner lo cuenta casi todo en su libro “La mujer en el mundo del toro”, incluidas las mujeres que se relacionaron con la fiesta española en los países americanos, ella misma, que asistió a su primera corrida de toros en Las Ventas en 1965, vino a vivir a España para estar en contacto con los toros y se casó con Pedro Giraldo, torero de oro y plata, palentino de Cisneros, matador de toros en la capital de su provincia en 1978.
Recordar a Raquel Meller y su “Relicario”, a Paquita Escribano y “Sangre Torera”, Gaona preguntó por ella cuando vino a España, la mexicana Lola Beltrán, su imponente “Guapango Torero” y sus matrimonios con Tirado y Alfredo Leal, Concha Piquer, esposa de Antonio Márquez y madre de Conchín Piquer, esposa de Curro Romero, las esposas de Fernando “el Gallo”, Manuel Jiménez “Chicuelo” y Francisco Rivera “Paquirri”, María Antinea y Félix Rodríguez, la hija de Pastora y Rafael Vega de los Reyes “Gitanillo de Triana”, Soledad Miralles, esposa de “Carnicerito de Málaga” y suegra de Rafael de Paula, la bailadora Malene Loreto y Julio Aparicio, Ortega Cano y la de Chipiona, Pedro Martínez “Pedrés” y la cantaora Teresa Jareño… ¡Cuantas historias! Luis Miguel decía que si no hubiera mujeres en el tendido, él no se hubiera vestido de luces. Negó siempre que fuera cierta la anécdota divulgadísima con Ava Gadner. ¡Olé! De las “matadoras” hablaré un día de estos.      

viernes, 22 de diciembre de 2017

SUPERVIVENCIA DEL TORO



¿Puede ser un cuento de Navidad?

BENJAMÍN BENTURA REMACHA                                    

Muchas han sido las ocasiones y los razonamientos que se han dado para asegurar que la llamada “fiesta española” no se acaba. No le consiguieron las prohibiciones papales o reales y no creo que lo hagan los nacionalismos anti-españoles o los izquierdismos animalistas. Es cierto que el toro vivía en toda Europa y ahora solo se cría en España, Francia y Portugal, razón más que suficiente para que exista la corrida de toros puesto que sin ella no se celebrarían tales eventos y desaparecerían de nuestros campos animales de tal belleza y génesis. Dejo la defensa de semejante tema y su importancia para otros tratadistas más expertos que yo en el estudio del toro bravo y pongo en manos de los ganaderos la modificación del peto o muralla, la supervivencia del primer tercio de la lidia. Me aferro, pues, a las razones que me aporta la significación cultural del toro bravo.
Superados los fenómenos mitológicos griegos de Creta y el Minotauro, Teseo y las doncellas, el ejercicio guerrero alrededor de los castillos y sus murallas y las manifestaciones alemanas, inglesas, francesas y española del Siglo de Oro de las Tauromaquias, con su sumo sacerdote, don Francisco Goya Lucientes, al frente, aunque no plasmara nunca una  Tauromaquia en particular, mientras se le reconoce tal conocimiento en el conjunto de toda su obra sobre el tema, dibujos, grabados y óleos, la historia de la Tauromaquia universal. Y el caso es que hoy nos encontramos con sorpresas que avalan la existencia del toro bravo. Me sorprendió gratamente la corrida celebrada en el pasado mes de septiembre en el circo de la francesa Arles. No me gustaron las ilustraciones  del ruedo y los tendidos de Herve Di Rosa, pero sí el ambiente de la plaza, la música de la orquesta “Chicuelo” con la trompeta del mexicano Pancho Flores, las dianas para las “zapopinas” de “El Juli”, los ternos de los tres actuantes, el citado  Julián, Juan Bautista y Cayetano, la confirmación técnica del arlesiano  cómo excelente estoqueador, con su remate en la suerte de recibir en Logroño, a la altura del alicantino Manzanares, ya de regreso tras la reparación de sus vértebras. El clima del festejo compitió con el celebrado en Málaga, el de la impar y sensacional actuación de Enrique Ponce y el apoyo de Estrella Morente, una cantante que sobrepasa los límites del flamenquismo paterno. Dos muestras de hasta dónde puede llegar el espectáculo taurino, Arles y Málaga. Sorpresa agradable (Marc Lavie y su Semana Grande) la del encuentro con el pintor Van Gogh, que en 1888 (la casa amarilla, el café de noche, el autorretrato con la cabeza vendada, su habitación y el hospital de Arles) y  se fue de París a la Provenza y en Arles pintó un cuadro de mediano formato que representaba el tendido del circo romano convertido en coso taurino con algunos espectadores más concretos, posibles  conocidos del pintor, que, para delimitar la condición taurina del espectáculo que se desarrolla en la arena, apunta la figura de un toro y algunos posibles toreadores. Y pienso que estos borrones son simples apuntes porque  el de la oreja cercenada no estaba familiarizado con ese toro y ese torero que van a magnificar a los nuevos impresionistas taurinos con Roberto Domingo como patriarca, a su regreso de su París natal. Picasso hizo al revés el viaje, desde su cuna, Málaga, hacia Galicia y Barcelona, París;  Goya, de Zaragoza a Italia, Madrid, Andalucía y Burdeos; Manet, de Francia a la Puerta del Sol; Doré, viaje por España; Sorolla, a Nueva York, en cuyos museos ya estaba Goya; Fortuny, desde Reus a Granada, Sevilla, Marruecos e Italia, ahora en Madrid, en el Prado, y, de regreso de las Américas, Robert Ryan y John Fultón. Y muchos más. Hace unos días, en la Cope, 6 de diciembre, a las 12`30 de la mañana, hablaba Carlos Herrera con el cocinero Martín Berasategui de un aceite que el produce y emplea y que se llama “Aceite Martincho”. “Sí – manifestó el cocinero –, cómo el torero que dibujó Goya saltando con la garrocha”. No, don Martín: el torero que salta a la garrocha es el riojano Juanito Apiñani. Martincho, el favorito de don Francisco en sus grabados, está representado en un par de banderillas, en la estocada sentado en una silla, con grilletes en los tobillos y el sombrero como engaño a la puerta del chiquero y, también con grilletes tobilleros, el salto desde una mesa al llegar el toro a su jurisdicción. Tiene, además, un retrato al óleo del torero de Farasdués (Zaragoza) que está en el museo de Oslo. El cuadro de Van Gogh está en el Museo del Ermitage, en San Petersburgo, para mayor universalización del arte que se inspira a lo largo de los siglos en el toreo. Nueva York, Madrid, París, Moscú, Arles, Oslo, Bilbao, Sevilla, Pamplona, Málaga, Barcelona, Zaragoza …
Iba yo hacia la capital de España para asistir a la presentación de la Agenda Taurina de 2018 de Vidal Pérez Herrero y hablar de Manolete en mi décimo quinta colaboración con el ilustre castellano de la meseta. El acto se celebraba en las catacumbas del templo del Espíritu Santo, en la Sala de Antonio Bienvenida, uno de los profetas de la diócesis madrileña. Mucha gente taurina y buena representación francesa, desde el embajador en Madrid al alcalde de Arles y el responsable del circo taurino arlesiano. Sorprendente la aportación  de Diego Ramos con sus óleos y acuarelas sobre Manolete. Maravilloso el presente de Vidal para los colaboradores de la Agenda: la reproducción del cuadro del colombiano, en el que Camará le ata los machos a Manolete. Por delante en los parlamentos, los vecinos francos que hicieron profesión de fe taurina y promesa de mantener el esplendor de la corrida. Luego, mi turno. Manolete cumplía cien años un día antes del mes de julio de 2017 que don Álvaro Domecq, el mejor ganadero, el que mejor se sentaba en la silla de montar y al que en la negra fecha del 29 de agosto de 1947 correspondió el papel más ingrato. Una madre lloraba sin consuelo entre San Sebastián y Córdoba. ¿Quién te puso Angustias?
Yo no podía hablar de Manolete torero. La revista 6TOROS6 había publicado nueve números entre al 4 de julio y el 29 de agosto y un número especial y monográfico con el hilo conductor de Fernando García Bravo y las particulares opiniones de José Luis Ramón, director, y Alfonso Santiago, subdirector, Paco Delgado, Carmen de la Mata , Michael Wigram y el que esto firma porque tengo el privilegio de ser el único superviviente de la corrida del 12 de octubre de 1939, día de la confirmación de alternativa de Juanito Belmonte y el propio Manolete, de manos de Marcial Lalanda. Por delante, don Juan, a caballo. Y el navarro Fernando del Arco Izco, manoletista, bibliófilo, paciente recopilador de mil cuatrocientos poemas dedicados al tercer Califa torero en su “Parnaso Manoletista” (dos tomos) y editor de la revista “Caireles”, la única de índole torera publicada últimamente en Barcelona. La única y la postrera porque del Arco anuncia que este es su último esfuerzo editorial. Naturalmente, está dedicada a Manolete y colaboran Andrés Amorós,  Saíz de Valdivielso, Sotomayor, Salvador Arias, Díaz Murillo, Paco Laguna, Zumbiehl, Pedro Mari Azofra, Federico Arnás, Fernando Claramunt, Benlloch y Salvador Sánchez Marruedo, que es el único ser vivo que yo conozco que tiene una foto con Manuel Rodríguez. Bueno, recuerdo una foto de Julio Aparicio antes de iniciar su carrera de novillero, cuando andaba por la Fuente del Berro madrileña con su padre, novillero en su juventud, que no le daba la mano a nadie. Si alguien osaba estrechársela se la lavaba inmediatamente. Algunas rarezas tiene también su hijo, ya en la octava década de su vida. Tiene medio año menos que yo.
En mi intervención dije que Manolete toreó setenta corridas de toros en Barcelona y que su segunda plaza era Valencia, con treinta y cuatro, tercera Madrid, con veintiséis, pocas de ellas contratado por la empresa de Jardón, la mayoría benéficas, incluida la única de 1946, luego Sevilla, Zaragoza, Bilbao y México (El Toreo y La Monumental). En Córdoba, sólo trece. Ni siquiera la alternativa, que la tomó en Sevilla. ¿Qué la pasaba a Manolete con sus paisanos? Por cierto: el 14 del mes de noviembre pasado, el Ayuntamiento de Córdoba la concedió a Manuel Laureano Rodríguez Sánchez el título de Hijo Predilecto. Nunca es tarde si la dicha es buena. Según Ladislao Rodríguez, “Ladis” en sus fotos, hubo sus más y sus menos en la concesión. Discrepantes, dice “Ladis”, que con José María Portillo, presidente de la Peña “El Castoreño”, han organizado más de cuarenta actos en homenaje al torero más universal de todos los tiempos. Ese que, hoy, no podría sumar ni una sola actuación en Barcelona. Álvarez del Manzano apuntaló mi argumento y señaló que la culpa la tienen los taurinos, los empresarios, don Pedrito o sus hijos y arrendatarios.
Muchas cosas se podrían hacer. Por ejemplo, una noche de intelectuales en Lhardy para recordar aquella del mes de diciembre de 1944. El famoso restaurante sigue ahí, en la madrileña Carrera de San Jerónimo, junto a la Puerta del Sol y la “playa” de la calle Sevilla por la que se paseaban los toreros de Madrid y los que venían de otros lugares. Y “La Tropical”, “Riesgo”, “Las Cancelas” o “Marfil”. “El Gato Negro”, en la calle del Príncipe, cerca de  la plaza de Santa Ana, barrio de las letras donde hay más de cuatrocientos bares  y miles de jóvenes que no dejan vivir a los vecinos del lugar. Pese a todo esto, en ese hipotético acto de Lhardy podían intervenir intelectuales y poetas de hoy, la presidenta del PSOE, Cristina Narbona, hija de Paco Narbona, periodista que colaboró en “El Ruedo” y dedicó un libro a Manolete y otro a Juan Belmonte, Rosa Montero, Premio Nacional de Literatura, hija del banderillero Pascual Montero, Mario Gas, hijo de una hermana de Mario Cabré y el bajo cantante y actor de cine Manuel Gas, Agustín Díaz Yánez, director de cine, hijo de Michelín, el extraordinario torero de plata que decía que le ponía un gancho a la punta de su capote para sujetar a los toros por el hocico, Fernando Sánchez Dragó, comunista “resucitado al séptimo año” y autor de “Gárgoris y Habidis”, “Una historia mágica de España” prologada por Gonzalo Torrente Ballester (1978), Jiménez Losantos, otro arrepentido, Carlos Herrera, sevillano recriado en Barcelona, bético y currista, Antonio Burgos, currista y bético, intelectuales y poetas demócratas que de tantos deseos que tienen de libertad han roto con la rima y el ritmo. Ahora los mayores poetas del mundo son Sabina y Leonard Cohen. En diciembre de 1944 fueron Agustín de Foxá y Gerardo Diego, Alameda, Aleixandre, Benítez Carrasco, Bergamín, Mario Cabré, Campmany, Carvajal Ramos, Duyos, Entrambasaguas, Federico Muelas, Quintero, León y Quiroga, mi dilecto Rafael Herrero Mingorance y muchos más

Al final del acto de la presentación de la Agenda de Vidal Pérez Herrero saludé a Santiago Martín “El Viti”, nos dimos un abrazo de crujir huesos y recordamos a José Luis González Peña, un traumatólogo del equipo del doctor Epeldegui que recuperó al de Vitigudino de la lesión del codo izquierdo que sufrió en Francia de novillero y a mí de las cinco fracturas del tobillo derecho que me rompí al patinar en moto en un charco de gasoil en la plaza de Castilla a mi regreso de una novillada en Colmenar Viejo, en donde había triunfado Agapito García “Serranito”. Grande el asturiano “Peñita”, que también recuperó a Manuel Benítez “El Cordobés” de una lesión en el bíceps del brazo derecho. Y grande Santiago Martín que superó aquel escollo y se sentó en el trono con Diego Puerta y Paco Camino. No fue fácil, no. ¡Qué bien me saben los recuerdos! También disfruté saludando a Ricardo Díaz Manresa, periodista, a Blanca de Pérez Herrero, señora de Cacabelos, Reino de León, y colaboradora de su esposo para llevar a buen puerto el acto de la presentación de la Agenda, a Muriel Feiner, que no paró de disparar su cámara fotográfica para fijar las escenas más significativos del acto, a César Palacios, con su rastrillo echo lápiz torero, a Juan Lamarca, alma y vida de la noticia y el sentir toreros y a Lázaro Carmona, con  el que hablé de Miguel Flores, poeta con duende gitano. “El Camborio”. ¿Pero era gitano Miguel? Sí lo es el hijo de Aparicio y la Malene, no lo es pero se siente Morante de la Puebla. A ambos les dio Miguel el primer empujón. Buena herencia nos dejó.

sábado, 18 de noviembre de 2017

JUNCAL Y TORERÍA


EN TIEMPOS CONVULSOS NO HACER MUDANZAS
BENJAMÍN BENTURA REMACHA

¡Qué tiempos aquellos! Había limpiabotas por las calles y Paco Rabal y El Brujo se juntaban en una tasca para hablar de toros. A Fernando Saturio García Terrel, durante muchos años presidente de la plaza de toros de Zaragoza, se le ocurrió fundar en la Casa de Andalucía de la capital de Aragón una tertulia taurina con el nombre de El Mentidero, sitio o lugar donde se junta para conversar la gente ociosa, dice la Academia. Yo suprimiría el adjetivo de ociosa. La conversación es benéfica para todos los hombres (y las mujeres aunque para mí el genérico siga vigente y me parezca inútil insistir en lo de todos y todas, puesto que de esto no depende el trato justo y respetuoso del hombre a la mujer).   Hay un lugar  en Zaragoza en donde todavía se habla de toros. Ese lugar se llama El Mentidero, se localiza en la Casa de Andalucía y su alma es un hombre que durante muchos años actuó como delegado de la autoridad y presidente de la plaza de toros de don Ramón Pignatelli. Se trata, repito, de Fernando Saturio Garcia Terrel y señalo su segundo nombre, el de Saturio, porque nos aclara que el señor es soriano y émulo del hermano del poeta Manuel Machado que llevó a Soria todas las esencias de su sentir andaluz, como García Terrel las ha traído hasta Zaragoza y pelea gallardamente por la continuidad de nuestras tradiciones y devociones. La devoción al toro puede adquirirse por nacimiento o por curiosidad. Quizá sea más fervorosa esta última  porque nace de la propia voluntad aunque tenga que reconocer que a mí me la inocularon en la propia cuna, allá por Magallón, lugar donde yo nací el año 31 del siglo XX. Unos meses después me llevaron a vivir a Madrid, donde mi padre había entrado a trabajar en El Debate, el diario matutino que dirigía don Ángel Herrera Oria, años después arzobispo de Málaga. En  El Debate mi padre entró en la sección de Sucesos y escribió sus primeras crónicas taurinas desde Carabanchel, la misma plaza en la que yo inicié mi incursión en este campo dieciocho años después. Mi herencia. Mi padre participó en la fundación de EL Ruedo como revista semanal después de haber sido sección  del diario Marca, pasó también por Pueblo y la Agencia Logos, dirigió durante nuestra guerra el diario Hoy de Badajoz y fundó varias revistas, entre ellas, Meridiano y la colección de Biblioteca Teatral, donde brillaron Pedro Muñoz Seca, Arniches, los Quintero, los Paso y Jardiel Poncela. Una vida dedicada el periodismo, los toros y el teatro. Su caricatura era una de las muchas que adornaban las paredes del café Castilla. A mí me obligó a rematar la carrera de Derecho antes de permitirme explorar el periodismo taurino. Y de esa exploración y ante la dificultad de entrar en un medio informativo sin tener que contribuir a sus beneficios vino la idea de fundar Fiesta Española en 1961, buena oportunidad para hacerle la competencia a Dígame y El Ruedo, con la aparición en las arenas de Diego Puerta, Paco Camino y El Viti en competición con los ya consagrados cómo Ordóñez, Luis Miguel, Antonio Bienvenida, Rafael Ortega, Manolo Vázquez o Antoñete y la explosiva aparición de Manuel Benítez El Cordobés, que atraía lectores críticos con sus maneras y partidarios de hueso colorado que llegaban a utilizar las páginas de Fiesta como papel higiénico y nos las enviaban a la redacción por correo. Esos años, los 60 del siglo pasado, fueron brillantes y entretenidos por estos y otros muchos personajes, Miguelín, Mondeño, Ostos, Chamaco, Curro Romero en su medido caminar hasta el nuevo siglo, Ruiz Miguel gracias a las alimañas de don Victorino, a las que también agradeció sus favores el paleto de Villalpando. Rafael de Paula estaba escondido por los rincones andaluces. Y, para mayor gloria del toreo, el sacrificio de Paquirri y Yiyo, Pozoblanco y Colmenar, y la tremenda sorpresa de la muerte de don Antonio por el atropello de una utrera de Amelia Pérez Tabernero, estos tristes acontecimientos, ya en la década de los 70, cuando había desaparecido Fiesta Española y yo desarrollaba mi vocación periodística en las páginas del diario El Alcazar, desde la diagramación al cierre, los reportajes, las entrevistas, la jefatura de la sección de Nacional, las crónicas de los secuestros de ETA, la composición en linotipias, los ajustes en las platinas o las tejas para las rotativas. Fueron los 70 mi década más periodística que prolongué como redactor-jefe de Aragón exprés y mis casi veinte años en la Diputación de Zaragoza, en los que tuve la suerte de colaborar en la restauración de la plaza de toros que construyera en 1764 don Ramón Pignatelli, labor continuada hasta conseguir que Zaragoza sea la más cómoda de las viejas plazas  de toros y la primera cubierta de las de España. También tengo la satisfacción de haber llevado a sus tendidos la figura de don Francisco Goya, el más grande y prolijo, segunda acepción, cuidadoso o esmerado, de los divulgadores de la fiesta de los toros. Resucité la revista El Chiquero en el vespertino Aragón exprés, colaboré en Hoja del Lunes de Zaragoza, El Día, Diario 16, el Anuario de la Asociación de la Prensa de Madrid que se publicaba para apoyar su corrida, la de la Prensa, y, desde 2004 hasta hoy, en la Agenda Taurina de Vidal Pérez Herrero, en la revista Caireles de Barcelona y en múltiples publicaciones de la Diputación de Zaragoza, programas de las Ferias del Pilar , catálogos de exposiciones de las que fui comisario y grandes obras sobre Goya y las vicisitudes de la Tauromaquia aragonesa y la historia de las plazas de toros de Zaragoza, Ejea de los Caballeros, Tarazona y Gallur. Y de lo que presumo con orgullo de gozno del ganadero más destacado de la cabaña ejeana del siglo XVIII, don Diego Bentura, primero de los Bentura nacidos en la actual capital de Cinco Villas. Mi libro Casta Brava Aragonesa es el mejor y el peor de los libros escritos sobre nuestra ganadería. No hay otro.   
Todo lo relatado hasta ahora lo he contado para justificar que en la Casa de Andalucía, el pasado día 11 de noviembre, me concedieron el premio a mi ejecutoria profesional, acto en el que yo intervine para agradecer la distinción y, sobre todo,  señalar mi vinculación con el resto de los premiados en este acto. Cómo decía José Luis Pecker en unos cursos de periodismo que nos dio hace años el Ejercito del Aire, los que hablamos en público somos cómo los polvorones, si nos quitan los papeles nos deshacemos. Yo llevaba unos papeles, pero no me atreví a sacarlos. En esos papeles tenía apuntado que la Casa de Andalucía está situada en la calle de Julio García Condoy, pintor y hermano del escultor Honorio García Condoy, ambos hijos de Eliseo García Martínez, profesor de la Escuela de Bellas Artes de Zaragoza y autor del Ecce Homo del Santuario de Nuestra Señora de la Misericordia que la aficionada de Borja convirtió en la caricatura de Paquirrín, el hijo de la Pantoja, que en lo físico siguió la estela materna. Igualico que su abuela. Buenos pintores el padre y el hijo, Eliseo y Julio, Honorio excelente escultor, a mi entender, el segundo del arte del modelado aragonés, tras Pablo Gargallo. El segundo apellido de los hijos de don Eliseo era Condón y lo convirtieron en Condoy para evitar bromas de mal gusto. Ahí, en esa Casa de Andalucía, manifiesta sus inquietudes toreras don Fernando Saturio, que ha sumado a su equipo dos lugartenientes exquisitos, José Manuel Valero Soriano y José Ramón Bonilla. Valero montó el gran programa tras el buen yantar. Un recuerdo a las gentes del toro desaparecidas: Fandiño, Dámaso González, Palomo Linares, Gregorio Sánchez, Manolo Cortes, el mexicano Miguel Armillita, el mítico ganadero Victorino y Pepe Cerdán (José Cerdán Lasanta), el corralero de la plaza de toros de Zaragoza, que el día de la alternativa de Luis Francisco Esplá, 23 de mayo de 1976, sufrió una grave cornada a astas de un toro de Manuel Benítez devuelto a los corrales. Paco Camino era el maestro de la ceremonia y Niño de la Capea, el testigo. Buen cartel. Valero Soriano cantó las excelencias de Serafín Marín, juncal figura y torería con  barretina, Bonilla ensalzó la tarea de la asociación  Mar de Nubes, enseñar a los niños que quieren jugar al toro y practicar con los aficionados a este arte, y Fernando García Terrel me sacó los colores de esta historia mía que nace en la cómoda supervivencia de una heredada afición. A Serafín Marín le recordé que la primera entrevista que hice en mi vida fue a un torero catalán, Mario Cabré, al novillero Jorge Isiegas, revelación de la torería aragonesa, que su abuelo Octavio fue en los años 40 y 50 del siglo pasado un  novillero muy activo aunque no recuerdo que diera al paso decisivo, me congratulé del poético Mar de Nubes y que el primero que contemplé en mi vida antes de montar en un avión lo presencie en el Moncayo, desde la Peña del Cucharón, encima de donde estaba la residencia del obispado de Tarazona. Antes de cenar había que rezar el Rosario. El novillero Miguel Cuartero es el alma de tan curioso empeño: toreo de salón para los niños y tentaderos para los aficionados prácticos. Y rematé mi parlamento con mi especial agradecimiento a García Terrel porque su hija Beatriz ha sido dos años profesora  de mi nieta Blanca. En mis  nietos fundamento todas las ilusiones de futuro.

Nota buena: He leído en Heraldo que la Diputación de Zaragoza no  ha concedido la prórroga del contrato de arrendamiento de su plaza de toros  a la empresa de Simón Casas y Cia porque los propios empresarios han confesado que han aumentado los abonos, la cifra de asistente a los festejos de la Feria del Pilar y se había superado la complicada situación en la que dejó la plaza el empresario anterior, Serolo. Uno, en su inocencia, deducía que esas eran poderosas razones para prorrogar a la empresa autora de esa buena gestión. Al parecer, la Diputación ha pensado que es el momento de aumentar sus beneficios con un nuevo contrato de arrendamiento. ¿Hay moros en la costa? ¿No hubiera sido preferible el consolidar las mejoras contempladas? Recuerdo la decisión de hace unos años de aplicar a la explotación de la plaza una gestión directa y todavía no se han divulgado los negativos resultados de aquella gestión. Creo que fue Napoleón el que recomendó no hacer mudanzas cuando las cosas están complicadas y el toro está en un tiempo convulso. Simón Casas ha acertado en muchas cosas y, ante todo, en la publicidad del espectáculo. Elemental, amigo, Watson.